Cultura

ENRIQUILLO: DEFENSOR DE SU RAZA


El alzamiento de Enriquillo (cuyo nombre original era Guarocuya) fue el parteaguas de las luchas de los pueblos originarios del llamado Nuevo Mundo.

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

El cacique indígena Enriquillo, dotado con extraordinarias condiciones de guerrero, fue el personaje que en el año 1519 decidió sublevarse en las montañas del Bahoruco con menos de 500 de sus congéneres, entre ellos nitaínos, behiques y naborias para enfrentar a fogueados y feroces soldados de un imperio español entonces en expansión.

Mientras Enriquillo y sus seguidores estaban armados únicamente con coraje, flechas, hachas de piedras y guijarros de tamaño medio, los soldados españoles estaban ataviados con vistosa indumentaria bélica que incluía el uso de morriones, espadas de acero toledano, potentes armas de fuego de diferentes calibres, así como con otras armas silenciosas pero igualmente letales, tales como tifus, fiebre amarilla, sarampión y otras enfermedades que trajeron los ibéricos, todas letales para una población indígena que tenía su sistema inmunológico muy débil.

El alzamiento de Enriquillo (cuyo nombre original era Guarocuya) fue el parteaguas de las luchas de los pueblos originarios del llamado Nuevo Mundo.

Fue un enfrentamiento que ha impactado a estudiosos de la historia militar mundial, pues las flechas (sin calibraciones de arquería) no pudieron ser vencidas por el poder de fuego de los arcabuces ni por el brío de esas entonces máquinas de guerra que eran los caballos andaluces.

La rebelión de Enriquillo tuvo una mezcla de conciencia de las tropelías que ocurrían contra los de su raza y de indignación personal, pues él fue víctima directa de los abusos de Andrés Valenzuela, el sádico encomendero que entre otras cosas le robó su yegua Azucena, que tal era su nombre según el escritor Manuel de Jesús Galván; y en su propio caney, profanando su recinto familiar, violó a Mencía, su mujer, que a la vez era nieta de la cacica Anacaona.

«Entre los pobres y pocos bienes que tenía poseía una yegua…le tomó contra su voluntad el mozo tirano a quien servía, desto no contento con aquel robo y fuerza procuró de violar el matrimonio del Cacique y forzalle la mujer…» 1

Ante la protesta del agraviado por tales fechorías la justicia colonial nada hizo para castigar la afrenta, tal como ha quedado registrado en la historia de la época en que ocurrieron esos hechos.

El primer combate entre Enriquillo y sus seguidores con sus persecutores fue en las cercanías de un lugar que luego llevaría el nombre del bravo cacique rebelde. Según las crónicas de antaño dicho territorio, poblado de árboles, también tenía algunos pequeños desfiladeros con cantos rodados y todo tipo de piedras naturales que en manos de los indígenas se transformaban en mortíferos proyectiles cuando hacían diana en la anatomía de los gendarmes españoles.

GENIO MILITAR NATURAL

Es de rigor señalar que Enriquillo sabía leer y escribir. Unos buenos frailes católicos españoles, en un monasterio de Santo Domingo, se encargaron de esa noble tarea y dotaron al pequeño huérfano, nacido cerca del lago que hoy lleva su nombre, de algunos conocimientos generales, los cuales combinó con sus condiciones de innato estratega y táctico de guerra.

Esos conocimientos serían de mucha utilidad en el futuro del líder natural del cacicazgo de Jaragua, pues pudo desarrollar sus excepcionales condiciones como ser humano, tal y como se comprueba al analizar su hoja de vida.

Para colocar en una justa perspectiva el papel estelar de Enriquillo en la historia colonial se requiere una investigación a fondo. Hay que entresacar del material histórico disponible la paja del heno y apartar el humo vacuo de la mentira del fuego vivificante de la verdad.

Es que su hazaña no es para menos, puesto que Enriquillo nunca tuvo en sus manos un manual de guerra ni supo que existió, hace ahora dos mil quinientos sesenta y dos años, un experto militar y filósofo chino llamado Sun Tzu, autor de un conjunto de fórmulas tácticas y de análisis de estrategia bélica que después fueron compilados en un libro que desde su aparición es una especie de biblia militar, teniendo como premisa predilecta que «la máxima habilidad será salir victorioso sin derramar una sola gota de sangre. Esto se logrará frustrando los proyectos, programas y planes del contrincante.» 2

La genialidad de Enriquillo como combatiente en clave defensiva no pudo ser ocultada ni siquiera por los cronistas españoles. Los partes informativos que se conservan de esa época reflejan que la táctica por excelencia que él usaba para vencer siempre a los soldados hispanos era eludirlos hasta que agotaran sus energías y luego atacarlos con gran pericia y total eficacia, en recurrentes operaciones de retiradas y contra ataques.

