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LA REVOLUCIÓN FRANCESA COMO EXPRESIÓN DE LIBERTAD UNIVERSAL


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LA REVOLUCIÓN FRANCESA COMO EXPRESIÓN DE LIBERTAD UNIVERSAL

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

El 14 de este mes se cumplieron 231 años del inicio de la Revolución Francesa, uno de cuyos lemas más perdurables fue libertad, igualdad y fraternidad.

Los dirigentes de ese importante acontecimiento histórico, y quienes les seguían, sostenían en calles y plazas parisinas que esas tres consignas revolucionarias eran indispensables para darles velocidad a los aires de libertad que postulaban. Agregaban que sin libertad, igualdad y fraternidad era preferible la muerte.

Durante la Segunda República Francesa (1848-1852) el gobierno incorporó ese lema de manera oficial. Luego de idas y venidas las constituciones francesas de 1946 y 1958 le dieron rango sustantivo al convertirlo en parte esencial de su contenido.

En efecto, la Constitución del 4 de octubre de 1958, con la cual el General Charles de Gaulle le imprimió los perfiles y estructuras legales que tiene la Quinta República Francesa, indica en su artículo 2 lo siguiente: » El lema de la República es Libertad, Igualdad, Fraternidad. Su principio es: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.»1

Las consecuencias de la Revolución Francesa han tenido un impacto en progresión para toda la humanidad, abriendo los caminos para una serie de reivindicaciones en muchos pueblos del mundo, luego de que en Francia desaparecieran el absolutismo, en el orden político, y el feudalismo en el aspecto económico.

Ese doble resultado fue muy bien analizado, con despliegues de ejemplos visibles por el historiador Michel Vovelle en su libro Introducción a la historia de la Revolución Francesa.2

La Revolución Francesa, que arrancó el 14 de julio de 1789, fue el más duro mazazo al oscurantismo que padeció la humanidad desde la Edad Media.

Esa emblemática sublevación estuvo precedida por una paciente y persistente labor de los pensadores de la etapa de la Ilustración y más todavía por los enciclopedistas que fueron desmontando pieza por pieza el tinglado que durante siglos se fue formando hasta culminar en un sistema que adoctrinaba a la población para que creyera que no era terrenal el origen de los monarcas que se sucedían de manera hereditaria en el poder.

Desde hacía un largo tiempo la carcomida monarquía francesa, y los grupos adláteres que les servían de apoyo, se beneficiaban con una serie de exenciones y privilegios.

Los que entonces tenían el poder mantenían bajo la opresión económica, política y social al pueblo y, además, ponían en práctica contra muchas personas de gran calidad humana surgidas de las masas populares el síndrome de aquel posadero de la mitología griega llamado Procusto (síndrome cuya esencia consiste en machacar a los que sobresalen). Es decir que quienes controlaban Francia hasta que se produjo la Revolución de 1789 buscaban por todos los medios castrar las iniciativas de sus adversarios y aplastar las ideas de muchas mentes brillantes que no se prosternaban a ellos.

Sobre el por qué se produjo la Revolución Francesa el gran pensador y experto en sociología del derecho constitucional Maurice Duverger lo dijo de manera sobria y contundente en su clásico libro Instituciones Políticas y Derecho Constitucional: «Fueron las propias equivocaciones de la vieja monarquía, que no se supo adaptar a la nueva situación creada por el progreso de la burguesía y el desarrollo de la ideología liberal, las que provocaron el choque revolucionario.»3

Aunque no hay consenso, la mayoría de los historiadores considera que la Revolución Francesa fue el primer pilar de soporte al sistema democrático que desde hace 231 años se ha ido burilando en diversas zonas del mundo, teniendo como centro de su accionar el poder decisorio de las mayorías.

Los jacobinos de la Revolución Francesa de 1789, especialmente Maximilien Robespierre, Louis de Saint-Just y Jean-Paul Marat parecían estar imbuidos de aquello que Aristóteles, en ese tratado clásico de la teoría del Estado que es su obra La Política, definía así: «…cuando el Estado tuvo muchos ciudadanos de un mérito igualmente distinguido, no pudo tolerarse ya el reinado; se buscó una forma de gobierno en que la autoridad pudiese ser común, y se estableció la república…»4

Los Cordeleros

El radicalismo que siempre se les ha atribuido a los jacobinos fue ampliamente superado por otros revolucionarios que el 27 de abril de 1790, en una amplia habitación que a modo de refectorio había en un convento franciscano parisino, se reunieron para apoyar los derechos del Hombre y del Ciudadano.

Los aludidos más arriba se identificaban como los cordeliers (cordeleros) e invocando que representaban a los más humildes de la sociedad francesa, entonces conocidos como los sin calzones (sans-culottes), tuvieron un papel de gran importancia en los eventos que a partir de dicha fecha se desarrollaron no sólo en París sino también en Marsella y muchas otras ciudades de Francia.

