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Juan Luis Guerra, una probadita fue suficiente en cierre de Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026

diariodominicano.com

Por Lemay Padrón Oliveros (enviado especial)

Santo Domingo, 9 ago (Prensa Latina) Disfrutar en persona de Juan Luis Guerra es para este cronista un privilegio impagable, y el cierre de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026 me lo ponía a tiro.

El hombre que marcó en buena medida a mi generación tanto desde el punto de vista bailable como en la poética de sus letras era un pendiente que pude cumplir en esta cita regional.

Nada más anunciaron su nombre para la Clausura de estos Juegos no dudé un momento que estaría allí, aunque el resto de mis compañeros no me acompañaran debido al agotamiento de tantas jornadas de trabajo y los preparativos del regreso.

Para mí no había opción, era el protagonista de buena parte de mi lista musical de adolescente y me debía una presentación en vivo, más si desde España dijo que quería cantarles a los voluntarios.

La Arena Virgilio Travieso vibraba ahora no con balones de baloncesto, sino con una energía única, mezcla de emoción deportiva y cultural, donde cada rincón se impregnaba del aire caribeño proveniente de las canciones del quisqueyano.

Mientras tomaba asiento, sentí que estaba a punto de revivir momentos inocentes, aquellos años en que era banda sonora de mis días y noches, cuando el mundo parecía un lugar más sencillo y luminoso y las recreaciones en la Lenin eran imposibles sin sus melodías.

Con el primer acorde una oleada de nostalgia me envolvió, su voz inconfundible llenó el espacio, y aún cuando no era la “Bachata Rosa” o “San Pedro de Macorís” de mi juventud, transmitía esa mezcla de alegría y melancolía que solo él logra plasmar.

Sus relatos de tierra, amor y esperanza lacerada trasmutaron ahora en el “Canto a la Patria”, pero igual cada nota era una caricia al alma, un recuerdo vivido.

Salí del estadio con el pecho henchido, sabiendo que había vivido algo único, una experiencia que no solo celebra la música, sino también la vida y la cultura que nos define, y no era una Clausura más.

Para atletas y voluntarios era momento de celebración y selfies, para mí un baño de nostalgia.

car/lp