Daris Javier Cuevas
En principio se tiene la presunción de que a escala global las noticias falsas, o fake news, aparentan ser un fenómeno reciente, la difusión de esta información tienen su origen en la antigüedad y su propósito siempre ha sido la de influir, engañar y manipular a quienes le prestan atencion con un alto grado de ingenuidad. Sin ánimo de exagerar, detrás de esta práctica malsana existe abiertamente un interés económico ya que las plataformas que sustentan las noticias falsas han llegado a recaudar impronunciables sumas millonarias de dinero en dólares.
Y es que se trata de que la generación de clics por contenido compartido de información de alto impacto, aunque sea falsa, termina siendo lucrativa para esta práctica deshonesta a través de este tipo de acciones negativas para la sociedad. Existen motivaciones múltiples para generar noticias falsas orientadas a crear confusión en la conducción de situaciones críticas a través de contenido sensacionalista para estimular a las personas a dar clic en enlace maliciosos, logrando que la comunidad virtual, que no cuenta con instrumentales para reconocer ese tipo de noticias y comparte información sin tener claridad sobre la veracidad de la información, causados solo por sus emociones.
Se ha convertido en una práctica común localizar cadenas de WhatsApp, videos, audios e imágenes de fuentes dudosas o que corresponden a otros hechos que buscan generar impacto emocional y así garantizar su difusión masiva. En redes sociales como Facebook es común la viralización de notas de portales dedicados a las noticias falsas y en Twitter se hacen populares trinos de cuentas falsas o imágenes de supuestos mensajes que nunca han existido.
En virtud de que estamos en un mundo hiperconectado donde la información circula tenazmente y a una gran velocidad, el acceso inmediato al mundo del conocimiento también ha traído consigo un fenómeno alarmante: la desinformación. Pues cada vez con mayor periodicidad, los usuarios nos enfrentamos a contenidos que, bajo la apariencia de ser ciertas, están diseñados para engañar, manipular o crear confusión ya que la desinformación no tan solo deteriora la calidad y tiende arrabalizar el debate público, sino que también incide en el riesgo de la salud, la democracia, la cohesión social y la seguridad.
En la actualidad, la desinformación se ha convertido en uno de los desafíos estructurales más grande al que se enfrenta la economia y la sociedad contemporánea. Pero resulta que ya no es solo un problema informativo, sino que se ha traducido en un fenómeno que ha construido una capacidad para trastornar mercados, desfigurar decisiones y deteriorar la confianza en las instituciones públicas y privadas.
Es en tal contexto que este monstruoso aparataje ha construido lo que se denomina la economía de las mentiras. Situacion esta que hace referencia al conjunto de dinámicas económicas que se forman cuando la información falsa se origina, distribuye y consume de manera metódica, para estos fines, apelando a las herramientas engendrada por la inteligencia artificial, IA, lo cual responde a un ecosistema donde la supremacía de la desinformación se ha convertido en un producto que forja atención y beneficios económicos continuos para quienes practican y difunden las falsedades.
Y es que la IA proporciona la cimentación de esta economía de las mentiras al comprimir de manera significativa los costos de engendrar textos, audios, videos e imágenes forrados de falsedades, pero con cierto grado de credibilidad. Si se parte del hecho cierto de que la actividad económica moderna descansa en la confianza: en los datos, en las instituciones y en las reglas de juego, entonces, si la desinformación impone y se multiplica, esa confianza se deteriora, dando espacio a la incertidumbre en grado superlativo, provocando que las decisiones de inversión se posterguen y los actores económicos activos se conviertan más cautelosos, ralentizando de esta manera el crecimiento real de la economia y perturbando a los mercados financieros con rumores infundados y amplificados por la IA a escala global.
Ya hasta son múltiples los gobernantes que se hacen cómplices de la difusión de noticias falsas para posicionar su gobierno. En igual dirección están incurriendo en esta práctica candidatos presidenciales fantasmas para ganarse el favor de los electores, cada vez con cierta frecuencia en la región de América latina.
Daris Javier Cuevas Nin dcuevas16@uasd.edu.do