Miami, Florida, 30 nov.- Cuando mi madre quedó embarazada de mí, que era su primer hijo, mi padre dio por sentado que si la criatura era varón se llamaría como él, pero eso no era lo que pensaba ella. Por esos años, había un hombre que hacía que la mujeres suspiraran arrobadas, las adolescentes palidecieran y los hombres quisieran imitarlo: Jorge Negrete. Cuando nací, sin pensarlo dos veces, Jorge fue el nombre que me puso.
Ya no hay quien discuta que Pedro Infante es la figura máxima ?por encima de Cantinflas y hasta de María Félix? del cine mexicano. Sin embargo, corresponde a Jorge Negrete el mérito de haberle dado identidad, fama continental y una dimensión mítica al cine y a la música ranchera de la llamada Época de Oro.
Sus canciones son el epítome del género: letras bravías y románticas; inolvidables melodías secundadas por las guitarras, trompetas y violines de mariachis que sonaban con atronadora altivez; y una imagen que sedujo a miles de mujeres en toda América Latina y también en España. Nadie encarnó la representación del charro con más apostura que Jorge Negrete; nadie ha sido más romántico; y nadie ha cantado como él: la voz más excepcional, viril y hermosa de toda la música mexicana. Sin Jorge Negrete no habría existido Pedro Infante, pero tampoco Javier Solís ni Plácido Domingo ni todos los cantantes que llegan hasta Luis Miguel.
Jorge Alberto Negrete Moreno nació el 30 de noviembre de 1911 en Guanajuato, el segundo de cinco hijos del matrimonio formado por Emilia Moreno y David Negrete, un militar que dedicaba gran parte de su tiempo a los estudios intelectuales.
El capitán Negrete educó a sus hijos con estricta moral y disciplina y desde muy pequeño Jorge demostró ser un niño inquieto y rebelde, que tenía un temperamento fuerte e independiente. La familia emigró a San Luis Potosí y más tarde a la Ciudad de México, donde Jorge estudió en el Colegio Militar hasta obtener el grado de subteniente.
Se hizo cantante por pura casualidad. Una tarde, deseoso de conquistar a una muchacha que vio en la calle, la siguió hasta una academia de canto y como excusa por su repentina entrada le mintió al profesor y le dijo que quería estudiar ópera.
Luego de una prueba de voz y motivado por los halagos recibidos, Jorge se inscribió en la escuela y empezó a educarse con seriedad. Con el tiempo y a insistencia de su maestro, abandonó la carrera militar y se lanzó a probar fortuna en el terreno artístico.
Al cabo de varios intentos por trabajar como tenor lírico, con frustrantes viajes a Nueva York, Los Ángeles y Chicago, cantó en cabarets, teatros y emisoras radiales de varias partes del Distrito Federal y decidió ver si su suerte mejoraba en el cine. Sus primeras películas ? La madrina del diablo, Caminos de ayer y El cementerio de las águilas?fueron recibidas con poco entusiasmo, hasta que casi sin esperarlo, en 1941 alcanzó un éxito arrollador con ¡Ay Jalisco, no te rajes!, dirigida por Joselito Rodríguez, que lo hizo inmediatamente una celebridad.
A partir de ese momento, su carrera conocería un éxito tras otro. Con Historia de un gran amor, El peñón de las ánimas, Así se quiere en Jalisco, Me he de comer esa tuna y Una carta de amor, Jorge Negrete pasó a ser un verdadero ídolo latinoamericano a la vez que se convertía en el primer gran mito del cine mexicano; nadie como él para ejemplificar el orgullo, la gallarda simpatía y la elegancia del mexicano. Desde Cuba y Puerto Rico hasta Chile, Uruguay y Argentina los hombres pusieron de moda el finísimo bigote que usaba.
2011-11-30 21:11:42