Noviembre de 1977
CON VICTOR GRIMALDI
VG: ¿Qué se planteaba Ud. como objetivo central al regresar al país en abril de 1970?
JB: Dos cosas, una inmediata y otra mediata. La primera se debió a una información que me llegó desde Madrid procedente de fuentes muy seguras según la cual en la República Dominicana se les iba a dar muerte a 175 dirigentes políticos de los partidos de izquierda y el PRD. Recibí la noticia al comenza el mes de abril, en el momento en que doña Carmen estaba aquí por razones familiares y yo no podía dejar a Bárbara, que entonces era muy joven, viviendo en un hotel en París. Entre la dirección del PRD y yo había un compromiso de que yo vendría después de las elecciones porque de esa manera se evitaba que se despertaran falsas ilusiones de que yo iba a ser candidato presidencial.
VG: Nunca se había dicho la razón de que su llegada se pospusiera.
JB: Porque yo no se la expliqué a la dirección del PRD; lo que le dije fue que no podía venir antes del 16 de mayo porque tenía trabajo que hacer, y efectivamente estaba escribiendo en ese mes de abril la Breve Historia de la Oligarquía que consideraba importante y necesario para otros planes que tenía en la mente y de los cuales tal vez hable luego. Pero cuando supe la noticia que me enviaron desde Madrid me decidí a venir y llamé aquí para que me enviaran el pasaje. De manera coincidencial Peña Gómez estaba aquí en una situación difícil porque consideraba que sus gestiones al frente del PRD habían terminado en fracaso, y así me lo decía en carta que me envió con un amigo que llegó a París muy pocos días antes de que llegara doña Carmen. Recuerdo que Peña decía en esa carta que la situación política no era para un discípulo sino para un maestro y que yo tenía que venir a hacerme cargo de la dirección del PRD. Así, mi solicitud resultó coincidente con el interés de Peña Gómez y se me
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envió el pasaje a París y además fue doña Carmen, lo cual era muy importante para mí porque si ella no iba yo no podía venir. Por cierto que doña Carmen llegó enferma y a pesar de eso como ya mi pasaje tenía día señalado o fecha fijada yo salí para acá sin esperar que ella mejorara. La idea de que había el plan de matar a 175 dirigentes políticos de la izquierda y del PRD me tenía muy preocupado. Me daba cuenta de que los muertos iban a ser principalmente líderes del MPD, del PCD y del PRD y pensaba, creo que con razón, que si eso sucedía aquí iba a quedar aniquilado el movimiento revolucionario.
VG: ¿Le explicó la fuente que le suministró la información qué cosa se perseguía con la muerte de esos dirigentes políticos?
JB: No. Sólo se me dijo que después de las elecciones, que iba a ganar el Dr. Balaguer de todas maneras, iban a matar ese número de dirigentes.
VG: ¿Cree usted que iban a matarlos porque esperaban alguna reacción de esos dirigentes a la reelección de Balaguer?
JB: No me explicaron nada. Sólo me enviaron la noticia, y como la noticia era de fuente confiable, no la puse en duda, y meses después empezó a cumplirse el plan puesto que fueron muertos Otto Morales, Amín Abel, Amaury Germán y tantos otros.
VG: Y al Moreno, aunque había salido del país.
JB: Sí había salido antes de que yo llegara. Los muertos fueron muchos, unos conocidos y otros no. Algunos eran miembros de otros partidos. Narciso Isa Conde salvó la vida porque yo obligué, prácticamente al PCD a sacarlo del país.
VG: ¿No se daba cuenta el PCD del peligro que corría?
JB: Creo que no se daba cuenta, pero cuando vieron que iban cayendo uno a uno todos aquellos que yo había mencionado como amenazados de muerte, se dieron cuenta de que la cosa iba en serio y
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lo sacaron del país. Como ves, mi vuelta al país era necesaria para salvar vidas porque si se producía la muerte de 175 jóvenes dirigentes, como se me había informado, el movimiento revolucionario dominicano desaparecería. Con 25 que mataran quedarían los grupos revolucionarios sin dirección, y para evitar que eso sucediera yo tenía que venir sin pérdida de tiempo a detener la ola terrorista que se había adueñado del país.
VG: Cuando usted habla de la ola terrorista, ¿se refiere también a las actividades de algunos grupos de izquierda que llevaron el terror al campo político?
JB: Sí, y por eso mismo al venir al país traía un plan que consistía básicamente en hacerle frente primero al terror de las izquierdas. ¿Por qué? Porque si llegaba a enfrentarme primero que nada con el terror de las derechas las izquierdas iban a pensar que yo apoyaba a los grupos izquierdistas que ejercían el terror, y eso podía intensificar el terror, hacer más fuerte la ola terrorista, y si ellos hacían eso las derechas iban a responder haciendo más intenso y más extenso el terror oficial.
VG: ¿Por qué? ¿Porque las derechas iban a pensar también que Ud. había venido a apoyarlas?
JB: No; las derechas no podían pensar eso y no tenían necesidad de hacerlo porque naturalmente, si les mataban más policías o más guardias, ellas iban a responder matando más jóvenes de la izquierda. Por eso se explica que al hacerle frente a la ola de terror fuera acusado y calumniado al mismo tiempo por las izquierdas y por las derechas, y como aquí no hay todavía suficiente madurez política para analizar situaciones concretas y llegar a las conclusiones correctas, era muy difícil que las izquierdas y las derechas llegaran a tener un criterio político definido y claro en relación con lo que venía a hacer. Recuerdo que el día que llegué aquí, o tal vez al siguiente, Wessin y Wessin hizo en televisión unas declaraciones violentas contra mí, pero también las hacía El Caribe, y eso sucedía porque ni Wessin-Wessin ni El Caribe se daban cuenta de la situación en que estaba viviendo el pueblo dominicano y de la tragedia que amenzaba caerle encima. Aquí faltaba, y falta todavía, la experiencia política,
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pero yo sabía lo que era el terror y las consecuencias que dejaba y había visto a muchos revolucionarios pasarse al campo del gansterismo y sabía que eso iba a suceder aquí.
VG: ¿Ud. conocía la experiencia de Guatemala?
JB: No la de Guatemala, que estaba pasando por esa situación en esos mismos días, por cierto a costa de muchos sufrimientos y miles de muertos, pero conocía la de Cuba, que había sido anterior a la de Guatemala.
VG: Guatemala vivió un proceso parecido como consecuencia de la intervención norteamericana de 1954.
JB: Pero la verdadera crisis de Guatemala comenzó más tarde, con la actividad de las guerrillas campesinas y urbanas.
VG: Lo cierto es que en Guatemala no se detuvo el terrorismo y tras él vino la matazón de lado y del otro y la situación política no ha evolucionado hacia condiciones favorables para el pueblo.
