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Por Manuel Hernández Villeta
Santo Domingo, R. D., 11 de febrero, 2026.- La unidad básica para el fortalecimiento de una sociedad parte de la familia. La desintegración familiar conduce a la destrucción colectiva. Los dominicanos tenemos que seguir luchando para lograr un conglomerado más puro, más limpio, dispuesto por principios de desarrollo.
En el mundo de hoy, el núcleo básico de la sociedad, que es la familia, se encuentra zarandeado por las pandillas, las drogas, la desesperanza, la falta de oportunidades y la pérdida de fe en el futuro.
Hay corrección a mano, pero para edificar una sociedad fuerte y progresista es necesario que todos se integren a un esfuerzo de desarrollo colectivo y mejorías individuales.
La iglesia católica da nuevas demostraciones de que está preocupada por el derrotero que toma la desintegración familiar, conduciendo a hechos de violencia y a pérdida de la esperanza.
En levantar la bandera de la integración familiar, las iglesias juegan un papel estelar. Poco importa si son cristianas evangélicas o católicas, el templo es de las pocas instituciones con fuerza moral que se mantienen firmes en el país.
La terminación de la brega ideológica hizo desaparecer a las izquierdas del panorama nacional. Con sus disquisiciones de apego a líneas internacionales, las izquierdas abogaban por cambios trascendentales en la sociedad.
El mensaje de las izquierdas, a pesar de ser progresista, fue sepultado en medio de luchas internas y en los enfrentamientos desiguales con sectores del poder tradicional.
Las iglesias, creencias aparte y devoción a lo individual, son la principal columna que hay hoy en el país, para hacer florecer principios de fortalecimiento de la unidad social y familiar.
La escuela, en lucha intestina y la búsqueda de mejores condiciones de trabajo y salario, no juega ese papel. Lo puede recobrar, pero para ello se necesita que haya cambios y sacrificios, tanto del sector sindical como de la burocracia.
La esperanza florece con el reajuste presupuestal dedicado a la enseñanza, siempre que se enfoque a la formación del personal, a labores de investigación y en crear las bases de la educación del siglo 21.
Un paso positivo es la integración de la materia de moral y cívica en la educación básica. La escuela estaba huérfana de que se hablara sobre normas de comportamientos y buenas costumbres. Era la moral y cívica una materia olvidada. Ojala y se imparta con la seriedad debida.
Una sociedad necesita cambios, pero sin olvidar su esencia. Los dominicanos tienen que luchar por la integración familiar, y desterrar la malsana penetración cultural y los falsos valores.