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HÉROES Y MÁRTIRES DE JUNIO 1959 (Y II)

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HÉROES Y MÁRTIRES DE JUNIO 1959 (Y II)

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

A la llegada al país de los expedicionarios de junio de 1959 Trujillo era propietario de prácticamente todo, y seguía manteniendo un férreo control político, militar, económico y social sobre el pueblo dominicano.

Esa realidad generaba una cascada de situaciones que provocaron la derrota militar de los combatientes que vinieron a luchar contra la tiranía.

Los paniaguados del régimen de terror que imperaba en el país habían endiosado al sátrapa, haciendo extensivo para él lo que la doxología define en términos de la oración cristiana por excelencia como máxima alabanza al Creador, en tanto dueño del reino, del poder y la gloria.

Desde el 1930 el tirano había convertido a la nación dominicana en una especie de locomotora de su propiedad, y él era la tornamesa que la hacía girar hacia la dirección que le conviniera a sus intereses particulares, con sus caprichos y antojos.

Esa desgracia nacional tuvo un punto de partida final en junio de 1959, puesto que antes de dos años Trujillo fue obligado a montarse en el tren de la muerte para no volver jamás.

A través de los años se han ido ampliando las fuentes que revelan el tejemaneje que tanto aquí como en varios países del Caribe hizo la tiranía trujillista para hacer fracasar en términos militares la invasión de junio de 1959.

Rindieron sus frutos las dádivas de la tiranía a diferentes personas que coincidían en su baja estofa, y que se movían aquí y en el exterior, aunque el disfrute de esa victoria pírrica fue por breve tiempo. En menos de dos años se derrumbó lo que muchos creían eterno.

Ya había antecedentes sobre lo anterior, puesto que los entrenamientos en Cayo Confites, en la costa atlántica frente al territorio agramontino, que hace parte del archipiélago Sabana-Camagüey, en el centro-norte de Cuba, concluyeron en fracaso en septiembre de 1947.

Esa es una historia larga que contar. Como simple pincelada digo que el objetivo de los que se preparaban militarmente allí era venir a combatir con las armas en las manos al mal apodado perínclito de San Cristóbal.

Ese proyecto liberador fue abortado principalmente por los sobornos que recibió de la satrapía criolla el jefe del Ejército de Cuba Mayor General Genovevo Pérez Dámara, quien era, además, un viejo cúmbila del entonces presidente de ese país Ramón Grau San Martín. Otros, como los tristemente célebres Rolando Masferrer y José Manuel Alemán Casharo, también torpedearon el proyecto que pudo ser el fin del gobierno despótico que oprimía al pueblo dominicano.

La expedición del 19 de junio de 1949, llamada de Luperón, también fracasó. El frente de resistencia interna fue infiltrado por el régimen con varios chivatos encabezados por un tal capitán Antonio Jorge Estévez.

Joaquín Balaguer, para la fecha embajador dominicano en México, obtuvo importantes revelaciones de un delator español. Remitió el contenido de ese chivatazo a Santo Domingo, donde fue de gran utilidad para la dictadura, pues pudo bascular por diferentes vías para frustrar el nuevo intento de liberar a los dominicanos de sus garras.

De cinco aviones proyectados para aterrizar el 19 de junio de 1949 en diferentes lugares del territorio nacional sólo descendió uno procedente de Guatemala. Dos nunca despegaron; una tormenta provocó que otro hiciera tierra en la península de Yucatán y el quinto tomó un sospechoso rumbo hacia la isla mexicana de Cozumel y de allí no levantó vuelo.

Lo que no admite ninguna duda es que los expedicionarios de junio de 1959 vinieron en busca de la libertad para el pueblo dominicano, conculcada por décadas por alguien que Juan Bosch en su obra Poker de Espanto en el Caribe definió así: «Trujillo resultó una encarnación abrumadoramente perfecta de los vicios nacionales en una alma de fortaleza demoníaca…»1

Un esbirro al servicio de la tiranía, llamado Víctor Alicinio Peña Rivera, vinculado a muchos crímenes en el Cibao, escribió un libraco titulado Historia Oculta de un Dictador. Trujillo, en el cual hizo revelaciones vinculadas con las expediciones de junio de 1959.

