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Por Walter Sánchez Silva, ACI Prensa
Vaticano, 4 de abril, 2026.- El Papa León XIV presidió este Sábado Santo en el Vaticano la Vigilia Pascual, la “madre de todas las vigilias”, una Misa que tuvo casi tres horas de duración y que estuvo cargada de símbolos y gran riqueza litúrgica. En ella afirmó que, ante el pecado que mata, Dios responde con el amor que da y devuelve la vida.
La vigilia se inició con la Basílica de San Pedro a oscuras y con el Santo Padre bendiciendo el fuego con el que se prendió el Cirio pascual, en el que se grabó el año 2026 y las letras alfa y omega —que recuerdan la eternidad de Dios— signo que representa a Cristo y que el Papa bendijo para luego colocar 5 clavos de incienso, en recuerdo de los clavos de Cristo.
Después todos los asistentes cantaron Lumen Christi (Luz de Cristo) mientras el Papa y los demás obispos ingresaron en procesión a la Basílica, mientras los asistentes prendieron sus velas y se procedió al encendido de las luces del templo.
Luego, un diácono entonó el Pregón Pascual, un hermoso canto litúrgico que se hace ante el Cirio Pascual y que habla sobre la resurrección de Cristo.
Luego del pregón, se procedió con las lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo, con las que se recuerda la historia de la salvación. La primera, del Génesis, se hizo en francés, luego la segunda, también del Génesis, en portugués; y la tercera del Éxodo en italiano. Después de cada una de las lecturas, se leyó también diversos salmos.
Tras las lecturas, se procedió con la proclamación del Evangelio de Mateo, 28, 1-10. Luego de la homilía, se leyeron las letanías de los santos y el Papa bautizó a 10 catecúmenos, entre quienes hay personas de Corea, Gran Bretaña y Portugal. Luego se les revistió con una túnica blanca, signo de pureza, y recibieron el sacramento de la Confirmación.
La homilía del Papa León XIV en la Vigilia Pascual de Sábado Santo 2026
En “la historia de la salvación hemos visto cómo Dios, ante la dureza del pecado que divide y mata, responde con el poder del amor que une y devuelve la vida”, resaltó el Papa León XIV en su homilía.
Hablando del pecado, el Santo Padre lo comparó con la piedra del sepulcro, “una barrera muy pesada que nos encierra y nos separa de Dios, tratando de hacer morir en nosotros sus palabras de esperanza”.
Sobre María Magdalena y la otra María, las primeras testigos de la resurrección, León XIV destacó que “vieron la potencia del amor de Dios, más fuerte que cualquier poder del mal, capaz de ‘expulsar el odio’ y de ‘doblegar a los poderosos’”.
“El hombre puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, va más allá de la muerte y ningún sepulcro la puede aprisionar”, remarcó el Papa.
“Al igual que las mujeres, que corrieron a anunciarlo a los hermanos, también nosotros queremos partir esta noche, desde esta basílica, para llevar a todos la buena noticia de que Jesús ha resucitado y que, con su fuerza, resucitados con Él, también nosotros podemos dar vida a un mundo nuevo, de paz y de unidad”, alentó el Santo Padre.
El Papa dijo además que “tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir, y a menudo las piedras que los cierran son tan pesadas y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles”.
“Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor; otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones. ¡No dejemos que nos paralicen!”, exhortó
“Muchos hombres y mujeres, a lo largo de los siglos, con la ayuda de Dios, las han removido, quizá con mucho esfuerzo, a veces a costa de la vida, pero con frutos de bien de los que aún hoy nos beneficiamos», continuó.
«No son personajes inalcanzables, sino personas como nosotros que, fortalecidas por la gracia del Resucitado, en la caridad y en la verdad, tuvieron el valor de hablar, como dice el apóstol Pedro, con ‘palabras de Dios’ (1 P 4,11) y de actuar ‘como quien recibe de Dios ese poder’”.
Finalmente, el Papa animó a dejarse “inspirar por su ejemplo y, en esta Noche Santa, hagamos nuestro su compromiso, para que en todas partes y siempre, en el mundo, crezcan y florezcan los dones pascuales de la concordia y la paz”.