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“Innovación sin pensamiento crítico: la gran deuda educativa de América Latina”

Innovación sin pensamiento crítico: la gran deuda educativa de América Latina.


Por Angélica Beltrán Rojas, Asesora en innovación y transformación educativa.
América


Innovación, los sistemas escolares han incorporado nuevas tecnologías, reformulado currículos, multiplicado programas piloto y adoptado lenguajes asociados al siglo XXI.


Ministerios de educación, organismos multilaterales y actores privados coinciden en que innovar es imprescindible para responder a los desafíos del siglo XXI. Sin embargo, los resultados de aprendizaje y los indicadores de desarrollo humano revelan una contradicción inquietante: la innovación avanza más rápido que la capacidad ética y pedagógica de pensar críticamente lo que se innova.
Según datos de la UNESCO y la OCDE, más del 70% de los estudiantes latinoamericanos no alcanza niveles mínimos de comprensión lectora al término de la educación básica, y una proporción aún mayor presenta dificultades severas para resolver problemas matemáticos que requieren razonamiento, análisis e interpretación de información.

Las evaluaciones internacionales PISA, ERCE, TIMSS confirman que el problema no es solo de acceso o cobertura, sino de profundidad cognitiva, sentido formativo y calidad del
aprendizaje. Innovar, en este contexto, no ha significado necesariamente educar mejor.
Este escenario resulta especialmente relevante para países como Perú, República
Dominicana y Bolivia, donde las políticas educativas han puesto un fuerte énfasis en la
modernización curricular, la digitalización de las aulas y la incorporación de enfoques por
competencias. No obstante, la evidencia comparada muestra que la innovación, cuando
no se sustenta en un marco ético claro y en una pedagogía coherente, corre el riesgo de
volverse superficial, fragmentada o meramente simbólica.
Innovación curricular, cambiossin profundidad, durante la última década, gran parte de
los sistemas educativos de la región ha impulsado reformas curriculares orientadas al
desarrollo de competencias. En el discurso, estas reformas prometen formar estudiantes
autónomos, críticos, creativos y preparados para contextos cambiantes. En la práctica,
muchas han derivado en currículos extensos, altamente prescriptivos y difíciles de
implementar, que priorizan la cobertura de contenidos por sobre la comprensión
profunda.
La OCDE ha advertido de forma reiterada que los sistemas educativos con mejores
resultados no son aquellos que agregan más contenidos, más indicadores o más
evaluaciones, sino los que priorizan aprendizajes esenciales, fomentan el pensamiento
de orden superior y promueven la integración entre conocimiento, experiencia y
reflexión. América Latina, en cambio, continúa atrapada en una lógica de acumulación
curricular que confunde innovación con cantidad y cambio con mejora.
Desde una perspectiva ética, este fenómeno es especialmente problemático. Cuando el
sistema educativo exige avanzar sin asegurar comprensión, se vulnera el derecho de
niños, niñas y jóvenes a una educación significativa, capaz de desarrollar juicio crítico,
autonomía intelectual y responsabilidad socia
La incorporación acelerada de tecnologías digitales es uno de los símbolos más visibles de
la innovación educativa contemporánea. Plataformas virtuales, dispositivos móviles,
recursos digitales e incluso sistemas de inteligencia artificial han ingresado a las aulas con
la promesa de democratizar el aprendizaje y reducir brechas. Sin embargo, la UNESCO ha
advertido que la brecha digital no es solo de acceso, sino de uso crítico, ético y
pedagógicamente pertinente.
En numerosos contextos latinoamericanos, la tecnología se ha integrado sin una reflexión
profunda, sin pensamiento crítico, sobre su impacto en el desarrollo cognitivo, la
autonomía intelectual y la formación del pensamiento crítico. El resultado es una
paradoja inquietante: estudiantes cada vez más conectados, pero con mayores
dificultades para analizar información, distinguir evidencia de opinión, identificar sesgos
o construir argumentos propios.
Innovar tecnológicamente sin formar pensamiento crítico no solo es ineficaz, sino
éticamente riesgoso. Un sistema educativo que no enseña a pensar críticamente puede
terminar amplificando la desinformación, la dependencia cognitiva y la fragilidad