Ese desalmado, vinculado con el asesinato de las hermanas Mirabal y muchas otras personas, expresó que el gobierno dominicano sabía por anticipado que «se preparaba un nuevo movimiento de invasión para derribar el gobierno de Trujillo…»Dijo más: «Castro había encomendado preparar la invasión del territorio dominicano…Los servicios de vigilancia interna fueron reforzados…En mayo del año 1959 se recibió una voz de alerta…El peligro de la invasión era inminente….los pocos contactos que los invasores habían hecho en territorio dominicano, para recibir ayuda localmente, estaban bajo nuestro absoluto control: presos en una cárcel de la capital.»2

Es importante divulgar por aquí que pelotones correspondientes a la vigésima octava Compañía de Armas Auxiliares del Ejército Dominicano, a cargo del mayor Enrique Pérez y Pérez (quien posteriormente escaló la cima del poder militar del país y ahora es nonagenario), fueron estacionados en todo el perímetro de las bahías La Isabela, Maimón y otras adyacentes.

Esos soldados tuvieron un papel muy activo en los crímenes a mansalva de decenas de expedicionarios que fueron previamente capturados en el arco que cubre aldeas, cerros y bosquesitos situados entre Estero Hondo, El Estrecho, Saballo y San Marcos.

Gastos del régimen en armamento

A partir de 1962 se supo, por relatos de cabilderos, publicistas y altos burócratas del ancien régime, que para repeler a los integrantes de La Raza Inmortal que llegaron por Constanza, Maimón y Estero Hondo el gobierno de fuerza invirtió más 60 millones de dólares en la adquisición de armamento a traficantes internacionales; así como por compra de voluntades a una caterva de sujetos de todos los pelajes que se movían en los EE.UU., Cuba, Haití Venezuela y Puerto Rico.

Es harto conocido que en la jefatura de alias Chapita era algo sistémico hacer cuantiosos gastos en propaganda y sobornos. Así fue desde el principio hasta el final de sus largos, pesados y sangrientos 30 años de terror gubernamental. Eso se incrementaba en determinadas coyunturas internas o externas, como ocurrió antes y después de junio de 1959.

Pruebas de lo indicado en el párrafo anterior, incluso con nombres y fechas, fueron divulgadas por el filósofo y politólogo cubano afincado en el país Elíades Acosta Matos en su libro Un leviatán tropical: las redes clientelares de Trujillo en América Latina y el Caribe.3

Señales de locura

Se han realizado estudios especializados, con pruebas científicas, que demuestran que Trujillo fue afectado sicológicamente por la llegada a tierra dominicana de los expedicionarios de junio de 1959.

El espíritu cargado de veneno del tirano sufrió a partir de entonces un sacudión que le removió neuronas, alterando su sistema nervioso y llevándolo a cometer, como registra la historia, actos más irreflexivos y descabellados que antes.

El siquiatra Lino A. Romero, en un libro titulado Trujillo. El hombre y su personalidad, (con muchas imprecisiones en detalles de la historia, pero claro en los conceptos atinentes a la siquiatría) dice lo siguiente: «Cabe señalar que aunque tanto las gestas internas como las invasiones no lograron su propósito de derrocar al régimen, sí lo afectaron psicológicamente…»4

La matanza de los expedicionarios de junio de 1959, capturados o rendidos en diferentes sitios del país, era una nueva demostración del siquismo del autócrata y de varios de sus más cercanos colaboradores.

Válida para comprender los meandros de esa y otras orgías de sangre fue la descripción hecha por Joaquín Balaguer, uno de los más visibles áulicos del déspota, quien en su obra La palabra encadenada narra que:

«…Trujillo trazó con la mano un semicírculo alrededor de su cuello y pronunció las siguientes palabras: «yo no creo más que en esto.»…La eliminación física de todo aquel a quien él consideraba en un momento dado peligroso para la subsistencia del régimen, fue uno de sus métodos favoritos…Trujillo se aterrorizaba ante la idea de que sus compatriotas perdieran el temor. El miedo era la base sobre la cual se apoyaba el régimen.»5

Las torturas de Ramfis y otros matones

En el frente directo de las torturas y asesinatos contra los integrantes de las incursiones patrióticas de junio de 1959 estaba Ramfis Trujillo, quien al parecer pretendía sobrepasar en perversidad a Iván IV, apodado El Terrible, el violento zar ruso que en el siglo XVI protagonizó innumerables festines de fieras, uno de ellos en el 1568 cuando apuñaló y descuartizó al príncipe Federov, a seguida de lo cual ordenó matar a la mujer, hijos y familiares más cercanos de éste, como también hizo con muchísimos otros.

