Opiniones, Portada

TRANQUENLO SIN INTERROGARLO

Los que, que como es mi caso, somos aficionados a las películas de policías y juicios, como «La Ley y el Orden», estamos acostumbrados a ver cómo se manejan los casos penales tanto en la investigación como en los tribunales; los policías levantan las pruebas y entregan al sospechoso a los fiscales, estos presentan las pruebas e interrogan al acusado buscando una confesión, y al final hay un juicio donde se  presentan la acusación y la defensa frente a un juez, quien a su vez dicta un sentencia.

Por supuesto, el proceso de investigación, no importa el país, código o sistema judicial, si es verdaderamente justo e imparcial, incluye desde el inicio de los tiempos, el interrogatorio del sospechoso, porque siempre esa persona debe dar su versión, que es parte de toda investigación sería y justa.

Desde que en el huerto del Edén, donde a Adán y Eva se les prohibió comer del árbol del bien y del mal, los investigados son interrogados; cuando lo hicieron, Dios, a pesar de que sabía el acto de desobediencia que había ocurrido, interrogó a Adán por el hecho, y este en su defensa le echó toda la culpa a Eva: «la mujer que diste por compañera me dio del árbol y yo comí», dijo.

Por eso me pregunto hoy el porqué, el ministerio público de la Republica Dominicana es capaz de enviar a una persona a prisión por varios meses, pidió incluso que lo encerraran por un año y medio (esos son 18 meses), evidentemente una pena de cárcel anticipada para un ciudadano que al parecer le cae tan mal a algún o alguna fiscal, y que nunca en los más de tres años de abierto un caso, ha sido siquiera interrogado.

Y eso es muy grave, tan grave que es una amenaza para todos los ciudadanos de nuestro país, ¿es que ahora sí a cualquier «Juan de los Palotes» se le ocurre mencionar el nombre de uno de nosotros en un tema de violación a la ley, sin nosotros tener idea de lo que dijeron, pueden allanarnos, vejarnos y mandarnos a la cárcel sin que dentro de la acusación esté nuestra versión de los hechos.

Esto es lo que se ha hecho con José Ramón Peralta al involucrarlo en la caso Calamar, según su versión, y para nada puede haber mentido por con algo tan fácil negar por parte del ministerio público, cuando la pasada semana, ya ante el tribunal que conocía el juicio preliminar dónde ha sido involucrado, dijo textualmente «es la primera vez que se me escucha, a mí nadie me ha interrogado»

Es decir, que a Peralta le allanaron su casa, lo apresaron, lo hicieron desfilar en forma ridícula con algo parecido a una bacinilla en la cabeza y  un chaleco antibalas, para después enviarlo a la cárcel de Najayo rodeado de delincuentes por 18 meses (un día de cárcel en esas condiciones es un abuso) y NUNCA le preguntaron su versión de los hechos.

Es por demás sabido, algo tan simple que lo conocemos todos, que

para acusarnos de una violación a la ley que amerite cárcel, no basta la palabra de otra persona, pues sería la palabra del acusador contra la del acusado, y eso no se soporta frente a un juez.

 Una acusación debe siempre descansar en PRUEBAS que la sostengan, y deben ser  aportadas por  quien acusa, que es el ministerio público,  y en el caso de José Ramón Peralta no se presentó una mínima prueba que explique la razón por la que ha sido sometido a un juicio penal.

Siendo sordos, ciegos y mudos no se puede hablar de que se busca hacer justicia, es inconcebible que se monte un caso de tan alto perfil, dónde evidentemente hay una mezcla de «maco con cacata» que huele a mucha distancia, sin escuchar a uno de los acusados, lo que demuestra fue incluido en ese expediente, con el objetivo de aumentar la dimensión y aparatosidad de acusaciones en las cuales no tiene nada que ver.

Solo esperamos que ante un error tan grande, si no hubo mala fe, se haga justicia.