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MÁXIMO GÓMEZ, VÍCTIMA DE UNA OFENSA LIBRESCA EN CUBA ( y 3)



Diariodominicano.com

MÁXIMO GÓMEZ, VÍCTIMA DE UNA

OFENSA LIBRESCA EN CUBA ( y 3)

POR TEOFILO LAPPOT ROBLES

Esta es la tercera entrega de una mini serie de notas aclaratorias ante la acción abominable, envuelta en calumnias, de que ha sido víctima un ilustre dominicano que por sus méritos llegó a ser el General en Jefe del Ejército de Liberación de Cuba que enfrentó en condiciones desiguales, en la segunda mitad del siglo XIX, al poderoso ejército español.

Cuando en Biografía de un cimarrón se leen los dichos contra Máximo Gómez, puestos en boca del personaje Esteban Montejo, da la sensación de que fuera de la zoología, por ejemplo en una novela-relato, operan los icneumones. Esos animales, desde que perdieron su carácter sagrado para los antiguos egipcios, no han pasado de ser parásitos larvarios que depositan sus huevos en otros insectos.

El autor de la referida novela, Miguel Barnet, ha dicho sin que al parecer nadie se lo pidiera, que él mismo es un personaje de sus novelas, reconociendo en forma de pregunta que se trata de un acto de vanidad. Así lo expresó en el 1998, en su obra La fuente de la vida, al transcurrir varias décadas de la publicación del tema del cimarrón en el cual se escuda para decir barbaridades contra Gómez.1

En el mismo año en que dicho señor se reafirmaba implícitamente en sus prejuicios contra el Generalísimo de las guerras liberadoras de Cuba, Fidel Castro lo elogiaba así: «Máximo Gómez, una de las figuras internacionalistas más prestigiosas en la historia de América Latina.»

En su obra sobre esclarecimientos históricos titulada De Cristóbal Colón a Fidel Castro, Juan Bosch se refiere al posicionamiento sobre los alcances que hasta 1874 llevaba la guerra de liberación de Cuba. Concluye al respecto indicando que:

«El único jefe militar con visión nacional de la guerra, Máximo Gómez, no podía ser líder político, entre otras razones porque no era cubano.»2

Contrario a las pretensiones de disminuir la estatura histórica de Máximo Gómez, diferentes autores han resaltado las geniales maniobras de este adalid de origen dominicano.

En la comentada obra Bosch describe las operaciones bélicas que le permitieron a Gómez cruzar «…en enero de 1875 la trocha de fuertes que habían formado los españoles entre Júcaro, al sur, y Morón, al norte, y entró en Las Villas, donde organizó guerrillas y comenzó a desatar ataques y a levantar el espíritu revolucionario…»3

Esa trocha que Máximo Gómez pudo atravesar no era cualquier cosa, pues estaba cubierta de trampas y protegida por varios batallones con más de doscientos mil soldados españoles curtidos en guerras de ultra mar, así como bien apertrechados de armas de diversos calibres y abundante vituallas.

Ta importante fue la hazaña de Gómez en el largo tramo de esa trocha, que en la obra Fidel Castro Ruz Guerrillero del Tiempo su autora, Katiuska Blanco Castiñeira, recoge esta opinión evocadora sobre el padre español del personaje que le da nombre al libro: «Yo conozco la historia del viejo cuando era soldado y estaba en la Trocha de Júcaro a Morón, cuando la Guerra de la Independencia.»4

El Che y Cienfuegos en la ruta de Gómez y Maceo

Fuera por casualidad o por decisión programada, al parecer con el objetivo de honrar una de las hazañas bélicas de Máximo Gómez y Antonio Maceo, más de sesenta años después, tal y como lo hace notar en un libro sobre la Revolución Cubana triunfante en el 1959 el famoso periodista estadounidense Jules Dubois: «El 6 de octubre, exactamente a los sesenta y tres años del día en que el general Máximo Gómez, dominicano, y el general Antonio Maceo, cubano, siguieron el camino de Júcaro a Ciego de Ávila, el mayor Ernesto Guevara, argentino, y el mayor Camilo Cienfuegos, cubano, al final de una diferente clase de marcha de liberación, recorrían la misma ruta.»

