Por Fernando A De León
Si la sicología cognitiva es exactamente predictiva y apegada a lo científico de nuestras normas conductuales; en los gobiernos tradicionales de República Dominicana persiste una ansiedad entre personas acaudaladas y funcionarios, que el sicólogo español, Rafael Santandreu, denomina: “terribilitis”.
Creemos que ese trastorno solo debería presentarse en la población desposeída, no en el funcionariado acomodado y bonancibles empresarios en el poder. Este, deviene en el desfalco del Estado por individuos que deben sentir malestares por salud, desamores y otras carencias; nunca, falta de recursos económicos.
Con el término “terribilitis”, Santandreu se refiere al deseo de alcanzar metas (en este caso el dinero), que en nada les es imprescindible y, que por no amasar más, no los hace infelices. Si ellos no lo creen asi; evidentemente, contrario a como señalan políticos, intelectuales y otros, sí conformamos una sociedad corrupta.
Lamentablemente, esta ansiedad que los lleva a sustraer lo ajeno, como es el caso de Senasa, parece confirmarse en un gobierno cuyo partido llegó al poder enarbolando cero impunidad y corrupción. Y uno se pregunta si estos actos de corrupción se deben a un premeditado plan o negligencias de quienes trazan nuestras políticas públicas.
Pero, además, pareciera lo que nosotros consideramos como el “síndrome del funcionario”, con síntomas de que al no poder reelegirse el presidente de turno, desvalijan el erario.
Si partimos de lo que dice el sicólogo cognitivo Rafael Santandreu, en nuestro país esa ansiedad provoca manías y exabruptos. En otras dimensiones, también afecta a diversos sectores entre los que se encuentran disimiles profesionales, y gentes del mundillo mediático.
Muchos, en su afán de hacerse sentir y ser notorios, no resisten el bajo perfil y el trabajo sin mayores estridencias. No es raro que nuestros medios de comunicaciones estén copados por el intrusismo en personas que pretenden ser todólogos.
Estos, improvisan, banalizan, estereotipan y restan calidad a diversas disciplinas y conocimientos. En resumidas cuentas-siempre basándonos en lo afirmado por Santandreu-; estamos inmersos en una sociedad con serios trastornos conductuales de “terribilitis” y, terriblemente, “terribilizada”.
El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.