| Vivir con acidez constante no debería considerarse normal; escuchar las señales del cuerpo y atenderlas a tiempo puede marcar una gran diferencia en tu salud Por la Mtra. Delia Guadalupe Estrada Palafox, directora del Departamento Académico de la carrera de Ciencias de la Nutrición de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) Sentir ardor en el pecho, agruras o una sensación de “quemazón” después de comer, conocida comúnmente como acidez o reflujo, es más común de lo que parece. Con el tiempo, muchas personas terminan incorporando esta molestia como parte de su rutina diaria y aprenden a vivir con ella, cuando en realidad no debería considerarse normal. La acidez frecuente puede ser una señal de que algunos hábitos de alimentación necesitan cambiarse. Aunque existen medicamentos que ayudan a disminuir la molestia rápidamente, en muchas ocasiones solo se está “cubriendo” el síntoma sin solucionar la raíz del problema. Además, algunos medicamentos, como los inhibidores de bomba de protones, cuando se utilizan de manera prolongada, pueden provocar deficiencia de vitamina B12. La alimentación y algunos hábitos diarios suelen ser de los principales factores relacionados con la acidez o el reflujo. Entre los alimentos que con mayor frecuencia pueden desencadenarla se encuentran las comidas muy grasosas o fritas, el picante, el exceso de café o bebidas con cafeína, refrescos, alcohol, chocolate, cítricos y comidas abundantes. Además, pasar muchas horas sin comer y después consumir grandes cantidades de alimentos puede incluso empeorar los síntomas. La buena noticia es que pequeños cambios pueden hacer una gran diferencia. Comer despacio, masticar adecuadamente, mantener horarios regulares y preferir porciones moderadas ayuda a mejorar la digestión. También se recomienda evitar acostarse inmediatamente después de comer; lo ideal es esperar entre dos y tres horas antes de dormir, por lo que se recomienda cenar temprano. En personas con síntomas frecuentes, elevar ligeramente la parte superior de la cama puede ayudar a disminuir el reflujo durante la noche. Además, dormir sobre el lado izquierdo se ha asociado con una menor probabilidad de que el contenido del estómago regrese hacia el esófago, ayudando a reducir las molestias nocturnas. La alimentación juega un papel clave. Seguir una alimentación tipo mediterránea, que incluya verduras de diferentes colores, leguminosas como frijoles, lentejas o garbanzos, avena, frutas no ácidas como plátano, papaya o manzana roja, además de aceite de oliva, pescado y proteínas magras como el pollo, puede ayudar a disminuir la irritación digestiva. Asimismo, reducir el consumo de azúcares añadidos, refrescos y alimentos ultraprocesados suele mejorar los síntomas en muchas personas. Además, mantener un peso saludable y realizar actividad física de manera regular puede contribuir a disminuir la acidez y favorecer una mejor digestión. Algunas bebidas, como el té de manzanilla o jengibre, también se han relacionado con efectos calmantes para el sistema digestivo, por lo que pueden acompañar algunas comidas o incluso consumirse antes de dormir. Ignorar la acidez constante puede traer consecuencias a largo plazo. Cuando el reflujo es frecuente y no se trata adecuadamente, puede provocar inflamación del esófago y favorecer el desarrollo de enfermedad por reflujo gastroesofágico, además de otras complicaciones digestivas. Es importante acudir con un médico cuando la acidez ocurre varias veces por semana, interfiere con el sueño, aparece acompañada de dolor, dificultad para tragar o cuando los síntomas persisten a pesar de tomar medicamentos. Acudir con un médico para valorar los síntomas y con un nutriólogo que ayude a mejorar la alimentación puede ser clave para tratar la causa del problema y no solo aliviar momentáneamente las molestias. Vivir con acidez constante no debería considerarse normal; escuchar las señales del cuerpo y atenderlas a tiempo puede marcar una gran diferencia en tu salud y calidad de vida. delia.estrada@edu.uag.mx |
![]() |
Comunicados UAG

Dejar una respuesta