Cultura

Juan Pablo Duarte y el pensamiento liberal

Señoras y señores:*

Es fama que la noche del 27 de febrero de 1844, luego del trabucazo heroicode Ramón Matías Mella (que fue la señal acordada), los comprometidos con la causa libertadora se congregaron en la Puerta del Conde en donde proclamaron el nacimiento de un Estado nación con el nombre de República Dominicana. Fuentes de irrecusable veracidad dan cuenta de que los revolucionarios, una vez se declararon independientes, pronunciaron el lema sacrosanto de los trinitarios: Dios, Patria y Libertad, seguido del nombre de Juan Pablo Duarte, líder del partido nacionalista y principal propulsor de la idea independentista quien, como sabemos, se encontraba en el exilio.

Apenas 17 días después de proclamada la República, esto es el 15 de marzo, el joven Duarte (contaba entonces con 31 años de edad) arribó a Santo Domingo procedente de Curazao. La mayoría del pueblo capitalino acudió al puerto, adonde-al decir del historiador José Gabriel García fue recibido con «la ovación más espléndida de que puede haber sido objeto un mortal afortunado al regresar del destierro a los lares patrios…» Se le dispensó un recibimiento equiparable al de un Jefe de Estado; el Vicario General y luego primer Arzobispo de la República, Tomás Portes e Infante, lo saludó diciéndole: «¡Salve, Padre de la Patria!»; y cuando se encontraba en medio de la muchedumbre frente a la Plaza de Armas, hoy Parque Colón, allí fue proclamado General en Jefe de los Ejércitos de la República, designación que Duarte declinó porque, según explicó, ya existía un gobierno legítimamente constituido y era a ese organismo al que correspondía discernir semejantes distinciones.

Ese mismo día, Francisco del Rosario Sánchez, ya en casa de la familia Duarte, pudo abrazar al líder y apóstol de la revolución independentista al tiempo que exclamaba: «Hoy no hay luto en esta casa [Recuérdese que el padre de los Duarte había fallecido meses atrás]. La patria está de plácemes. Viste de gala, y don Juan mismo, desde el cielo, bendice y se goza en tan fausto día.»

Dos meses después, el 31 de mayo de 1844, un grupo de oficiales envió una comunicación a la Junta Central Gubernativa solicitando ascensos militares para varios patriotas, mientras que para Juan Pablo Duarte solicitaban que fuese ascendido al rango de General de División y Comandante en Jefe del Ejército. Esa solicitud se fundamentaba en el hecho de que «Duarte había sido el hombre que, desde muchos años, estuvo constantemente consagrado al bien de la patria y, por medio de sociedades, adquiriendo prosélitos, regando públicamente la semilla de la Separación… [Y] que había sido quien más había contribuido a formar el espíritu de libertad e independencia en el suelo dominicano, sufriendo mucho por la patria… [considerado] siempre como el Caudillo de la Revolución…» Hacia principios de julio, cuando los enfrentamientos políticos entre afrancesados y nacionalistas habían alcanzado su punto más álgido, Juan Pablo Duarte estaba en el Cibao y allí le recibió otro de sus fieles compañeros de lucha, Ramón Matías Mella, quien le escribió una carta a Francisco del Rosario Sánchez y, entre otras cosas, le dijo: «¡Llegó mi deseado y te lo devolveré Presidente de la República Dominicana!»

He querido rememorar esos pasajes para que se tenga muy presente que los títulos de Padre de la Patria y principal líder de la independencia nacional le fueron dispensados a Duarte desde el mismo nacimiento de la República, a pesar de que al cabo de poco tiempo hubo quienes lo adversaron ocasionándole indecibles sinsabores. Pero no es el augusto salón de la Asamblea Nacional, del Palacio del Congreso Nacional, el escenario apropiado para evocar tristes episodios.

Hoy, cuando la nación dominicana está en la víspera de conmemorar los 200 años del natalicio de Juan Pablo Duarte, debemos ser orgullosos de nuestra identidad nacional y sentirnos plenamente satisfechos porque como colectivo podemos rendir merecido tributo a la memoria de tan insigne prócer,quien en su época fue el primero en enarbolar la doctrina liberal y en luchar por el establecimiento de un régimen de libertades públicas para todos los dominicanos.