democrática.
La dimensión socioemocional, la innovación olvidada, la evidencia internacional es
consistente: no existe aprendizaje profundo sin bienestar emocional, autorregulación y
sentido de pertenencia. La OCDE y La UNESCO coinciden en que las habilidades
socioemocionales no son un complemento, sino un componente estructural de la calidad
educativa. Pese a ello, en América Latina estas dimensiones continúan ocupando un lugar
secundario en las políticas públicas.
El énfasis desmedido en resultados estandarizados, rankings y rendición de cuentas de
corto plazo ha invisibilizado el impacto de la ansiedad escolar, la desmotivación docente
y la desconexión emocional de las comunidades educativas. Innovar sin considerar estas
variables es desconocer la dimensión humana del acto educativo y reducir la educación a
un ejercicio técnico.
Desde una ética del cuidado, educar implica reconocer al otro como sujeto de dignidad,
no como mero receptor de contenidos o resultados. La innovación que ignora esta
dimensión corre el riesgo de profundizar exclusiones en lugar de superarlas.
Toda innovación educativa expresa una determinada concepción de sociedad, de sujeto
y de futuro. Pretender que las reformas son neutrales o meramente técnicas es
desconocer que la educación es, por definición, un acto ético y político. El problema no
es la existencia de ideología en la educación, sino su falta de explicitación, deliberación y
control democrático.
Cuando la innovación se convierte en consigna digitalización, modernización,
competencias y se desconecta de preguntas fundamentales sobre sentido, justicia y
equidad, pierde su potencia transformadora. Se promueve el discurso del pensamiento
crítico, pero se diseñan sistemas que lo restringen; se invoca la autonomía, pero se
refuerzan prácticas altamente prescriptivas.
La ética educativa exige coherencia entre fines y medios. Sin esa coherencia, la
innovación se vacía de contenido y se transforma en retórica.
Ninguna innovación educativa será sostenible si no se invierte de manera estructural y
sostenida en la formación inicial y continua de los docentes. Los informes regionales de
la UNESCO muestran que gran parte de los programas de formación docente en América
Latina sigue siendo fragmentada, poco articulada con la práctica y escasamente alineada
con los desafíos contemporáneos.
Innovar éticamente implica reconocer a los docentes como profesionales reflexivos,
capaces de interpretar contextos, tomar decisiones pedagógicas y construir
conocimiento desde la experiencia. Exige, además, condiciones laborales y formativas
que permitan experimentar, evaluar y mejorar las prácticas sin temor a la sanción.
América Latina no enfrenta una crisis de innovación, sino una crisis de sentido y
responsabilidad. Se innova mucho, pero se reflexiona poco sobre para qué, para quién y
con qué consecuencias se innova. Persistir en esta lógica implica formar generaciones con
pensamiento frágil, escasa autonomía intelectual y limitada capacidad para enfrentar la
complejidad social, ética y democrática de nuestros países.
La innovación educativa solo tiene valor si está orientada a fortalecer el pensamiento
crítico, el desarrollo socioemocional y la formación de ciudadanos capaces de deliberar,
disentir y cuidar lo común. De lo contrario, seguirá siendo un eslogan atractivo, pero
vacío.
La gran deuda educativa de América Latina no es tecnológica ni curricular. Es
profundamente ética: innovar sin pensar y sin cuidar es renunciar a educar.
Bibliografía
 UNESCO (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para
la educación.
 UNESCO (2023). Technology in education: A tool on whose terms?
 OCDE (2019). PISA 2018 Results: What Students Know and Can Do.
 OCDE (2021). Beyond Academic Learning: First Results from the Survey of Social and
Emotional Skills.
 OCDE (2023). Education at a Glance.

https://www.diarioconstitucional.cl/2025/11/29/violencia-escolar-en-chile-cuando-el-liceo-deja-de-ser-comunidad-por-angelica-beltran-rojas

https://www.diarioconstitucional.cl/cartas-al-director/prohibir-no-es-educar-la-paradoja-de-desconectar-a-una-generacion-que-nacio-conectada

https://www.diarioconstitucional.cl/cartas-al-director/convivencia-escolar-prohibir-celulares-no-resuelve-una-crisis-estructural

Angélica Beltrán Rojas
Educadora Diferencial | Mg. en Educación | Asesora en Innovación y Transformación Educativa.