Colombia 28 mayo (5:30pm)._Su cuerpo era el de un niño frágil, inseguro y temeroso del peligro. La educación que recibió en la escuela y en el hogar paterno dejó marcada su piel con sus dogmas y preceptos. «Los deportes, el juego rudo y la violencia implícita en el entrenamiento que busca convertir al niño en hombre, especialmente en un país tan machista como Colombia, siempre me atemorizaron», dice Álvaro Restrepo, bailarín, coreógrafo y director de El Colegio del Cuerpo de Cartagena de Indias.
Un ambiente familiar donde la construcción del carácter se lograba a través de la disciplina extrema y una educación del cuerpo que se limitaba a domesticarlo con rutinas gimnásticas y deportes convencionales, coartaron su creatividad. Fue gracias a su tía abuela, pianista y organista, que en medio de ese riguroso aprendizaje pudo regocijarse en el arte y la música.
La literatura, y sobre todo la poesía, se convirtió en un refugio para decantar las angustias de la adolescencia. Aunque estudió filosofía y letras, fue a través del teatro que Álvaro Restrepo encontró su camino en la danza. A los 24 años, cuando muchos pensaron que había perdido el juicio, emprendió la aventura de esculpir su cuerpo. Martha Graham, Merce Cunningham, Jennifer Muller y Cho Kyoo-Hyun, grandes maestros de la danza moderna, afinaron su instrumento y lo ayudaron a encontrar su vocación. «La danza me hizo entender que además de mi cabeza, tenía toda una región inexplorada de expresión, creación y goce», afirma el bailarín.
Con un aporte de $140 millones hecho por la Alcaldía de Cartagena, además de un espacio en el Claustro de San Francisco, otorgado por la fundación Círculo de Obreros de San Pedro Claver, El Colegio del Cuerpo dio su primer paso en septiembre de 1997. Desde entonces, más de 8.000 niños y jóvenes provenientes de barrios populares de Cartagena han participado en sus programas pedagógicos, donde la danza es una herramienta de inclusión social.
«En un país como Colombia, sumido en una sangrienta crisis de valores, el cuerpo del hombre ha perdido su dimensión sacra: diariamente lo vemos torturado, mutilado, asesinado. El cuerpo espiritual ya no existe: sólo percibimos su dimensión material, que por ser perecedera ha llegado también a tornarse perversamente ?desechable?, asesinable. La creación de esta nueva pedagogía, contigua a lo que llamamos la nueva poética del cuerpo, tiene en nuestro martirizado país una pertinencia incontestable.
El autoconocimiento y el autorrespeto deben ser entendidos como condiciones sine qua non para lograr el respeto por el otro», asegura Restrepo convencido del poder transformador del arte y de la cultura como estrategias pedagógicas para la convivencia.
Conmemorando su segundo aniversario, el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo presenta la obra Inxilio: el sendero de las lágrimas, creada por Álvaro Restrepo en 2010 como conmemoración del Bicentenario. Acompañada por la Orquesta Sinfónica Juvenil Batuta Bogotá, la pieza pretende sensibilizar a los espectadores sobre el desplazamiento forzado.
La música y los movimientos del cuerpo de baile reflejan el drama de los cerca de 5 millones de colombianos que han creado una patria paralela. Errando en su propio territorio, «los desplazados se han convertido en otra ?raza? aparte de colombianos. Son considerados como un problema de ?los otros?, mas no un problema ?nuestro?», concluye el director.JB
2012-05-28 21:36:36