Cultura

MELLA: HÉROE DE GENIO VIVAZ

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

El insigne patriota dominicano Matías Ramón Mella cumplió recientemente (25 de febrero del 2018) 202 años de haber nacido en la ciudad de Santo Domingo. Murió en Santiago, el 4 de junio de 1864, con apenas 48 años de edad.

Como es de conocimiento general él integra junto con Juan Pablo Duarte y Francisco del Rosario Sánchez el cuadro de honor de los héroes de la Independencia Nacional, con la categoría suprema de patricio.

A Mella le cupo el honor, por su tenacidad y reciedumbre, de ser el iniciador del fuego redentor que libró al pueblo dominicano de la pesadilla de la ocupación haitiana. Lo hizo en momentos de vacilación de algunos y ante la ausencia de no pocos previamente convocados para estar presentes en la Puerta de la Misericordia.

Un participante de esa epopeya dominicana, José María Serra, él mismo trinitario también, plasmó la escena así: «Comprometida es la situación, dijo Mella, juguemos el todo por el todo; y disparó al aire su trabuco.»

La noche del 27 de febrero del 1844, en un ángulo del fuerte San Gil, en la para siempre histórica Puerta de la Misericordia, el firmamento de nuestra Nación se llenó de una llamarada vomitada por un cañón accionado por el coraje y la resolución de este hombre-historia, que ya antes había sido apresado y purgó prisión en una cárcel de Puerto Príncipe, por órdenes del mismo presidente haitiano Charles Riviére-Hérard, lo cual acicateó más su vertical pensamiento independentista.

Mella figura en los anales de la historia dominicana con brillo propio. Desde el 8 de marzo de 1824 se conoce públicamente el valiente accionar de este personaje estelar de la historia nacional para combatir y eliminar el yugo extranjero que oprimía al pueblo dominicano. En esa ocasión participó en la acción conocida como la Conspiración de los Alcarrizos, cuya misión primaria era deponer a las impostoras autoridades haitianas. En la ocasión fue condenado a cinco años de cárcel.

A partir de su ingreso a La Trinitaria, que fue cuna primigenia de la Independencia Dominicana, jamás descansó en pro de la libertad de su pueblo, con una episódica y momentánea excepción. Su almanaque vital se cerró proclamando en su lecho de muerte las virtudes de la Patria bien amada.

Fue un hombre de acción y de pensamiento. Participó en la redacción, junto con Tomás Bobadilla, y fue firmante en compañía de más de 150 ciudadanos de reconocida connotación pública, del manifiesto del 16 de enero de 1844, mediante el cual los dominicanos expresaron su voluntad de ser libres, después de 22 años de ocupación del vecino del oeste de la isla.

Mella negoció hábilmente con los integrantes del movimiento haitiano denominado La Reforma, que con Charles Riviére-Hérard a la cabeza, y desde su bastión en Les Cayes, en el suroeste de Haití, se oponían al entonces todopoderoso Jean Pierre Boyer. Es decir que en conjunción con directrices de Juan Pablo Duarte logró penetrar los círculos del poder militar haitiano y crear fisuras entre ellos que fueron de beneficio para la causa independentista dominicana.

Matías Ramón Mella, que duró dos meses encarcelado en Haití, jugó un papel estelar tanto en la Primera como en la Segunda República.

Su intuición, en simbiosis perfecta con su preparación militar, le permitió en muchas ocasiones ser lo que los franceses denominan un «avant la lettre», vale decir que podía anticipar acontecimientos y en consecuencia colocarse junto a sus conmilitones en condiciones claves para sacar el mejor provecho en los combates.

Mella fue un gran estratega militar, creador de manuales de combates, experto en artillería, diestro

en la infantería y dotado de grandes atributos como político, llegando a escalar por méritos sobrados encumbradas posiciones tales como la Vice Presidencia de la República y el Ministerio de Guerra y Marina, entre otras funciones.

Su Manual de Guerra de Guerrilla fue el culmen de su doctrina militar para aniquilar a las tropas españolas que ocuparon el territorio dominicano en el nefasto período conocido como La Anexión (1861-1865) y de paso borrar con lija gruesa su pasado desvarío santanista.

Al analizar el referido manual elaborado por Mella se entienden mejor los muchos motivos que tenía el general anexionista español José Ariza para describir, desde una atalaya de amargura y frustración, el talante de los combatientes restauradores: «…son incansables para la guerra de pequeñas partidas, con que hostilizan sin cesar las marchas de las columnas y convoyes…disparando cuando les conviene y huyendo por la espesura del bosque…»(Ver número 186 de la revista Clío, julio-diciembre del 2013).

El historiador Rufino Martínez escribió un ensayo en septiembre del año 1935 en el cual expresó que Mella: «tenía porte garboso y aire militar».

Oportuno es subrayar que Mella, conjuntamente con José María Imbert y Francisco Antonio Salcedo, fueron los organizadores de la resistencia que en el norte del país contuvo a los haitianos en el glorioso 30 de marzo de 1844.

Por estar cumpliendo tareas patrióticas fuera de la ciudad de Santiago de los Caballeros el patricio Matías Ramón Mella no se encontraba allí en la citada fecha, pero probado está que el héroe de aquel memorable día, el referido general José María Imbert, dirigió los combates en diapasón con lo ordenado por él.

