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Por Andrés Henríquez, escritor para ACI Prensa y corresponsal de EWTN
Vaticano, 12 de agosto, 2026.- En Venezuela, los cardenales Baltazar Porras y Diego Padrón, junto al obispo emérito Ovidio Pérez Morales, emitieron este lunes una declaración con motivo del inicio de las conversaciones entre representantes del gobierno interino y de la Asamblea Nacional electa en 2015, que tienen como objetivo sentar las bases para una transición democrática en el país.
Bajo la tutela de los Estados Unidos y en el marco del “plan de tres fases” presentado por funcionarios de la administración de Donald Trump después de la captura de Nicolás Maduro, la semana pasada iniciaron las mesas de trabajo que reúnen a funcionarios del chavismo y a dirigentes relacionados con la Asamblea Nacional 2015 que es, según el mismo gobierno estadounidense, el último poder del Estado electo democráticamente en Venezuela.
Las comisiones definieron su agenda de trabajo, que incluye la reinstitucionalización del país —especialmente del sistema electoral y judicial—, la recuperación de las libertades civiles y políticas, la definición de un cronograma electoral y la atención humanitaria a las víctimas del doble terremoto del pasado 24 de junio.
El inicio de las conversaciones ha generado reacciones ambivalentes en la sociedad venezolana. María Corina Machado, dirigente opositora que cuenta actualmente con la mayoría del respaldo popular, fue marginada de las negociaciones.
A finales de julio, la reciente ganadora del Premio Nobel de la Paz tomó distancia de esta iniciativa, aunque aseguró que no la obstaculizará y que la evaluará “con base en logros concretos y verificables”.
Los prelados ven las negociaciones “con beneplácito y esperanza”
En su declaración, los cardenales Porras y Padrón, junto Mons. Pérez Morales aseguraron ver “con beneplácito y esperanza” el comienzo de las conversaciones.
En el documento, señalaron que no se pronuncian oficialmente a nombre de la Iglesia Católica en Venezuela, sino que lo hacen “como expresión de nuestra conciencia cívica, y cristiana responsabilidad moral ante el presente y futuro de nuestra Patria”.
En ese sentido, advirtieron que esta iniciativa tiene lugar “en condiciones muy peculiares” que podrían deslegitimar las resoluciones tomadas por las comisiones, como ya ha sucedido en varias ocasiones a lo largo de la última década con otros procesos de diálogo, que solo sirvieron para que el chavismo se atornillara en el poder.
“La conjunción inédita de una situación política y social muy crítica, instalada desde hace ya más de un cuarto de siglo, agravada significativamente por la tragedia nacional, efecto del doblete sísmico del 24 de junio, con la experiencia dolorosa de la inercia e indolencia oficiales durante la misma, reclama imperiosamente, en primer lugar, de nosotros, como hijos de esta tierra, la escucha atenta y la sintonía con las necesidades y expectativas del pueblo en cuanto sujeto de la soberanía nacional”, escribieron los pastores.
Se ofrecen como garantes
Con miras a “concretar aportes eficaces para un proyecto nacional unificado” y en aras de que las mesas de trabajo cuenten con “una visión amplia” orientada hacia el bien común, los cardenales y el obispo emérito ofrecen su servicio —desde una “especificidad religiosa y moral”— y su compromiso para hacer seguimiento al trabajo de las comisiones.
Este ofrecimiento, dicen los prelados, va dirigido “a nuestro pueblo, garante, en última instancia, de su propia dignificación y vigencia democrática de sus derechos y libertades”.
“Signos indispensables expresivos de una marcha efectiva de los trabajos y logros en esta dirección serán, como símbolo eficaz de concordia y reconciliación nacionales, la inmediata liberación de los presos políticos y de la hegemonía comunicacional, así como la estructuración de los organismos y medios hacia una pronta elección presidencial por obra exclusiva del soberano (CRBV 5), como vehículo necesario y suficiente de legitimación de los poderes públicos y de su oportuna reestructuración”, añadieron, en referencia al artículo 5 de la Constitución de Venezuela.
Estos signos se suman “al propósito sincero de justicia y equidad de saldar la gran deuda pendiente y postergada”, que es la respuesta “pronta y eficiente” a la severa crisis económica, social y educativa que enfrenta el país, además de “salarios justos, servicios básicos de salud, vivienda y escolaridad, suministros regulares y eficaces de agua, electricidad e internet”.
“Las cosas e instituciones importan, pero es prioritario, lo reiteramos y subrayamos, el reencuentro de nosotros los venezolanos en un ambiente de libertad, unidad y solidaridad para que alcancemos la paz. Este proceso equivale a una ‘refundación nacional’, como lo ha propuesto en otras circunstancias el Episcopado venezolano”, concluyeron.