Por Fernando Buitrago
En su análisis sobre la reciente visita del secretario de Estado Marco Rubio a República Dominicana, Leonel Fernández destaca la omisión de un tema crucial en la agenda de discusiones: el arroz. Mientras se abordaron asuntos como las tierras raras, la lucha contra la corrupción y la situación en Haití, no se discutió el impacto del DR-CAFTA en la industria arrocera nacional. Este tratado, firmado en 2004, estipula la eliminación gradual de los aranceles a la importación de arroz estadounidense, lo que pone en riesgo la producción local.
El contexto global ha cambiado radicalmente desde la firma del DR-CAFTA, y más aún con el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos el 20 de enero de 2025. Su administración ha retomado una política de proteccionismo extremo, desmantelando instituciones como USAID y reduciendo su participación en acuerdos internacionales. Bajo esta visión, cualquier intento de modificar el tratado para proteger la industria arrocera dominicana es, como mínimo, visto con recelo o directamente descartado por Washington.
La producción de arroz en República Dominicana es un pilar de la economía nacional, con 30 mil productores y más de 500 mil empleos directos e indirectos. Gracias a avances tecnológicos y nuevas variedades de cultivo, el país ha logrado la autosuficiencia en arroz. Sin embargo, el problema radica en la falta de competitividad frente a los productores estadounidenses, quienes reciben amplios subsidios del gobierno. Con la inminente apertura total del mercado en 2025, la industria local podría verse gravemente afectada.
Ante este panorama, el gobierno dominicano ha intentado frenar la desgravación arancelaria mediante negociaciones diplomáticas. No obstante, la respuesta de Estados Unidos ha sido tajante: cualquier modificación requeriría la aprobación de todas las partes del DR-CAFTA, algo que Washington no está dispuesto a conceder. En este contexto, la administración dominicana ha emitido el decreto 693-24, estableciendo medidas internas para mitigar los efectos de la liberalización del mercado, pero su efectividad a largo plazo es incierta.
Leonel Fernández concluye que la omisión del tema en la agenda con Marco Rubio es preocupante. Con Trump en el poder y su enfoque proteccionista en ascenso, la posibilidad de renegociar el tratado se vuelve aún más remota. Por ello, considera que el gobierno dominicano perdió una oportunidad clave para posicionar el arroz como un tema estratégico en las relaciones bilaterales con Estados Unidos, antes de que la apertura total del mercado genere consecuencias irreversibles para el país.
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