Primera carga al machete

Una de las acciones militares de mayor significación histórica en Cuba, y que el mencionado autor de Biografía de un Cimarrón ni siquiera de manera tangencial toca en el referido libro, se efectuó cerca del poblado de Baire, en una zona rural llamada Tienda del Pino, en noviembre del 1898, en la cual Máximo Gómez al frente de cientos de mambises derrotaron con el filo de machetes a las bien entrenadas tropas españolas que usaban diferentes armas de fuego provistas de propelentes de proyectiles.

Sobre esa épica acción armada conocida en Cuba como la primera carga al machete, encabezada por Máximo Gómez, se han hecho varios documentales. De uno de esos productos de la cinematografía el famoso crítico de cine Eduardo López Morales publicó un comentario en el número 122 de la revista Cine Cubano, correspondiente al 1988, en el cual dijo, entre otras cosas, lo siguiente:

«Enriquece la verdad, la hace más carnal y creíble, despejándola de una connotación profesoral.»5

El enfoque lineal, simplista, malicioso y estructurado con mucha mala fe que despliega el autor del tema sobre un cimarrón contra la egregia figura de Máximo Gómez choca frontalmente con el profundo y objetivo análisis que hace el crítico y periodista cubano Joel del Río en su ensayo La primera carga al machete: narrativa de excepción en el cine cubano, en el cual expone «…el compromiso vertical del dominicano con los destinos de Cuba…la épica libertaria, la eticidad y pureza de los ideales alentados por Gómez en la gesta cubana.»6

Máximo Gómez no quiso ser presidente de Cuba

Al cesar los cañones y los lances personales con armas blancas en la Cuba de finales del siglo XIX, y a pesar de los rifirrafes propios de un momento inicial de la vida institucional de cualquier sociedad humana, estaban dadas todas las condiciones para que el más prestigioso hombre de armas de entonces fuera elevado al solio presidencial. Ese era Máximo Gómez, quien aunque era dominicano el pueblo cubano lo reclamaba para dirigir los destinos de esa nación.

No obstante esa opción válida y segura, Máximo Gómez no aceptó tan alta distinción, invocando su condición de dominicano, pero no se desligó de la suerte del pueblo cubano, permaneciendo allí como un orientador y referente moral para todo lo bueno que necesitara ese hermano país.

En una interesante biografía de Máximo Gómez, publicada en el tomo II de su obra Personajes Dominicanos, el historiador Roberto Cassá puntualizó lo siguiente: «Tuvo que terminar aceptando la misión de mentor moral de la naciente vida nacional cubana, colocado por encima de las pasiones y capaz de propugnar por la aplicación de los principios democráticos y revolucionarios.»7

Preclaros cubanos elogian a Máximo Gómez

En diferentes etapas de Cuba, a partir de la segunda mitad del siglo XIX hasta el presente, miles de cubanos de todos los niveles y credos políticos, de diversas maneras, han emitido expresiones laudatorias hacia la figura de Máximo Gómez. Sus expresiones son el muro de contención frente a las mentiras dichas por el referido señor que acusa a la más sobresaliente figura militar de las luchas libertarias de la Cuba de cuantas cosas malas le pasan por su mente enmarañada.

Mientras el autor de Biografía de un cimarrón chilla en su insólita mezquindad contra Gómez, José Martí, que era un hombre auténtico, le escribió una carta a su amigo Gonzalo de Quezada el 26 de abril de 1895 en la cual le expresaba que: » Gómez me ha cuidado en los detalles más humildes con perenne delicadeza. He observado muy de cerca en él las dotes de prudencia, sufrimiento y magnanimidad.»8

Un yunque sobre la falacia libresca que aparece en Biografía de un cimarrón fue lo escrito en su libro titulado Vida y obra del apóstol José Martí por el gran poeta, crítico, ensayista, investigador y narrador cubano Cintio Vitier al calificar a Máximo Gómez de «glorioso general» y de «baluarte insustituible.»9