Enriquillo fue uno de los precursores de la guerra de guerrillas en América, como también lo fue Tamayo, protagonista de primera línea en esa luminosa franja de dignidad que es la rebeldía ante la opresión.

Enriquillo ha sido considerado como «el primer rebelde de América». 3

El calificativo anterior es válido, pues él logró convertir la sierra del Bahoruco en el epicentro de una gloriosa gesta emancipadora que luego sirvió de inspiración a muchos otros pueblos de diferentes lugares del planeta Tierra.

Las tácticas bélicas creadas por el genio militar de Enriquillo forman desde entonces parte de la esencia de toda guerra de guerrillas. Ese estilo de combate ideado por él le permitió no perder ningún enfrentamiento. De ahí que su capacidad de movimiento, el fuego y el humo levantados en diferentes puntos geográficos para engañar al enemigo, y hasta sus creativas fintas de carácter guerrillero figuran en la sustancia misma de los más importantes manuales de guerra del mundo.

No resulta abundante señalar que fue él el verdadero creador de la guerra de guerrillas en América, esa forma de pelear atacando de sorpresa y sin ser visto, utilizando todo tipo de añagazas para mantener a raya a un enemigo con mayor poder de combate.

Al poco tiempo de su levantamiento Enriquillo logró, luego de debilitar al frente contrario, capturar a quien había sido su verdugo y profanador de su tálamo nupcial, el mencionado encomendero Andrés Valenzuela, el joven.

Dicho sujeto, que muy probablemente estaba con la cabeza gacha y con el cuerpo gelatinoso, enfundado a la usanza de los caporales coloniales en un típico sayo azul celeste con arandelas pectorales y faldamentos a medias piernas, pensando en una muerte inminente se le arrodilló a Enriquillo, y temblando de miedo ante el bravo líder indígena le pidió, con una sarta de zalemas, la clemencia que él no tuvo para cientos de sus encomendados.

La respuesta del formidable guerrero que era Enriquillo fue de antología:»Agradece Valenzuela que no te mato. Anda y no vuelvas acá. Guárdate.»

Ese comportamiento del referido encomendero español es típico de los que abusan cuando están en posición de poder y luego se le voltea la hoja. Un sabio florentino lo dijo con palabras inolvidables: «la naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y adyectos y humildes en la adversidad.»4

Exactamente eso ocurrió en el caso del episodio protagonizado por Enriquillo y Valenzuela en la sierra del Bahoruco. Otros muchos casos similares han ocurrido antes y después.

Enriquillo fue un digno continuador del concepto de dignidad y del espíritu de rebeldía de los negros quilombolas que, en el lejano 1503, desde sus aldeas de resistencia conocidas como quilombos, se sublevaron para plantar cara a los colonizadores españoles.

Ellos sembraron un hito sobre el cual se apoyó el más sobresaliente de los tainos del cacicazgo de Jaragua, y después de él otros muchos valientes tomaron el ejemplo de los oriundos del Gran Valle del Rift, en su vertiente africana.

Los alcances históricos de esa rebelión de los negros, traídos forzosamente de África en calidad de esclavos, quedan perfectamente retratados en el libro de Carlos Esteban Deive titulado Los Cimarrones del maniel de Neyba.5

CONVENIO DE PAZ ENRIQUILLO-BARRIONUEVO

Fue tan férrea, valiente e inteligente la actitud de Enriquillo, durante 14 largos años de insurrección, que en julio de 1532 la emperatriz doña Isabel de Portugal (actuando por ausencia de su esposo el emperador Carlos V) tuvo que intervenir para evitar que se prolongara más la impotencia y la vergüenza de las tropas españolas, las cuales nunca pudieron retener ni un palmo del territorio bajo dominio del jefe indígena.

La referida emperatriz designó a Francisco Barrionuevo como capitán general de la guerra de Bahoruco. Ese enviado especial llegó a Santo Domingo en el buque insignia del imperio español, con una dotación militar integrada por 200 hombres curtidos en guerras de ultramar, con una panoplia que incluía relucientes alabardas medievales, y con poderes específicos para poner término por la vía pacífica al alzamiento encabezado por Enriquillo.

El acuerdo de paz fue firmado por Enriquillo y Barrionuevo el 4 de agosto de 1533, en la isla lacustre Cabrito, en medio del lago que ahora lleva el nombre de tan insigne figura indígena.

En dicho convenio se estableció que a partir de ese momento quedaba abolido en la isla La Española el odioso sistema de esclavitud conocido como Las Encomiendas. Esa institución socioeconómica fue creada en mala hora, el 20 de diciembre del 1503, por cédula real de la reina Isabel La Católica.

Ese acuerdo primicial constituía implícitamente un reconocimiento al éxito de la primera insurrección de los aborígenes contra el imperio español, pues en el mismo se consignó que los indígenas de esta isla tendrían los mismos derechos que los españoles.