Pero ¿cuándo y dónde, se cuestionarán no pocas personas, perfiló Duarte su pensamiento liberal?Hay quienes consideran que las raíces del liberalismo, en tanto que doctrina política, se encuentran en la Inglaterra de finales del siglo XVII con el Bill of Rights, del 13 de febrero de 1689; en las 13 colonias de América del Norte, que el 4 de julio de 1776 proclamaron la Declaración de Independencia; en Francia, tras la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano del 16 de agosto de 1789; y en el resto de Europa, tanto en los albores como a lo largo del siglo XIX, debido al resquebrajamiento del Ancien Regime.

De acuerdo con Rodrigo Borja, el liberalismo inspiró la forma republicana de gobierno y la forma democrática de Estado, al tiempo que en el plano económico se fundamentó sobre el sistema capitalista de producción y distribución de bienes. Otro rasgo característico del liberalismo político fue el nacionalismo, que se manifiesta a partir de los movimientos revolucionarios de finales del siglo XVII y principios del XVIII.

El liberalismo lo mismo que el nacionalismo (y el sistema democrático de gobierno) surgieron durante el período transcurrido entre 1789 y 1848; período que Eric Hobsbawn ha denominado acertadamente «la Era de la Revolución» porque supuso «la mayor transformación en la historia humana desde los remotos tiempos en que los hombres inventaron la agricultura y la metalurgia, la escritura, la ciudad y el Estado. Esta revolución, agrega el eminente historiador británico, «transformó y sigue transformando [desde entonces] al mundo entero».

Entre 1804 y 1825 ambas corrientes políticas tuvieron un impacto decisivo en el decurso de los movimientos independentistas de América Latina, mientras que en la península ibérica, las conmociones revolucionarias que estremecieron a los diferentes conglomerados étnicos que conformaban y conforman el pueblo español, el liberalismo y el nacionalismo se manifestaron a partir del movimiento independentista que se inició el 2 de mayo de 1808.

En este punto conviene subrayar que de alguna manera esos fenómenos sociales inspiraron y contribuyeron a conformar el pensamiento político liberal que asimiló y preconizó Juan Pablo Duarte, quien, cuando tuvo la oportunidad de viajar a Europa en el lapso 1829-1832, radicándose en España, específicamente en Barcelona, ya tenía referencias de que en la América hispánica se habían proclamado independientes los siguientes pueblos: Haití, 1804; Paraguay, Venezuela, Ecuador, 1811; Colombia, 1813; Argentina, 1816; Chile, 1818; Perú, México y Santo Domingo, 1821; Confederación Centro Americana en 1825 (que luego se escindió en El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica); Brasil, 1822; y Bolivia en 1825.

Durante su permanencia en Europa, Juan Pablo Duarte fue testigo de extraordinarias transformaciones revolucionarias, especialmente España, que entre 1815 y 1848 fue estremecida por incesantes conflictos políticos escenificados por los defensores del antiguo régimen absolutista y por aquellos que luchaban por implantar la ideología liberal y el sistema económico de libre competencia por el que propugnaban las burguesías emergentes.

Asimismo, el futuro fundador de la República Dominicana pudo entonces constatar la influencia que tuvo en esas generaciones de españoles la Constitución de Cádiz de 1812. Comprobó, también, la eficacia que desempeñó la masonería como artífice de los movimientos revolucionarios que presenció, al igual que un conjunto de Sociedades Patrióticas que luchaban por implantar, en contraposición al decadente estado absolutista, un liberalismo económico y un romanticismo espiritual. Madrid y Barcelona fueron el ámbito de acción de dichos movimientos, especialmente esta última ciudad, que fue el «centro de la vorágine liberal…, y foco del único núcleo burgués importante de España».

