Miami, Florida, 15 enero.- Con varias patadas a una caja de zapatos vacía y destapada, de 20 centímetros de largo, comienza una obra de Virgilio Piñera, inédita hasta mucho después de su muerte en 1979, hasta que el escritor Luis F. González-Cruz la publicó casi 20 años después de haberla recibido en 1968: Una caja de zapatos vacía (agosto de 1986, Ediciones Universal).
La obra causó gran conmoción crítica y polémica al estrenarse mundialmente el primero de mayo de 1987, en el Segundo Festival de Teatro Hispano, producida por el teatro Avante, bajo la dirección de Alberto Sarraín en el Teatro de Bellas Artes. Esta tarde en la Colección de la Herencia Cubana, de la Biblioteca de la Universidad de Miami, a la 1 p.m., recordaremos esa obra y esa semana en Miami, reflejada en este diario cuando se llamaba El Miami Herald.
Los intérpretes fueron Mario Ernesto Sánchez, Marilyn Romero y Rafael Guzmán, con Mario Dickson y un coro de «esbirros, orishas y elegidos», una coreografía de Simone Van Vynckt y Rogelio Rodríguez, escenografía y vestuario de Rolando Moreno, música e iluminación de René Alejandro, luces de Rafael Mirabal, y peinado y maquillaje de Carlos Gomery.
«La pieza es bestial y lo que ha hecho Sarraín es tan bestial como la pieza», le confesó González Cruz a Norma Niurka, crítica teatral de El Miami Herald, cuya entrevista se publicó antes de la puesta ese primero de mayo. «Me quedé boquiabierto. Miami va a quedar estremecida con el estreno de Una caja de zapatos vacía», concluyó el entrevistado. Nunca fueron unas palabras tan proféticas como las que pronunció en ese momento González Cruz. Nunca he recordado una obra teatral hispana que haya causado tanta reacción en el plazo de una semana. Pero Virgilio Piñera le daba a sus creaciones una forma que estremecía a la gente. A su vez, la interpretación escénica de Sarraín fue más que heterodoxa, más terrorífica que la propia pieza.
¿De qué trata la obra? De las relaciones sadomasoquistas del poder, del terror en esas relaciones, del miedo a morir, y el deseo de vivir. Siguiendo la teoría del «teatro de la crueldad», corriente que influyó a los dramaturgos cubanos de los años 50 que seguían la forma expresada por Antonin Artaud en El teatro y su doble (1964, Editorial Sudamericana), tres personajes y un coro se reúnen en escena para jugar al juego del traspaso del poder al más fuerte.
«El teatro de la crueldad ha sido creado para restaurar al teatro la concepción apasionada y convulsa de la vida», escribió Artaud, «y es en este sentido de violento rigor y extrema condensación de elementos escénicos que la crueldad en la que se basa debe ser entendida». Al principio son Carlos y Berta que juegan a patear el objeto inanimado, la «caja», al que le dan vida para inmolarla al final. Luego es el individuo el que muere, cuando aparece Angelito para destronar a Carlos, y hacer que Berta se ponga de su parte. ¿Es una alegoría del caso cubano o una indagación universal de la vida? Esperemos a las conclusiones de esta tarde. ?
Las sesiones de hoy en la Biblioteca de UM, de 9 a.m. a 4 p.m., concluyen el congreso ?Teoría y práctica del teatro cubano en el exilio: celebrando a Virgilio?, por el centenario de su nacimiento, del Instituto Cultural René Ariza, ICRA (entrada libre).
2012-01-15 20:15:43