Por Teófilo Lappot Robles
La historia dominicana está llena de singularidades que llaman la atención por su infrecuencia en otros lugares de la tierra. Fue el caso en La Vega de las tres hermanas Villa del Orbe, quienes pusieron sus vidas al servicio de la patria dentro de su casa, antes y después de la proclamación de la Independencia Nacional, tal y como revelan sus hechos.
María del Carmen, nacida en 1805; María Francisca, nacida en 1814 y Manuela Estefanía, nacida en 1816. Las tres eran costureras y expertas en bordados. Fueron procreadas por Juan Ramón Villa Jáquez y María Antigua del Orbe Bocanegra.
Las hermanas Villa del Orbe confeccionaron la primera bandera dominicana que flotó airosa en la zona del Cibao. No hubo diferencia con la que se enarboló en la Puerta del Conde la medianoche del 27 de febrero de 1844: ni en sus colores azul y rojo ni en sus cuatro rectángulos ni en la cruz blanca que la hace más resplandecer desde su centro.
Con relación al rol histórico de ellas el historiador, periodista y abogado Manuel Ubaldo Gómez aludió a su excepcional trabajo con tela, tijeras y escuadras al señalar en sus escritos sobre el pasado dominicano que: “La Vega tiene el honor de haber sido la primera que secundó el Grito Restaurador, iniciado en la Línea Noroeste y haber sido la primera población del Cibao que vio flotar el pabellón tricolor dominicano, en el cielo azul, el 4 de marzo de 1844”. (Resumen de la historia de Santo Domingo).
Meses antes de los extraordinarios acontecimientos febrerinos las hermanas Villa del Orbe protegieron bajo su techo familiar al patriota Juan Evangelista Jiménez, quien divulgó en La Vega y otros pueblos cibaeños una de las cuatro copias que se hicieron del Manifiesto de septiembre de 1843.
El valiente Jiménez era perseguido furiosamente por el tenebroso general haitiano Pierre Chardavoine Morisset, a la sazón jefe militar de ocupación en Santiago. Tenía un amplísimo radio de acción de sus ilícitas funciones represivas.
Ese histórico escrito estuvo bajo custodia en el hogar de las referidas hermanas Villa del Orbe. Fue confeccionado por el patricio Francisco del Rosario Sánchez, mientras estaba escondido en la casa de la familia Concha, en la ciudad de Santo Domingo. Contenía una relación de muchos de los actos de agravios que durante más de dos décadas cometieron los invasores haitianos contra el pueblo dominicano.
Vale precisar sobre ese ingrediente que el jurista Leonidas García Lluberes cita a su padre, el historiador José Gabriel García, quien afirmó que fueron cinco copias, y que ese “no fue el manifiesto de enero”. (Miscelánea Histórica. Revista Clío No.92. Enero-abril, 1952. P.14.LGLl).
El eminente historiador higüeyano Vetilio Alfau Durán escribió desde la atalaya de su alta autoridad moral acerca del referido episodio de nuestra historia: “…Juan Evangelista Jiménez, que desafiando el furor de los gobernantes andaba por casi todos los pueblos del Cibao con el documento incendiario en la mano, se vio tan perseguido por el general Morisset, que tuvo que esconderse en La Vega, en casa de la familia Villa, la cual se distinguió siempre por su acendrado patriotismo”. (Ensayos sobe el 27 de febrero de 1844.Editora Búho, 2006.P63.VAD).
Refiriéndose al 4 de marzo del citado 1844, cuando se recibió en La Vega la noticia de la Independencia Nacional, un laborioso recopilador de hechos históricos de esa ciudad se hace eco de notas conocidas, pero de útil reproducción: “Aquí estaba todo preparado para ese momento. Las hermanas Villa habían bordado una bandera siguiendo las instrucciones de los trinitarios, sobre el diseño ideado por Duarte”. (La Vega en la historia dominicana. Tomo I.P165. AGN. Noviembre 2016. Alfredo Rafael Hernández Figueroa).
Cuando el independentista Pedro Ramón de Mena llegó a la ciudad de La Vega, comenzando marzo de 1844, enviado al Cibao por el recentino gobierno dominicano, que se denominaba Junta Central Gubernativa, quedó gratamente sorprendido de que ya las señoritas Villa del Orbe tenían preparada la bandera nacional.
Duarte se hospedó en la casa de las hermanas Villa del Orbe
Está documentado que cuando Juan Pablo Duarte llegó a La Vega, a finales de junio de 1844, se alojó por varios días en la casa de las hermanas Villa del Orbe. Más que un simple pálpito se tiene la certidumbre de que le brindaron las atenciones merecidas por el padre de la patria. En realidad, por su propia parábola vital, ellas eran duartianas de mente y corazón.
En la novela histórica titulada Rufinito (publicada por primera vez en 1908) su autor, Federico García Godoy, hace mención elogiosa de las hermanas Villa del Orbe, sin hacer añadiduras imaginarias sobre su lugar de honor en la causa de la soberanía nacional.
El periodista, médico, escritor e historiador vegano Guido Despradel Batista recogió en sus notas sobre temas relevantes del pasado de su ciudad natal que de los fallecimientos de los hermanos Villa del Orbe sólo pudo obtener (en el 1935) el acta de defunción de María Francisca, quien expiró en el año 1898. (Historia de la Concepción de La Vega. GDB).
Así de escasa es la documentación sobre la vida de esas damas excepcionales que fueron de gran importancia en la libertad del pueblo dominicano.
No es un hecho menor, para poner en contexto la labor de esas heroínas, que rindieron sus servicios en favor de la patria desde el hogar que encabezaba su padre, quien fue en La Vega, en los primeros lustros del siglo XIX y posteriormente, regidor, alcalde mayor, capitán de milicias y oficial del estado civil, entre otras funciones relevantes.
El recuerdo de esas hermanas ha sido cuasi preterido en las añejas páginas que recogen las incidencias de nuestro pasado. Es una mezquindad que no resiste el cerco de la lógica de los hechos.
Es tiempo de visibilizarlas para que las presentes y futuras generaciones de dominicanos les rindan el homenaje que merecen.
Teofilo Lappot teofilolappot@gmail.com