«La libertad es el oxígeno del alma.» Moshe Dayan

Por Araceli Aguilar Salgado
La libertad es uno de los valores más universales y, al mismo tiempo, más frágiles de la humanidad. El Día Mundial de la Libertad, conmemorado cada 23 de enero, no es solo una fecha simbólica, sino un recordatorio de que este derecho fundamental debe ser defendido constantemente frente a amenazas políticas, sociales y tecnológicas. En un mundo marcado por la globalización, la hiperconectividad y el avance de la inteligencia artificial, la libertad se enfrenta a nuevos dilemas que exigen una reflexión crítica sobre su vigencia y sus límites.
La libertad como derecho y como práctica
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) consagró la libertad como un derecho inherente a toda persona. Sin embargo, la libertad no puede entenderse únicamente como un principio jurídico; es también una práctica cotidiana que se expresa en la libertad de prensa, de expresión, de pensamiento, de asociación y de participación política. El problema radica en que, aunque estos derechos están reconocidos, su ejercicio real se ve condicionado por estructuras de poder, desigualdades económicas y dinámicas culturales que restringen su alcance.

Contradicciones contemporáneas
El Día de la Libertad invita a cuestionar las contradicciones de nuestro tiempo:
· Libertad política: mientras algunos países celebran elecciones libres, otros mantienen regímenes autoritarios que sofocan la disidencia.
· Libertad de prensa: el periodismo enfrenta censura, persecución y violencia, especialmente en contextos donde denunciar la corrupción o el abuso de poder implica riesgo de vida.
· Libertad digital: la era tecnológica ha abierto espacios de expresión, pero también ha generado nuevas formas de control y vigilancia masiva. La inteligencia artificial, por ejemplo, puede ser usada para democratizar la información, pero también para manipularla y restringir la autonomía de los ciudadanos.
La libertad y la responsabilidad social
Un aspecto crítico es que la libertad no puede ejercerse sin responsabilidad. El abuso de la libertad de expresión, como ocurre con la desinformación y los discursos de odio, demuestra que este derecho debe estar acompañado de principios éticos. La libertad sin responsabilidad se convierte en caos; la responsabilidad sin libertad, en opresión. El equilibrio entre ambas es el verdadero desafío de las sociedades democráticas.
El papel del periodismo ético
En este contexto, el Congreso Hispanoamericano de Prensa, bajo la visión del Dr. Amín Cruz, ha insistido en que el periodismo ético es un pilar de la libertad. Sin periodistas libres y responsables, la sociedad pierde su capacidad de cuestionar y de construir memoria. La libertad de prensa no es un privilegio de los comunicadores, sino un derecho colectivo que garantiza que la verdad llegue a los ciudadanos.
El Día de la Libertad no debe ser visto como una celebración estática, sino como un llamado a la acción. La libertad es un derecho que se conquista y se defiende cada día, frente a gobiernos autoritarios, frente a la manipulación digital y frente a la indiferencia social. En la era digital, el reto es doble: proteger la libertad de los individuos y garantizar que la tecnología se use para ampliar, no para restringir, los espacios de autonomía.
La libertad, en definitiva, es la condición indispensable para la dignidad humana. Sin ética y sin responsabilidad, se convierte en un espejismo; sin defensa activa, se transforma en silencio.
«La libertad no se hereda: se conquista y se defiende cada día.»
Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com