Por Araceli Aguilar Salgado
«La libertad no se concede, se conquista.» Clara Zetkin

El trabajo doméstico y de cuidados constituye uno de los pilares invisibles de las sociedades latinoamericanas. Sin embargo, quienes lo realizan en su mayoría mujeres, muchas de ellas indígenas, afrodescendientes o migrantes enfrentan condiciones de precariedad, discriminación y violencia que perpetúan la feminización de la pobreza. La ausencia de ingresos propios para millones de mujeres, sumada a la falta de reconocimiento del trabajo no remunerado, revela una estructura social que limita la autonomía económica y, con ello, la igualdad real.
La economía del cuidado: un sostén invisibilizado
El trabajo de cuidados sostiene la vida cotidiana y las economías nacionales, pero rara vez se reconoce en términos de derechos y remuneración. En América Latina, 1 de cada 4 mujeres no tiene ingresos propios, y por cada 100 hombres pobres existen 121 mujeres en la misma situación. Esta desigualdad no es casual, sino el resultado de un sistema que asigna a las mujeres la responsabilidad de sostener hogares enteros sin garantizarles independencia económica.
En México, 2.3 millones de personas se dedican al trabajo doméstico remunerado, el 95% mujeres. La mitad son migrantes internas y enfrentan discriminación por origen étnico, edad, condición económica o estatus migratorio. La precariedad es alarmante: el 90% carece de contrato laboral, el 66% no tiene vacaciones y apenas el 0.14% está asegurada ante el IMSS. Estas cifras muestran cómo la economía del cuidado se sostiene sobre la explotación y la invisibilidad.
Precariedad laboral y violencia estructural
La informalidad alcanza al 70% de las trabajadoras domésticas en la región, y solo el 18% accede a la seguridad social. El trabajo doméstico es uno de los sectores con mayor riesgo de abuso y explotación, incluyendo situaciones de semiesclavitud. La violencia se manifiesta en múltiples formas: física, económica y psicológica, reforzada por el ámbito privado donde se desarrolla este trabajo.
El ciclo de desigualdad comienza temprano: el 36% de las trabajadoras inició su labor siendo menor de edad, y en zonas urbanas un 5% son niñas. Las adolescentes pobres cargan con el doble de trabajo doméstico que sus pares hombres, perpetuando la transmisión intergeneracional de la pobreza y la desigualdad.
Reformas legales y desafíos pendientes
En los últimos años, países como México y Colombia han impulsado reformas para formalizar el empleo y aumentar salarios. En 2026, la violencia laboral se ha convertido en un tema central de debate legislativo, con énfasis en la protección de las trabajadoras internas y el derecho al descanso.
No obstante, la implementación efectiva sigue siendo el mayor desafío. El aumento de salarios genera temor de mayor informalidad y reducción de contrataciones. La ratificación del Convenio 189 de la OIT es indispensable para garantizar derechos laborales plenos y dignificar este sector. Sin embargo, la legislación por sí sola no basta: se requiere un cambio cultural profundo que reconozca el valor del trabajo doméstico y de cuidados como un derecho y no como una obligación femenina.
La situación de las trabajadoras domésticas en América Latina es un reflejo de las desigualdades estructurales que persisten en la región. La feminización de la pobreza, la precariedad laboral y la violencia de género son realidades que demandan respuestas urgentes. Erradicar la pobreza no es solo cuestión de ingresos, sino de redistribuir el tiempo, los cuidados y las oportunidades.
La justicia social exige reconocer y redistribuir el trabajo de cuidados, garantizar derechos laborales y transformar la percepción social sobre este sector. La independencia económica no debe ser un privilegio, sino un derecho fundamental. Solo así será posible construir una sociedad más justa, equitativa y digna para todas las mujeres.
«La justicia social no se logra con discursos, sino con hechos que transformen la vida de los más vulnerables.» Rosario Castellanos
Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com
Libre Press
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