Opiniones

Testigo del tiempo / La impostergable revolución educativa

J.C. Malone

J.C. Malone

Seamos honestos, las coincidencias no existen, no digamos “coincidencia”, admitamos que “ignoramos” porque ocurren ciertas cosas simultáneamente. Carl Gustav Jung, el psicólogo suizo, dijo que eran “sincronicidades”, las cosas “sincronizan”, para enviarnos mensajes, indicando direcciones.

El presidente y la primera dama “dan clases” de Moral y Cívica; estalla un escándalo en el Instituto Tecnológico de Las Americas (ITLA) la educación “cayó” en la agenda nacional. Esta “sincronicidad” trae un mensaje, una clara dirección.

       El presidente Luis Abinader y la vicepresidenta Raquel Peña deben impulsar una revolución educativa para honrar la historia de sus vidas, ligadas a la educación. La familia Abinader tiene la Universidad O&M, Peña fue vicerrectora de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.

       Nunca nos gobernaron dos figuras ligadas a la educación; están preparadas, tienen el poder para impulsar esa revolución educativa. Si ignoran ese llamado histórico, sus vidas, y su gobierno, no tendrán sentido.

        Impulsar una revolución educativa es fácil.

        He visto al ITLA transformar a nietos de analfabetos, en técnicos, contratados por importantes instituciones nacionales e internacionales. Crear sucursales provinciales de ese instituto multiplicará buenos ejemplos; no cuesta nada, la corrupción es mucho más cara.

       En Nueva York tenemos cientos de maestros, directores escolares, y superintendentes distritales dominicanos activos y retirados, que pueden elevar la calidad educativa dominicana. Sólo falta voluntad política para convocarlos, ellos y el país esperan ese llamado.

      Abinader y Peña tienen máculas históricas indelebles, le entregaron a Washington nuestra soberanía, bases aéreas militares y el principal aeropuerto civil. SENASA es el más fétido de nuestros escándalos de corrupción, ignoramos cuántos muertos van, ¿Y la “narcopolítica”?

Abinader y Peña tienen un legado, entregaron la soberanía. Si educaran al pueblo, atenuarían el implacable juicio de la historia; también podrían dejarlo atendiendo turistas en hoteles, engordando obesas fortunas de hiperbillonarios “empresarios turísticos”.     

Escoger lo último, confirmaría lo que dijo el doctor Francisco Moscoso Puello hace 100 años en sus “Cartas a Evelina”. Decidieron dejar “al pueblo en la más crasa ignorancia, sin duda, con el propósito criminal de explotarlo, de manejarlo libremente”.