JB: No ha evolucionado porque cuando el terrorismo es ejecutado de parte y parte no hay posibilidad de hallarle solución a la crisis política que le dio origen al terrorismo. Aquí, por ejemplo, no podía haber salida para esa crisis porque la crisis fue inducida con el propósito de conseguir que asustada por el terror, la derecha dominicana se reuniera alrededor de Balaguer. Así, además de que la derecha se fortalecía a sí misma a la sombra del poder público, fortalecía a Balaguer porque éste era la garantía de que la gente de la derecha no iba a ser asesinada, de que no iban a expropiarlas. Al mismo tiempo que Balaguer resultaba fortalecido por la derecha, que le proporcionaba un amplio terreno de apoyo político, la derecha iba haciéndose económicamente más fuerte porque el gobierno pagaba aquel apoyo con concesiones de tipo económico. Nunca llegó a darse cuenta de eso la izquierda dominicana que escogió el terror como arma política.
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VG: Una indicación de lo que dice Ud. es que el día 26 de marzo de 1970, cuando Balaguer anunció que aceptaba ir de candidato de su partido a la reelección, estaba secuestrado el coronel Crowley. Balaguer apareció por televisión rodeado de militares y parecía que todos ellos sentían que la única solución para el extremismo de la izquierda era la reelección del Dr. Balaguer.
JB: Sí. Yo estaba en París y desde allá podía ver cosas que no se veían desde aquí. Balaguer aprovechó muy bien el secuestro de Crowley para justificar la necesidad de su primera reelección. Pero quiero decir en este momento algo que ya había dicho públicamente, y es que esa situación de terrorismo que se creó en la República Dominicana aprovechando el estado de ánimo que quedó una parte de la juventud como resultado del aplastamiento de la Revolución de Abril no fue obra del espontaneísmo sino de la CIA. La CIA tenía desde los tiempos de la intervención militar norteamericana el plan de que Balaguer durara en el poder por lo menos ocho años, y yo recuerdo que en el año 1966 las tropas yanquis pasaban por la puerta de mi casa gritando «Balaguer ocho años, Balaguer ocho años». Para fortalecer a Balaguer, la CIA estimuló el terrorismo en este país, y ciertos sectores de la izquierda se dejaron guiar en eso de la CIA así como se habían dejado conducir políticamente de la Embajada norteamericana, también engañados, en el 1961 y el 1962, según expliqué en mi libro «Crisis de la Democracia de América».
VG: ¿Y cómo cree Ud. que influyó la CIA sobre los grupos de izquierda para que éstos organizaran equipos terroristas?
JB: Las organizaciones como la CIA tienen agentes en los partidos políticos de los países donde ellas operan, así como los tienen en asociaciones económicas, científicas, populares, artísticas; es decir, donde quiera que puedan recoger información y ejercer influencia. El el caso de los partidos políticos, los agentes de la CIA o de cualquiera otra organización similar a la CIA están siempre en los niveles de mando o dirección pueden también influir en que se adopte tal o cual política; desde esos niveles de mando o dirección pueden saber y decir qué cosa está haciéndose, pensándose o
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planeándose. No es en los niveles bajos de un partido político o de las organizaciones en que funcionan esos agentes donde pueden enterarse de cosas que le interesan a la CIA ni desde donde pueden ejercer influencia. En el caso del terror en nuestro país, los agentes colocados en los niveles más altos de los grupos políticos podían convencer a los líderes de que el terror era la línea política adecuada para resolver la situación dominicana.
VG: Y naturalmente, aparecían como los más revolucionarios y chantajeaban a todo el mundo, sobre todo por esa situación que se creó después de la revolución según ha dicho Ud.
JB: Exacto. Aquí se llegó a tales extremos que cuando vine de Europa encontré que el PRD estaba envuelto y comprometido en la línea del terrorismo y se hallaba dirigido por sectores terroristas de otros partidos o grupos, pero también tenía dentro de sus filas terroristas. Lo primero que tuve que hacer, antes de enfrentar el terror de la izquierda, fue limpiar el PRD de los terroristas perredeístas, a muchos de los cuales tuve que sacar no sólo de sus filas sino además del país.
VG: Quiere decir que ese era su objetivo inmediato cuando volvió al país en abril de 1970.
JB: Sí, ése era el objetivo inmediato.
VG: Yo, y conmigo varias personas que nos preocupábamos por la situación, pensé que Ud. traía otro objetivo, que era el de sacar al PRD del atolladero en que se había metido en sus negociaciones con los partidos de oposición.
JB: No. Esa gestión estaba ya fracasada y no había nada que hacer en relación con ella.
VG: ¿Creía Ud. que ese fracaso fue de la dirección del partido que actuaba en el país?
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JB: Sí, pero fue un fracaso de poca importancia porque no fue el fracaso de un plan político del cual dependiera la vida o la muerte del PRD. Además, Peña Gómez reconoció el fracaso de esa política en una carta que me envió a París y que está en mis archivos. En realidad, lo dañino para el PRD no era que las negociaciones con los partidos de la oposición fracasaran; lo dañino era su alianza secreta, y especialmente sin mi conocimiento, con sectores terroristas, porque lo que podía llevar al gobierno a desatar una persecución a muerte del perredeísmo era esa alianza con los grupos terroristas. Y tal vez sea oportuno decir aquí que la persecución empezó con la muerte de varios perredeístas que fueron dedicados a trabajar con esos grupos, pero que amenazó extenderse a los niveles más altos de la dirección del PRD, y no sólo de parte del gobierno sino de parte de los sectores terroristas a que he hecho alusión. Por ejemplo, yo recibí numerosas veces amenazas de muerte del Servicio Secreto de la Policía y en una ocasión se hicieron circular muchos millares de una hoja impresa que partía del Servicio Secreto en la cual se ofrecían 5 mil pesos por mi cabeza, pero también recibía muy a menudo amenzas de muerte que partían de los grupos terroristas.
VG: ¿Eran amenazas telefónicas?
JB: Telefónicas y escritas, y en algunas ocasiones eran informaciones que me traían afiliados a organizaciones políticas que habían recibido órdenes de matarme o de participar en un plan para matarme. Naturalmente, antes de salir de París yo había previsto que eso iba a suceder, de manera que sabía de antemano qué precauciones debía tomar. Cuando decidí volver a Santo Domingo hablé con doña Carmen y con Barbarita y les dije más o menos esto: «Voy para Santo Domingo y no puedo dejar de hacerlo porque la situación dominicana está complicándose. Ustedes saben o deben imaginarse que al ir pasaré a correr peligro, el peligro de que me maten, y si no lo sabían ahora se lo digo, y quiero que ustedes sean conscientes de eso y sepan también que si eso sucede no será una sorpresa para mí y no debe serlo para ustedes. Las dos respondieron de manera muy hermosa, diciendo que ellas sabían que yo corría peligro pero que si me tocaba lo peor ellas confiaban en que yo caería con dignidad. Al llegar aquí me dí cuenta de que la situación se complicaba día por día; que las amenazas contra mí eran muchas,
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pero que peor era lo que pasaba en las calles, porque la lucha había degenerado en matanzas diarias que se daban no ya sólo entre jóvenes de izquierda y agentes policiales, sino también entre sectores de la izquierda.
VG: Sí, también hubo matanzas entre las mismas izquierdas.
