Gente

Malos artistas, buenos publicistas


By SARAH MORENO

smoreno@elnuevoherald

Aquellos que han visto a Gabriela Spanic en la actual telenovela de Univision Soy tu dueña se han enfrentado a un muestrario de muecas y gestos exagerados que de seguro no tenían idea de que un rostro fuera capaz de hacerlas. No es sólo que la actuación de la actriz sea mala, sino que es desagradable y merecedora de críticas tan marcadas como sus muecas.

¿Por qué a Spanic le siguen dando roles tan importantes, pese a sus escasas cualidades histriónicas? La respuesta quizás radique en que es una mala actriz con habilidades especiales para promocionarse. Cuando hace unos meses Spanic lanzó a la luz la acusación de que su asistenta la estaba envenenando a ella y su familia, muchos se preguntaron si no sería un ardid de la artista para publicitar algún nuevo proyecto. La verdad es que Spanic, que disfrutó de gran popularidad en los años 90 con sus roles en La usurpadora y La intrusa –filmadas en México– y que tuvo una especie de comeback con Prisionera, que protagonizó para Telemundo en el 2006, últimamente hacía tiempo que no estaba en el candelero. La solución para probar que todavía tenía arrastre entre el público quizás fue armar un escándalo que, por su truculencia, captó enseguida los titulares.

Cuando Spanic filmaba Prisionera en Miami, la entrevisté en la casa en que habitaba en El Doral. Me pareció simpática, sencilla y carismática, rasgos que en cierto sentido explicaban su éxito, pese a sus ya mencionados desaciertos como actriz. Algo debe tener Gaby, más allá de sus curvas bastante exageradas. Pero decir que ha triunfado por su apariencia es una verdad a medias porque hoy en el mundo del espectáculo casi todas son «mujeres biónicas» que han pasado por el bisturí «embellecedor» en más de una ocasión. ¿Cuál es el misterio de su fama?

Quizás sea similar al que explica la carrera de Sofía Vergara, una mujer bella y carismática que tuvo una entrada triunfal en el show business al sostener un romance con Luis Miguel, entonces en su zenit como El Sol de México, a mediados de los 90. Más tarde Vergara aumentó su fama con varias citas románticas con un peso pesado de Hollywood como Tom Cruise.

Nominada actualmente a un Globo de Oro por su trabajo –en inglés– en la serie Modern Family de la cadena norteamericana ABC, la actriz colombiana ha conseguido hacer el crossover –una palabrita menos sonada hoy que en épocas anteriores, cuando los crossovers de los artistas latinos eran menos frecuentes y, por ello, más notorios. Esto, por supuesto, no garantiza que Vergara se haya convertido en una gran actriz, aunque sí hay que hacer notar que sus cualidades actorales han mejorado, lo que indica persistencia y deseo de superación.

Tanto los amoríos con famosos como los escándalos de envenenamiento son eventos extra que no suman al talento, pero sí crean interés en una figura que lucha por convertirse en estrella o por mantener su estatus.

Otra estrategia de mercadeo es tal vez la antítesis de los escándalos o rodearse de celebridades, y en su lugar revestirse con un aura de misterio; no dejarse entrevistar, ni permitir fotos con frecuencia.

Este es el caso de Luis Miguel, que próximamente se embarcará en una gira de conciertos por Estados Unidos para promocionar su reciente disco, Labios de miel. El Sol de México ha sido uno de los artistas latinos que más ha perfeccionado este talento de manipular a los medios manteniéndose alejado y escondido en el misterio. Ese viejo truco, sin embargo, ya no parece funcionar a su favor. Hace rato que el cantante mexicano no ocupa el hit parade, ni «saca» un éxito al mercado. Hoy, puede decirse que vive de las glorias pasadas y de la luz que iluminó tantos escenarios.

A estas alturas, cuando el misterio, el romance y los cuentos de horror no son suficientes para esconder la falta de talento de nuestras estrellas, no queda más que exigirle que se renueven, se preparen o se retiren. El público tiene la opción de cambiar de canal o de telenovela, tararear otras canciones o entretenerse con otros chismes más suculentos que terminen siendo ciertos. No hay por qué mantener a los ídolos intocables, cuando señalarles sus errores, o criticarlos constructivamente podrían devolverlos a su antiguo esplendor. Es hora de que el público pida calidad por el producto que paga con no poco esfuerzo. Ese será el día en que quizás el talento cuente más que la imagen.

2010-12-18 00:55:40