Mientras el acusador de Gómez utiliza en su contra la mendacidad el gran José Martí, en su carta del 16 de diciembre de 1887, le pide al ilustre banilejo que lo ayude «para poner en posesión de su libertad a todo el pueblo cubano. Bien sabemos que todo eso debe estar en el espíritu de usted.»10

Eusebio Leal Spengler, Historiador de La Habana, amigo del pueblo dominicano y cuya cultura transciende con creces las muradas que delimitan la ciudad que con su tesón y sentido de la historia ha ido rescatando, se expresó el 17 de junio del 2019, ante la tumba de Gómez, en el Cementerio Colón de la capital cubana, así: «…un hombre al que todas las generaciones de cubanos ayer, hoy, siempre debieron y deberán conocer…Su aureola se convierte en leyenda…Es realmente Gómez un paradigma del servicio a la nación…Inseparable en nuestra memoria junto a Martí y Maceo…Siempre vivirás eternamente en nuestro corazón.»11

Está claro que el resentimiento de Barnet hacia la figura histórica de Máximo Gómez no le permitió descifrar la semiótica que se desprende de las opiniones que sobre el gran jefe militar emitió el sabio cubano Roberto Fernández Retamar al escribir sobre las guerras libradas para la libertad de Cuba.

Fernández Retamar, fallecido hace apenas cinco meses, quien fuera presidente de la Academia Cubana de la Lengua y de la prestigiosa institución cultural Casa de las Américas, y cuya facundia académica era altamente respetada allende los mares de su tierra natal, al referirse a la conocida como Guerra Necesaria (que él definió como «un magnífico esfuerzo no solo de independencia política frente a España, sino de integración nacional») puntualizó con precisión de hombre de concepto vertical lo siguiente:

«…La guerra estalla de nuevo el 24 de febrero de 1895 .Esta vez, organizada y dirigida por el radical José Martí, y comandada militarmente por hombres de extracción popular, como el dominicano Máximo Gómez y Antonio Maceo, ambos provenientes de la anterior etapa de la guerra…una guerra de liberación nacional y popular…»12

Un elocuente ejemplo de la extraordinaria capacidad militar de Máximo Gómez, en su lucha tenaz por la libertad de Cuba, la ofrece otro sobresaliente cubano, el general patriótico de origen dominicano Enrique Loynaz del Castillo, quien sobresalió en múltiples combates en pro de la soberanía de ese país hermano.

El general Loynaz del Castillo describe con gran brillantez y objetividad la técnica militar de marcha y contramarcha desarrollada exitosamente por Máximo Gómez: «por la mañana, el sol de frente; por la tarde, a la espalda.» Ya se sabe que en genial contramarcha hizo lo contrario y sorprendió a las fuerzas enemigas.

Loynaz del Castillo, al referirse en su obra publicada póstumamente Memorias de la Guerra, a uno de los tantos combates con armas blancas en los que participó Gómez expresó que: «…cuando llegamos a las bayonetas, ya el general Gómez entraba, adelantándose algunas varas con sus ayudantes y su brava escolta, el primero en blandir sobre aquellos duros cráneos su corvo acero. Allí le vieron los dignos, ejemplo arrebatador, destacando su marcial figura como un reto a la muerte, entre una aureola de fuego, general entre los héroes!»13

Antes de afear la memoria histórica de Gómez el diputado a la asamblea nacional cubana, varias veces mencionado en estas notas aclaratorias, debió leer el ensayo «Un instante decisivo en la maravillosa carrera de Máximo Gómez», escrito por Carlos Manuel de Céspedes Quesada, el ilustrado hijo del hombre que inició la Independencia de Cuba desde su central azucarero de La Demajagua, en el golfo de Guacanayabo en la fértil tierra de Manzanillo.