Si examinamos cuidadosamente los escasos documentos que se conservan de Juan Pablo Duarte, tales como el Diario de su hermana Rosa Duarte, algunas cartas dirigidas a sus correligionarios y su Proyecto de Constitución o Ley Fundamental (escrito entre marzo y julio de 1844), podrá advertirse en el corpus doctrinal del líder del partido trinitariocuán claramente definidos aparecen los conceptos de nación, pueblo, soberanía nacional, independencia nacional y dominación extranjera.

Al retornar al país, Duarte encontró su pueblo prácticamente en las mismas condiciones en que lo había dejado varios años atrás. El colectivo nacional, contra su voluntad, formaba parte de la República haitianadesde 1822; y como en Europa, Duarte fue testigo de los enconados enfrentamientos entre diferentes grupos étnicos y culturalesque luchaban por constituirse en Estado nación independientes, es lícito conjeturar que el Patricio reafirmó su convencimiento en el sentido de que entre las comunidades dominicana y haitiana, cada una de diferente composición histórico-cultural, no era posible fusionarlas en una nación con un solo gobierno, despótico, por demás. Se imponía, pues, una separación pacífica, si fuese posible, o violenta, si se producía alguna resistencia por parte de los dominadores, para luego proceder a la proclamación de una República libre y soberana.

Recuérdese que a su llegada al puerto de Santo Domingo en el año 1832, cuando sus familiares y amigos inquirieron acerca de qué le había impresionado más durante su estada en Europa, Duarte respondió: «los fueros y libertades de Barcelona; fueros y libertades que espero demos nosotros un día a nuestra Patria». Esa respuesta constituye una clara evidencia de queDuarte se había convertido en un auténtico nacionalista y en un romántico por excelencia y que al momento de reitegrarse al lar nativo ya estaba decidido a emprender la lucha por la liberación de su pueblo.

En su Proyecto de Constitución, al referirse a los Poderes del Estado, Duarte consideró que éstos debían ser cuatro y no tres, pues además de los clásicos poderes Ejecutivo, Judicial y Legislativo, juzgó apropiado incluir el Poder Municipal.Sin duda, Duarte había sido influenciado por los postulados políticos de la Constitución de Cataluña de 1702; y si se analiza meticulosamente su proyecto de Ley Fundamental, en algunos de sus artículos (incluso en la forma en que están redactados), podrá advertirse cierta coincidencia con la Constitución del Principado de Cataluña a que he hecho referencia. Existe consenso, además, entre los estudiosos de la vida de Juan Pablo Duarte, de que éste tuvo conocimiento del texto de la Constitución de Cádiz de 1812 y es casi seguro que lo tuviera como modelo para redactar su célebre Proyecto de Ley Fundamental.

Juan Pablo Duarte, es innegable, devino un fiel intérprete de las corrientes políticas más avanzadas de su época, que desde la vieja Europa irradiaban hacia el llamado Nuevo Mundo. Al referirse a los derechos inalienables del pueblo dominicano, concibió la independencia nacional como «la fuente y garantía de las libertades patrias, la Ley Suprema del Pueblo Dominicano». La nación dominicana era, para Duarte, «la reunión de todos los dominicanos»; y de conformidad con su esquema político liberal, el pueblo dominicano debía ser «siempre libre e independiente de toda dominación extranjera» y jamás «patrimonio de familia ni de persona alguna propia y mucho menos extraña».

A diferencia del sistema monárquico, de naturaleza unipersonal y despótica, el modelo de gobierno que Duarte anheló para su pueblo fue el democrático, republicano y representativo: «Puesto que el Gobierno se establece para el bien general de la asociación y de los asociaos ?escribió-, el de la Nación Dominicana es y deberá ser siempre y antes de todo, PROPIO y jamás ni nunca de imposición extraña bien sea ésta directa, indirecta, próxima o remotamente; es y deberá ser siempre POPULAR en cuanto a su origen, ELECTIVO en cuanto al modo de organizarle, REPRESENTATIVO en cuanto al sistema, REPUBLICANO en su esencia y RESPONSABLE en cuanto a sus actos. Una ley especial determinará su forma…»

Como puede constatarse, el credo político liberal de Juan Pablo Duarte no concebía compromisos de ninguna especie; ni admitía intromisiones de poderes extranjeros, salvo que se tratara de diáfanas relaciones entre Estados soberanos. Tampoco consentía que a cambio de alguna ayuda ?por perentoria que ésta fuese-, los dominicanos cedieran una sola pulgada de su territorio, porque ello constituía, según su particular cosmovisión, una precondición sine qua non para la ulterior ocupación de la isla completa.

