Por Andy Mieses
Un partido político es como un ser vivo, nace, se desarrolla y muere. Así es la persona, el ser humano nace, se desarrolla y muere.
Ejemplo de esta verdad del tamaño del cielo, es la desaparición del Partido Dominicano de Trujillo, dirigido por “calieses” que eran militantes para el control social sustentado en la sanguinaria represión del dictador, el Partido Unión Cívica Nacional, ni huella dejó con su discurso de azote contra los trujillistas enarbolado por su líder, doctor Viriato Fiallo.
El líder político que cree posicionarse por encima del bien y el mal, acuñando su discurso político centrado en el resentimiento, el odio, la revancha, la amenaza y el rencor traza su camino al escenario de la derrota y cuando impone su deseo con “malas artes” termina destruyendo el partido.
Igualmente el Partido Reformista Social Cristiano tras la muerte de su líder Joaquín Balaguer, quedó en un “estado comatoso” no ha aparecido la pieza de reemplazo en la organización del gallo colorao.
Así decenas de partidos han dejado de existir y otros por errores tácticos, viven en estado agonizante.
Regularmente los errores son cometidos por los líderes de los partidos, que imponen su voluntad individual a todo el cuerpo de la organización, porque la «cacareada» democracia es una palabra que terminan acomodándola a su criterio individual, no al interés de toda la militancia.
Un ejemplo actual de la vida de los partidos es el estado de caída libre que se registra en todo el tejido social que conforma la precaria militancia del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), por su cabeza reeditar las acciones que provocaron los errores que llevaron a la entidad morada de la posición electoral 1 a la 3
Juan Mieses juanmiesesp@gmail.com