La Habana, 14 Julio 2011.- (PL).- Los ritmos pasan de moda con mucha facilidad y mucho más los bailes; pero las músicas de fundación se mantienen. La rumba es una de esas músicas iniciales de Cuba, con un ritmo y una fuerza atronadora.
Ahora que estamos en un auge de pasión rumbera, sería bueno hacer un poco de historia. Esas músicas de fundación que hoy sentimos imprescindibles en el caudal del acervo sonoro americano, no tuvieron un inicio y desarrollo amables, pasaron por muchos avatares y muchas incomprensiones impuestas por las clases dominantes.
La deportación de africanos hacia América durante los sombríos siglos de la esclavitud fue una de las mayores tragedias de la humanidad. Pero de esos desplazamientos, forzados, nos dice Isabelle Leymarie, nació también un ciclo apasionante de intercambios transatlánticos. La historia de la rumba constituye un ejemplo elocuente de ello.
Fue creada en el arco entre Matanzas y la Habana, preferentemente en la zona portuaria, donde primero se asentaron los negros llegados de África. En la zona periférica, arrabalera (como fue el caso del tango y el jazz) se fueron creando barrios con viviendas múltiples marginales.
La rumba de solar fue una reproducción de lo que se hacia en la zona de plantaciones. En las áreas rebeldes, en las repúblicas de cimarrones, muchos percusionistas fueron creadores de una nueva escala de valores en la religión, la música, la danza, la magia, la cocina, la medicina y la sensualidad.
Han sonado los tambores en el barracón
Y el canto de los congos hay una oración
Implorándole a Changó y a Yemeyá
Que le traigan a sus hijos a la felicidad.
Ya Francisco se prepara para consultar,
Y le pide al Padre Sambia que con su poder
Le traiga fuerza y luz para vencer
En la tierra toda dificultad.
(A Francisco/ Versión de Celina y Reutilio)
Después surgieron los cabildos, agrupaciones de africanos separados de sus regiones de origen. Esos cabildos con el tiempo devinieron verdaderos conservatorios de tradición oral, sus miembros fueron ganando su libertad mediante colectas.
Pero la música de los tambores tardó mucho en liberarse, tuvo que refugiarse en sociedades secretas, ocultas en barracones. Hubo que esperar para que saliera de lo esotérico y se introdujera poco a poco, en el salón, el cabaret y la televisión. Existían disposiciones que prohibían que los cabildos se instalaran dentro de la ciudad (intramuros).
Articulo 8, (Preceptos del Bando de Buen Gobierno y Policía de 1792) se prohibirá a los Negros de Guinea en las Casas de sus Cabildos que levanten altares de nuestros Santos para los bailes. Los Comisarios intimaran también a los capataces de estos cabildos, que en lo adelante, con ningún motivo ni pretexto, conduzcan, o permitan conducir a ellos los Cadáveres de Negros, para hacer bailes, o llanto al uso de su tierra. Este articulo data de 1792. Ya avanzado el siglo XX se siguieron practicando estas persecuciones. Aunque, hay que decirlo -a diferencia de lo que sucedió en los Estados Unidos-, los cubanos hicieron resistencia y perseveraron en sus instrumentos, por eso Cuba cuenta con una fuerza rítmica que no posee el sur de América.
En 1893, en Matanzas, son detenidos en el solar de la calle Manzano no. 251, después de salir sin autorización tocando cajones y bailando rumbas ñáñigas por las calles, un grupo de pardos y morenos, mujeres y hombres.
Todas estas dificultades no podrían detener el proceso de adaptación del arsenal instrumental africano, aunque para ello debieran inventar o modificar lo que pudiera ser modificado. Eso es lo que Alejo Carpentier llamaba «folclore bien peinado (refinado)». Al respecto, el antropólogo cubano Fernando Ortiz escribió:
«La música bailable de los negros tuvo que ser reinterpretada para los blancos en instrumentos portátiles y de menor sonoridad, en los tambores pequeños de los congos y sobre todo en el híbrido y pícaro cajón. La música cubana no triunfo plena e indiscriminatoriamente en Cuba hasta que sus músicos no inventaron el bongó».
El Secretario de Educación Juan J. Remos denunciaba a los clubes nocturnos que tenían la rumba como atracción y urgía al gobierno a «hacerse cargo de los turistas y desviarlos de los cabarets de La Habana. Los visitantes no pueden entender a Cuba visitando tales lugares, porque ninguno de ellos, ni el baile, ni la música de la rumba son típicos de Cuba» (Periódico El Mundo, 23 marzo, p. 8 A 1956). Como vemos, el enemigo estaba dentro de nosotros mismos. Eso es lo que podemos llamar «colonización cultura» que predominó en Cuba durante siglos.
Acerca de esto, el investigador Earl Leaf observó que «los amos no toleraban los bailes en las plantaciones y cabildos de las ciudades por considerarlos peligrosos para sus privilegiados intereses eclesiásticos o políticos».
El actor Desi Arnaz, los músicos Panchito Riset, Xavier Cugat, Armando Oréfiche (con la Orquesta Lecuona Cuban Boys), para imponerse en los salones europeos y estadounidenses debieron modificar el estruendo de los tambores y los ritmos cubanos. Se inventaban «rumbas blancas», «rumba azul» y otras variantes. Algunas veces hasta debieron llevar las letras a otros idiomas o buscar la variante de la palabra «música latina» «latin tinge».
Siempre tenemos que volver al sabio Fernando Ortiz: «Los turistas ya han producido deformaciones grotescas y viles de nuestras danzas vernáculas, llenas de sensualidad en su prístina espontaneidad estética. Ya a los turistas se les sirve una rumba adulterada, monstruoso engendro de lupanar, por amor de dólares».
Los cubanos hacen rarezas:
Con un tambor en las manos
Hacen la tierra temblar,
Y dicen los mexicanos
Cuando sienten los tambores
A Cuba voy a gozar!!
Tuvieron que pasar muchos años para que llegaran los nuevos tiempos, para que se impusiera sin adulteraciones. En la década de 1930 comienza a invadir los Estados Unidos y Europa; hoy día es una música que alimenta muchas músicas como el latin jazz (afrocubano), la salsa, la timba, el pop, el rock.
Después de 1959, las direcciones culturales cubanas le ofrecieron total atención al genuino folclore nacional, se creó el Conjunto Folklórico Nacional con los colosos de la rumba como Lázaro Ross, Chavalonga y muchas otras figuras. Hoy las agrupaciones de rumba son incontables.
En la etapa actual los turistas vienen a Cuba a beber directamente los frutos de la música prístina, natural, primitiva, auténtica. Hasta de la lejana Australia, del celeste imperio del Japón, de la llamada Tierra Santa, de todos los rincones asisten a los rumbones que se ofrecen en diversos escenarios habaneros: Barracón del Conjunto Folclórico Nacional de Cuba (sábado 3 p.m., Calle 4 y Calzada (El Vedado); Peña del Ambia de la Uinión de Escritores y Artistas 17 y H El Vedado), Cabaret Las Vegas; Delirio Habanero (Teatro Nacional, Plaza de la Revolución), Callejón de Hamel.
Esta es la saga de la rumba cubana, una música que nunca pasa de moda porque es una fiesta colectiva, divertida, profana de resistencia, con su diálogo de tambores, una historia que canta las memorias de un pueblo en defensa de su identidad.
2011-07-14 21:46:24