Por Teófilo Lappot Robles
Olegario Tenares de Jesús fue un humilde campesino, nacido el 7 de marzo del 1822 en el caserío Yaiba, del poblado de Castillo. Al proclamarse la Independencia Nacional, siendo veinteañero, ingresó al ejército dominicano. Se estrenó de inmediato combatiendo al enemigo que pretendía anular la recién adquirida soberanía dominicana.
Participó activamente en la batalla del 30 de marzo de 1844, en la ciudad de Santiago, donde los invasores haitianos, encabezados por el general Jean-Lois Pierrot, masticaron el polvo de la derrota.
Siguió activo ante los ataques de los rencorosos vecinos del lado oeste de la isla. Su perseverancia merece reverencia. Doce años después de lo ocurrido en la principal urbe cibaeña Olegario Tenares de Jesús figura con un papel importante entre los oficiales que bajo las órdenes del general Juan Luis Franco Bidó triunfaron en las batallas de Sabana Larga y Jácuba, libradas el 24 de enero de 1856 en campos de Dajabón y Puerto Plata, respectivamente. Fue el jaque mate a las pretensiones del emperador haitiano Faustino Soulouque.
Horas después de la abominable anexión a España él, junto a otros valientes patriotas, decidieron enfrentar a los ocupantes, advirtiéndole al jefe militar en San Francisco de Macorís que no iban aceptar esa afrenta a la dignidad nacional. En esa ocasión fue encarcelado y maltratado, pero eso no redujo su coraje.
Meses después, el 30 de agosto de 1863, Olegario Tenares de Jesús, en compañía de los valientes Santiago Mota, Manuel M. Castillo, Cayetano de la Cruz y otros restauradores se presentaron frente a la fortaleza militar de la referida ciudad nordestana, amenazando al general Juan Esteban Ariza, anexionista dominicano, de que se producirían hechos violentos cuya responsabilidad histórica él sería responsable ante la historia.
Ariza, persuadido de la firme decisión de los restauradores, y ante la inminencia de un derramamiento de sangre, abandonó con sus tropas el lugar. De inmediato los patriotas arriaron la bandera española e izaron el lienzo tricolor, declarando liberado ese territorio y zonas aledañas.
Esa acción era el inicio de varias batallas libradas por Olegario Tenares de Jesús en defensa de la libertad de la República Dominicana, que había sido entregada por el general Pedro Santana y sus más cercanos secuaces a España.
Cuando se instaló provisionalmente el gobierno restaurador en la ciudad de Santiago de los Caballeros, el 14 de septiembre de 1863, una de sus primeras decisiones fue emitir un decreto para “poner fuera de la ley” a Santana, con órdenes de que cualquier oficial que lo tuviera a su vista “lo pasara por las armas”.
Frente a ese mandato el general Gregorio Luperón impartió órdenes a los oficiales más aguerridos y comprometidos con la lucha restauradora. En esa condición dispuso, entre otras cosas, lo siguiente: “al coronel Olegario Tenares con una fuerza a ocupar Maluco, cerca de Boyá”. (Notas autobiográficas y apuntes históricos. Tomo I. Editora Santo Domingo, 1974.P130. Gral. Gregorio Luperón).
Se sabía que Santana se movía con varios batallones por esos lugares, pues tenía su campamento establecido en Guanuma. Es evidente que Luperón tomó esa decisión al observar la actitud resuelta del coronel Tenares, quien en los hechos demostró desde el principio de los enfrentamientos que estaba dispuesto a ofrendar su sangre en defensa de la restauración de la soberanía nacional.
En los registros de nuestra historia consta que Olegario Tenares de Jesús participó en la importante batalla del Sillón de la Viuda, en la cordillera Septentrional, dirigida triunfalmente por el lado restaurador por el general veinteañero Luperón entre el 30 de septiembre y el 1 de octubre de 1863.
Después de otro triunfo de los restauradores en el pueblo de Bayaguana, y cuando ya habían seguido para otras aldeas de la zona oriental del país, los españoles volvieron por la ruta del salto de Comate y se estacionaron allí. Ante esa situación, en otro gesto de gran responsabilidad dominicanista, fue necesario darles una nueva lección a los intrusos: “Gracias a los valientes coroneles Olegario Tenares, Enrique Favard y otros bravos oficiales, se rechazó a los españoles y se volvió a ocupar el pueblo”. (Ibídem. P229).
