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En la conmemoración de los 94 años de la llegada de los Hermanos Lasallistas al país, la Promoción del 69  celebró el cumpleaños a cuatro exalumnos y recordó la penetración del Partido Comunista de Cuba en La Salle

Artículo de opinión

La Promoción 1969 del Colegio Dominicano De La Salle mantiene una tradición que se ha convertido en parte esencial de nuestras vidas: reunirnos cada mes para conservar la amistad nacida en las aulas, compartir recuerdos y conversar sobre los principales acontecimientos nacionales. En esta ocasión, volvimos a encontrarnos en el Club Naco, donde compartimos nuevamente como lo hemos hecho durante décadas, unidos por una historia común y por los vínculos que construimos durante nuestros años de estudiantes.

El encuentro tuvo además un significado especial porque celebramos los cumpleaños de Carlos Defillo, Alex Medina, Tato Tejada  Pascual Prota, y Angel Fernández cuatro compañeros de nuestra promoción. Entre abrazos, anécdotas y recuerdos de nuestra juventud, la conversación nos llevó inevitablemente a aquellos años en que La Salle constituía mucho más que un centro educativo: era el espacio donde nos formábamos como estudiantes y comenzábamos a interpretar las profundas transformaciones que experimentaba la sociedad dominicana.

En ese ambiente recordamos la llegada de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, conocidos como Hermanos Lasallistas, a la República Dominicana. La obra educativa lasallista comenzó oficialmente en el país en 1933, cuando cinco Hermanos procedentes de Cuba iniciaron las clases el 18 de septiembre de ese año con 36 alumnos. Para nosotros, La Salle representa una parte fundamental de nuestra formación y de nuestra historia personal, pero también fue el escenario de acontecimientos que, vistos con la perspectiva que ofrecen los años, adquieren una dimensión histórica que merece ser estudiada.

Uno de esos capítulos es la presencia, durante nuestra etapa escolar, de Hermanos Lasallistas de origen cubano y lo que nosotros percibimos entonces como una penetración ideológica vinculada al Partido Comunista de Cuba. Éramos jóvenes estudiantes y vivíamos en una República Dominicana profundamente marcada por la Guerra Fría, la Revolución Cubana y las consecuencias políticas y sociales de la Revolución de Abril de 1965. En ese contexto, determinadas actividades de carácter social y político despertaban nuestra curiosidad y también nuestras interrogantes.

Entre los Hermanos que recordamos se encuentran Miguel Efraín Domínguez y José Antonio Cabezas, religiosos de origen cubano que desarrollaron labores educativas y sociales en el país y que posteriormente fueron deportados en 1970 durante el gobierno de Joaquín Balaguer. La documentación histórica disponible registra ese episodio y existen referencias a su trabajo social y a su participación en luchas campesinas por la tierra. Sin embargo, nuestra generación conserva otros recuerdos relacionados con la formación que recibíamos y que consideramos necesario dejar consignados como parte de la memoria de quienes estuvimos allí.

Recordamos particularmente un centro de adiestramiento ubicado en las inmediaciones de las avenidas Pasteur con Santiago, donde participábamos en actividades que trascendían la enseñanza académica convencional. Allí recibíamos orientación sobre asistencia social, participábamos en actividades en hospitales, realizábamos labores agrícolas, como cortar caña, y asistíamos a juicios penales. También recordamos charlas relacionadas con el marxismo y la ideología política, experiencias que, en el contexto de aquella época, nos llevaron a formular preguntas sobre la naturaleza y el alcance de aquella formación.

Entre los recuerdos que volvieron a surgir en nuestra conversación estuvo el de Juan Julián Mahuá, “Mayuya”, compañero de nuestra promoción, y las circunstancias que, según nuestra memoria, hicieron que algunos estudiantes comenzáramos a prestar mayor atención a la orientación política que podían estar recibiendo determinados jóvenes.

 También recordamos la llamada lucha del medio millón de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, cuando se planteó la incorporación de estudiantes de La Salle y, según nuestro recuerdo, Pascual Prota sostuvo que el colegio no debía involucrarse en una movilización de carácter político, por tratarse de una institución católica y privada.

Hoy, con la distancia que proporcionan 57 años desde nuestra graduación, entendemos que aquellos recuerdos deben ser examinados con rigor histórico. No pretendemos convertir las percepciones de estudiantes adolescentes en verdades documentales definitivas. Lo que hacemos es dejar constancia de lo que vivimos, observamos y discutimos como integrantes de la Promoción 1969, para que documentos, archivos, periódicos de la época y testimonios de otros protagonistas permitan determinar con mayor precisión cuál fue el verdadero alcance de aquellas actividades y su relación con las corrientes ideológicas que se enfrentaban en el Caribe.

La responsabilidad de preservar esa memoria adquiere para nosotros una importancia especial. La historia de los Hermanos Lasallistas cubanos, su labor educativa y social, su posterior deportación y las interrogantes sobre una posible influencia ideológica constituyen un capítulo que merece ser investigado con profundidad, sin prejuicios y con apego a las fuentes. Nuestra intención no es juzgar a personas desde la distancia del tiempo, sino aportar el testimonio de quienes fuimos estudiantes de La Salle y vivimos directamente aquellos acontecimientos.

Por eso, nuestra reunión mensual en el Club Naco, acompañada esta vez por la celebración de los cumpleaños de Carlos Defillo, Alex Medina, Tato Tejada y Pascual Prota, terminó convirtiéndose también en un ejercicio de memoria histórica. Volvimos a compartir no solamente una amistad de más de medio siglo, sino también los recuerdos de una etapa de la que fuimos protagonistas. Nosotros no estamos contando una historia que nos contaron: fuimos estudiantes de La Salle, estuvimos allí y formamos parte de aquella generación. Hoy, con la perspectiva que ofrecen los años, entendemos que la memoria abre las preguntas, mientras la historia, apoyada en documentos y testimonios, debe encontrar las respuestas.

Por Luis Acosta Moreta, Luis “El Gallo”

Promoción 1969, Colegio Dominicano De La Salle