Los crímenes de Ramfis y su clan de matones no sólo quedaron en la impunidad, sino que muchos de ellos ni siquiera fueron registrados, impidiendo así que las futuras generaciones conocieran esa etapa de terribles sufrimientos que vivió el pueblo dominicano. En el caso del bárbaro zar eslavo su condición de siniestro y cruel sí quedó patentizada para la posteridad en películas y libros. Cito un ejemplo: la impactante cinta cinematográfica titulada Iván El Terrible del gran director letón de origen judío Serguei Eisenstein.6

Muchos testimonios confirman que el suplicio a los guerreros sobrevivientes de la gesta de junio del 1959 fue terrible, incluyendo la extracción de piezas dentales con alicates y sin anestesia, meterles fósforos en las uñas, inmersión en las bravas aguas del mar Caribe para simular ahogamiento, etc. El objetivo, además de la venganza per se, era llenar el ambiente criollo de un miedo cerval que hiciera aflorar en su máxima expresión en otros el instinto de conservación individual bajo diversas modalidades de abyección.

En su obra Mis 20 años en el Palacio Nacional Junto a Trujillo y otros gobernantes dominicanos el reputado periodista seibano Manuel de Jesús Javier García, que comenzó su reportería palaciega en el 1956, revela la confesión que le hizo un antiguo militar muy cercano a Trujillo.

Así lo difundió Javier García: «Fue cierto que en San Isidro se amarraron a prisioneros de la cola de un caballo y se descargaron armas para que el animal saliera huyendo y descuartizara a los indefensos guerrilleros que ofrendaron sus vidas por la libertad de su país.» Javier García concluye esa crónica así: «Trujillo dominó las invasiones y dio pruebas palpables de su crueldad al masacrar a indefensos hombres detenidos por su ejército. Pero las cosas no volvieron a ser iguales para Trujillo, pues las gestas de junio de 1959 prendieron una llama en favor de la libertad que jamás se ha extinguido en el país.»7

Pienso que el poeta y periodista Enriquillo Sánchez, al inventar a Porfirio Funess como protagonista esencial en su novela Musiquito, quiso dejar un retrato exacto del comportamiento criminal de aquel Ramfis Trujillo que dirigió, entre otras, la matanza de los héroes y mártires de junio de 1959. No sólo buscaba el autor motivar en su mensaje novelesco una cercanía con Funes el memorioso, aquel personaje de ficción creado por Borges que tenía su memoria «como vaciadero de basuras.»

Así escribió Enriquillo Sánchez Mulet en su primigenia novela Musiquito: «En la madrugada, cuando los gallos no ocupaban aún los navíos húmedos de la noche, Musiquito dirigía el piquete de ejecución y cantaba…¡Preparen! ¡Apunten! ¡Fuego! Lo decidió Funess. Quiso untarle las manos de sangre, pero lo que hizo fue untarle de mierda el corazón.»8

Generalidades

Una mirada panorámica y un análisis global de la tiranía trujillista demuestran que nada fue igual en el país a partir de junio de 1959. En esa fecha comenzó la cuesta hacia el punto de desaparición de ese régimen oprobioso.

Las imágenes, aunque fragmentadas, de las matanzas de los expedicionarios fueron como espoletas levantadas que hicieron estallar las granadas que sostenían a Trujillo y sus secuaces.

El aterrizaje de un avión en Constanza el 14 de junio de 1959 y el desembarco frustrado de dos motonaves, seis días después, en las bahías de Maimón y La Isabela, fueron hechos de gran envergadura histórica.

El impacto de aquello desbordó el marco del desenlace militar, como quedó demostrado en menos de 24 meses, teniendo como culmen la muerte del cabecilla de la tiranía y la aniquilación de la misma.