JB: Así fue, y ese agravamiento de la situación me llevó a adelantar un plan que traía de Europa en el cual había estado pensando desde el año 1969. Hay que aclarar, y éste es el momento de hacerlo, que ya en 1969 yo me consideraba marxista aunque me faltaba, y todavía me falta, mucho que aprender de Marx y de sus seguidores, y al darme cuenta de que era marxista me daba cuenta también de que no tenía nada que hacer en el PRD, pero también comprendía que en el PRD había cantidad de gente de todas las edades y de varias clases y capas sociales a los que valía la pena rescatar, digamos, salvar para la revolución que algún día se haría en la República Dominicana.
VG: Por cierto, algunas veces hemos oído decir que usted estaba convencido, tal vez en el 1963 o en el 1964, de que era necesario convertir al PRD en una verdadera organización política que sirviera para defender los intereses del pueblo.
JB: Quizá usar la palabra convencido no sea lo más correcto, pero lo que sí es cierto es que cuando supe, a principios de 1963, que los locales del PRD se habían cerrado el día siguiente de las elecciones de 1962 y no habían vuelto a abrirse, salvo el de la Casa Nacional, que estaba entonces frente al Parque Colón, caí en la cuenca de que el PRD no era ni llegaría fácilmente a ser lo que yo pensaba que debía ser un partido político dominicano, y ese pensamiento fue tomando cuerpo en mí hasta que culminó en 1968 con mi renuncia al PRD, que envié en una carta desde Benidorm.
VG: Recuerdo eso porque la carta suya se publicó en El Nacional, y me parece que su renuncia condujo al llamado Pacto de Benidorm. Pero antes de hablar de ese plan con
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que dijo usted que venía, ¿qué lo llevó a convencerse de que el PRD no era el partido que usted quería dirigir?
JB: Lo primero fue la falta de capacidad de la dirección del partido para hacer las cosas que debía hacer el PRD; lo segundo era la atmósfera de mentiras en que vivía la mayor parte de los líderes del PRD. Vivían una vida falsa, una vida doble que en fin de cuentas no eran ni lo que decían ser ni lo que querían ser. Por ejemplo, aparentemente eran políticos y en la realidad no lo eran porque lo que ellos habían hecho al dedicarse a la actividad política era escoger un camino que debía conducirlos a ser conocidos del país o de su provincia o de su municipio, y eso era lo que en verdad querían, ser personajes nacionales o provinciales o municipales, no ser líderes políticos. ¿Y qué diferencia hay entre una cosa y la otra? Pues una diferencia muy importante: que lo primero les facilitaba obtener lo que ellos se proponían, esto es, privilegios de tipo personal, y lo segundo, ser líderes políticos, les exigía sacrificios, luchas en defensa del pueblo, y esto último no era lo que ellos buscaban en la vida; lo que buscaban era lo otro. Para hacer sacrificios y mantener una lucha en favor del pueblo, no en benefiico propio, se necesita vocación, que ellos no tenían, y capacidad, que tampoco tenían.
VG: ¿Y cuándo se dio usted cuenta de eso?
JB: Empecé a darme cuenta a principios de 1963, y para el 1968 lo sabía ya. Y el hecho de saberlo para 1968, junto con otras razones, me llevó a estudiar a Marx y Engels, cosa que hice tan pronto llegué a París, y ya para 1969 me consideraba un marxista, aunque todavía muy verde. Pero así verde tuve la idea de organizar los círculos de estudios para desarrollar políticamente a los jóvenes el PRD. Todavía en esa época no sabía que Lenin había fundado círculos de estudios en Rusia, y curiosamente, hasta el nombre de los que yo estaba planeando era el mismo que les había puesto Lenin a los suyos; pero yo no estudié a Lenin en Francia. Estado en España recibí su obra acerca del imperialismo, pero no tuve tiempo de leerla porque entonces estaba escribiendo la historia del Caribe y le dedicaba a esa tarea todas las horas del día, empezando a las 5 de la mañana y terminando a las 8 de la noche. Más tarde me di cuenta de que si les puse a esos organismos el mismo nombre que les había dado Lenin
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era porque en ambos casos se perseguían propósitos iguales, los de darles capacidad política a los que debían ser en un futuro miembros del Partido, en el caso de Lenin, del Social Demócrata Obrero Ruso y en el mío, del PRD; pero con una diferencia, la de que los círculos de estudios que yo planeaba eran organismos y los que formó Lenin eran grupos de estudio que no estaban integrados en un partido porque para entonces todavía no existía el Partido Bolchevique. La verdad es que los círculos que yo planeaba en París eran indispensables para que los jóvenes del PRD aprendieran lo que debían aprender si querían dedicarse a la política y si aspiraban a llegar a posiciones de dirección en el PRD. En el mes de agosto de 1970, estando aquí, escribí el folleto número uno de la colección Estudios Sociales, que iba a ser el material de estudio de los círculos. Así pues, la formación de los círculos empezó ese año bajo la dirección inmediata del compañero Rafael Alburquerque.
VG: Quiere decir que él fue el coordinador de los primeros círculos.
JB: No el coordinador porque todavía no teníamos elementos humanos que pudieran servir de coordinadores. Los coordinadores tendrían que salir de los círculos. El compañero Alburquerque fue el organizador de los primeros círculos. Pero antes se había formado un círculo de alto nivel en el cual tomaron parte el compañero Antonio Abréu, actual secretario general del PLD, y los compañeros Bidó Medina, Rafael Alburquerque, Diómedes Mercedes, Milagros Ortiz de Basanta, Franklin Almeyda y otros cuyos nombres no recuerdo en este momento. Ese círculo de alto nivel estuvo reuniéndose varios mese y de él salió lo que iba a ser la Comisión Permanente del PRD.
VG: Me parece entender que ese plan que usted elaboró en París se dirigía a la formación de cuadros para colocarlos en los mandos del PRD. Si eso era así, ¿qué le impidió que ese plan se llevara a cabo? Hablando conmigo hace algún tiempo usted se refirió a que el sector de derechas del PRD impidió la propagación de los círculos por todo el país. ¿Fue eso lo que obstaculizó su plan?
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JB: Efectivamente, fue eso; y como sabía que la organización de los círculos iba a ser frendad por esos sectores, los círculos no figuraron en los estatutos del PRD cuando éstos fueron reformados.
VG: ¿En qué año fue esa reforma?
JB: Me parece que fue en el 1971, pero puede haber sido entre el 1971 y el 1972. De todos modos, el caso es que los círculos no figuraron nunca entre los organismos que establecían los estatutos. Para la fecha en que éstos se reformaron ya la lucha de clases dentro del PRD era muy fuerte, y hay una serie de discursos míos dichos ante el Comité Ejecutivo Nacional y publicados en la revista Política en los que hablo de esa lucha de clases, que se manifestaba sobre todo como la lucha de clases, que se manifestaba sobre todo como la lucha de lo viejo contra lo nuevo. Ahora bien, la ruptura de los partidarios de lo nuevo no se hizo presente en esos años porque los partidarios de lo viejo no tenían todavía un líder. Ese líder acabó siendo Peña Gómez, que volvió al país en el año 1972 y vino con un plan muy bien elaborado con su participación, aunque él no era el autor.
