Pinar del Río, Cuba, 6 jul (PL) Los toques del tambor yuka, traídos a la isla por inmigrantes africanos, repican hoy en la oriental Santiago de Cuba, dueña del espíritu folclórico y multicultural que abraza a la Fiesta del Fuego.
La ruidosa parranda callejera con sus aires mestizos, acoge ahora a la expresión músico-danzaria de esencia bantú, perpetuada por instrumentistas y bailarines en esta occidental provincia.
Desde hace más de dos siglos, los golpes sobre cueros y troncos ahuecados amenizan festividades en esta región, jolgorios que tienen su génesis en los ritos realizados por esclavos de origen congo.
En El Guayabo, un poblado cercano a esta ciudad, perviven aún las fiestas del tambor yuka, distinguidas por los prolongados toques ejecutados con tres instrumentos de diverso tamaño, atados con una soga a la cintura de sus practicantes.
Acompañado de cantos, el trío de maderos abre la celebración cada diciembre, suerte de reencuentro entre familiares y amigos en el que no faltan historias narradas por los ancianos, vinculadas a leyendas.
Con pantalones cortos, los hombres, y trajes largos, las mujeres, los danzantes se toman del brazo para realizar un movimiento llamado Campanero, mientras una integrante del grupo entabla un diálogo con la percusión.
El árbol del aguacate, fácil de perforar y moldear, es el preferido para confeccionar los tambores (llamador, tumbador y caja), alrededor de los cuales los bailadores se desplazan con pasos cortos en forma de círculos.
Con funciones que van desde abrir el toque hasta estabilizar un motivo rítmico, el conjunto convierte a la localidad en centro de referencia para el estudio de esa manifestación en la nación antillana.
Así entre tonadas, sonidos percutidos y danzas, la celebración se transforma en un verdadero jolgorio, en el que los participantes preparan platos tradicionales como cerdo asado.
Tras un largo viaje en el tiempo, el tambor yuka resuena en Santiago de Cuba, toda música y baile, en medio de un convite que abre sus puertas a la tradición y la sabiduría de los pueblos del Caribe.
Un abanico de esencias culturales convergen en la oriental urbe, por estos días casa del arte y de la solidaridad, que reverencia en esta ocasión a Trinidad y Tobago.
Coloquios, encuentros de narrativa oral, medicina natural, exposiciones de artes plásticas, presentaciones teatrales y de otras modalidades artísticas, animan los escenarios de la ciudad, suerte de capital del alma caribeña.
2011-07-06 22:18:07