LHASA, China, 24 may (Xinhua) — Como siempre, Lopalden, un niño tibetano de nueve años de edad pastoreaba yaks al pie de las montañas cubiertas de nieve el 23 de mayo de 1951. Sin embargo, desconocía que ese mismo día y a 4.000 kilómetros de distancia se había tomado una decisión que cambiaría para siempre su destino y el del vasto territorio del Tíbet.
En Beijing, representantes del gobierno central y del Kasha, el gobierno tibetano de esa época, firmaron un acuerdo para la liberación pacífica de la región del Himalaya, en el que declararon que «los tibetanos regresarán a la gran familia de la (recién establecida) República Popular China».
Leopalden, quien vivía en la localidad de Garze rodeada por montañas y localizada en el corazón de la región tibetana de Kham –formada por la provincia occidental de Sichuan, el este de Tíbet y partes de las provincias de Qinghai y de Yunnan–, nunca había escuchado sobre Beijing.
En ese entonces, sólo tenía curiosidad por el gran número de soldados sobre todo de la etnia Han que habían llegado recientemente de muy lejos y que se habían apostado cerca de su aldea. Durante meses, los jóvenes soldados realizaron arduos trabajos para construir una pista de aterrizaje a las afueras de Garze.
«Ocasionalmente, un ‘ave’ gigante y extraña sobrevolaba nuestra aldea y producía un ruido realmente fuerte. Me asusté, por eso me oculté en casa», recordó Leopalden, de pie frente a su casa de dos pisos que aún da hacia la pista de aterrizaje desierta.
«Al principio, temía a esos soldados. Pero resultaron ser muy amigables y con frecuencia ayudaban a los aldeanos a arar y a transportar agua potable desde el río», dijo el granjero que ahora tiene 69 años de edad. «Los llamabamos ‘la nueva gente Han’ porque eran diferentes a los soldados corruptos del pasado».
Lian Youkiang era uno de esos «nuevos soldados» que pertenecían a la 52° División de los 18° Cuerpos del Ejército Popular de Liberación (EPL). Antes de llegar a Garze a principios de 1951, habían recorrido cientos de kilómetros sobre las montañas nevadas y los valles profundos desde las tierras bajas de Sichuan para cumplir la orden del gobierno central de liberar de manera pacífica al Tíbet.
A diferencia de Lopalden, Lian sabía que pronto tendrían lugar algunos cambios.
En abril, un equipo de negociación del Kasha, encabezado por Ngapoi Ngawang Jigme, hizo una escala en Garze en su camino hacia Beijing para discutir el futuro del Tíbet, un lugar que de acuerdo con el gobierno central seguía bajo la represión de «invasores imperialistas» y de aristócratas locales.
Miles de soldados del EPL, entre ellos Lian, asistieron a la ceremonia de despedida de la delegación.
«Todos nosotros sabíamos que la liberación de Tíbet era inevitable y que la liberación pacífica sería el mejor resultado. Nadie quería una guerra», dijo Lian, quien ahora tiene 85 años y combatió en numerosas batallas encabezadas por los comunistas contra los invasores japoneses y posteriormente contra el ejército del Kuomintang, antes de la fundación de la Nueva China en 1949.
«Fue por eso que nos dio tanto gusto enterarnos de que el gobierno central y el gobierno local de Tíbet habían firmado en Beijing un acuerdo de 17 puntos (sobre la liberación pacífica)», dijo el veterano, quien ahora disfruta de una vida pacífica en Chengdu.
Una fotografía en blanco y negro publicada en el número más reciente de la revista Geográfica del Tíbet muestra a soldados sonrientes aplaudiendo y abrazándose entre sí después de recibir la noticia de la firma del acuerdo.
La acción de construir un aeropuerto en Garze también era parte de las propuestas de Mao Zedong para la liberación pacífica de Tíbet, escribió en sus memorias Chen Liang, otro veterano de los 18° Cuerpos.
«Poco después de haber llegado a Garze nos dijeron que construyéramos un aeropuerto en un corto periodo para facilitar suministros al ejército. No teníamos permitido agobiar a los habitantes locales puesto que ya eran muy pobres», dijo.
Entre los alegres soldados se encontraba Ngawang Tenzin, un joven tibetano que en ese entonces tenía 18 años y era originario de Batang, un lugar cercano a Garze.
«Me uní al EPL en 1950 porque vi cómo nuestra gente era explotada y reprimida por los aristócratas. Siendo una persona joven, estaba ansioso de tener un vida nueva», dijo.
Aprovechando su conocimiento del idioma, Ngawang Tenzin y otros tibetanos ayudaron a las tropas y a los habitantes locales a comunicarse y les explicaron el acuerdo de 17 puntos.
Incluso ahora, Tenzin puede recitar algunos artículos en tibetano: «El estatus del Dalai Lama no será cambiado» o «La entrada del EPL al Tíbet se apegará estrictamente a las reglas de disciplina. Ellos no tomarán una sola aguja ni un solo trozo de hilo de las masas». (Continúa)
2011-05-24 17:05:13