La historia registra que ante el despliegue de melindres del citado enviado imperial, el bravo luchador taino proclamó: «Yo no deseaba otra cosa sino la paz.»

Los antecedentes históricos son como manantiales donde se abreva con frecuencia cuando ocurren acontecimientos que de alguna manera impactan a los pueblos. Es por ello que no resulta abundante decir que el acuerdo entre Enriquillo y Barrionuevo bien pudo servir de inspiración para que 306 años después, el 31 de agosto de 1839, se produjera lo que se conoce como el abrazo de Vergara, pacto logrado entre los generales españoles Espartero y Maroto, con el cual se logró la pacificación del entonces revuelto norte español. De los pormenores de ese convenio entre isabelinos y carlistas da cuenta Francisco Pareja de Alarcón, en un ensayo publicado meses posteriores a su firma.

CONTROVERSIAS SOBRE LA HAZAÑA DE ENRIQUILLO

De los que han escrito sobre la rebelión del Bahoruco hay opiniones divergentes. Algunos incluso han llegado hasta a negar la trascendencia histórica del accionar de Enriquillo y cuestionan su condición de héroe para su raza.

Pienso que los pocos opinantes que pretenden desmeritar la insurgencia encabezada por Enriquillo sustentan sus análisis en retazos muy esparcidos de informes de los llamados cronistas de Indias, los cuales respondían a los intereses de la metrópoli.

Los que solo leyeron linealmente los informes farragosos y los relatos fantasmagóricos de los achichincles del entonces imperio español jamás lograron profundizar sobre esa hazaña. No podían hacerlo porque partieron de premisas falsas. Igual ocurrirá con quienes tengan en el futuro la misma simplista y acomodaticia línea de investigación sobre ese punto de nuestra historia.

No pocos pretendidos historiadores, publicistas y recopiladores sólo ven flecos y no sustancia en los hechos de los hombres. Por eso se equivocan tanto, algunos de manera aparentemente inocente, pero la mayoría es adrede.

Algunos de los que han querido disminuir la figura histórica de este personaje indígena lo han hecho en línea directa con la monotonía sonora de las urracas y las cotorras.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los historiadores que han abordado ese tramo de nuestro remoto pasado han sido juiciosos al analizar la epopeya de Enriquillo y sus aguerridos combatientes.

El objetivo de este trabajo no es analizar las obras más importantes que se han publicado sobre el apasionante tema del levantamiento de Enriquillo. Basta decir que aunque hace falta un estudio más profundo sobre lo que su extraordinaria acción significó para sus gentes y, por extensión, para todos los pueblos y grupos oprimidos del mundo, el balance histórico es muy positivo hacia su figura paradigmática.

Es importante resaltar que la rebelión protagonizada por Enriquillo en la sierra de Bahoruco acabó en la isla entonces llamada La Española con el oprobioso sistema de explotación de seres humanos conocido como Las Encomiendas. En otros lugares de América esa barbaridad duró más de 300 años.

Aunque también es verdad, y hay que decirlo, que la asonada dirigida por Enriquillo no impidió que fueran exterminados los miles de tainos, y de otros grupos indígenas que habitaban esta tierra caribeña a la llegada de los conquistadores españoles, tal y como quedó consignado en varios informes de la época. 6

Muchos por confusión, y otros por crear a propósito una nebulosa en torno a la figura histórica de Enriquillo, han querido presentarlo como un débil negociador, algo así como esos raros arbustos de un erial que se van flexionando según la intensidad del viento. Pero viendo con objetividad el acuerdo referido, cabe preguntarse qué más podía pedírsele a ese hombre extraordinario, especialmente si se toma en cuenta que Las Encomiendas tenían la impronta imperial¬.

El famoso jurista indiano Juan de Solórzano Pereyra lo explica así: «La encomienda era un derecho concedido por merced real a los beneméritos de Indias para recibir y cobrar para sí los tributos de los indios y que se les encomendaren por su vida y la de un heredero…» 7

Vale decir que ese sistema totalmente esclavista no fue producto de un exabrupto de un capitoste o de un jefe local, de los tantos que llegaron de España al llamado Nuevo Mundo, sino que era todo un catálogo de opresión bien pensado por los más altos mandos reinantes en la apodada «madre patria».

Las Encomiendas tenían, en consecuencia, una estructura legal y una base doctrinal, como bien lo explica el sacerdote y jurista Rafael Gómez Hoyos. 8

Pero lo cierto es que de la convulsa época colonial de la isla La Española, y especialmente de la tragedia que en ella ocurrió contra los pueblos originarios, todavía no se ha publicado un análisis a fondo, que recoja con fidelidad todos los hechos sangrientos y de opresión en general que dieron como resultado la conocida hecatombe indígena.