De Céspedes Quesada, en su discurso para ingresar en el 1930 como miembro de la Academia Cubana de la Historia se refirió a Máximo Gómez con las mayores expresiones de respeto y admiración, indicando que «la figura extraordinaria del último general en Jefe del ejército libertador, varón insigne, de ejemplares virtudes i coraje insuperable, era muy conocida por la resonancia que alcanzaron sus proezas como caudillo militar en la guerra de los diez años, cuando a darle nueva fama vinieron las no menos importantes realizadas por él en la segunda etapa de nuestra lucha por la independencia.»

Así continúa ese distinguido cubano, que fue brevemente Presidente de Cuba, describiendo al héroe Máximo Gómez: «El llevó nuestra bandera victoriosa, de uno a otro confin, en sus manos i en las broncíneas del gran Antonio Maceo, i nuevos triunfos acabaron de aureolar su frente de guerrero, consagraron su preclaro nombre entre los nombres de los grandes capitanes de su estirpe, i diéronle a conocer en todos los extremos de la tierra.»14

En su ensayo Máximo Gómez Íntimo, el polifacético periodista y afanoso investigador de la historia cubana Ciro Bianchi Ross dice de éste que era: «Enérgico, pero no arbitrario…Implacable con bandidos y ladrones…generoso con el vencido…Inflexible e inexorable en la línea del deber…Algunos le temen o le odian, pero inspira respeto, admiración y simpatía en la mayor parte de los hombres que combaten bajo su mando.»15

La revista Clío, órgano informativo de la Academia Dominicana de la Historia reprodujo en el año 1934 una reseña hecha por Félix Figueredo Díaz, general independentista cubano y médico personal de Antonio Maceo, en la cual ese combatiente por la libertad de su país al referirse al Generalísimo Máximo Gómez dijo:

«…cuando contemplaba su obra llevada a cabo, cuando irguiéndose sobre su gran caballo Cinco, tan valiente como él, iba a dar un grito de viva Cuba! Una bala le atraviesa la garganta i le corta la palabra.»16

El coronel Ramón Roa Travi, otro combatiente independentista cubano, que formaba parte de los ayudantes militares de Gómez, y que fue testigo presencial del momento en que se produjo la referida herida, anotó sobre ese hecho lo siguiente: «Enronquecido, echando sangre a borbotones por la boca, imperativo manda a su corneta de órdenes tocar-marcha a la bandera! i desde ese instante el territorio de Las Villas se encontró bajo los cascos de su caballo…»17

Españoles elogiaron a Máximo Gómez

Varios fueron los informes militares despachados desde Cuba hacia España en los cuales los gerifaldes coloniales, civiles y militares, reconocían las condiciones extraordinarias en los campos de batalla del dominicano Máximo Gómez. También desde los entorchados despachos madrileños lo veían como un enigma inexplicable.

El historiador y político andaluz Antonio Cánovas del Castillo, quien fue valedor del rey Alfonso XII, y una figura de primera fila en la política española en los tiempos en que el General en Jefe del Ejército Libertador de Cuba brillaba en los campos de batalla, sugería que los apuros militares de España en la mayor de las Antillas terminaban matando a Gómez y a Maceo. Con desparpajo y cinismo decía el malagueño: «La guerra de Cuba es sólo cuestión de dos balazos felices.»

Pero ese personaje de la vida política española proclamaba al mismo tiempo, desde Madrid, que «en Cuba no hai más que un general i ése es Máximo Gómez.»18

Lo anterior era en realidad un claro reconocimiento a la gran pericia militar y el temple del bizarro dominicano entregado a la causa liberadora de ese país hermano, situado de aquel lado del Paso de los Vientos.

