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ELÍAS PIÑA: UNA PROVINCIA LLEVA SU NOMBRE

Teófilo Lappot Robles

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

Hoy escribo sobre el coronel Elías Piña, uno de los más sobresalientes jefes de la vanguardia de las armas dominicanas, en la primera fase de la larga y sangrienta defensa de la Independencia Nacional. Siempre, excepto en su última salida a combate, fue victorioso en los muchos enfrentamientos con los invasores haitianos que penetraron el territorio dominicano por el centro- sur del país.

Oportuno es decir que los nombres de lugares de la geografía nacional no han sido puestos en la proporción que merecen a héroes y mártires dominicanos, sean estos militares o civiles. Ese fenómeno de dejadez legislativa forma parte de una deuda social cuyas raíces se hunden en nuestro pasado y se proyectan al presente, por causas variopinta.

La toponimia formal de la República Dominicana comenzó con la Constitución del 6 de noviembre de 1844, puerta de entrada del sistema constitucional del país; definida por el historiador Emilio Rodríguez Demorizi como “…una obra perfecta en cuanto al sincero patriotismo que le dio aliento”.

El artículo 4 de la misma dividió el territorio nacional en tres provincias con nombres de origen español (Santo Domingo, Concepción de La Vega y Santiago de los Caballeros) y dos con nombres parcialmente de raíces indígenas (Compostela de Azua y Santa Cruz del Seybo).

Esa decisión fue tomada a pesar de que para esa fecha no pocos dominicanos habían macerado con jornadas de luchas libertarias una conciencia colectiva de los valores que sustentaban la dominicanidad, cuyo principal soporte era su fe arraigada en la soberanía nacional.

Dicho así porque está demostrado que muchos de nuestros ancestros eran portadores de eso que los griegos llamaban el ethos, bien explicado por el filósofo Aristóteles como la encarnación de la cultura y el carácter de un pueblo.

Transcurridos 182 años de la Independencia Nacional, y con la actual fragmentación de la parte que nos corresponde de la isla de Santo Domingo, se comprueba que no ha habido la proporción merecida en la designación de los nombres de patriotas a parajes, secciones, pueblos, provincias, regiones, etc.

Para una nación como la nuestra, formada como ha sido por esa suerte de melting pot, que describe bien Pedro Mir en su obra titulada Tres leyendas de colores, es de mucha importancia que en su geografía estén en justa medida, como homenaje merecido, los nombres de héroes y heroínas.

Es por ello que cuando se asoma a la vista el nombre de un patriota dado a un lugar de nuestro territorio se comprende mejor el mito milenario que vinculó al héroe griego Heracles con Atlas, el titán condenado a cargar “la bóveda celeste”.

Partiendo del conjunto de lo anterior es merecido que se designara con el nombre del bizarro coronel Elías Piña una provincia del centro-oeste de nuestro país.

ELÍAS PIÑA

Según la información más mencionada Elías Piña nació en un paraje entonces llamado Margarita, en la zona rural de Las Matas de Farfán. Su bravura fue indiscutible como oficial de infantería que siempre iba a la cabeza de sus tropas de vanguardia. De su familia no sólo él murió defendiendo la patria, sino también un hermano suyo y un primo de ellos.

Tal vez fue el historiador Sócrates Nolasco el que con mayor énfasis precisó el contraste entre los hechos heroicos de Elías Piña y las maniobras mezquinas usadas por unos cuantos de sus contemporáneos para ocultar sus méritos patrióticos. Así lo escribió el también ensayista nacido en Enriquillo, Barahona, en una frase corta, pero enjundiosa, al señalar que fue “un muerto ilustre y sin historia”. (Obras completas.Vol.3. Editora Corripio, 1994.P318).

