Cultura, Opiniones

ALGO MÁS QUE PALABRAS / SER CONSTRUCTORES DE PAZ; RECONSTRUCTORES DE VIDA

Víctor Corcoba Herrero

“Desmontemos los andares del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación; y, por ende, medios de apoyo y confianza”.

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor 

En esta vida, todo tiene sanación, si cultivamos la cordialidad; que radica en amar sin medida ni correspondencia, para que la duda quede saciada por la dulzura de las bondades y verdades vertidas, ausentes de temores. Realmente, no fuimos hechos para una existencia donde todo sea bueno y seguro; sino para un itinerario a descubrir, y no a encubrir, que nos concilie, regenerándonos continuamente con el don del afecto entre análogos. Por tanto, nada es fácil, pero tampoco nada es imposible. De ahí, lo importante que es generar climas de concordia, hacer familia y sentirse rama entre semejantes de un tronco común; porque, hoy como ayer, el mundo anhela también la paz, pero a menudo la buscamos con medios inadecuados, en ocasiones incluso recurriendo a la fuerza del poder.

Vuelva la pasión, en esta santa semana de Semana Santa, a reconvertirnos y a purificar los empedrados latidos. Sin duda, no hay mejor terapia, que la caricia de una mirada extendida sobre nuestros pasivos cuerpos. Precisamente, yo mismo me paso los días, reivindicando la cultura del abrazo sincero como lenguaje, junto al brío donante y en guardia permanente, como el verídico poeta. Porque los deseos de unión y de unidad brotan y maduran como fruto de la renovación de la mente, de la negación de uno mismo y de una viva expansión interna. Se siente cada vez más la exigencia anímica de la entrega, para poder sobrellevar el aluvión de cruces que nos remitimos unos a otros continuamente, para que la humanidad supere las razones de las desavenencias y de los conflictos.

Desde luego, es cierto que los calvarios no cesan, pero la fuerza reconstituyente del amor siempre revive en nosotros y nos pide afrontarlo todo con paciencia y comprensión, sin llevar cuentas del mal sembrado. Pongamos, pues, nuestra mirada en el futuro. Tal vez, entonces, descubramos que seducir sin cláusulas y de corazón, es aprender a reprenderse, a caminar por este orbe. En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alienta y alimenta nuestra esperanza. Ojalá que, bajo estos aires, de la pasión a la gloria; también nosotros, ya seamos creyentes o no, hallemos un tiempo para la reflexión. No olvidemos jamás, que uno tiene que quererse primero, para poder querer a los demás. Bajo este níveo cariño, manado y emanado de nuestro interior, todo se restablece.

La querencia nos enraíza en la comprensión, llevándonos a una sentida valoración de cada ser humano, reconociendo su derecho a la felicidad; que no está tanto en vivir, como en saber hacerlo, sin hacer alarde ni agrandarse, ya que nadie somos superior a nadie. Estamos aquí para proporcionar savia, no para quitarla. A veces ocurre que practicamos la exclusión, contraria a ese espíritu fraterno para el que hemos sido convocados. Esto nos demanda sentimientos de humildad unos con otros, si en verdad queremos ser maestros en lo armónico, destronando de nuestro horizonte la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa estupidez acaba separándonos. Las gentes que se aman, respetan el vínculo incondicional y desprecian los intereses mundanos.

El camino correcto pasa por madurar y crecer en el aprecio, sobre todo hacia aquellos que se mueven a nuestro lado. Desmontemos los andares del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación; y, por ende, medios de apoyo y confianza. En consecuencia, pongamos en nuestro itinerario el peregrinaje de la tristeza al gozo. Deliberemos sobre ello, hagamos un alto en el camino. Son jornadas para la meditación, días de vivir con sobriedad la pasión y muerte de Jesús, para después celebrar, rebosantes de alegría, la gloria de la resurrección. Que este espíritu reconcentrado ilumine nuestras mentes y convierta nuestras entretelas, haciéndonos conscientes del valor de toda existencia, que ha de ser siempre de acogida, de protección y de estima.

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

corcoba@telefonica.net

REFLEXIÓN POÉTICA

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

LA PASIÓN LIBERADORA DEL SEÑOR

EL CORAZÓN DEL MISTERIO PASCUAL: Somos fruto del apego omnipotente, que todo lo colma de solidaria calma, embelleciendo los andares y caminos. Nuestro referente y referencia está en Jesús, horizonte de gracia y fundamento de evidencia, que por amor se hace hombre y por adhesión nos participa su vida. Cada una de nuestras penas y dolores, halla una respuesta salvífica en el místico poema de sus penitentes pasos, vertidos en la cruz Redentora.

I.- COMPASIÓN QUE SE VUELVE PASIÓN

En esta comunión de percusiones,

todos vamos con la cruz a cuestas,

deseosos de encontrar el consuelo,

la mano de alguien que nos asista,

a proseguir en la senda y a seguir.

Por observancia hacia uno mismo, 

no hay mejor itinerario que la paz,

pues la pujanza de la misericordia,

es, en muchos casos, la iniciadora

del sustento y el sostén de la vida.

El silencio de la Pasión nos anida,

se vuelve expresivo y manifiesto,

mientras nos sentimos penitentes,

con voluntad de hacer penitencia,

de deshacer el yerro y rehacernos.

II.- DESEO QUE SE VUELVE ALABANZA

El domingo de Ramos es la savia,

el gran porche vivencial del albor;

una dicha que todo lo comprende,

que nos lleva y nos eleva a Jesús,

nuestro sostén y redentor nuestro.

Benditos, pues, todos sus andares;

su proclamación de sones níveos,

el reino que llega para acogernos,

que silba como brisa de armonía,

como soplo de verso en el verbo.

Así, al albor de Cristo, todo vive;

nada se marchita y todo se aclara.

La humanidad se ajusta y se reúne

recubierta por el manto angelical, 

una gracia que indulta y glorifica.

III.-     ALEGRÍA QUE ES VUELVE VOCABLO

La procesión de Ramos es júbilo,

manifestación de verídica alegría,

porque podemos conocer a Jesús,

al darnos la alianza como vínculo,

y el perdón como regla sistémica.

Él es la Verdad y la Bondad fija;

alcanzarle es infiltrarse de gozos,

ver su rostro y buscar sus rastros,

para alimentarnos de sus señales, 

que son de comunión y de unión.

El Señor nos llama a testimoniar,

los aconteceres vividos a su lado,

como noble semilla de esperanza,

que florece con la caridad divina,

y por la luz de la fe en su palabra.

Víctor CORCOBA HERRERO

corcoba@telefonica.net