Con las directrices de Mella, el coraje de los andulleros de Sabana Iglesia, con su famoso grito de guerra «al machete carajo», al frente de los cuales estaba el aguerrido Fernando Valerio López y la tenacidad de cientos de otros dominicanos (entre los que sobresalieron Toribio Ramírez, Lorenzo y Dionisio Mieses, José M. López, José Nicolás Gómez, Ramón Franco Bidó y Marcos Trinidad, amén de los franceses Pedro Eugenio Pelletier y Achille Michel) fueron diezmadas las tropas invasoras del general Jean-Louis Pierrot antes de que, tragándose el anzuelo envuelto en un genial ardid de la inteligencia militar dominicana, éste precipitara su retorno a Cabo Haitiano creyendo que el presidente Charles Riviére-Herard había muerto en Azua.

Mella fue indeclinable seguidor de Duarte, en quien veía la figura cumbre de la dominicanidad, lo cual lo llevó a proclamarlo Presidente de la República, desde las estribaciones y mesetas de San José de las Matas.

Sufrió la incomprensión de muchos, especialmente de esos que siempre quieren compaginar trozos de verdades con grandes tramos de mentiras; fue víctima de la traición de no pocos y, además, fue objetivo constante del odio y la envidia de muchos enfermos de la gallardía ajena.

Mella sufrió cárcel, exilio y malquerencias, pero ese haz de fatalidades él lo veía como el tributo a pagar por su firme creencia en la libertad del pueblo dominicano, zafándose a tiempo de cualquier veleidad santanista o baecista.

De la vertiente creativa de Mella como genio militar, experto en trazar las pautas para salir con éxito en combates de manigua y parecerle al contrario que enfrentaba a un enemigo invisible, dice el historiador Vetilio Alfau Durán lo siguiente: «Concibió un plan de guerra de guerrillas, que dio el triunfo no solamente a la causa nacional, sino también a la antillana.» (Ver el ensayo titulado Heroico Trabucazo de Mella).

El historiador Frank Moya Pons precisa que fue en octubre del 1863 cuando Mella, en su calidad de Ministro de la Guerra, instruyó a los generales restauradores sobre el modo de combatir a las tropas españolas, reiterando y ampliando en enero de 1864 que la estrategia para vencer al poderoso ejército anexionista era «agobiarlo con guerrillas ambulantes…tirar pronto, mucho y bien, hostilizar al enemigo día y noche; interceptarles sus bagajes, sus comunicaciones, y cortarles el agua cada vez que se pueda…No dejándolos descansar ni de día ni de noche, para que no sean dueños más que del terreno que pisan…No dejarlos dormir ni de día ni de noche, para que las enfermedades hagan en ellos más estragos que nuestras armas…Nuestra tropa deberá, siempre que se pueda, pelear abrigada por los montes y el terreno y hacer uso del arma blanca…Si el enemigo se repliega, averígüese bien si es una retirada falsa, que es una estratagema muy común en la guerra…Si avanzan hágaseles caer en emboscadas y acribíllese a todo trance con guerrillas.»(Ver La Otra Historia Dominicana, páginas 311 y 312, Editora Búho, abril 2008).

Tan correcta era la visión de Mella sobre la pertinencia de mantener a las tropas enemigas en una especie de jaque doble, que hay consenso entre los cronistas de la Restauración con relación a que muchos de los cerca de 10,000 españoles muertos en nuestro país entre 1861 y 1865 lo fueron por diferentes enfermedades adquiridas aquí, especialmente por disentería, fiebre amarilla, paludismo y rámpano.

El eminente Emilio Cordero Michel, y con él otros historiadores dominicanos, han sostenido que la Guerra Restauradora tenía una composición múltiple al ser independentista, liberadora, social, antiesclavista y anticolonialista.

Matías Ramón Mella demostró en los hechos ese carácter multisectorial cuando en su patriótica proclama santiaguera del 16 de enero de 1864 dijo: «Dominicanos: Los días llegaron ya en que la España, única nación que se obstina en conservar esclavos, debe perder sus colonias en las Antillas. La América debe pertenecerse a sí misma.»

Por el resumen comprimido de la entrega patriótica de Mella a la causa de la Nación Dominicana, es más que merecido el himno que en su honor escribió el poeta Ramón Emilio Jiménez, al cual le puso música el compositor Julio Alberto Hernández, y que en parte dice así: «Fue tu espada la divisa del honor y del deber…Disparaste tu trabuco, despertando las conciencias y clamando redención».

En la toponimia dominicana existe un pequeño poblado con el nombre de este adalid de nuestras libertades.

La comunidad de Mella está enclavada en el suroeste del país, entre la Sierra de Bahoruco, y los municipios de Neyba, Cristóbal, Las Salinas y Duvergé. Geográficamente pertenece a la provincia Independencia.

En virtud de la Ley 687, del 14 de julio del 1974, la localidad de Mella fue declarada distrito municipal y el 22 de marzo del año 2004 fue elevada a la condición de municipio, por mandato de la Ley 144-04.

2018-02-26 14:15:03