El escritor Manuel de Jesús Galván (autor de la clásica novela Enriquillo) publicó el 3 de diciembre de 1854 un soneto resaltando la personalidad del coronel Elías Piña, expresando entre ocas cosas que: “…déjame humedecer con llanto ardiente la tumba del gran rayo de la guerra…toque mi frente el suelo que bebió tu sangre hirviente y tanto honor y tanta gloria encierra…de tu valor en justa recompensa todo patriota tu memoria inciensa”. (Reproducido en  Escritos y Apuntes Históricos de Vetilio Alfau Durán. Editora Búho, 2009. P176).

Transcurrieron ocho décadas después de su muerte para que el nombre de Elías Piña comenzara a reconocerse en términos geográficos con la consideración que sus hazañas bélicas merecían.

En efecto el 29 de noviembre de 1930 se emitió la Ley No.30, cuyo único artículo decía textualmente lo siguiente: A partir de la promulgación de la presente Ley la Común fronteriza de Santa Teresa de Comendador, jurisdicción de la Provincia de Azua, se denominará Común Elías Piña y su cabecera Villa Elías Piña, como tributo de reverente gratitud a la memoria del ilustre Coronel Elías Piña, natural de dicha Común”. (Bloque de Leyes de 1930).

El 29 de mayo de 1972, mediante la Ley 342, la referida Comendador y otros pueblos juntos con sus campos fueron designados como provincia Elías Piña, la cual está situada entre la Cordillera Central y la Sierra de Neiba. Antes fue nombrada San Rafael, no por el santo sino por el tirano Trujillo. Luego se le denominó La Estrelleta.

El bravo coronel Elías Piña murió en el 1845. Fue alcanzado por el fuego enemigo de los ocupantes haitianos a los que combatió en un cerro del sitio denominado Cachimán, cerca del río Artibonito. Aunque esa no es la única versión de su muerte. El abogado Teódulo Pina Chevalier sostuvo que fue una bala perdida que le arrancó la vida, después de haber colocado allí la bandera dominicana.

Notas de nuestro ayer señalan que el general Antonio Duvergé dirigió una operación militar de desalojo contra los intrusos, ordenando que se colocara en una altura estratégica, no lejos de ese altozano de Bánica, una pieza de artillería, pero el encargado de la misma de manera imprudente disparó un tiro “antes de que el coronel Piña sorprendiera el fuerte con su regimiento”.

Esa situación puso en alerta a los invasores, logrando “rechazar las diferentes embestidas que dieron los soldados dominicanos a la fortaleza. En una de ellas murió Elías Piña, en otra un hermano suyo que era capitán, y en otra un oficial primo de ambos”. (José Gabriel García. Obras completas.Vol.3. Impresora Amigo del Hogar, 2016.P129). 

Fueron tres muertes muy dolorosas y comentadas entre los combatientes dominicanos. Por ejemplo, el general Aniceto Martínez, héroe de la batalla de Sabana Mula y varias más, en sus notas sueltas, dictadas a un amanuense, dejó esta especie de retrato del patriota que motiva esta crónica: “en la reñida pelea de Bánica, cuando perdió la vida el coronel Elías Piña”.

En cada batalla en que participó brilló por sus cualidades marciales. Una prueba de eso es que cuando Elías Piña murió en combate el dominicano José María Morilla, residente en Cuba desde hacía dos décadas, escribió sobre su valentía: “porque los que sacrifican su existencia por la libertad de su país son dignos de que su memoria se conserve en los conciudadanos”.

En el 1880 el culto Morilla, que vivió gran parte de su vida en la mayor de las islas antillanas, de cuya universidad fue catedrático de Derecho, al escribir varias biografías sobre dominicanos notables, insatisfecho con la escasez de informaciones sobre el héroe y mártir Elías Piña, preguntaba afanosamente por los detalles de su vida y la participación aguerrida que tuvo luchando por su patria.

¿Quién era Piña, inquiría hace sesenta y cuatro años el venerable José María Morilla, y, como repercusión insegura de su voz, ¿quién era Piña? Seguimos interrogando”. (Ensayo. La Nación, 31 de enero de 1944. Sócrates Nolasco).

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