Se ha discutido mucho en torno de si en 1844, tras la proclamación de la República Dominicana, los dominicanos tuvimos o no independencia plena. Incluso ha habido eminentes pensadores dominicanos, como Pedro Henríquez Ureña, quienes han sostenido que la independencia nacional se materializó luego de un largo proceso de gestación, nacimiento y desarrollo que se inició en 1821 y se cristalizó finalmente en 1874, cuando culminó la guerra de los Seis Años contra Buenaventura Báez y llegó a su término lo que el propio Henríquez Ureña denominó «el proceso de intelección de la idea nacional.»

Es evidente que, como todo gran acontecimiento histórico, la independencia nacional del pueblo de Santo Domingo no fue obra de unos cuantos hombres, ni mucho menos se materializó plenamente en un solo día. Se trató de un proceso social y político a través del cual el pueblo dominicano, fue adquiriendo conciencia de su verdadera identidad cultural e histórica y de su genuina vocación para vivir en democracia al amparo de un Estado nación libre e independiente bajo la modalidad de una República. Pero lo que no puede soslayarse, y ningún dominicano debe olvidar, es que el primer y más alto exponente del pensamiento liberal y nacionalista en el Santo Domingo de mediados del siglo XIX fue Juan Pablo Duarte, quien, según Emiliano Tejera, fue «el dominicano de gloria más pura,… el más grande entre los fundadores de la patria por la alteza de su concepción, la fecundidad de su labor y su desinterés y su abnegación imponderables.»

REFERENCIAS

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Balcácer, Juan Daniel: El pensamiento político de Juan Pablo Duarte. Santo Domingo, Cátedra Abierta Juan Pablo Duarte, Universidad Católica Santo Domingo, 1993.

Balcácer, Juan Daniel y García Arévalo, Manuel: La independencia dominicana. Madrid, Editorial Mapfre, Colección Independencias de Iberoamérica, 1992.

Borja, Rodrigo: Enciclopedia de la política. México, Fondo de Cultura Económica, 1998. Primera reimpresión.

Eccleshall, Robert et al: Ideologías políticas. Una introducción. Madrid, Editorial Tecnos, 1999, segunda edición.

Duarte, Juan Pablo: «Proyecto de Ley Fundamental», inserto en Apuntes de Rosa Duarte. Archivo y versos de Juan Pablo Duarte. Edición y notas de E. Rodríguez Demorizi, C. Larrazábal Blanco y V. Alfau Durán. Instituto Duartiano, Vol. I, Editora del Caribe, C. por A., 1970.

Duarte, Rosa: «Apuntes para la historia de la Isla de Santo Domingo y para la biografía del general dominicano Juan Pablo Duarte y Diez», códice mejor conocido como Diario de Rosa Duarte, inserto en Op. Cit.

Franco Pichardo, Franklin J.: Historia de las ideas políticas en la República Dominicana. Santo Domingo, Editora Nacional, 1981.

Hobsbawm, Eric: La era de la revolución, 1789-1848. Barcelona, Crítica, Grijalbo Mondadori, 1997.

Pérez Memén, Fernando: El pensamiento dominicano en la Primera República (1844-1861). Santo Domingo, Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, 1993.

Vicens Vives, J., Director: Historia de España y América Social y Económica. Los siglos XIX y XX. América Independiente, Vol. V, Barcelona, Editorial Vicens-Vives, 1972.

Vilar, Pierre: Historia de España. Barcelona, Editorial Crítica, 1978.

Palabras del historiador Juan Daniel Balcácer durante la Sesión Solemne celebrada en el salón de la Asamblea Nacional, en el Palacio del Congreso Nacional, con motivo del Bicentenario del Natalicio de Juan Pablo Duarte, viernes 25 de enero de 2013.

2013-01-30 05:46:40