Por su parte, el general Ramón Echangüe, con miles de tropas coloniales bajo su mando, proclamo desde el corazón de La Habana que: «Gómez i Maceo forman un ángulo recto porque el uno es complemento del otro. El dominicano es todo astucia: es una zorra. El mulato es todo valor. El uno es la cabeza i el plan; el otro es el brazo i la acción. De ahí su fuerza; de ahí su éxito.»19

Los mangos bajitos de Alix y los conejos de Cortázar

Al descubrir detalles sobre la vida del autor de Biografía de un cimarrón se capta que él cae perfectamente en el símil del Martín Garata descrito por el poeta popular dominicano Juan Antonio Alix. Se trata de aquel personajillo a quien le gustaba el mango, pero no se trepaba en «los cogollitos» de la mata a buscarlo. El encontraba «más sabroso/coger los mangos bajitos»…Don Martín dice también /que le gusta la castaña, pero cuando mano extraña/la saca de la sartén.»20

Biografía de un cimarrón, en los manchones que pretenden restar brillo al papel de Gómez en las luchas libertarias de Cuba, es un libro que tiene un trasunto a esos célebres once conejitos que describe Julio Cortázar en su primer libro, titulado Bestiario, que luego de quebrar los resortes de control se convirtieron en feos y lo rompieron todo.21

Antes de biografía de un cimarrón

Resulta al menos paradógico que el señor Barnet utilice los temas de la esclavitud y el cimarronaje en Cuba para colar sus ataques a Máximo Gómez, el gran soldado que dejó escrito: «Muy pronto me sentí yo adherido al ser que más sufría en Cuba y sobre el que caía una gran desgracia: el negro esclavo. Entonces fue que realmente supe que yo era capaz de amar a los hombres.»

La falta total de verecundia del poeta habanero mencionado arriba al lanzar su ataque ignominioso contra Máximo Gómez toma un nivel de irreverencia mayor cuando se coloca detrás de un ex esclavo negro para expulsar sus fementidas opiniones, desconociendo que el maltrato, incluso con sevicia contra los negros, fue una de las razones que llevó al máximo héroe militar de las guerras liberadoras de Cuba en el siglo XIX a transformarse en un hombre dispuesto darlo todo por una causa justa.

Así consta en otra de las notas que Gómez dejó para la posteridad, al señalar que fue en Cuba que observó «por primera vez, cuando con un látigo se castigaba, sin compasión, a un pobre negro…No pude dormir aquella noche…No hay diferencia de sangre ni de razas….Yo sólo creo en una raza: la humanidad!»22

Si lo anterior no bastara para entender el ideario del General en Jefe del Ejército Libertador, con relación a sus motivaciones para luchar por los que como Esteban Montejo fueron víctimas de la esclavitud, le agrego parte de lo que le dictó el 15 de agosto de 1896 a su amigo Fermín Valdés Domínguez, explicando su pensamiento, y que reprodujo su biógrafo Benigno de Souza Rodríguez en su ensayo Máximo Gómez el Generalísimo. Uno de sus impulsos para combatir por una Cuba libre fue «para buscar en ella la libertad del negro esclavo.23

Cuando el mentado autor de Biografía de un cimarrón echó sus grotescos párrafos contra Máximo Gómez ya tenía muchos años de publicado el libro del músico y gran escritor barroco cubano Alejo Carpentier Valmont titulado Écue Yamba Ó, en el que se describe de manera magistral la vida de los esclavos negros en Cuba, a través de los trazos biográficos de Menegildo Cue, con la diferencia que a ese gran novelista no le pasó por la mente utilizar a un esclavo para denigrar a uno de los hombres fundamentales de la historia de Cuba.

Así también ya se había publicado desde hacía muchos años la obra icónica del mismo Carpentier titulada El reino de este mundo, que al principio da la impresión de tener un alcance limitado a la sociedad haitiana, pero cuya dimensión cubre a toda América Latina y el Caribe. La grandeza de Gómez fue luchar por la libertad de Cuba, en cambio la pequeñez de Barnet es pretender quitarle méritos.

En El reino de este mundo ese gran autor cubano que fue Carpentier dejó escrito para la posteridad un mensaje ecuménico:

«…la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es…En imponerse tareas…el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en El Reino de este Mundo.»24

El tiempo que tuvo Máximo Gómez en los fragores de la guerra en la manigua cuban los dedicaba a enfrentar con plena valentía a los enemigos colonialistas. Muy diferente a la vida del desorejado calumniador que ha motivado estos comentarios, cuyas actividades sicalípticas son muy comentadas en círculos pensantes de La Habana.

