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Más allá de la retina: por qué el espacio que habitas también te alivia

El Laboratorio de Neurodiseño y Estímulos Ambientales de la UAG, una apuesta única en LatinoaméricaPor la Dra. Evelyn Avila Verdugo, Directora de la Licenciatura en Diseño de Interiores y Paisajismo de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG)
 

El problema que casi nadie diseña
Pasamos hasta el 90% de nuestro tiempo dentro de espacios construidos, y sin embargo la mayoría de esos espacios se sigue diseñando para un solo sentido: la vista. Un plano bonito, una fachada fotogénica, un render que se ve espectacular en redes sociales. El resto del cuerpo —la piel que siente la temperatura de un muro, el oído que interpreta el volumen de una habitación, el olfato que detona un recuerdo— queda fuera de la conversación.
La consecuencia es medible. Cuando un espacio se diseña de forma exclusivamente visual, sin considerar cómo suena, cómo se siente al tacto o cómo huele, el cerebro recibe información incompleta y contradictoria. Esto se traduce en desorientación, fatiga cognitiva y ambientes que, aunque parezcan atractivos en una fotografía, generan estrés en quien los habita todos los días. Oficinas donde nadie se concentra, casas donde nadie descansa, aulas donde nadie retiene lo que aprende: el común denominador suele ser un diseño que solo se pensó para los ojos.
México necesita vivienda, oficinas y espacios públicos que no solo se vean bien, sino que funcionen biológicamente a favor de las personas que los usan.
El diseñador de interiores y paisajista formado con una visión poli sensorial no parte del «cómo se ve», sino del «cómo se habita». Antes de elegir un material o un color, analiza el espacio como una experiencia corporal completa: qué necesita cobijar (la dimensión física), qué recuerdos y rutinas va a albergar (la dimensión existencial) y qué representa para quien lo habita frente al mundo (la dimensión simbólica). Solo cuando estas tres capas están claras, se define la geometría, los materiales y la luz.
A partir de ahí, el profesionista trabaja con lo que podríamos llamar una «receta sensorial»: combina materia, textura, cromática e iluminación de forma deliberada para programar una respuesta emocional específica. Madera cálida, textura rugosa y luz natural generan calma y conexión; superficies lisas, colores contrastantes e iluminación dinámica generan estimulación y juego. No es decoración intuitiva: es una decisión de diseño fundamentada en cómo el cerebro procesa el espacio, contrastando cada estímulo con redes neuronales, recuerdos y esquemas previos hasta producir una reacción de agrado o desagrado.
Uno de los métodos que integramos en esta formación es el Snoezelen, desarrollado originalmente en Holanda como terapia clínica y hoy trasladado a la arquitectura como una estrategia de bajo procesamiento cognitivo: estímulos tenues que activan los cinco sentidos sin saturarlos, disminuyendo la química del estrés y transformando la vivienda en un verdadero santuario terapéutico.
 
El primer Laboratorio de Neurodiseño en la región
La UAG cuenta con el primer Laboratorio de enseñanza en Neurodiseño y Estímulos Ambientales, un espacio único en su tipo donde aplicamos principios neurocientíficos al diseño de entornos que inciden en el bienestar, la productividad y la creatividad de las personas. Ahí nuestros estudiantes trabajan con proyectos a escala real y analizan, de primera mano, la percepción sensorial que genera cada decisión de diseño: qué provoca un piso rugoso frente a uno liso, qué efecto tiene una luz cálida frente a una fría, cómo un aroma o una textura pueden anclar una experiencia en la memoria de quien habita el espacio.
Esta formación exige competencias que van más allá del buen gusto estético: capacidad de análisis fenomenológico para entender cómo el cuerpo experimenta el espacio en distintas escalas —desde el gesto inmediato hasta el barrio y la ciudad—, pensamiento basado en evidencia para tomar decisiones fundamentadas en investigación científica y no solo en tendencias, y sensibilidad cultural para diseñar rituales y usos que respondan a la familia y comunidad reales, no a un cliente abstracto.
Nuestros estudiantes desarrollan proyectos desde los primeros semestres, se benefician de la alianza con Arizona State University y de más de 180 convenios para prácticas profesionales, lo que les permite aterrizar esta visión profesional desde etapas tempranas con proyectos reales.
Diseñar solo para la retina ya no es suficiente. Los espacios que hoy transforman realmente la calidad de vida de las personas son los que se piensan desde el cuerpo completo: los que cuidan cómo suenan, cómo se sienten al tacto y cómo huelen, tanto como cómo se ven. En la UAG formamos Diseñadores de Interiores y Paisajistas capaces de convertir una interfaz neuro-activa que cura, conecta y celebra el habitar humano.
Elegir esta carrera es elegir diseñar espacios que no solo se admiran; se sienten, se recuerdan y, sobre todo, se habitan mejor.
 

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