VG: ¿Quiénes cree usted que elaboraron ese plan?
JB: Lo dice muy claramente la inclinación que tiene ahora el PRD: lo hicieron los llamados liberales de Washington, entre los cuales estaban funcionarios del Departamento de Estado y de otros departamentos del gobierno norteamericano así como algunos legisladores.
VG: ¿Cree usted que Peña Gómez tenía condiciones para convertirse en el líder de las derechas del PRD?
JB: Sí, pero hasta cierto punto. Por ejemplo, Peña Gómez había sido desde hacía por lo menos seis años secretario general del partido y desde esa posición había establecido nexos muy estrechos con todos los perredeístas que tenían posiciones de dirección a cualquier nivel; además, el PRD no es un partido de militantes y por esa razón sus miembros no tienen determinada posición política sino que son perredeístas de manera emocional. En cuanto a la gran masa de ese
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partido, se le dirige por radio, y Peña Gómez tiene buena voz para un micrófono, no importa lo que diga o que no diga nada que valga la pena; lo importante es que la voz salga por la radio con tonos que alteren la emocionalidad del oyente. Por otra parte, Peña era fácil de manejar por esa gente de Washington debido a su doble personalidad, que es la de una persona que desea ser reconocida como revolucionaria por la gente del pueblo y por los sectores de izquierda pero que necesita al mismo tiempo ser halagada por la gente de poder, sea ese poder económico o sea político. Peña vive constantemente esas dos vidas opuestas, como lo demuestra el hecho de que en uno de los viajes que a hecho a Washington con el exclusivo propósito de visitar el Departamento de Estado, además de ir a esa dependencia del gobierno norteamericano, y después de salir de ella, se fue a Nueva York a visitar la Embajada de Cuba en las Naciones Unidas desde donde le envió un mensaje de felicitación a Fidel Castro «por su heróica lucha contra el imperialismo»; y al volver aquí de ese mismo viaje anunció que iría con un grupo de miembros del Comité Ejecutivo Nacional del PRD a Pekín, para visitar a Mao Tse-tung. Esa oscilación perpetua entre izquierda y derecha ha sido propia de Peña Gómez y lo es de la capa social a la cual pertenece, la pequeña burguesía y en vista de que no lo logra odica a esa clase pero al mismo tiempo teme a caer en el proletariado. El pequeño burgués ocupa un lugar muy estrecho en las relaciones de producción, y se tambalea como el maromero equilibrista que camina por un alambreÑ cuanto más fino es el alambre más inseguro se siente y más se mueve de un lado para otro. En el caso de Peña eso se agrava porque él pertenece a una capa de la pequeña burguesía, que no es productiva y ni siquiera intermediaria. Sin embargo debemos reconocer que la situación de Peña ha empezado a cambiar recientemente porque ya se siente capaz de hacer declaraciones derechistas, cosa que no hacía antes.
VG: Pero según tengo entendido, después de haber estado en Washington en ese viaje a que usted se ha referido, Peña y otros miembros del Comité Ejecutivo Nacional del PRD fueron invitados a ir a Cuba.
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JB: Sí, esa fue una invitación hecha por instigación del Partido Comunista Dominicano que quería convencer a los cubanos de que la fuerza revolucionaria de este país era el PRD. Pero eso fracasó.
VG: Hasta ahora usted nos ha hablado principalmente de los Círculos de Estudios, y hay otros asuntos de interés de que usted se ocupó cuando volvió de Europa, como la banda y su línea política contra la represión. ¿Podría hablarnos de eso?
JB: Sí, como no, pero quisiera decir antes que ya a finales de 1970 y sobre todo en 1971 estaba en su desarrollo el plan de la creación de los círculos, y sin embargo el terror estaba en sus buenas. Para combatir el terror tuvimos que luchar no sólo aquí, en el país, sino también en el exterior, porque el mundo no se enteraba de nada de lo que estaba sucediendo en la República Dominicana. Yo lo sabía mejor que nadie puesto que había pasado más de tres años en Europa y a Europa no llegaban noticias de los crímenes que se cometían aquí. Lo que sí se publicó fe e secuestro de Crowley, hecho muy significativo.
VG: ¿Cuál fue la causa de que el DR. Balaguer lo amenazara con la expulsión del país en aquel discurso que pronunció con motivo de la huelga de San Francisco de Macorís?
JB: La causa fue su creencia de que yo iba a ser el candidato presidencial del PRD en las elecciones de 1974, y en lo que se refiere a su disfrute del poder, el Dr. Balaguer no tolera la menor amenaza. Eso sucedió en el 1971, ahora no recuerdo en qué mes, pero debió ser o en febrero o en agosto, porque dos o tres días después el Dr. Balaguer habló ante el Congreso. Alguien le dijo que yo era el organizador de la huelga de San Francisco de Macorís, lo que era incierto, y él aaprovechó la oportunidad para lanzar por radio la amenaza de mi expulsión y al día siguiente empezaron a aparecer en los periódicos los avisos de los jefes militares y de los jefes industriales y comerciales del país apoyando su amenaza, que por algo había él dicho en ese discurso que los que tenían algo que
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perder descolgaran sus armas para salir en defensa del gobierno, que estaba a punto de ser derrocado por mí.
VG: Pero el momento era difícil para Ud. porque todavía estaba actuando La Banda.
JB: Sí, la Banda estaba en todo su esplendor, cometiendo actos de terror en todo el país, y precisamente en esos días estaba yo denunciando esos hechos de la Banda en una serie de discursos que decía por radio, y en el discurso del día anterior había dicho que la Banda había sido organizada por la CIA, y me parece que eso fue lo que estimuló al Dr. Balaguer para hablar y para aprovechar la oportunidad de desatar las fuerzas de la reacción derechista contra mí con el objetivo final de sacarme del país.
VG: ¿No fue en esos días cuando salió Narciso Isa Conde del país?
JB: Sí, pero bajo presión mía.
VG: ¿Puede explicar eso?
JB: Como no. Si haces memoria recordarás que desde el año 1970 empecé a denunciar que había un plan para matar a varios jóvenes y di los nombres de Amín Abel, de Otto Morales, de Amaury Germán y de otros, y entre ellos también el de Narciso Isa Conde. Los demás fueron cayendo uno a uno pero Isa Conde se mantenía escondido; sin embargo yo estaba convencido de que un día saldría de la clandestinidad y lo matarían. Por eso insistí sobre los líderes del PCD para que lo sacaran del país, y al fin ellos lo sacaron. Por cierto, cuando Isa Conde llegó a Europa se unió a los trabajos de denuncia del terror que se ejercía aquí; esa denuncia, como dije antes, se hizo en varias partes del mundo porque se perseguía el propósito de que en Washington se dieran cuenta de que nosotros sabíamos qué papel estaban jugando los Estados Unidos en el mantenimiento del terror.
VG: ¿Usted se refiere a la misión que fue a Europa para denunciar los crímenes políticos? ¿Y el jefe de esa misión no era Peña Gómez?