En otro hecho de la guerra restauradora el general Gregorio Luperón, conociendo la pericia y valentía de uno de los oficiales troperos de su mayor confianza, “ordenó al coronel Olegario Tenares, jefe del Cantón de Maluco que avanzara a Boyá y amenazara a Monte Plata”. (Historia de la Restauración. Editora Taller, edición 1986.P196. Pedro M. Archambault).
Olegario Tenares de Jesús derrotó y mató en un descampado cercano a un desfiladero, en Monte Plata, al temible y valiente general dominicano Juan Contreras, que era el jefe de operaciones de los anexionistas en esa área de la geografía nacional. Las tropas de este fueron perseguidas y derrotadas en las proximidades de la mencionada aldea de Boyá.
Un párrafo atribuido a Luperón, con el estilo inconfundible del poeta y restaurador Manuel Rodríguez Objío, describe los momentos finales de Contreras así: “…los patriotas perseguían con impetuosidad la columna cuando Contreras, que era el último que iba detrás de los suyos, oyó la voz furiosa del coronel Olegario Tenares que le gritaba desafiándolo. Entonces Contreras se apea de la mula y con la espada desenvainada, avanza solo, y muere desesperado como un héroe”.
Olegario Tenares de Jesús, en calidad de asistente especial del general Luperón, participó el 19 de marzo de 1864 en la famosa batalla del Paso del Muerto, frente al río Yabacao, a su paso por la comunidad de Guerra. En aquel escenario bélico fueron derrotados una vez más los anexionistas. Fue en ese lugar que perdió la vida el anexionista dominicano general Juan Suero Carmona, apodado El Cid Negro por los jefes españoles general Manuel Buceta y coronel Manuel Cappa.
Luego de varias victorias en serie los restauradores decidieron arrebatarles a los españoles el poblado de Los Llanos, en ese intento fue herido de tres balazos el coronel Olegario Tenares de Jesús. Eso en vez de atemorizarlo avivó más su espíritu valiente.
El más sobresaliente (nota: excepto para Juan Bosch que exalta más a Gaspar Polanco) de los líderes militares de la Guerra de Restauración, general Gregorio Luperón, en sus notas sobre esa epopeya quiso “sacar de las profundas tinieblas del olvido a muchos beneméritos patriotas que deben resplandecer enaltecidos en los anales de nuestra historia”. En esa lista de adalides dominicanos resaltó a Olegario Tenares. (Ibídem. Tomo III. PP408 y 409).
Cuando terminó la Guerra de Restauración se dedicó a la política. Eran momentos de las convulsiones de la Segunda República. En eso Olegario Tenares de Jesús se adelantó por mucho al filósofo José Ortega y Gasset quien planteó en el 1914, en su primer libro, titulado Meditaciones del Quijote, que dio origen a su visión filosófica sobre la responsabilidad personal: “ Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
El presidente de la República Ulises Francisco Espaillat, en reconocimiento de sus méritos patrióticos lo designó en su breve gobierno como gobernador de La Vega, que entonces cubría un vasto territorio del Cibao; pero luego se convirtió en baecista, sirviendo funciones en el trágico gobierno llamado de los 6 años, es decir, que Olegario Tenares se mantuvo en el radar de la política criolla hasta el final de su vida.
Falleció en su pueblo natal, Castillo, en el 1908, con su indumentaria militar. Allí la parca lo encontró como jefe de ese Cantón.
Un municipio, dentro de la provincia Hermanas Mirabal, lleva su nombre. En la cronología legal de esa municipalidad aparece con el nombre de Los Ranchos, cuando era una sección.
Durante 12 días del año 1910 se denominó Villa Luperón, con categoría de distrito municipal, cambiándose ese epónimo a Villa Tenares, en honor a Olegario Tenares de Jesús. Adquirió la categoría de municipio el 27 de junio de 1938, dentro de la entonces provincia Salcedo, hoy Hermanas Mirabal.
Teófilo Lappot Robles teofilolappot@gmail.com