Por: Amín Cruz
“La economía no es solo una cuestión de números, es la ciencia de la supervivencia humana; cuando se bloquea, se está decidiendo quién vive y quién no”.
New York: Jamás, en toda la historia de la humanidad contemporánea, un país ha sido sometido a un bloqueo económico, comercial, financiero y tecnológico tan prolongado, sistemático y total como el impuesto contra Cuba por los Estados Unidos durante más de 64 años, sostenido por trece administraciones consecutivas. Este cerco, por su naturaleza, alcanza y consecuencias humanas, clasifica jurídicamente como un delito de genocidio contra un pueblo.
El bloqueo como crimen de genocidio; el concepto de genocidio no se limita únicamente al exterminio físico inmediato. De acuerdo con el artículo II, inciso C, de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de las Naciones Unidas, también constituye genocidio el sometimiento deliberado de un grupo humano a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial a otro.
Desde un análisis político, jurídico y humanitario, hay diplomáticos y personalidades que dicen que este bloqueo contra Cuba cumple con estos criterios: “no se ataca únicamente a un gobierno o a un sistema político, se ataca la economía nacional como instrumento para provocar sufrimiento masivo, deterioro social y colapso estructural de la vida cotidiana, eso es lo que está pasando en Cuba”.
Hoy, Cuba se encuentra al borde de una crisis humanitaria profunda, producto del recrudecimiento de las sanciones impulsadas durante el mandato de Donald Trump y respaldadas activamente por su secretario de Estado Marco Rubio, ambos promotores de una política de máxima presión que no distingue entre Estado y población civil.
El objetivo explícito de estas medidas no es la reforma política, sino el agotamiento material del pueblo cubano, afectando directamente: el sistema de salud, la seguridad alimentaria, el acceso a medicamentos y tecnologías, el suministro energético y las transacciones financieras básicas. Todo ello con la intención de provocar desesperación social y desestabilización política.
A diferencia de un embargo bilateral tradicional, el bloqueo estadounidense -reforzado por legislaciones como la Ley Helms-Burton- posee un alcance extraterritorial, castigando a empresas, bancos y gobiernos de terceros países que comercien con Cuba. Este carácter global convierte el bloqueo en un cerco total, que asfixia a la isla incluso en contextos de cooperación humanitaria… Es un bloqueo con alcance global.
Durante lo que va de la administración de Trump se han aplicado más de 243 nuevas medidas coercitivas, entre ellas: Cancelación de vuelos comerciales y cruceros, Restricción de remesas y transferencias privadas, Sanciones a navieras y empresas petroleras, Bloqueo de operaciones bancarias internacionales entre otras… Estas acciones han tenido un impacto directo y devastador en la vida diaria de millones de cubanos.
La posición de la comunidad internacional ha sido muy floja, con excepción de algunos países. La Naciones Unidas, junto a diplomáticos, organismos humanitarios, juristas y analistas internacionales, ha reiterado durante décadas que el bloqueo viola el derecho internacional y genera consecuencias letales, especialmente para niños, ancianos, personas con discapacidad y enfermos crónicos, etc., pero todo se ha quedado en retórica. Cada año, la Asamblea General de la ONU condena casi por unanimidad esta política, sin que dichas resoluciones sean respetadas por Washington.
La paradoja histórica de la solidaridad
Resulta profundamente contradictorio que Cuba, uno de los países más solidarios del mundo, se encuentre hoy prácticamente sola.
Durante décadas, Cuba: Formó gratuitamente a miles de estudiantes extranjeros, Brindó atención médica a millones de personas en diversos continentes, Envío brigadas de salud ante catástrofes naturales y epidemias, Apostó por la educación, el deporte, la ciencia y la cultura. Bajo el liderazgo histórico de Fidel Castro, Cuba se convirtió en un referente mundial de solidaridad internacional, especialmente con los pueblos más pobres del planeta en primera línea.
Hoy, esa nación solidaria se encuentra acorralada, mientras muchos de los países del mundo, muchos profesionales en diferentes ramas, políticos, dirigentes, sindicalistas y hasta funcionarios de muchos gobiernos, ex presidentes fueron a prepararse, educarse y se beneficiaron de todo tipo de su ayuda, ahora guardan silencio. ¿Dónde están los revolucionarios y amigos de Cuba?
La ingratitud es la falta de reconocimiento o el olvido voluntario de los beneficios, favores y el cariño recibido, considerándose una conducta egoísta y, a veces, traicionera. Es una actitud que menosprecia el esfuerzo ajeno, rompe la reciprocidad y puede causar dolor emocional profundo y desolación en las relaciones humanas.
El pueblo cubano no es el enemigo y el intento de derrocar al gobierno legítimo de Miguel Díaz-Canel mediante el sacrificio colectivo de toda la población constituye un acto inmoral, injusto e inhumano. Ninguna diferencia ideológica justifica el hambre, la enfermedad y la desesperación como herramientas de presión política y menos desconocer la soberanía e independencia de una nación.
El bloqueo económico, comercial y financiero es hoy el principal obstáculo para el desarrollo de Cuba y para el pleno ejercicio de los derechos humanos de su pueblo. Si Cuba pudiera comerciar libremente, acceder a créditos internacionales y recibir cooperación sin sanciones, sería una nación próspera, con enorme capital humano y científico.
México hace un llamado urgente a la humanidad: Es urgente una voluntad internacional real, solidaria y sincera. La conformación de un bloque de países, gobiernos, diplomáticos, personalidades y organismos multilaterales, junto a la ONU, podría: Detener el deterioro humanitario, salvar vidas y derrumbar definitivamente los muros del bloqueo.
Cuba no necesita castigo, necesita respeto, cooperación y justicia internacional.
El bloqueo no es una política exterior: es una condena colectiva.
Y la historia juzgará a quienes, pudiendo detenerla, eligieron la indiferencia.
¿Dónde están los países amigos y hermanos de Cuba?
Como advirtió Nelson Mandela: “El hambre es un arma de guerra que no hace ruido al dispararse, pero sus heridas duran generaciones”.
Dr. Amín Cruz
CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa, Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, Diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.
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