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JB: Sí, era él, pero él estaba ya en París cuando los componentes de la misión llegaron allá. Peña se fue antes que todos y se dedicó a estudiar en París nada más y nada menos que Derecho Constitucional. Después se le ordenó pasar a Washington para encabezar un gran acto que habían organizado los perredeístas de New York bajo la dirección de Milagros de Basanta y fue en ese viaje cuando se pasó del lado yanqui «con armas y bagajes», como se dice en el lenguaje de los militares. Al llegar a Washington lo sedujeron Crimmins y Hurwitch, esto es, el que había sido embajador aquí y el que lo es ahora. Recuerdo que al salir del Departamento de Estado me llamó por teléfono y me decía a gritos que le habían dado trato de jefe de Estado, y lo repetía y lo repetía como si hubiera estado endrogado; me dijo también que iba a hacer unas declaraciones para la prensa y yo le respondí que cuando un jefe de Estado habla con diplomáticos extranjeros no puede hacer declaraciones a espaldas de ellos, y que si él las hacía se exponía a que los funcionarios del Departamento de Estado desautorizaran lo que dijera. Por esa razón no hizo declaraciones, y quizá el hecho de que él no hablara de lo que ellos le habían dicho les dio a Crimmins y a Hurwitch la impresión de que Peña era un hombre discreto; pero lo era tan poco que al llegar aquí les dijo a los compañeros Euclides Gutiérrez y Norge Botello que el Departamento de Estado le había ofrecido apoyo y le había insinuado que con él podían entenderse pero que conmigo no. Por esa razón cuando vino al país en noviembre de 1972, traía ya el plan que puso en ejecución pocos meses después.
VG: Sí, eso fue cierto porque me lo dijo también a mí en New York en presencia de otras personas; me dijo que le ofrecieron respaldo para formar un partido democrático porque usted era muy radical y que ese partido tendría más posibilidades que el PRD porque Juan Bosch había abandonado el sendero de la democracia; pero me dijo también que él no podía aceptar esa oferta porque él no podía traicionarlo a usted.
JB: Sin embargo, fue traidor. Cuando vino en noviembre de 1972 llegaba protegido por el poder nortemericano. Recuerdo que me llamó desde San Juan de Puerto Rico y empezó a decirme, también a gritos como lo había hecho desde Washington, que Ben Stephansky
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acababa de llamarlo por teléfono y le había informado que de la Casa Blanca habían hablado con Balaguer para decirle que mucho cuidado con lo que le pasara a Peña Gómez; y Peña gritaba: «¡Profesor, profesor, Balaguer no puede hacerme nada; no puede ponerme la mano, profesor!»; y esas mismas palabras les dijo a las autoridades de Inmigración cuando llegó al aeropuerto.
VG: ¿Y puso su plan a funcionar tan pronto llegó al país?
JB: No, desde antes; empezó a ponerlo en práctica en Nueva York, pero cuando en realidad lo desplegó a todo meter, jugando su papel de aliado íntimo y secreto del Departamento de Estado, fue cuando se presentó la crisis que desató la llegada de Caamaño. En ese momento huyó a esconderse lejos de mí y desde su escondite empezó a actuar como el líder del PRD ignorando mi existencia y mis facultades legales de presidente del PRD, y en esa actividad estuvo en todo momento en contacto con el jefe de la AID en el país, que era al mismo tiempo el jefe de la CIA aquí.
VG: Entre el momento en que él regresó al país y el desembarco de Caamaño pasaron más o menos dos meses. ¿Qué tipo de contacto mantuvo él en ese tiempo con usted y con el partido?
JB: Un contacto muy sospechoso. Andaba por los barrios hablando con los perredeístas y decía que él no quería reasumir su posición de secretario general mientras no estuviera bien enterado de cómo andaba el partido. Recuerdo que me costó trabajo hacer que fuera a una reunión del Comité Ejecutivo Nacional y cuando fue no quiso hablar ni media palabra; estuvo allí con actitud de fiera enjaulada; decía que Antonio Abréu era enemigo suyo, que Rafael Alburquerque era enemigo suyo, que Bidó Medina era enemigo suyo; en fin, para él todo el mundo era su enemigo.
VG: Permítame que le haga una pregunta explicada. Yo he estado haciendo cálculos y he encontrado que durante todos los años de la vida común en el partido, Peña Gómez y usted tuvieron contacto tal vez tres años y medio, y eso, un
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contacto accidental, no continuo. ¿No cree usted que eso tiene algo que ver en el hecho de que Peña Gómez no alcanzara el desarrollo ideológico que debió haber alcanzado?
JB: No lo creo. El caso de Peña Gómez no es de tipo sicológico a la manera en que ven las cosas los sicólogos norteamericanos o ingleses. Los problemas de Peña se originan en su posición de clase. Peña es un típico pequeño burgués de origen pobre que tiene necesidad violenta de ascender socialmente, y esa necesidad de ascender se le complica con su color, que él aborrece. Pero lo importante no es lo último; es lo primero. Si Peña hubiera podido ascender en la escala social siendo cantante, jugador de pelota o recitador, hubiera escogido esas vías, pero la que encontró abierta fue la vía de la política, en la que no tenía que hacer esfuerzos de ninguna especie porque la política en el PRD se hacía hablando ante un micrófono y él tiene buena dicción, no importa que lo que diga carezca de sustancia. En cuanto a su desarrollo ideológico, eso no le interesaba a él para nada; lo que le interesaba era convertirse en personaje nacional. Ahora bien, su posición de clase lo hacía íntimamente débil porque se sentía atraído por la oligarquía y su vida de lujos y placeres pero a la vez necesitaba el aplauso de la juventud y para eso tenía que presentarse como partidario de las izquierdas. Por eso tenía constantemente un pie en Washington (porque Washington es la base mundial de la oligarquía) y otro en Pekín ya que Mao Tse-Tung era el líder con más gancho entre la juventud pro-marxista de la República Dominicana. Al fin, se ha quedado con Washington, pero definirse le ha costado mucho trabajo y yo diría que mucho sufrimiento.
VG: Se ha dicho varias veces que Peña Gómez era su hijo político, pero si uno se pone a analizar el contacto que ha habido entre ustedes, el contacto ha sido en realidad de muy poco tiempo, no de padre e hijo.
JB: Eso de padre y de hijo es una superficialidad. Peña no tiene nada que ver conmigo ni yo tengo nada que ver con Peña. Nosotros somos dos seres totalmente diferentes. A Peña no le interesa la política sino las ventajas que pueda ofrecerle la política, y a mí no me
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interesa nada que no sea la política. Hasta la literatura la he visto siempre como medio de expresión de una sociedad, y todo lo que se relaciona con la sociedad es pura política aunque mucha gente no lo entienda.
VG: Pero él dice que nunca le ha interesado ocupar cargos públicos.
