Por Humberto Contreras Vidal
Anteriormente, la gente de ciencia pensaba que los compuestos orgánicos eran, única y exclusivamente, aquellas sustancias que formaban parte de los seres vivos. Se creía que se necesitaba una especie de «fuerza vital» para crearlos. Sin embargo, en el año 1828, un químico alemán llamado Friedrich Wöhler rompió con ese mito al fabricar en su laboratorio urea —un compuesto presente en la orina— usando puras sustancias inorgánicas. Hoy sabemos que la naturaleza repite este milagro a gran escala y de forma cotidiana: cada vez que sale el sol, las plantas realizan la fotosíntesis, fabricando materia orgánica a partir de agua, aire y luz.
Lamentablemente, esta falta de entendimiento en conceptos básicos rebrota hoy en las redes sociales. Con frecuencia vemos videos de personas que encienden una galleta o cualquier otro alimento con un fósforo y, al ver la llama, gritan alarmados: «¡Nos están engañando! ¡Miren cómo prende esto como si fuera combustible! ¿Qué es lo que nos están vendiendo como comida?».
Lo que ignoran estas personas es que, la inmensa mayoría de los compuestos orgánicos tienen una propiedad química fundamental: la combustión. Cuando la materia orgánica se calienta y alcanza su temperatura de ignición (que en los alimentos sólidos suele rondar entre los 200 y 300 grados Celsius), reacciona con el oxígeno del aire. El resultado de este proceso es la producción de dióxido de carbono, vapor de agua y esa energía en forma de luz y calor que llamamos llama.

Nuestros alimentos —ya sean galletas, pan o arroz— están repletos de compuestos orgánicos como carbohidratos, grasas y vitaminas. Por lo tanto, lo esperable es que una galleta se encienda al tocar el fuego. Al contrario: si usted intenta quemar un trozo de comida sólida y este no prende ni se carboniza, preocúpese, porque lo más seguro es que no sea alimento, sino una piedra o un pedazo de metal (material inorgánico) que ningún ser humano podría digerir.
En conclusión, antes de encender la cámara del teléfono para denunciar un supuesto «fraude alimentario», vale la pena encender primero el libro de química de la escuela. Compartir videos alarmistas sin base científica solo deja al descubierto la ignorancia de quien los graba. La ciencia en general, y los conocimientos de química en particular permiten distinguir un proceso natural de una teoría maliciosa que sólo busca atención en redes. Al final del día, la comida es energía, y la energía, simplemente, arde. Esto es, la energía química almacenada en los alimentos se libera en forma de luz y calor cuando reacciona con el oxígeno.
El autor es doctor en ciencias químicas y reside en Santiago de los Caballeros. huco71@gmail.com