Brasilia, 7 sep (Prensa Latina) Brasil conmemora hoy su Día de la Independencia entre nuevas lecturas del proceso histórico en torno al Grito de Ipiranga y renovados debates sobre soberanía nacional, autonomía política y control de riquezas estratégicas.
La fecha del 7 de septiembre de 1822 quedó asociada al momento en que el príncipe Pedro de Alcántara, futuro Pedro I, declaró la separación de Portugal junto al riacho de Ipiranga, en São Paulo, en una escena convertida en uno de los principales momentos fundacionales de la nación.
Sin embargo, historiadores brasileños advierten que reducir la independencia a aquel episodio oculta un proceso mucho más amplio.
Estudios publicados por la Universidad de São Paulo (USP) sitúan en 1808 importantes transformaciones vinculadas al proceso de independencia y muestran que el 7 de septiembre adquirió posteriormente un enorme peso como símbolo de la memoria nacional.
La invasión napoleónica de Portugal en 1808 provocó el traslado de la corte lusa a Río de Janeiro, una medida que modificó las relaciones políticas y económicas del territorio.
Otro cambio fundamental llegó en 1815, cuando el gigante sudamericano fue elevado a reino e integrado al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves, con lo que dejó formalmente atrás su condición colonial.
La Revolución Liberal iniciada en Oporto en 1820 cambió nuevamente el escenario, cuando las Cortes portuguesas intentaron recentralizar el poder en Lisboa y limitar la autonomía adquirida por Brasil, mientras aumentaban las tensiones entre grupos políticos de ambos lados del Atlántico.
A su regreso a Portugal en 1821, Juan VI dejó a su hijo Pedro como príncipe regente. El 9 de enero de 1822, en el llamado Día del Fico, este último decidió permanecer en Brasil, pese a las órdenes de las Cortes para regresar a Europa.
Durante ese año se sucedieron nuevas medidas de autonomía y ruptura. Pedro organizó un gobierno propio, recorrió Minas Gerais y São Paulo y afrontó la creciente disputa con Lisboa hasta que el 7 de septiembre quedó asociado a la declaración de independencia.
La imagen heroica del llamado Grito de Ipiranga fue construida y reforzada posteriormente. Historiadores de la USP señalan que incluso existen dudas sobre si el célebre hecho ocurrió exactamente como quedó fijado en la memoria nacional.
Además, la separación de Portugal no fue resuelta aquel día, pues varias provincias permanecieron vinculadas al país europeo y las luchas continuaron durante 1823. En Bahía, las tropas lusas abandonaron Salvador el 2 de julio, fecha que ocupa un lugar central en la memoria de la independencia brasileña.
También hubo conflictos y procesos de adhesión en Maranhão, Pará y otras regiones, en tanto Portugal solo reconoció formalmente a Brasil como imperio independiente mediante el Tratado de Paz y Alianza firmado el 29 de agosto de 1825.
Ese carácter territorialmente diverso cuestiona la imagen de una independencia exclusivamente paulista y protagonizada por Pedro. Estudios recientes destacan las diferencias entre provincias, los conflictos armados y la participación de distintos grupos sociales y políticos en la construcción del nuevo Estado.
La historiadora Cecília Helena de Salles Oliveira, exdirectora del Museo Paulista de la USP, destacó en 2022 que el 7 de septiembre fue movilizado políticamente durante los siglos XIX y XX para construir consensos e identidades nacionales.
Más allá de las precisiones historiográficas, actualmente el 7 de septiembre es feriado nacional y constituye la principal celebración cívica de la independencia en el país.
La jornada incluye ceremonias, actividades culturales y desfiles, cuya forma contemporánea fue consolidándose progresivamente.
En Brasilia, el acto central se desarrolla tradicionalmente en la Explanada de los Ministerios, como ocurrirá este lunes, cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva encabezará un desfile cívico-militar en el que se espera la asistencia de unas 30 mil personas.
La víspera, en un mensaje a la nación con motivo del Día de la Independencia, el mandatario afirmó que la emancipación brasileña fue mucho más que el Grito de Ipiranga y recordó a quienes lucharon contra la tiranía, la esclavitud y la injusticia social.
El gobernante evocó a Tiradentes, precursor de la lucha anticolonial, y a Maria Quitéria, Maria Felipa y Joana Angélica, protagonistas de la resistencia a las fuerzas portuguesas, para defender una independencia ligada hoy a la soberanía y la democracia
Lula centró buena parte de su mensaje en las riquezas estratégicas del país. Recordó que Brasil posee la segunda mayor reserva mundial de tierras raras, enormes recursos de agua dulce y nuevas reservas de petróleo, que, defendió, deben beneficiar al pueblo brasileño.
En uno de los momentos más enfáticos del discurso, rechazó las presiones externas y afirmó que Brasil no puede bajar la cabeza ante potencias extranjeras que pretendan convertir nuevamente al país en una colonia.
“No somos colonia y no seremos colonia de nadie”, sentenció, antes de defender la autonomía comercial.
Más de dos siglos después del episodio del Ipiranga, el mensaje presidencial vincula así la conmemoración con un debate que trasciende 1822: quién controla las riquezas del país, quién toma sus decisiones y de qué manera la soberanía nacional se traduce en independencia para su población.
ro/mar
Dejar una respuesta