JCC SANTO DOMINGO 2026
- agosto 5, 2026
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Santo Domingo, 5 ago (Prensa Latina) Comúnmente conocido como atasco o tranque, en República Dominicana a estas filas interminables de autos se les llama “tapón”, y combinan la paciencia del santo Job, la creatividad de un artista frustrado y la adrenalina de un videojuego de acción.
Por Lemay Padrón Oliveros (enviado especial)
Es un escenario caótico donde carros, motos y hasta peatones parecen protagonizar una comedia con sabor tropical y aire acondicionado de bocinas desesperadas.
Realmente no es en toda la ciudad, tiene sus hitos, sus epicentros, esas zonas emblemáticas donde la gasolina y la impaciencia se mezclan sobre el Malecón, la avenida 27 de Febrero o la Duarte a la hora pico, cuando da la impresión de que alguien amplió media acera.
En estos escenarios infernales campean por su respeto las motos, un colectivo que parece tener un manual secreto para colarse por donde no hay espacio, para esquivar autos como si fueran fantasmas y para dejar a cualquier ciclista urbano tomando notas sobre cómo aprender a hacerlo.
Las motos en República Dominicana son una declaración de guerra a cualquier intento de orden vial; se cruzan, se meten entre carros parados, aceleran, frenan, y todo mientras el conductor del auto promedio ya está sudando como si estuviera bailando merengue bajo el sol ardiente.
Entre los automovilistas se vive de la “cañona”, acto que implica meter el cuerpo donde aparentemente no cabe, colar la parte delantera del automóvil para que el que piensa seguir tranquilamente por su vía tenga que frenar y dejarte pasar.
El respeto por las filas brilla por su ausencia y prima la ley del más fuerte, mientras el Gobierno trata de aliviar la situación con puentes (que tardan años en construirse), pintar líneas en la vía (que nadie respeta) o simplemente mandar policías (que terminan con café en mano, observando el espectáculo o poniéndolo peor al guiar a su antojo sin mirar los semáforos).
Aquí el tapón es como un viejo amigo molesto que nunca se quiere ir; uno aprende a convivir con él, a quererlo con resignación y sarcasmo, o hasta usarlo como la mejor excusa para llegar tarde y echarse un cuento digno de novela.
ft/lp
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