Entre los más sobresalientes cordeliers hay que mencionar a Camille Desmoulins, Georges-Jacques Danton y Jean-Paul Marat. Los dos primeros fueron guillotinados por órdenes de Robespierre y el último fue asesinado a cuchilladas por una mujer girondina que con la excusa de ser portadora de un importante mensaje desde Caen, Normandía, penetró el círculo de seguridad del enfermo Marat.

Toma de La Bastilla

La toma de la Bastilla se produjo el 14 de julio de 1789, cuando el pueblo parisino consideró que determinados movimientos que se estaban realizando desde hacía 3 días, por parte de la monarquía encabezada por el rey Luis XVI, eran en realidad operaciones tendentes a fomentar un autogolpe para frenar una serie de reclamos de la población.

La conquista de esa ciudadela fue un hito de la humanidad, con escala de hecho histórico en virtud de que los hombres y mujeres que se lanzaron a la conquista de esa mole centenaria protegida con cañones, proyectiles expansivos, artillería de campaña y otras piezas de una amplia panoplia, estaban decididos a vencer o perecer en la batalla; pero también tiene categoría de hecho histórico porque impactó de manera trascendente en Francia y allende sus fronteras. No se trató de fantasía de funámbulos políticos. Fue, además, un acontecimiento único en tanto que en el tiempo en que se produjo y los protagonistas del mismo no pueden repetirse.

La Bastilla era más que una edificación militar de la época medieval. La Monarquía la tenía como un gigantesco laboratorio político y como uno de sus símbolos de terror. La conquista de esa fortaleza provocó una conmoción social y política en Francia y en otros lugares de Europa.

Además de la conquista de La Bastilla, la muerte del marqués Bernard de Launay y del alcalde Jacques de Flesselles fueron potentes señales de lo que ocurría en las horas, días y meses posteriores, con los jacobinos a la vanguardia de la excitación popular que se apoderó de las calles de París en aquella época.

La abusiva y criminal administración de la casa real reinante fue la chispa que lanzada en medio de la yesca del disgusto popular provocó la sublevación y que incendió la pradera que parió la Revolución Francesa.

Palacio de Versalles

El 5 de octubre de 1789, en pleno fragor revolucionario, contingentes de parisinos con una mayoritaria participación femenina se dirigieron al Palacio de Versalles, poniendo en fuga tanto al rey Luis XVI como a su corte completa que allí se alojaban.

En realidad ese complejo arquitectónico consta de tres palacios, grandes jardines y otras muchas dependencias, incluyendo la famosa Galería de los Espejos.

Otro acontecimiento de gran repercusión ocurrido en ese histórico lugar fue el acuerdo firmado el 28 de junio de 1919, mediante el cual se puso fin a la Primera Guerra Mundial. De paso hay que señalar que las condiciones tan terribles que se le impusieron a la Alemania perdedora se convirtieron a la postre en un recipiente de resentimientos del cual luego brotó la Segunda Guerra Mundial.

Palacio de las Tullerías

El Palacio de Las Tullerías fue uno de los lugares representativos de la Revolución Francesa. Allí fueron a parar el rey Luis XVI, su familia y su extensa corte cuando París vivía un intenso octubre de 1789.Fue el último techo real donde estuvo dicho monarca antes de morir por el filo de la guillotina.

El referido monarca llegó allí huyendo del Palacio de Versalles, de donde fue desalojado, como indico más arriba, por enardecidas multitudes revolucionarias.

El Palacio de Las Tullerías comenzó a construirse dos siglos atrás, para que fuera la residencia de la entonces reina consorte de Francia, la florentina Catalina de Médicis.

Dicha edificación no se concluyó en vida de la madre del rey Enrique III. Luego fue incendiado por integrantes del movimiento insurreccional denominado La Comuna de París.

El ataque a dicho palacio ocurrió el 10 de agosto de 1792 y la importancia de ese hecho fue de tal magnitud que algunos historiadores lo han considerado como una suerte de «segunda revolución».

En las Tullerías comenzó el tramo final de la vida del Rey Luis XVI. La arremetida popular que ocurrió allí fue el culmen de las acciones que llevaron a la defenestración y a la tumba al último monarca Borbón francés, quien encerrado en la prisión del Temple fue juzgado por la Convención, que ordenó guillotinarlo el 21 de enero de 1793.

De lo que originalmente era un complejo de construcciones majestuosas en el centro de París solo quedan sus jardines, que son famosos tanto por su extensión como por la limpieza y su gran floresta.

Uno de los frutos de 1789

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano fue uno de los frutos apetecibles de la Revolución Francesa. Fue votada por la Asamblea Nacional Constituyente el 26 de agosto de 1789.

