Cultura, Portada

Eugenio Miches, un municipio lleva su nombre 

Teófilo Lappot Robles

Por Teófilo Lappot Robles 

Las controversias en la vida de Eugenio Miches (primero monaguillo en El Seibo y luego mayordomo de cortes de manera en La Romana) comienzan acerca del lugar de su nacimiento. Unos dicen que fue en Bayaguana en 1825 y otros señalan que fue en el paraje La Sierra, en Hato Mayor. Así también hay diferentes versiones sobre la grafía de su apellido.

 Genealogistas e historiadores no terminan de ponerse de acuerdo si es Miches, Miche, Michez o Milchez. En esas disparidades entraron Vetilio Alfau Durán, Carlos Larrazábal Blanco, Servando Morel, Francisco Elpidio Beras, Francisco Richiez Acevedo y otros. Él mismo contribuyó a esa confusión al firmar de distintas maneras documentos que aún se conservan.

Pero esta vez no voy a entrometerme en el siempre polémico terreno de los tiquismiquis semánticos. Como quiera que sea se trata del mismo personaje que, con niveles intensos, tuvo sus altas y sus bajas, como se comprueba, para poner un solo ejemplo, en la novela histórica titulada Pablo Mamá (Pp 93 y 94) del jurista petromacorisano Freddy Prestol Castillo.

Eugenio Miches Jiménez, llevado por su inclinación ciega a obedecer a pie juntillas las órdenes del general Pedro Santana, formó parte de un tribunal espurio que en el 1855 ordenó fusilar en El Seibo, entre otros, al héroe Antonio Duvergé.

Así también en el 1861 cayó en el abismo de apoyar la nefasta anexión de la República Dominicana al reino de España. Esos dos hechos fueron manchas en su hoja de vida, tal y como él tuvo oportunidad de hacerlo saber después, y arrepentirse de los mismos.

Al analizar su figura en conjunto se puede decir que acumuló méritos que reivindican su vida de hombre de acción que rindió servicios importantes al país. Adquirió categoría de prócer en las luchas patrióticas libradas para sostener la Independencia Nacional, que los invasores haitianos querían revertir desde el 13-3-1844 (batalla de Fuente del Rodeo, cerca de Neiba) hasta el 24-1-1856 (batallas de Sabana Larga y Jácuba, en Dajabón).  

Combatió en la batalla del 19 de marzo de 1844, en Azua. Su bravura y determinación de aniquilar intrusos en ese escenario de guerra le valieron el ascenso a capitán. También luchó fieramente, entre otras, en la batalla de Las Carreras en 1849. Cuando el 22 de diciembre de 1855 se produjo la batalla de Cambronal, cerca de Neiba, ya era coronel. 

Sus hazañas bélicas, en esos y otros lugares, defendiendo la libertad recién obtenida por el pueblo dominicano, fueron valoradas por el Congreso Nacional, que le otorgó una medalla de reconocimiento. En pocos años, por sus méritos marciales, fue elevado al rango de general de división del Ejército dominicano.

Vetilio Alfau Durán comentó en una de sus valiosas notas que el general Eugenio Miches Jiménez fue un “insigne ciudadano, cuyas virtudes fueron dignas de la Atenas gloriosa de Pericles o de la Roma imperial de los Catones”. (VAD en el LD. Escritos (1). Editora Corripio, 1994.P171).

“Hizo carrera de armas en las campañas de la Independencia…hombre honorable y conciliador…Laborioso y alentador de toda obra de bien público…Enérgico, de carácter crudo y poder dominante, y siempre regañón, espíritu hecho para ser obedecido”. (Diccionario Biográfico-Histórico Dominicano. Editora de Colores, 1997.Pp 350 y 351. Rufino Martínez).

Pero también hay que decir que sus vínculos extremadamente cercanos con el general Pedro Santana, como digo más arriba, lo empujaron en el 1861 a cometer el fatal error de favorecer la anexión del país a España. Hechos posteriores demuestran que no estaba convencido de la bondad de esa acción. 

El pasaje de nuestro ayer que sigue robustece el criterio anterior. Así lo describe un insigne historiador: “Fue partidario de la Anexión del país a España…Tan pronto como los soldados españoles abandonaron el país, Miches fue de los primeros en ofrecer su espada a la restaurada República. Entonces fue nombrado por Cabral gobernador de la provincia de El Seybo.” (Hombres de la Independencia. 8-11-1936. Vetilio Alfau Durán).

