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Por J.C. Malone
New York, 18 de agosto, 2026.- De camino a las elecciones de noviembre, el Partido Demócrata está radicalmente dividido entre dos bandos: socialistas y conservadores.
Los partidos divididos casi nunca han sido ganadores de elecciones, porque esa división les impide tener un líder que articule un discurso coherente para aglutinar las masas.
Los demócratas hacen lo único que saben hacer, no están haciendo lo que deben hacer para ganar las elecciones.
Siguen obsesionados con antagonizar y criticar al presidente Donald Trump, no logran articular una propuesta concreta sobre nada. Criticando a Trump, perdieron en 2016 y en 2024; resulta difícil suponer que, repitiendo estrategias fallidas, ganarán.
Un partido dividido, sin líderes ni propuestas concretas que inspiren y aglutinen a las masas, no gana elecciones.
Sólo faltan 78 días para las elecciones. Sin tiempo para cambiar su rumbo, los demócratas avanzan, como sonámbulos, hacia otra derrota ante Trump el tres de noviembre.
Quizá quieren, pero no saben cómo actuar de manera diferente. “Uno no es lo que quiera, sino lo que pueda ser” dice José José.
En el 2016, Hillary Clinton no aportó media idea inteligente, mucho menos propuestas, su campaña se basó en ataques personales contra Trump, así perdieron los demócratas.
A Joe Biden, su partido lo sacó de la boleta en 2024; esa campaña no tenía nada que ofrecer. Montaron la misma campaña de ataques contra Trump, perdieron.
El congresista Adriano Espaillat, con unos 30 años entre legislaturas estatales y federales, sin logros que mostrar, montó una campaña de calumnias contra Darializa Ávila Chevalier, perdió.
Todavía Espaillat no ha felicitado a la ganadora y está como en campaña, preocupándose por todo lo que nunca le quitó el sueño durante las últimas tres décadas.
Algunos dicen que Espaillat presentará una candidatura independiente al Congreso; el ex gobernador Andrew Cuomo fracasó como candidato independiente contra su partido por la alcaldía neoyorquina.
Camino al 2028, siguen con la misma estrategia: ataques personales contra Trump, que quizá ni sea el candidato. El Partido Demócrata no sabe adónde va, parece un auténtico club de sonámbulos.