A pesar de que esa declaración quedó ayuna en temas claves como los derechos de la mujer y la odiosa esclavitud, no hay duda de tuvo un impacto positivo tanto en Francia como en otros lugares del mundo.

Por la potencia de su contenido sirvió de inspiración para múltiples movimiento de reivindicación de derechos colectivos alrededor del mundo, así como de fuente para la creación de declaraciones y tratados de alcance universal y base para textos constitucionales en muchos países.

Algunos personajes importantes

La Revolución Francesa, en sus diferentes etapas, tuvo decenas de protagonistas, de un bando y de otro. Algunos de los aludidos ya ni siquiera vivían en el 1789, pero sus ideas fueron enarboladas por la dirigencia de los rebeldes e incluso desde el griterío de la turbamulta se escuchaban expresiones que reivindican sus postulados.

Es pertinente decir algo sobre algunos de ellos, con la brevedad del espacio disponible.

Napoleón Bonaparte

Cuando el 14 de julio de 1789 estalló en París la Revolución Francesa Napoleón Bonaparte se encontraba en su tierra natal, la isla de Córcega.

Para dicha fecha Napoleón Bonaparte tenía apenas 20 años de edad, era partidario de los jacobinos y ejercía como comandante segundo de la Guardia Nacional de Voluntarios de ese territorio isleño francés.

Su primera acción de importancia bélica en aquel convulso período fue en calidad de jefe de artillería de las fuerzas rebeldes que atacaron y conquistaron la emblemática fortaleza de la marítima y montañosa ciudad de Tolón, una de las principales en la Provenza de los Alpes y la Costa Azul de Francia.

El entonces veinteañero oficial que era Napoleón había estudiado el arte de la guerra desde los diez años de edad, cuando fue internado en la escuela militar de Brienne-le-Cháteau, en el norte-centro de Francia; y luego fue alumno en la prestigiosa École Royale Militaire de París, donde se especializó en artillería.

La realidad fue que Napoleón Bonaparte terminó siendo el sepulturero de la Revolución Francesa cuando el 18 de mayo de 1804 se auto proclamó emperador, siendo coronado el 2 de diciembre del mismo año con mucha pompa en la Catedral de Notre Dame, en París, con lo cual se le daba comienzo al Imperio Napoleónico.

Maximilien Robespierre

El abogado y hombre de preclara inteligencia Maximilien Robespierre desempeñó al frente de los jacobinos un papel sobresaliente en la Revolución Francesa.

Robespierre fue premiado, siendo muy joven, por los jesuitas del principal colegio de su tierra natal, Arrás, «por sus talentos eminentes y su buena conducta.»

Era un agitador por excelencia, electrizando con su lenguaje chispeante a las enardecidas masas que recorrían París desde el 14 de julio de 1789, en lucha abierta por sus reivindicaciones sociales, económicas y políticas.

Siendo Robespierre un jovencísimo abogado y fogoso diputado de él dijo el escritor y agudo observador político Honoré Gabriel Riquetti, mejor conocido como Conde de Mirabeau, que «llegará lejos porque cree todo lo que dice.»

Fue el mismo personaje que tiempo después se convirtió en la más visible encarnación del terror, teniendo como plataforma el Comité de Salud Pública. Se transformó en un acérrimo enemigo de los girondinos, así como también de los que tenían una postura moderada frente a la gran efervescencia que estaba entonces viviendo Francia.

El abogado Robespierre diezmó no sólo a sus madrugadores adversarios, sino incluso a un hombre como Georges?Jacques Dantón, quien antes había sido una especie de álter ego suyo.

Robespierre, que hasta entonces era partidario de una monarquía constitucional y no creía en las matanzas indiscriminadas como método de lucha, «alabó la naturaleza democrática de esta máquina de matar, puesto que igualaba a todos a la hora de la muerte.»5

La guillotina fue un terrorífico artefacto, cuyo uso fue sugerido en Francia por el médico Joseph-Ignace Guillotin. Fue el principal instrumento de guerra a disposición de los revolucionarios.

Es pertinente señalar que Robespierre pasó de ser el defensor de la clase proletaria a encabezar a los grupos burgueses que actuaban en medio de aquel torbellino que comenzó el 14 de julio de 1789.

Robespierre hizo uso constante de esa máquina de matar y finalmente su propio cuello fue cercenado por el filo de su cuchilla.

Montesquieu

Cuando se produjo la Revolución Francesa ya hacía 34 años que Charles Louis de Secondat, mejor conocido como el barón de Montesquieu, había fallecido.

Sin embargo, sus reflexiones filosóficas, políticas y jurídicas, expuestas varias décadas atrás, influyeron en el pensamiento de los líderes rebeldes y contribuyeron para que se diera el gran salto que en términos sociales e institucionales significó la Revolución Francesa de 1789.