JB: Porque él sabe que ningún cargo en el país le va a proporcionar las ventajas que le da ser líder del PRD. Nadie sabe todo lo que Peña recibe de esa posición, pero si se preguntaran de qué vive un hombre que viste con lujo y come en los mejores restaurantes del país y no tiene trabajo conocido, hallarían la respuesta: Peña vive de la política y vive bien. Si tuviera que vivir con un sueldo de senador, que es lo más a que él puede llegar en el país (porque afuera puede ser embajador, y eso sí le gustaría ser), se vería en el caso de dar gran parte de los 500 pesos a los pedigüeños, que en el PRD abundan mucho. Es mejor, pues, conservar la imagen de que es un hombre sin ambición de cargos y arreglárselas para vivir de su posición de líder.
VG: ¿Podría usted explicar cuál era el nivel de desarrollo del PRD cuando Peña volvió al país en noviembre de 1972?
JB: Ya los Círculos de Estudios estaban funcionado en la capital, de manera que cuando se presentó la crisis de la llegada de Caamaño se presentó inesperadamente y la vida política nacional quedó revuelta, por lo menos para los sectores revolucionarios. En cuanto al PRD, fue en esa oportunidad cuando Peña resolvió apoyarse en el poder norteamericano para cumplir su parte en el plan que había sido elaborado en Washington.
VG: ¿Cuál era el plan?
JB: Originalmente, desmontar la Comisión Permanente para rodearme de gente del ala derecha del PRD y llevar entonces el PRD hacia la derecha, pero en ese plan no se pensó en lo que yo podría hacer cuando comenzaran a aplicarlo. Ahora, déjame explicarte los
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hechos, que son más elocuentes que los conceptos: Al irse a la clandestinidad, Peña estableció una línea de comunicación con sus amigotes de Washington que funcionaba en la siguiente forma: La línea de Peña a Majluta, de Majluta a Robinson, que era el jefe de la AID y por tanto de la CIA en el país, y a través de Robinson llegaban los documentos y las órdenes de Peña hasta el grupo de perredeístas que él había dejado organizado clandestinamente dentro del PRD de Nueva York. Peña había formado ese grupo para que le sirviera de punto de apoyo en el plan. A veces las órdenes o los documentos llegaban a manos de José Ovalles o de Winston Arnaud y de ahí iban a dar a Washington, y otras veces iban directamente a Robinson a Washington, y mientras tanto Peña se mantenía en la clandestinidad y desde ella hacía declaraciones como si él fuera el líder del PRD, sin consultar a nadie porque ya él se sentía todopoderoso con el respaldo que le daban los altos funcionarios yanquis. La verdad es que en esos meses, que fueron de principios de febrero a principios de mayo, se produjo de hecho la ruptura del PRD porque un partido político que tiene dos cabezas no es una unidad; y Peña sabía lo que estaba haciendo. Su papel no era el de un instrumento inconsciente: era el de un traidor que trabajaba en beneficio de un tercero que le había prometido el liderazgo de un partido si trabajaba para él.
VG: ¿Qué tipo de comunicación era el que mandaba por esa vía que usted ha mencionado?
JB: Naturalmente, confidencial, como la carta en que Peña le hacía saber a Stephansky, para que éste le hiciera saber más arriba, que quien estaba en las lomas de San José de Ocoa era Caamaño.
VG: Usted escribió en VANGUARDIA sobre eso.
JB: Sí, escribí un artículo titulado La Historia de una Carta en la que expliqué cómo se las arregló Peña para hacerles saber a sus amigos del Departamento de Estado a través de Stephansky que quien estaba en las lomas era Caamaño.
VG: ¿Y cómo supo él que quien estaba en esas lomas era Caamño?
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JB: A mí me envió una nota en la que decía que él lo había sabido porque lo oyó en Radio Habana.
VG: Pero no es cierto que Radio Habana dijera en ningún momento que Caamaño estaba ahí. Además, tanto Peña como Majluta se presentaron posteriormente como defensores por lo menos de la memoria de Caamaño y mandaron a poner su busto en el patio de la Casa Nacional del PRD.
JB: Sí, pero eso es lógico porque así se tapaban contra cualquiera acusación basada en las relaciones que mantenían con el Departamento de Estado en los mismos días de la actuación de Caamaño. Además, no olvides lo que te he dicho que Peña tiene una debilidad propia de su origen de clase y necesita estar al mismo tiempo aliado a la derecha y aliado a la izquierda. Por ejemplo, cuando estuvo hace poco en Venezuela le pidió una entrevista a Héctor Mujica, que es el candidato presidencial del Partido Comunista Venezolano, pero al mismo tiempo se presenta en Venezuela como el aliado dominicano de Acción Democrática. Por ese origen de clase de que he hablado, Peña es profundamente débil; tiene una debilidad ideológica abrumadora y además necesita tener la certeza de que la derecha lo quiere más, o al revés.
VG: ¿Y qué pasó con los Círculos de Estudios?
JB: A pesar de la crisis que desató la llegada de Caamaño, siguieron funcionando; no se destruyeron. Pero recuerda que te había dicho que sólo funcionaban en la Capital; fuera de la Capital no había Círculos. Por ejemplo, de Santiago venían a comprar los folletos para los Círculos; venía Ambiorix Díaz y los pagaba y se los llevaba pero los Círculos no se formaban. Esa era la actitud de la derecha del PRD, pero sólo simularlo e impedir en los hechos que ese propósito se llevara a cabo.
VG: Los informes que se tenían en ciertos círculos de izquierda del país era que Ambiorix Díaz era un tipo avanzado: incluso se dijo que tiempos atrás había estado muy cerca del PCD.
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JB: Todo eso era mentira. Lo que hacía la generalidad de los dirigentes del PRD era mostrarse públicamente como muy boschistas porque necesitaban tener mi respaldo para ser lo que se proponían: senadores, diputados, síndicos. Casi todos creían que yo iba a ser presidente de la República y ellos serían embajadores y secretarios de Estado, y por eso apoyaban lo que yo dijera. Pero nunca me engañaron; yo sabía qué había detrás de su cacareado boschismo.
VG: Usted mencionó hace poco la revista Política. Ese fue un esfuerzo serio de difusión de las ideas políticas, el más serio que se ha hecho en el país. ¿Por qué Política no siguió saliendo?
JB: Política jugó un papel y servirá para cuando aquí se hagan análisis serios de la vida política; por ahora, VANGUARDIA cumple otra misión y la cumple muy bien.
VG: ¿No había alguna relación entre Política y los Círculos de Estudios?
JB: Sí, desde luego.
VG: ¿Y por qué los Círculos siguieron existiendo y Política no?
JB: Porque los Círculos fueron la base de apoyo del PLD en el momento de su nacimiento y durante por lo menos el primer año y medio de su existencia.
VG: ¿Y por qué prefirió usted organizar el PLD en vez de quedarse en el PRD y dedicarse a convertirlo en un partido como es el PLD?
JB: Mira, Víctor, déjame explicarte algo que nunca he dicho: Cuando Crimmins, Hurwicht y Stephansky estaban trabajando a Peña para que Peña actuara como al fin lo hizo, no se daban cuenta ni ellos ni él de que estaban facilitando mis planes; es más, estaban haciéndolos posibles porque yo no podía salir del PRD sin una
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justificación histórica y política. Estando en Europa podía hacerlo, pero estando aquí no.
