POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Se tiene la creencia casi generalizada de que el único dominicano que luchó por la independencia de Cuba fue Máximo Gómez. Un gran error. Él fue el principal personaje nuestro allá, pero no el único que empuñó las armas para zafar a los cubanos de la opresión del entonces imperio colonial español.

ARCHIVO: Máximo Gómez y José Martí
Del gran táctico y estratega de la brega de liberación de la isla mayor de las Antillas se escribió que poseía un “espíritu que sólo parecía forjado para las tempestades de la guerra…era un guerrero que no confiaba únicamente en la energía de su brazo, sino también en su ascendiente espiritual sobre las huestes que miraban en él a un padre, tan hosco y recto como sensible y amoroso”. (Papeles dominicanos de Máximo Gómez. Editora Corripio, 1985. Liminar. Emilio Rodríguez Demorizi).
José Martí, desde que en 1884 dedicó un artículo a nuestro pueblo, demostró un conocimiento pleno acerca de los legendarios afanes de los dominicanos por la libertad. En sus escritos derivados de los tres viajes que hizo al país (1892, 1893 y 1895) resaltó el valor y la solidaridad caribeña que significó la contribución de muchos dominicanos en favor de la libertad de Cuba.
Está documentado que hubo dominicanos combatiendo en ayuda de la libertad de Cuba desde el 10 de octubre de 1868 en que se produjo el Grito de Yara, con el cual se inició la guerra de los 10 años (1868-1878), que terminó con la siempre polémica Paz de Zanjón. Así también estuvieron en la conocida como Guerra Chiquita (1879-1880), encabezada por el general cubano Calixto García; y en grado mayor en la Guerra Necesaria, cuya figura militar principal fue el generalísimo Máximo Gómez Báez.
Fue por la participación guerrera de muchos dominicanos en Cuba que el cinco veces ministro de Ultramar de España Adelardo López de Ayala, con toda la arrogancia de un jefe colonial, los tildaba de “aventureros de Santo Domingo.”
MARCOS DEL ROSARIO MENDOZA
Sobre uno de los héroes de origen dominicano de la última guerra de liberación de la isla mayor de las Antillas, se refirió Martí el 15 de abril de 1895, en carta a un amigo suyo: “Marcos del Rosario, bravo dominicano, negro.” Sin embargo, su nombre pasa casi desapercibido en las crónicas de las epopeyas del pueblo cubano.
Los apuntes del gran cubano Martí fueron como un presagio de un episodio de la tercera de las tres guerras que realizó Cuba para liberarse del yugo de España, pues cuando parecían más menguadas las esperanzas de lograr la libertad del pueblo cubano los pocos registros históricos en torno al olvidado combatiente aludido señalan que:
“Sólo quedan en pie, frente a España, los dos guerreros dominicanos: el más grande y altivo y el más humilde, el Generalísimo y el comandante Marcos del Rosario”.
Oportuno es decir que Marcos del Rosario Mendoza nació en 1859 en un paraje de la entonces sección de San Antonio de Guerra, y que carecía de educación formal, porque nunca pisó una escuela. Partió, junto con Gómez, Martí y otros héroes y mártires, desde el litoral de Montecristi la madrugada del 1 de abril de 1895 hacia Cuba, donde llegaron diez días después, luego de una peripecia marina.
Desembarcaron en un lugar llamado La Playita de Cajobabo, situada entre Baracoa y Guantánamo, donde besó la tierra como expresión de su voluntad de cumplir la misión que lo llevó allí, no sin antes tomar dos aros del bote en que llegaron y decir: “¡Si salgo con vida amarro con estas argollas mi hamaca en Santo Domingo, cuando vuelva…!”
Sus hazañas bélicas (bajo el canto de guerra “anda, hijo, no te aterres”), por encima de cualquier situación limitante producto de su origen social, le permitieron alcanzar el rango de coronel del Ejército Libertador de la isla de Cuba. Ya anciano relató que en Montecristi: “Marti se ponía a enseñarme y me hizo una cartilla para aprender a leer…Martí me sujetaba la mano para enseñarme a escribir…Yo le decía a Martí el adivino.”
LUIS MARCANO
Luis Jerónico Marcano fue un dominicano anexionista que acompañó a los españoles que se trasladaron a Cuba al perder aquí la guerra. Allí se convirtió en un luchador por la libertad, enfrentando con una decisión encomiable a sus antiguos jefes neocoloniales. Así también lo hicieron sus hermanos Félix y Francisco. Murió en un combate, en un lugar no precisado debido a la bruma del desinterés de los que allá debieron indagar esa cuestión de importancia histórica.
Su preeminencia militar le permitió ser jefe de personajes tan importantes como Máximo Gómez. A su coraje y capacidad táctica se debe que obtuviera una cascada de triunfos armados, siendo el más resonante el que logró en Bayamo, donde derrotó en la Guerra Grande a los colonialistas, luego del Grito de Yara del 10 de octubre de 1868. Por varios años la referida ciudad fue declarada la capital de la República de Cuba en Armas.
MODESTO DÍAZ ÁLVAREZ
El banilejo, como Gómez, Modesto Díaz Álvarez (que alcanzó el grado de mayor general del Ejército Libertador de Cuba) fue otro de esos dominicanos que en la Guerra de Restauración sirvieron a los anexionistas y allá siguió por tres años como oficial al servicio de los colonialistas, pero cuando estalló el citado Grito de Yara decidió enderezar sus pasos, convirtiéndose en un extraordinario jefe de las tropas mambisas que se enfrentaban a los poderosos contingentes militares españoles. Obtuvo resonantes victorias en decenas de pueblos del oriente de Cuba. En la historia de ese país hay varias crónicas que señalan que la frustración por no poder matarlo llevó a los jefes coloniales a llamarlo en forma despectiva “El jabalí de la sierra”. Al terminar la Guerra Grande retornó a la República Dominicana, donde murió en su casa de Yaguate, San Cristóbal.
ENRIQUE LOYNAZ DEL CASTILLO
El general Enrique Loynaz del Castillo fue un bizarro dominicano nacido en Puerto Plata, hijo de padres cubanos que vivían exiliados en esa ciudad de la costa atlántica del país. Antes de comenzar la última guerra de liberación José Martí le encargó misiones delicadas que no vaciló en aceptar. Participó de manera sobresaliente en la mencionada Guerra Necesaria, iniciada en 1895, dirigiendo tropas en el oriente de Cuba. Derrotó a los colonialistas en varios encuentros armados.
Por sus proezas armadas fue designado lugar teniente de Antonio Maceo, El Titán de Bronce. También fue asesor en logística y planeamiento militar del mayor general Serafín Sánchez Valdivia a quien, según señalan sus biógrafos, José Martí y Máximo Gómez lo tenían en el pedestal de un hermano.
Otros dominicanos también tuvieron una participación importante en las luchas del pueblo cubano por lograr su libertad, tanto en lo militar como en la producción de ideas. Entre ellos menciono al educador Manuel de Jesús de Peña y Reynoso y al intelectual Lorenzo Despradel, a quien le decían Muley.
teofilo lappot
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