En su novela satírica titulada Cartas Persas, publicada en el 1721, hay todo un catálogo de críticas a la monarquía, al gobierno, a varias instituciones no gubernamentales, particularmente al clero, y a las costumbres que estaban enraizadas en la sociedad gala de entonces.

En esa obra, prohibida por el Cardenal Guillaume Dubois cuando ostentaba el puesto de Primer Ministro en el reinado de Luis XV, Montesquieu fue premonitor, puesto que en un capítulo titulado La fábula de los trogloditas escribió sobre el fin del régimen monárquico con la muerte violenta del rey.6

Diderot

El filósofo, escritor y enciclopedista Denis Diderot falleció 5 años antes de que se produjera la Revolución Francesa.

El co-autor del monumental Diccionario sobre las ciencias, las artes y los oficios había sido víctima de constante represión y hostigamiento por parte de los matones y persecutores del Ancien Régime (Antiguo Régimen). Fue encarcelado en el 1749.

Sus ideas filosóficas, basadas en la razón humana, expuestas en el marco de la Ilustración, con prescindencia de otras visiones cargadas de mitos, fueron unas de las guías inspiradoras de los que dirigieron aquel magno acontecimiento popular que acabó con la Monarquía de los Borbones que dominaban en Francia desde que en el 1572 Enrique IV ascendió al trono.

En favor de la buena memoria de Diderot también hay que repetir que su gran erudición y su talante de intelectual desmarcado de dogmatismos sirvieron de mucho a los que al final de la penúltima década del siglo XVIII, cobijados en la Revolución Francesa, dieron un impulso gigantesco a los derechos humanos y sembraron la semilla para la libre determinación de los pueblos en todos los confines de la tierra.

El rey Luis XVI

Luis XVI llegó al trono de Francia en el 1774, con gran entusiasmo popular, pero pronto se convirtió en un jefe impopular porque los ministros que le rodeaban, y en especial su esposa María Antonieta de Austria, se aprovecharon de su carácter débil que lo hacía ser vacilante en el manejo de los resortes del poder, provocando crisis políticas, sociales y económicas en cascadas, afectando a la inmensa mayoría de los franceses.

No obstante carecer dicho monarca del temple de que deben estar dotados los gobernantes, ello no le impedía ser intrínsecamente perverso, con tendencia al sadismo que caracteriza a los que clasifican para entrar en la galería de personajes siniestros.

Un repaso al comportamiento del rey Borbón Luis XVI permite compararlo parcialmente con lo que según Aristóteles, en su obra La Política, describió Homero en la Ilíada sobre el rey Agamenón en la guerra de Troya: «Al que entonces encuentro cerca de mis naves, le arrojo, le echo a los perros y a las aves de rapiña; porque tengo el derecho de matar.»7

Impacto de la Revolución Francesa en Bolívar

Simón Bolívar llegó por primera vez a París en el 1802. Cuando retornó a Venezuela, en el 1806, procedente de Europa, lo hizo con su pensamiento penetrado por muchos de los postulados de libertad que florecieron en la Revolución Francesa que ahora cumplió 231 años.

Las ideas de soberanía que tenía desde niño el libertador por antonomasia de América fueron fortalecidas con su estadía en Francia. Allí entró en contacto con una sociedad que había vivido un proceso revolucionario de trascendencia universal.

Hay mucha literatura, y diferentes enfoques históricos, que vinculan la Revolución Francesa como germen de la libertad de muchos países de América Latina. Simón Bolívar está colocado como el principal estandarte de esa traslación de pensamiento de una orilla a otra del Océano Atlántico.

En su ensayo Simón Bolívar y Francia el escritor Julián Garavito reseña que: «…a principios de 1802 Bolívar conoce París…un París donde aún se respira un aire de libertad…su pasión por la libertad le obliga a rechazar la invitación para la coronación de Napoleón…Así, desde la infancia hasta los últimos momentos de su vida, lo francés acompañó al libertador de cinco repúblicas.»8

Bibliografía:

1-Constitución francesa del 4 de octubre de 1958. Artículo 2. Con amparo de la ley constitucional No.2008-724, del 23de julio del 2008.

2-Introducción a la historia de la Revolución Francesa. Editorial Crítica,Barcelona,2000. Michel Vovelle.

3-Instituciones políticas y derecho constitucional. Ediciones Ariel, Barcelona, 1970.P295.Maurice Duverger.

4-La Política. Editorial Universal, Perú, 1974.P97. Aristóteles.

5-Los personajes más siniestros y crueles. Editorial Libsa,2009. P275.José María López Ruiz.

6-Cartas Persas. Editora de Conaculta, México, 1992. Montesquieu.

7-La Política. Editorial Universo,Perú,1974.P93.Aristóteles

8-Simón Bolívar y Francia. Aepe No.24,1981.Pp17 y 18.Julián Garavito.

2020-07-17 23:23:11