En las entrelíneas del referido libro se descubren muchas cosas, entre ellas que para su autor nada significa la frase de José Martí dicha en interrogante ¿pensar, qué es, si no fundar?

Es demasiado pedirle a quien no tiene una ordenación de la escala axiológica para ponderar a Máximo Gómez y su significado en la historia de la mayor de las Antillas que se retracte de sus calumnias contra el General en Jefe del Ejército Libertador de Cuba.

Para aclarar el contenido de su mentado libro, que es un libelo infamatorio al menos en las hojas en que aparece Máximo Gómez, el señor Barnet es incapaz, por la tozudez de su carácter, y otras sin razones conocidas en él, de usar como pie de amigo el mensaje subliminal la esclarecedora obra que lleva por nombre Influencia del pensamiento español en la filosofía cubana de la primera mitad del siglo XX.

En dicho libro su autor, Félix Valdez García, analiza con profundidad gran parte de los elementos que conforman el ser cubano, desde el roce con las ideas de Ortega y Gasset en el ámbito del perspectivismo, así como la parte de la fenomenología que desarrolló el filósofo alemán Edmund Husserl, o si se quiere hacer una parada en la rama del existencialismo de dos sabios también alemanes como fueron Martin Heidegger y Karl Theodor Jaspers, para no habar del institucionalismo del escritor y filósofo francés Henri Louis Bergson. Aunque es un libro de filosofía tiene muchas claves para entender el pasado y el presente de Cuba.25

Después de leer las explicaciones que el señor Barnet hizo en el 1998 para tratar de justificar su mentada obra queda claro que o no leyó o no entendió la sustancia de la referida obra que versa sobre la filosofía del ser cubano.

Pertinente es hacer constar que al escribirse dicho libro en el 1963, y su autor estar adherido como una lapa, desde antes, al aparato estatal cubano, no puede argüir que su contenido anti Máximo Gómez se trate de contradicciones epocales, pues el propio Fidel Castro Ruz dijo que los rebeldes de Sierra Maestra se inspiraron en las luchas de Martí, Gómez, Maceo, Céspedes, Agramonte y otros líderes del pasado cubano.

Del resultado de esas luchas a Barnet le ha correspondido libar las mieles del poder, aunque tenía edad para haber subido a las montañas luego del desembarco del Granma, pero parece que para entonces había leído la décima Los Mangos Bajitos del poeta popular dominicano Juan Antonio Alix.

Dicen que el detractor contemporáneo de Máximo Gómez nunca ha atravesado un campo minado de zarzales ni su piel ha hecho contacto con una rama del marabú, ese arbusto que crece en masas en los pastizales cubanos. A quien él detracta sí le tocó recorrer las praderas de Cuba exponiéndose a todos los peligros en medio de bosques, áreas forrajeras, llanos y lomas.

Sin embargo, y muy lejos del fango en que Barnet lo ha ubicado, fue ese mismo bizarro jefe militar quien escribió, en una advertencia titulada Previsión, que la libertad y la independencia de Cuba y República Dominicana estaban vinculadas por cercanía geográfica y por vínculos de hermandad. En ese mismo texto Máximo Gómez advertía, cuando las tenazas de los Estados Unidos de Norteamérica giraban amenazantes hacia Cuba, sobre los peligros que envolvían los pretextos, el oro y los cañones de ese poderoso país.

Uno de los dos balazos sufridos por Máximo Gómez, en los 235 combates en los que participó, se produjo el día de Reyes de 1875, luego de enfrentarse a 24 batallones españoles en una maratónica jornada extendida a muchos días y después de cruzar una de las temibles trochas fortificadas por los colonialistas españoles en amplias franjas del territorio cubano.

Carlos Manuel de Céspedes, cuya figura histórica tiene rango de Padre de Patria de Cuba, por su acto inicial de liberar, el 10 de octubre de 1868, en su central conocido como La Damajagua, a sus esclavos y con ello dar inicio a las luchas armadas libradas para liberar a Cuba del yugo colonial español, desde que conversó brevemente con Gómez le otorgó el rango de Sargento y lo colocó al frente de hombres armados.