Diferente ha ocurrido en México, donde el sabio Miguel León-Portilla, considerado el mayor investigador de los indígenas mexicanos, publicó una obra fundamental titulada La Visión de los Caídos, en la cual desgrana muchas verdades irrebatibles.

Se ha dicho con mucha razón que la historia la escriben los vencedores o sus paniaguados, quienes suelen convertir en victorias hasta sus propias derrotas. Es una típica manera de tergiversar, manipular y desinformar a las generaciones que viven los hechos y a las que siguen.

Los mitos, particularmente los de ámbitos político, militar y religioso, son terriblemente dañinos. Hay que evidenciarlos y destruirlos, para que como venenos de uso colectivo pierdan su eficacia y no enrarezcan la atmósfera social.

Las más gruesas mentiras, que ahora les llaman pomposamente «hechos alternativos», se han utilizado siempre para tapar verdades. Así fue antes y sigue siendo después de que el tenebroso genio de la propaganda nazista Joseph Goebbels dejara asentado en su ensayo doctrinario el principio sexto de la Orquestación: «La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto…» A eso le añadió como puntillazo final: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad.» 9

A pesar de lo anterior siempre hay endijas por donde se cuelan destellos de verdad, y una prueba de ello es que en los diez principios del manual titulado Instrucciones de la guerra de guerrillas, elaborado por el Padre de la Patria Matías Ramón Mella, en su calidad de ministro de guerra del gobierno provisional restaurador, para uso de los combatientes dominicanos, se observan muchos de los elementos tácticos creados 344 años atrás por Enriquillo para mantener en jaque a las tropas españolas lanzadas en su contra.

UN PUEBLO LLAMADO ENRIQUILLO

En homenaje a Enriquillo, fallecido en Azua el 27 de septiembre del año 1535, fue bautizado con su nombre, desde el primero de abril de 1884, un pueblo del suroeste dominicano, que antes era conocido como Petit Trou.

Esa localidad, que es uno de los más populosos núcleos urbanos creados a un costado de la sierra del Bahoruco, está construida sobre pequeñas colinas, con sus respectivas pendientes, en una de las cuales está emplazado el cementerio municipal, como un balcón con vista al mar.

La comunidad de Enriquillo está situada entre Barahona y Pedernales. Su lado sur es bañado por las aguas del Mar Caribe, teniendo al norte imponentes mogotes y pequeños valles intramontanos, en los cuales se cultivan diversos productos.

En la villa costera de Enriquillo nació el 20 de marzo de 1884 Sócrates Nolasco, el célebre autor de la obra Cuentos Cimarrones y notable investigador de temas históricos, quien tantos aportes valiosos hizo a las letras nacionales. Una de las calles de este pueblo lleva justicieramente su nombre.

El gran jefe indígena rebelde Enriquillo originalmente tenía por nombre Guarocuya, es por ello que muchos autores prefieren evocarlo con ese su nombre primario.

José Martí, al elogiar la tierra dominicana, dejó plasmado sobre él este párrafo burilado en letras de oro: «Santo Domingo, semillero de héroes, donde aún, en la caoba sangrienta, y en el cañaveral quejoso y en las selvas invictas, está vivo, manando enseñanzas y decretos, el corazón de Guarocuya». 10

Bibliografía:

1- Historia de Indias. Bartolomé de Las Casas.

2- El Arte de la Guerra.Sun Tzu . Ediciones Leyenda, México, 2008.

3- Los Dominicos y las Encomiendas de Indias de la Isla Española, edición del 1971, pág. 24.Emilio Rodríguez Demorizi.

4- El Príncipe. Nicolás Maquiavelo.

5- Los Cimarrones del maniel de Neyba. Carlos Esteban Deive.

6- La Destrucción de las Indias. Bartolomé De las Casas

7- Política Indiana. Juan de Solórzano Pereyra.

8- Las Leyes de Indias y el Derecho Eclesiástico en la América Española e Indias Filipinas. Páginas 155 y siguientes. Rafael Gómez Hoyos.

9- Principios de propaganda nazi. Joseph Goebbels.

10- José Martí. Páginas Selectas de Martí. Editor Ángel Estrada.

o-La Rebelión del Bahoruco. Manuel A. Peña Batlle.

o- Novela Enriquillo. Manuel de Jesús Galván.

o- Guarocuya y Enriquillo. Vetilio Alfau Durán.

o -Enriquillo y Boyá. Fray Cipriano de Utrera.

o. Enriquillo y Carlos V. Emilio Rodríguez Demorizi.

o- Poema Guarocuya. Federico Henríquez y Carvajal.

o- La Visión de los Caídos. Miguel León-Portilla.

o- Instrucciones de la Guerra de Guerrillas. Matías Ramón Mella.

2018-03-24 08:14:09