Daris Javier Cuevas
Por más de cuatro décadas muchas inversiones de empresas e individuos
que procuran una multiplicación precipitada de sus respectivos patrimonios han
migrado sorpresivamente de una manera oculta y silenciosa hacia lugares
donde nada tengan que declarar. Para alcanzar sus objetivos escogen los
denominados paraísos fiscales, esto es, un territorio donde el pago de
impuestos es insignificante, o inexistente, con la finalidad de ver crecer sus
beneficios.
Cabe resaltar que esos lugares habitualmente se concentran en ciertas partes
del mundo, pero a su vez, es una actividad económica que procura privilegios
frente al resto. Por tales razones, su finalidad es atraer fuertes inversiones,
constituir sociedades, atraer y ocultar a las personas físicas con grandes
capitales y promover la especulación financiera vía la tasa de interés y la
confidencialidad.
Se trata de que los criterios de operatividad de los paraísos fiscales es ofrecer
a las personas físicas y jurídicas extranjeras el no pago de carga tributaria en
un entorno de un alto grado de estabilidad macroeconómica, social y política.
En adición, la atracción de estos lugares va acompañada de la ausencia de
información financiera a las autoridades fiscales extranjeras y de esta manera
evitar el pago de impuestos en sus países de origen donde se produce la
fortuna invertida.
Es muy cierto que se trata de una operación cimentada en la legalidad, pero a
su vez, a un individuo o empresa le asiste el legítimo derecho de poseer
cuentas bancarias o realizar una operación de fideicomiso en el extranjero con
determinado número de acciones. Ahora bien, todo esto puede convertirse en
ilegal cuando no se declara esos fondos de inversiones o las ganancias que
estos generen en sus países de origen, y en ese instante, se está ante la
presencia de un acto ilícito, típico de lavado.
A escala global, la práctica de la tributación ha determinado que es totalmente ilegal que
todo contribuyente que no declare ingresos en cualquier lugar del mundo está realizando
un delito o infracción cuyo desenlace se define en las instancias judiciales con
penalidades financieras o de prisión, según las Leyes de cada país. Pero resulta que
estos flujos financieros simbolizan una sustracción relevante de recursos para los
diferentes países ya que al evadir impuestos se convierten en un real obstáculo para
alcanzar el progreso y avanzar hacia un desarrollo sostenible e incluyente, al tiempo que
deterioran la confianza en las instituciones que impulsar la lucha contra la pobreza.
Y es que los paraísos fiscales han tenido un desarrollo espectacular a partir de
los años setenta, cuya dimensión ha encontrado su viabilizacion a través de la
expansión de la denominada banca transfronteriza, o banca off-shore,
impulsadas por la desregulación de los mercados financieros, la tecnología y la
globalización financiera. La explosión de las operaciones comenzó a generar
sospechas en el 2013 cuando se filtraron 2,5 millones de archivos de los
offshore leaks, los Panamá Papers con 11,5 millones, en el 2016, los Paradise
Papers con 13,4 millones en el 2017 y el gran escándalo de pandora papers
2021, el cual involucra presidentes y directores de impuestos de diferentes
países.
Estos escándalos ponen de manifiesto la existencia de un cambio de paradigma en la
sociedad del siglo XXI, en el entendido de que ya el capital financiero especulativo
parece ser insuficiente para configuración de una estructura social. Razón por la que se
trata de una sociedad moderna, liquida, cuyo objetivo es imponer pagar menos
impuestos o no pagar nada, lo que en la realidad se traduce en la segmentación de dos
clases de personas, esto es, lo que pagan impuestos de manera frecuente y otras que
deciden no pagar impuestos, en virtud de ser miembros de las elites financiera global.
Los papeles de pandora comprueban la existencia de un entramado societario que
ocultan los beneficios que reciben alrededor de 30 mil personas, 35 jefes de
Estados y ex jefes de Estados que ocultan fortunas en los paraísos fiscales
aprovechando la baja tributación y el anonimato, en perjuicio de la transparencia.
Estas operaciones en los paraísos fiscales ya representan el 10% del PIB mundial,
razón por la cual el FMI y la OCDE sugieren que estos capitales sean gravados y
que se incluyan en la posible reforma fiscal en cada país.
Daris Javier Cuevas Nin