Nueva York, 14 ene (PL) A los 70 años, con una belleza marchita por el tiempo, la actriz norteamericana Faye Dunaway conserva el ímpetu que derramó en Bonnie and Clyde para emprender una aventura como cineasta.
Fue uno de los rostros resplandecientes de antaño, pero se abstiene de llorar sobre la juventud perdida -o recurrir a cirugías restauradoras-, para poner su energía en nuevos proyectos, como llevar a la pantalla la vida de Maria Callas.
Según reveló, ya tiene escrito el guión sobre una de las grandes divas del bel canto, que no vaciló en sacrificar a Aristóteles Onassis la joya de su voz, arruinada por una dieta devastadora que la convirtió en una sílfide y, a la postre, no le sirvió de nada.
A la hora de elegir, Onassis la abandonó a favor de una alianza a la que Jacqueline Kennedy aportaba su glamour, su aureola de viuda de un presidente asesinado delante de sus ojos. Una Jacqueline con fama de viuda inconsolable, nostálgica, mimada socialmente y en medios políticos.
Dunaway ya fue Callas en Master Class (1996), una pieza teatral que la cautivó al punto de agenciarse los derechos de filmación, cuando aún el proyecto, ahora en marcha, era solo un embrión informe. Tiene un talento probado en películas de culto como Bonnie and Clyde, Chinatown, Network y La mansión bajo los árboles, esta última bajo la dirección del francés Rene Clement.
También la dirigieron, entre otros, realizadores de renombre como Arthur Penn y Roman Polanski. El trabajo con este último en Chinatown fue como un choque de trenes en raíles que despedían chispas.
Como Callas, es testaruda, compleja, dueña de una personalidad difícil.
Todo eso junto con su apariencia de rubia fría, glacial casi, de altos pómulos y ojos verdes de mirada acerada como flechas, tan explotada en el cine.
Callas tumultuosa y latina, Dunaway como el prototipo de esas rubias siempre buscadas por Hitchcock, predilectas porque, según argumentaba, bajo esa apariencia gélida hervía la lava.
Conocedora de los vericuetos de la industria fílmica, la protagonista de Barfli, con guión de Charles Bukowski, está respaldada por una formación actoral sólida, que inició en la Universidad de Boston y continuó en el Lincoln Center donde se entrenó durante tres años bajo la tutela de Elia Kazan.
A sus 70, que cumple hoy, parecen no inquietarle la imagen que le devuelve el espejo, los estragos del tiempo que fotógrafos impiadosos, los paparazzis eternos de la farándula, se empeñan en difundir.
Dunaway se siente joven, con una plenitud interna y la misma temeridad con que se lanzó al abismo con un automóvil en marcha, en trunco vuelo. Una escena que ha quedado para siempre resgitrada entre los momentos antológicos de la historia del cine.
Con esos mismos arrestos se lanzará a dirigir, trocada en cineasta, un campo reservado hasta hace muy poco a los hombres-con escasísimas excepciones, en el que las mujeres, desde las décadas finales del siglo pasado, decidieron entrar con paso audaz para imponer su talento.
2011-01-14 18:24:18