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EL MISTERIO DE UN DIOS ÚNICO

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

EL MISTERIO DE UN DIOS ÚNICO

LA BELLEZA DE DIOS UNO Y TRINO: Estamos en un proceso de búsqueda, a fin de que pueda renacer el verbo, al suspiro del verso. Igual que el Hijo nos habla del Padre, el Padre nos muestra al Hijo, con el deseo de reconducirnos a casa. Toda una imagen que nos adentra en un Dios comunión, no como mera expresión, sino como evidencia; mientras el Espíritu Santo, también navega con nosotros, haciéndonos sentir la presencia Trinitaria siempre cercana, compasiva y tierna.  

I.- EL PADRE;

AL QUE INVOCO CON FUERZA MEDITANTE

Con espíritu orante me elevo cada día,

a quien es principio de todas las luces,

nívea fuente de horizontes armónicos,

bajo el estímulo de retornar a su reino,

y el deseo de volver a reencontrarnos.

El Padre, creador nuestro, es cercanía;

manantial de compasión y de ternura,

cauce de aliento y origen del universo;

cielo que participa de su poder eterno,

dando asistencia y donando existencia.

Bendecido sea por siempre su nombre,

glorificada su obra que engendra paz,

celebrado su empeño que vela por mí,

guardándome de todas las tentaciones,

y aguardando mi retorno en el paraíso.

II.- EL HIJO;

AL QUE ADORO POR DARME LA REDENCIÓN

El Hijo de Dios, que se hace humano,

nos proyecta la senda reconciliadora;

pues Él es la verdad y la buena savia,

la bondad que se manifiesta en su ser,

y el amor verdadero que nos perdona.

Arribó para encauzarnos y redimirnos,

como luminoso anhelo y caridad pura,

para protegernos de todas las malicias,

y para salvarnos de todos los pesares,

cargando con la cruz de nuestro dolor.

Venga a nosotros, pues, la luz divina;

hágase visible en nuestro paseo diario,

a través de un caminar contemplativo,

en el que se avive y se reavive amarse,

con el mismo amor que Jesús lo hizo.

III.- EL ESPÍRITU SANTO;

AL QUE RUEGO POR MORAR EN MÍ

Si la vida es un motor de sensaciones,

que lo es; el soplo es el que nos lleva,

nos conduce y reconduce con su brío,

a fortalecernos mar adentro el ánimo,

para llevar adelante nuestro hallazgo.

Es la conciliación lo que nos cambia,

porque en el hálito todo es vivificado,

reconfortado y reanimado en alianza;

son estos lazos de unión y de unidad,

pulso y pausa que nos purga y depura.

Que el santo espíritu anime el corazón,

nos muestre el itinerario de la certeza,

nos demuestre la caligrafía de su voz,

con la grafía de un saber explorarnos,

y con la penitencia del buen penitente.

Víctor CORCOBA HERRERO

corcoba@telefonica.net

30 de mayo de 2026.-