Como no hay suficiente información documental que permita avalar muchas de las versiones relacionadas con la hazaña de los paladines de junio de 1959, es pertinente acudir a los episodios de tipo general y escrutar en los personajes que hicieron parte de esos hechos.

Dicho lo anterior porque los nexos históricos juegan un papel clave para entender esos acontecimientos y sus consecuencias.

Si bien en la referida fecha no se percibían situaciones que luego se vieron, eso no invalida, a posteriori, el juicio de que aquella acción heroica era necesaria. Fue no sólo un acto de suprema valentía, sino de utilidad para el pueblo dominicano. La sangre derramada dio sus resultados.

Condenan a Fidel, Che Guevara, Betancourt, Raúl y otros

El 25 de noviembre de 1959, en una de sus típicas truculencias, el régimen trujillista realizó un juicio de minutos contra Fidel Castro, Rómulo Betancourt, Raúl Castro, Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Delio Gómez Ochoa y otros, bajo la acusación de atentar contra la seguridad del estado dominicano y una retahíla de otros tipos penales.9

Los acusados fueron condenados a 30 años de trabajos públicos y al pago de una indemnización de 100 millones de pesos. El tribunal que evacuó ese engendro judicial fue la Primera Cámara Penal de la capital dominicana, bajo la etiqueta de que los condenados eran «los autores intelectuales y materiales de las invasiones contra la República.»10

Con relación al líder político venezolano Rómulo Ernesto Betancourt Bello es oportuno decir que desde hacía más de una década Trujillo pagaba para que divulgaran en toda América Latina improperios y falsedades en contra del sobresaliente político guatireño.

Comunista, homosexual, dictador y cobarde fueron algunos de los calificativos usados para atacar a ese amigo del pueblo dominicano. Uno de sus más activos denigradores fue un tal Beltrán Martínez, quien incluso condensó su miasma en un libelo tipo folleto de 26 páginas titulado El Romulato.11

En resumen, la sangre derramada por los valientes que vinieron al país el 14 y el 20 de junio de 1959 sirvió de abono para el renacimiento del árbol de la libertad dominicana. Resaltar su ejemplo es un compromiso permanente. Es obligación de todo buen dominicano reverenciar su sacrificio y el de todos los que lucharon con objetivos parecidos antes y después del 27 de febrero de 1844.

Bibliografía:

1-Poker de espanto en el Caribe. Editora Alfa y Omega, 1990. P45.Juan Bosch.

2-Historia oculta de un dictador. Trujillo. Publicaciones América,1983.Pp241-245.Víctor A. Peña Rivera.

3-Un leviatán tropical: las redes clientelares de Trujillo en América Latina y el Caribe. Editora Búho, 2018.Pp196-210. Eliades Acosta Matos.

4-Trujillo.el hombre y su personalidad. Editora Búho, 2006.P268.Lino A. Romero.

5-La palabra encadenada. Editora Taller, segunda edición,1985.Pp349 y 350. Joaquín Balaguer.

6-Iván El Terrible, exhibida a partir de 1944.Director Serguei Eisenstein.

7-Mis 20 años en el palacio nacional junto a Trujillo y otros gobernantes dominicanos. Segundo tomo.Pp70-74. Manuel de Jesús Javier García.

8-Musiquito.Editora Taller, 1993.P163.Enriquillo Sánchez.

9-Comunicación del Secretario de Estado de Justicia Mario Abreu Penzo a la Secretaría de Estado de la Presidencia el 24 de noviembre de 1959. Citada por Eliades Acosta Matos en la página 753 de su obra La telaraña cubana de Trujillo, tomo II.

10-Comunicación de fecha 25 de noviembre de 1959 del Procurador General de la República, Luis A. Suero, al Secretario de Estado de la Presidencia Joaquín Balaguer, citada por Eliades Acosta Matos en la página 754 de su obra La telaraña cubana de Trujillo, tomo II.

11-citado en el libro un leviatán tropical: las redes clientelares de Trujillo en América Latina y el Caribe. Editora Búho,2018.P192. Eliades Acosta Matos.

2020-06-19 22:57:52