VG: ¿Eso lo ha visto usted retrospectivamente?
JB: No. Lo que ocurría era que un político no debe hablar ciertas cosas; puede hablar de ellas después que han pasado, pero no antes ni en el momento en que están sucediendo. De ninguna manera podía yo insinuar siquiera que deseaba dejar el PRD porque al hacerlo les abría los ojos a la derecha y a Peña, que estaba llamado a ser su líder, y yo tenía que dejar el PRD de manera sorpresiva porque de otra manera no me dejarían hacerlo y ya me resultaba imposible seguir en el PRD; ideológica y moralmente yo no tenía nada que ver con el PRD y estaba ahogándome en él. En realidad, desde un punto de vista abstracto, casi no humano, yo tendría que agradecerles a Peña y a sus amigos de Washington y a la derecha del PRD lo que hicieron, esto es, la facilidad que me dieron para dejar ese partido. Gracias a ellos pude actuar por sorpresa y saltar la muralla en que me tenían encerrado sin romperme el pescuezo. A pesar de eso, la gente no entendió lo que pasaba y quedó confundida a tal extremo que en muchos sitios me echaban maldiciones y me calificaban de traidor. Hubo un médico perredeísta que salió a las calles a decir que yo me le había vendido a Balaguer por cinco millones de pesos; pero a mí no me importaba nada de eso. Yo me había liberado de un anillo de inmoralidades y de atraso político que estaba acabando conmigo, y al lado mío estaban en ese momento los que se habían desarrollado políticamente gracias a los Círculos de Estudios, y eso era suficiente para iniciar una nueva vida política.
VG: ¿Pero usted no se sentía preocupado por lo que podía pasarle a su imagen? ¿Por qué nunca le respondió a la campaña de prensa que hizo Peña Gómez en contra de la Comisión Permanente?
JB: Porque esa campaña, que era de discursos de radio reproducidos por algunos periódicos, iba a ser y será algún día lo que en realidad explique el trasfondo del problema, lo que había por detrás de esos discursos.
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VG: ¿Y qué era lo que había a juicio suyo?
JB: Lo que había era el poder de los Estados Unidos, sin el cual Peña no se hubiera atrevido a comenzar y mantener la camapaña contra la disciplina del PRD, contra los estatutos, contra todos los principios orgánicos. Pero Peña sentía que detrás de él estaba la totalidad del poder norteamericano, cosa que les ocurre a todos los que tienen de aliado a ese poder: ahí están los miles y miles de millones de dólares, los acorazados, los aviones, las bombas atómicas; en fin, una sensación de omnipotencia que embriaga a los ambiciosos y a los débiles. Con ese respaldo Peña se sentía todopoderoso, y como yo no le respondía no llegaba a darse cuenta de que mi plan era dejarlo que avanzara para que se colocara públicamente como lo que era: el responsable de mi salida del PRD. Por eso le sorprendió tanto esa salida, a tal punto que ofreció irse del país y no volver si yo retiraba mi renuncia. En realidad, lo que hicieron el Departamento de Estado y Peña Gómez con su campaña contra la Comisión Permanente fue facilitar mis planes de abandonar el PRD, organización en la que ya no podía seguir. Los últimos años que pasé en el PRD fueron para mí los más amargos de mi vida.
VG: ¿Por qué entonces no salió de él antes?
JB: Porque un líder tiene responsabilidades que no se ven a simple vista; responsabilidades con la gente que lo apoya y lo rodea y también responsabilidades históricas.
VG: Pero hay personas que creen que el PRD era y es un partido fuerte con el cual podían y tal vez puedan hacerse algunas cosas importantes.
JB: Si así hubiera sido no habría salido de él. En realidad, el PRD es un mito alimentado por la radio y la prensa, pero el PRD no tiene capacidad para nada, y si llegara al poder algún día no sería mejor que el Partido Reformista, y quizá sería peor. Y puedo decirlo con la autoridad que me da haber sido de sus fundadores y con la de saber que entre otras razones, el gobierno de 1963 fue derrocado porque no había un partido que lo apoyara. En esa ocasión, a sólo nueve meses de las elecciones en que había ganado el poder, el PRD era ya
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inexistente desde el punto de vista orgánico. Tenía un nombre, pero nada más.
CAAMAÑO Y PEÑA
VG: ¿Cree usted que si no se hubiera desatado la crisis que provocó el desembarco de Caamaño no hubiera usted tenido la oportunidad de salir del PRD? ¿No piensa que fue esa crisis la que le permitió a Peña Gómez actuar como lo hizo?
JB: En realidad, lo que hizo la crisis que mencionas fue precipitar los acontecimientos, pero el plan estaba en marcha desde hacía tiempo. Cuando Caamaño desembarcó ya la política norteamericana en relación con el PRD estaba definida. Antes de que Peña Gómez viniera al país Casimiro Castro era visita constante de Bumpus, que era el agragado político de la Embajada y vivía por Arroyo Hondo. Casimiro se pasaba horas enteras bebiendo whisky con Bumpus y muchas veces salía de su casa con una botella de whisky regalada por el agregado político. Una vez, hablando con un joven del PRD en Barahona, Casimiro dijo que el PRD no podía ir al poder mientras yo fuera su presidente porque los Estados Unidos no iban a aceptar que yo fuera presidente de la República, y eso lo dijo Casimiro antes de que Peña volviera al país. Pues bien, cuando Peña vino, estando en la casa de Joselín Rodríguez Conde, les dijo a Euclides Gutiérrez y Norge Botello lo mismo que había dicho Casimiro en Barahona. En el caso de Casimiro, el joven con quien hablaba, que se llamaba Ignacio pero cuyo apellido no recuerdo, le respondió a Casimiro que entonces había que eliminarme, y en el caso de Peña, Euclides reaccionó preguntando: «¿Pero tú te das cuenta de lo que significa lo que has dicho, Peña? ¿Te das cuenta de que si hay una división entre tú y Juan Bosch, eso podría costarle la vida al profesor?». A lo que Peña contestó que sí se daba cuenta pero que él nunca iba a romper conmigo. Eso es propio de Peña: no prever cuál va a ser el resultado de sus palabras o de sus hechos. Igual que lo qu les sucedía a los señores del Departamento de Estado que no pensaron siquiera que yo saldría del PRD, Peña no le dedicó ni cinco minutos a pensar cuál iba a ser mi conducta ante su comportamiento, y por eso cada vez atacaba a la Comisión Permanente con más fuerza.
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Creía que mi silencio era señal de debilidad o de que yo aprobaba su actitud frenética o, lo que hubiera sido una tontería, que no me daba cuenta de que él estaba siguiendo un camino que le habían trazado en Washington.
VG: Hay gente que cree que cuando Peña Gómez volvió al país en el año 1972 vino a ejecutar un plan combinado con el coronel Caamaño, pero eso está en contradicción con el Departamento de Estado para poner al PRD al servicio de la política norteamericana.
