Isla Negra, Chile , 15 enero.-Es tal vez imposible evitar las suspicacias, pero Pablo Neruda, premio Nobel de Literatura, el gran poeta latinoamericano, hubiera podido ser el gran vocero de la oposición a la dictadura de Augusto Pinochet, sin embargo, falleció 24 horas antes de su salida de Chile rumbo a México, en los turbulentos días que siguieron al golpe militar.
Mientras que su viuda negó un posible asesinato y su fundación dice lo mismo, la teoría renació casi 40 años después dejando en evidencia las sospechas que han pendido en esta nación de 17 millones de personas sobre el hecho de que la historia completa, siniestra y truculenta de lo ocurrido en los días posteriores al golpe permanece oculta.
La versión oficial dice que la pena que le ocasionaron el golpe militar y la muerte de su íntimo amigo, el presidente Allende, lo sumieron en una depresión que aceleró su enfermedad y lo mató 12 días después.
Pero los indicios de que Neruda no murió de causas naturales en la víspera de viajar cobraron relevancia cuando el Partido Comunista chileno (PC) decidió finalmente escuchar la denuncia de Manuel Araya, chofer, secretario y guardaespaldas del poeta, según la cual fue asesinado.
El 5 de diciembre Araya pidió la exhumación del cadáver para despejar las dudas. Dijo a la AP que Neruda murió pocas horas después de una inyección de dipirona que le aplicaron en el estómago, y que le causó fiebre y malestar generalizado.
El abogado del PC, Eduardo Contreras, presentó una denuncia por el presunto homicidio del poeta en mayo, luego de que la revista mexicana Proceso publicara una entrevista con Araya que causó revuelo internacional.
«Fue ese año que conocimos a Manuel Araya: su relato es coherente y comprobable», dijo Contreras, jurista especializado en derechos humanos. Neruda perteneció por 28 años al PC hasta el día de su muerte
Araya dice que un médico, que no atendía a Neruda cuando estaba internado en una clínica, le puso u ordenó ponerle la inyección letal.
Neruda había sido recluido en la Clínica Santa María por un cáncer de próstata que sufría, por padecer de flebitis y de una artrosis en la cadera.
«Coincidentemente», dijo Araya en tono irónico, el médico Sergio Draper, «iba pasando por el pasillo, (cuando) la enfermera lo llama diciendo que Neruda tenía muchos dolores, y este médico, muy gentil, va y le coloca una dipirona (un analgésico), y la dipirona… lo mata».
Araya no fue testigo directo de los hechos. Dice que una enfermera le contó la historia y que no recuerda su nombre.
La AP intentó establecer comunicación, sin éxito, con Draper llamando a la clínica y al Colegio de Médicos de Chile.
Pero en un reportaje de la revista Ñ, del argentino diario El Clarín del 6 septiembre de 2011 titulado «¿Quién mató a Pablo Neruda?», Draper dijo que «a Neruda lo vi solamente un instante, el domingo 23 de septiembre, a mí no me correspondía atenderlo. Ese día la enfermera de turno me dijo que, aparentemente, Neruda sufría de mucho dolor, le dije que se le aplicaría la inyección indicada por su médico, si mal no recuerdo fue una dipirona… ordené que se le diera una inyección indicada por su médico. Fui nada más que un interlocutor. Es el colmo que estemos constantemente bajo sospecha».
2012-01-15 20:03:49