Por Noemí Galbán
LA HABANA, 24 ene (Xinhua) — Durante casi seis décadas el Premio Literario Casa de las Américas, uno de los más antiguos y de prestigio en el continente, ha convocado a escritores comprometidos con su realidad y defensores de las raíces que conforman a una región tan diversa como compleja, tan fascinante como conmovedora y tan desigual como semejante.
Desde 1960 el propósito ha sido el mismo, estimular y difundir las obras de creadores latinoamericanos noveles y consagrados que reflejen la grandeza de lo cotidiano.
Empeñados además en contribuir a que los pueblos se reconozcan entre sí, privilegien lo significativo en un mundo abrumador y enaltezcan la relevancia de aquello desconocido por muchos pero no menos impactante y enriquecedor.
En entrevista con Xinhua, la escritora Marta Aponte Alcina (jurado de cuento 2018), reconoció que se trata de un certamen «histórico», una plataforma que ha trascendido en el tiempo a pesar de las dificultades económicas, porque privilegia a esos autores que honran su cultura, sus tradiciones y su entorno.
«Es un espacio que diría muy necesario al tiempo que reducido. Por el mismo hecho de la producción y difusión de la literatura en un mundo globalizado por las grandes empresas literarias que buscan publicar best sellers u obras de autores del establishment», destacó la cuentista, novelista y crítica puertorriqueña.
Al respecto, el narrador y periodista argentino Ariel Urquiza, también jurado en la categoría cuento en esta 59 edición, manifestó que ahí radica la importancia del Premio Casa de las Américas.
Un concurso que evade el protagonismo de esos autores del «mainstream» demandados por las grandes editoriales, no tanto por el talento o las temáticas que abordan, sino por los éxitos de ventas.
«Aquí tenemos obras de otro tipo, reflexivas e inteligentes. Este espacio busca premiar lo que denominamos la otredad, lo distinto, lo alternativo. La otra forma de interpretar lo que sucede en la región con sus virtudes y problemas, lo que es sin dudas una de las características que distingue a este certamen», subrayó.
De igual forma comentó a Xinhua que es un privilegio y un honor ser miembro del grupo de reconocidos creadores del continente que determinarán las obras ganadoras este año, porque le brinda la oportunidad, tanto a él como a sus colegas, de palpar el quehacer de escritores e intelectuales del área.
«Leer las obras en concurso va a permitirnos tener una idea de cómo está evolucionando la literatura latinoamericana, cuáles son los temas que más se refieren los escritores y nos da un panorama de hacia dónde va la literatura latinoamericana», apuntó.
En ese sentido, el autor, editor y catedrático argentino Saúl Sosnowsky, jurado de novela en esta 59 edición, señaló que el Premio Casa es uno de los marcadores de las letras no sólo dentro de la región sino en todo el mundo.
«Las obras que vemos aquí son un referente, una visión de lo que sucede en América Latina. Es la literatura la que en ocasiones dice las cosas que no pueden decir los políticos y en ese sentido es fundamental seguir cultivando las buenas letras», consideró en declaraciones a Xinhua.
En esta ocasión concursaron 400 obras de distintos países, de las cuales resultaron finalistas 200, las que son evaluadas por los jurados de cada categoría hasta el próximo 25 de enero cuando serán anunciados los premiados.
Aunque, como señalaron los entrevistados, lo más importante de la permanencia del premio y de la institución rectora que lo creó (Casa de las Américas), no es quien resulta ganador.
Lo verdaderamente relevante es romper el silencio, el desconocimiento y la hegemonía cultural ejercida por Europa y Estados Unidos sobre la creación y los artistas de la región durante siglos.
Es mantener pese a las dificultades un vestigio de honestidad por exaltar la literatura sin distinción de lengua, género o procedencia al premiar las obras de quienes están más interesados en «la suerte de sus pueblos que en la de sus palabras», como aseguró recientemente el reconocido cantautor cubano, Silvio Rodríguez.
Una búsqueda constante por «descolonizar la lectura» y mostrar al resto del planeta la existencia de una intelectualidad talentosa y crítica, capaz de producir piezas que buscan «rehabilitar el discurso cultural latinoamericano» y dejar como principal legado una obra capaz de «rehumanizar» a lectores y escritores.
El Premio Literario Casa de las Américas se llamó en sus inicios Concurso Literario Hispanoamericano, luego tomó el adjetivo Latinoamericano en 1964 cuando comenzó la participación de autores brasileños y un año más tarde adoptó su nombre actual.
En las primeras ediciones se contemplaron los géneros tradicionales de poesía, cuento, novela, teatro y ensayo para posteriormente ampliar el espectro a otras categorías como el testimonio, literatura para niños y jóvenes, brasileña e indígena, así como caribeña de expresión inglesa y francófona.
«Eso no existe en ningún otro premio literario en América Latina. Lo importante es comprender que esos países de otra lengua también son parte de nuestra región, de nuestra identidad y su literatura es necesaria para comprender la realidad latinoamericana y caribeña», resaltó el intelectual argentino Ariel Urquiza.
Gracias a este empeño por dar espacio y voz a los creadores más diversos y comprometidos, el mundo conoció a destacadas personalidades como la Premio Nobel de la Paz y líder indígena guatemalteca, Rigoberta Menchú.
También a escritores como Roque Dalton (El Salvador), Jorge Enrique Adoum (Ecuador), José Soler Puig (Cuba), Alfredo Bryce Echenique (Perú), Antonio Skármeta (Chile) y otros, quienes tuvieron su lanzamiento internacional y posterior consagración a través del Premio Casa. Fin
2018-01-24 23:19:31