JB: Las dos cosas se contradicen y aparentemente al contradecirse debe quedar descartada una de las dos, y sin embargo el que conoce a Peña Gómez tal como él es y no como aparenta ser, sabe que la contradicción es la esencia misma de su vida y por eso lo que habría que rechazar serían los actos de él que no se contradijeran. Marx explicó las causas de las vacilaciones de la pequeña burguesía, y Peña, que es un típico pequeño burgués, lleva sus vacilaciones a un punto tal alto que sólo puede resolverlas convirtiéndolas en contradicciones que conviven dentro de él. Nosotros, y me refiero a la alta dirección del PLD, tuvimos siempre sospechas de que entre Caamaño y Peña Gómez hubo algún tipo de entendimiento que Peña nos escondió, pero ahora lo sabemos porque al cabo de un largo trabajo de investigación hemos dado con los testimonios que buscábamos y podemos afirmar que sí, que cuando Caamaño vino al país contaba con Peña para llevar a cabo sus planes guerrilleros, y eso no lo sabía nadie en la dirección del PRD, y yo menos que nadie. Ahora bien, como en Peña viven siempre dos personas que se contradicen, al mismo tiempo que pretendía quedar bien con Caamaño haciéndole propaganda de que estaba en las lomas de Ocoa a fin de que se le unieran jóvenes perredeístas, informaba al gobierno norteamericano, a través de Ben Stephansky, de que Caamaño estaba aquí. De esa duplicidad de Peña Gómez vamos a hablar un día de estos en VANGUARDIA del Pueblo.
VG: Recuerdo que en el periódico El Nacional Peña Gómez desmintió un cable de la UPI que había sido enviado desde Caracas en el cual se decía que Caamaño había muerto en La Habana. ¿Cree usted que esa desmentida de
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Peña Gómez tenía alguna relación con el acuerdo con Caamaño que usted le atribuye?
JB: Tú te refieres a una declaración de Peña que publicó El Nacional del 20 de enero de 1973, es decir, dos semanas antes de la llegada de Caamaño al país. Sí, había una relación estrecha. Peña sabía que Caamaño estaba vivo y que venía para acá. Seis días después de haber hecho esa declaración anunciaba en Puerto Plata que pronto iban a sonar las metralletas en las calles de la Capital, y esa amenaza tenía su origen en su conocimiento de la próxima llegada de Caamaño.
VG: ¿Y cómo explica usted que él mismo denunciara de manera tan indirecta sus relaciones con Caamaño? ¿No cree usted que si el gobierno analizaba esas declaraciones podía descubrir que entre él y Caamaño había un acuerdo?
JB: Es que Peña es muy emocional y por ser emocional no puede reprimir sus emociones, lo que lo convierte en persona sumamente indiscreta. Pero además, si se tiene en cuenta su doble personalidad se explica que en el momento en que negociaba con Washington sus servicios políticos quisiera justificarse ante las izquierdas del país trabajando para Caamaño. Todo eso es posible en el caso de las personas como él, y tal vez eso explica también por qué tan pronto el PRD consiguió dónde montar su Casa Nacional el propio Peña ordenó que en el patio de esa casa se le hiciera un busto a Caamaño. Con ese busto de Caamaño en el patio se sentía autorizado a visitar cuantas veces quisiera el Departamento de Estado, pero además calmaba su conciencia por haberle escrito una carta a Ben Stephansky, para dejar constancia de que él era tan buen amigo del gobierno norteamericano que le comunicaba por escrito que quien estaba en las lomas de Ocoa era el coronel Caamaño y nadie más que él.
HAMLET HERMAN
VG: Sin embargo, en las declaraciones de Hamlet Herman que publicaron las Fuerzas Armadas aparece Hamlet diciendo que Caamaño no tenía confianza en Peña Gómez por su coqueteo con los liberales.
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JB: No sería extraño que Hamlet Herman dijera eso para defender a Peña Gómez; esto es, para que los militares dominicanos no dudaran de él. Debemos recordar que Peña hizo una ardiente defensa de Hamlet Herman sin que hasta ahora haya habido explicación para ella. De todos modos, si Hamlet Herman dijo de Peña lo que tú dices, cosa que no tengo en mis recuerdos, habrá que buscarle una explicación, porque lo que puedo asegurar basándome en testimonios muy serios, es que desde el mes de noviembre de 1972, cuando todavía se hallaba en Nueva York, Peña Gómez sabía que aquí iban a sonar los tiros en el mes de febrero de 1973, y en ese mes estaba tan seguro de que quien se encontraba en las lomas de San José de Ocoa era el coronel Caamaño que así se lo hizo saber por carta a sus amigos del Departamento de Estado. Ahora bien, y esto es algo que debe tenerse en cuenta a la hora de juzgar la extraña conducta que mantuvo Peña en esos días, aunque no es realmente extraña si se sabe que es un hombre de doble personalidad, Peña inició su ruptura conmigo en los días en que nos hallábamos en la clandestinidad, lo que da idea de la conmoción que le produjo la muerte de Caamaño. ¿Por qué esa conmoción? ¿Qué ilusiones había puesto él en una posible victoria de Caamaño? No lo sabemos. Sólo sabemos que inmediatamente después de haberse escondido en la casa de unos amigos escribió un discurso, y se lo aprendió de memoria y lo recitaba continuamente, y ese discurso era para ser dicho en el acto en que Caamaño iba a tomar posesión del poder.
VG: ¿Cómo? Pero usted no había dicho eso nunca.
JB: Porque no tenía en mi poder todos los elementos de juicio acerca de la conducta de Peña(*) en los meses que transcurrieron desde comienzos de febrero de 1973, cuando Caamaño vino al país, y el 18 de noviembre del mismo año, cuando unos pocos perredeístas abandonamos el PRD para fundar el PLD, y sin todos los elementos de juicio en mis manos no podía hacer la historia verdadera de los hechos realizados por Peña en esos meses.
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(*) Nota del Entrevistador: El doctor Peña Gómez critica al gobierno socialista de Cuba porque envió soldados a Angola y no hizo lo mismo con el coronel Caamaño en febrero de 1973, según publicó El Nacional de Ahora de fecha 17 de noviembre de 1977, página 18.
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VG: ¿Y nunca se le ha ocurrido pensar que Peña les fingió a los altos funcionarios norteamericanos que se entendía con ellos para poder así engañarlos mientras en realidad él llegaba a un acuerdo con Caamaño?
JB: No. Peña no es el tipo que piensa detenidamente y planea lo que va a hacer. Todo lo que él hace surge de su emotividad. Sus emociones se producen antes que sus ideas. Las ideas y los planes están en él determinados por sus emociones, y a su vez sus emociones, en el terreno político, son contradicciones porque reflejan una personalidad dividida en dos sectores que se oponen entre sí y al mismo tiempo se compensan. Por esa razón, si a Peña lo halaga un personaje de la derecha se siente emocionado y esa emoción lo impulsa a ser derechista, pero al mismo tiempo la composición dual o doble de su personalidad
2009-06-23 13:53:26