Al poco tiempo el mismo Céspedes le otorgó el rango de coronel, tomando en consideración sus condiciones marciales y su capacidad organizativa. El coronel Donato Mármol, que controlaba el poblado de Jiguaní se opuso con alegatos chauvinistas a esa decisión, pero rápidamente tuvo que reconocer su error al comprobar la capacidad bélica del hombre que terminaría siendo el General en Jefe del Ejército Libertador de Cuba.

El poeta Hilarión Cabrisas pudo escribir de Gómez, como de Maceo, «lo vio peleando/la manigua ardiente.»26

Bibliografía:

1-Para llegar a Esteban Montejo: los caminos del cimarrón. Libro La fuente de la vida. Editorial Letras Cubanas, 1998.Miguel Barnet.

2-De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial. Editora Alfa y Omega. Cuarta edición,1983.P604. Juan Bosch.

3-Ibídem. P605.

4-Fidel Castro Ruz guerrillero del tiempo. Primera parte, tomo I. Versión dominicana de Editora Búho, 2012.P131. Katiuska Blanco Castiñeira.

5-Revista Cine Cubano. No.122, 1988.Eduardo López Morales.

6-Revista Cine Cubano No.172.Abril, junio 2009.Pp2 hasta 15. Joel Del Río.

7-Personajes Dominicanos. Tomo II.Pp210 y 211.Editora Alfa y Omega, 2013.Roberto Cassá.

8-Martí en Santo Domingo. Gráficas M. Pareja, Barcelona, España, segunda edición 1978.Emilio Rodríguez Demorizi.

9-Vida y obra del apóstol José Martí. Centro de estudios martianos. Fondo cultural del Alba, 2006.Pp4 y 295. Cintio Vitier.

10-Carta de José Martí a Máximo Gómez.16 de diciembre de 1887.

11-Discurso ante la tumba de Máximo Gómez, Cementerio Colón, La Habana, Cuba.17 junio 2019. Eusebio Leal Spengler.

12-Cuba defendida. Editorial Letras Cubanas, 2004.P89. Roberto Fernández Retamar.

13-Memorias de la Guerra, 1989.Enrique Loynaz del Castillo.

14- «Un instante decisivo en la maravillosa carrera de Máximo Gómez». Discurso de ingreso en la Academia Cubana de la Historia. 1930. Carlos Manuel de Céspedes Quezada.

15- Máximo Gómez Íntimo. Periódico Juventud Rebelde. La Habana, Cuba, 24 noviembre 2018.Ciro Bianchi Ross.

16- Memoria del general cubano Félix Figueredo Díaz. Reproducción en Revista Clío. Academia Dominicana de la Historia. Mayo y junio 1934.P82 .

17-Ibídem.P 82.

18-Obras Completas. Fundación Cánovas del Castillo, 1997. Antonio Cánovas del castillo.

19-Reportes Militares del general Ramón Echangüe. La Habana,1895.

20-Los mangos bajitos. Inserto en el libro «Eso e paja pa la gaisa y otras décimas». Editorial Galaxia, 2005. Juan Antonio Alix.

21-Bestiario. Editorial Alfaguara. Julio Cortázar.

22-Vetilio Alfau Durán en Clío. Escritos II.P343.Editora Corripio. Vetilio Alfau Durán.

23-Máximo Gómez el Generalísimo. Editorial Trópico, 1936. P25. Benigno Souza.

24-El reino de este mundo. Editorial Seix Barral, Barcelona, 1986. Alejo Carpentier.

25-Influencia del pensamiento español en la filosofía cubana de la primera mitad del siglo XX. Instituto de filosofía. La Habana, 2002. Félix Valdez García.

26-«Maceo». Hilarión Cabrisas. Citado en el libro Yo me acuerdo.P168.Ediciones Universal. Miami,1993. José Pardo Llada.

2020-01-03 23:26:47