El mismo gobernante José María Cabral y Luna le confirmó su rango de general de división mediante decreto del 16 de mayo de 1867. El presidente Fernando A. de Meriño lo nombró también gobernador de la referida provincia de El Seibo, el 9 de enero de 1881.

Como rectificación del texto que aparece en algunos libros de historia nacional vale decir que no fue el general Miches quien sugirió en la casa del general Ulises Heureaux que el gobierno de Meriño se extendiera 2 años más, mediante elecciones, sino el general Isidro Pereira, lo cual dicho sea de paso fue desestimado. (Ver Gaceta Oficial No.503 del 24-3-1884).

Cuando el general Ulises Heureaux (Lilís) ascendió de nuevo al poder el 6 de enero de 1887 el general Miches se convirtió en uno de sus principales colaboradores regiones, como se comprueba en muchas comunicaciones que reposan en el Archivo General de la Nación. Algunas han sido comentadas por historiadores. (Ulises Heureaux, biografía de un dictador. Editora Corripio, 1989. Pp.13, 174 y 273. Mukien A. Sang). 

A contrapelo de su espíritu guerrero, era un gran cultivador de amistades en diferentes ambientes. Tuvo cientos de compadres y ahijados que veneraban su figura y respetaban su don de mando, su recio carácter y su capacidad disuasoria, la cual cuando se trataba de asuntos militares se escondía en su lenguaje ríspido, con órdenes tajantes, aunque ya estuviera retirado, ejerciendo aquello denominado como el reposo del guerrero.

En los papeles del famoso cura, político y diplomático Gabriel Benito Moreno del Christo, que era seguidor de Buenaventura Báez, el verdugo de Miches, hay una nota que diche así: “De paso por este pueblo, dejo en este Álbum una expresión de cariño a mi querido amigo el señor canónigo Moreno. Higüey, 25 de febrero de 1875.Eugenio Miche”. 

Como hombre preocupado por el mejor destino del país, en 1876 se dirigió al Cibao encabezando a cientos de tropas y decenas de oficiales para defender al presidente Ulises Francisco Espaillat, cuyo gobierno estaba amenazado por grupos insurrectos encabezados por Gabino Crespo, y detrás de ellos los de siempre, aquellos que hacen política para medrar desde el poder.

En esa ocasión entre sus acompañantes estaba el general Julián Zorrilla, una destacada figura política y militar de El Seibo. Zorrilla luego fue ministro de Interior y Policía en el gobierno de José Bordas Valdez y durante los años 1912-1913 fue presidente del Senado de la República.

Para que se tenga una idea de las precariedades que sufrían las tropas bajo el mando de Miches, en aquel operativo militar cibaeño (que fue a la postre infructuoso porque el ilustre Espaillat fue forzado a renunciar), basta leer las cartas que se remitieron este y el prócer Pedro F. Bonó desde La Vega y San Francisco de Macorís los días 14 y 16 de agosto de 1876, respectivamente. (Papeles de PFB. Editora del Caribe, 1964. Pp.436 y 437).

La historia registra que en el 1885, siendo gobernador de El Seibo, el entonces presidente de la República, general Alejandro Wos y Gil, lo designó sin previo aviso como ministro de Guerra y Marina. Él rechazó ese elevado cargo porque lo alejaría de la tierra a la que estaba muy apegado. Falleció el 25 de octubre de 1899.

En otro aspecto, no vinculado con las armas, es de justicia recordar que los inmensos cacaotales que desde la Restauración hasta comienzo de la tercera década del siglo pasado abundaban en Higüey fueron iniciativa de él y del general Eustaquio Ducoudray.

Lo que antes era el poblado Jovero, en el noreste del país, fue designado mediante la Ley 1186, del año 1936, con el nombre de Miches, en honor al personaje objeto de esta crónica. Es uno de los municipios más pujantes de la provincia de El Seibo. Es tierra agropecuaria. En los últimos años se ha transformado en turística. Ese vibrante municipio está situado frente a la bahía de Samaná. Es tierra con costa atlántica. 

Teofilo Lappot teofilolappot@gmail.com