Ginebra, 1 jul (Prensa Latina) La escalada de tensiones en Medio Oriente constituye hoy un shock energético mundial con consecuencias directas para el empleo, los ingresos laborales y las condiciones de trabajo de millones de personas en América Latina y el Caribe.
Para las familias trabajadoras, el impacto se siente en el costo de los alimentos, el transporte y otros bienes esenciales y las consecuencias van más allá del corto plazo, resaltó un artículo del director regional adjunto de la Organización Internacional del Trabajo para América Latina y el Caribe, Fabio Bertranou.
Cerca de la mitad de las personas ocupadas en la región trabajan en condiciones de informalidad, amplios sectores de la población carecen de cobertura adecuada de protección social y muchos países disponen de un espacio fiscal limitado para responder a nuevas presiones económicas.
En ese contexto, los aumentos en los precios de la energía actúan como un impuesto regresivo, indicó el experto de la OIT.
Elevan los costos de producción y transporte, alimentan presiones inflacionarias y reducen el poder adquisitivo de los hogares, afectando especialmente a quienes cuentan con menores ingresos, agregó.
Los países exportadores de petróleo –dijo Bertranou- pueden beneficiarse temporalmente de mayores ingresos asociados al alza de precios pero naciones importadoras de energía, particularmente en Centroamérica y el Caribe, enfrentan mayor presión sobre sus cuentas externas y menos margen para implementar medidas de apoyo económico.
Paradójicamente, un petróleo más caro puede acelerar la transición global hacia energías renovables y tecnologías bajas en carbono.
Esa transición demanda minerales críticos como litio, cobre y níquel, recursos de los cuales América Latina dispone en abundancia, lo cual abre una oportunidad estratégica para impulsar inversiones, diversificar las estructuras productivas y generar empleo.
Sin embargo, la experiencia histórica de la región muestra que la disponibilidad de recursos naturales, por sí sola, no garantiza desarrollo inclusivo ni trabajo decente.
Sin políticas industriales adecuadas, marcos regulatorios sólidos, sistemas de formación y desarrollo de competencias, así como mecanismos efectivos de distribución de beneficios, el auge de los minerales críticos podría reproducir patrones conocidos como la especialización en actividades extractivas, escasa generación de empleo de calidad y alta dependencia de los ciclos internacionales de precios.
La cuestión central -apuntó- no es únicamente cuánto crecerán estas actividades, sino qué tipo de empleos generarán y quiénes podrán acceder a ellos.
jha/abm
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