

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Municipio Cotuí.
Cotuí es un nombre de origen indígena. Así llamaban sus habitantes a la zona, antes de la llegada de los españoles.
El primer poblado de Cotuí fue fundado en el 1505, por órdenes del entonces gobernador colonial Nicolás de Ovando. Para esa época se le conocía como La Mejorada y también como Las Minas.
Luego, ya entrada la segunda década del siglo XVI, esa población fue refundada por los tres famosos padres Jerónimos (Luis de Figueroa, Idelfonso de Santo Domingo y Bernardino Manzanedo), quienes actuaban en su rol de Gobernadores de la isla por mandato imperial.
En el 1562 un fuerte terremoto destruyó lo que entonces era el pequeño caserío de Cotuí, que estaba cerca de donde se restableció esa actual dinámica ciudad. Para hacer una aproximación geográfica podemos decir que el municipio como tal está situado en el piedemonte de la sierra de Yamasá.
El municipio de Cotuí tiene cuatro distritos municipales: Quita Sueño, Caballero, Platanal y Comedero Arriba, los cuales se caracterizan por su productiva agrícola y ganadera y por la laboriosidad de sus moradores.
Samuel Hazard fue un agudo intelectual estadounidense, quien formó parte de los asesores de los Comisionados de EE.UU. que vinieron a explorar las posibilidades de anexarse el país, por solicitud complaciente hecha al gran país del Norte por el dictador Buenaventura Báez.
Como «huésped de paso» por el Cibao Hazard dejó sus impresiones sobre Cotuí:
» …A una milla y media del río Yuna, en el centro de la sabana, se halla la antigua ciudad de Cotuí….situada primitivamente un poco más al norte, era conocida como La Mejorada, pero con el tiempo recibió el nombre de «Las Minas», porque estaba situada en un distrito notorio por las minas de oro, plata, cobre y hierro…Era un lugar floreciente poco después de su fundación por orden de Ovando en 1505, y algunas de sus minas se explotaron hasta 1520, cuando ya empezaba a notar la escasez de trabajadores. Cuando estas minas se fueron cerrando paulatinamente, esta ciudad empezó a experimentar el mismo retroceso que sufrieron las demás, y llegó casi a extinguirse.»1
Tal vez esa realidad descrita por Hazard haya que conectarla con lo indicado siglos atrás por fray Bartolomé de Las Casas, quien dejó para la posteridad esta nota: «aun los labradores que venían soldados para cavar y labrar la tierra y sacar oro de las minas se dedicaban a haraganear y andar el lomo enhiesto, comiendo los sudores de los indios, usurpando cada uno por fuerza tres y cuatro o diez que le sirviesen.»2
Lo que Samuel Hazard llamó ciudad moderna de Cotuí, él la describe así: «Está construida alrededor de la plaza que constituye el centro de la villa; las casas son del acostumbrado estilo, con armazón de madera y tejado de paja y cañas, propio del país.» «…Todo el territorio de esta región es famoso como una buena campiña para el cultivo del tabaco, el café y el cacao.»3
Los registros históricos certifican que Cotuí fue uno de los primeros pueblos que se adhirieron a la causa nacional, una vez recibida la feliz noticia del trabucazo de Mella, en la Puerta de la Misericordia, dando inicio a la Independencia Dominicana. El 2 de marzo de 1844 el pueblo cotuisano se lanzó a las calles a festejar la libertad.
Se trataba del mismo pueblo que en el 1805 había sido saqueado y quemado hasta sus cimientos por las tropas haitianas dirigidas por el comandante Brossard, por mandato del a la sazón emperador Dessalines.
En su viaje desde Santo Domingo hacia el Cibao, iniciado el 20 de junio de 1844, el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, estuvo en Cevicos y en Cotuí el 24 de julio de aquel glorioso año. En ambas comunidades fue recibido con manifestaciones de júbilo por los moradores, con los cuales tuvo un amplio intercambio de ideas.
Cotuí fue uno de los pueblos que estuvo representado en el Congreso Constituyente celebrado en San Cristóbal, a partir del 20 de septiembre de 1844. Su representante fue el prominente ciudadano José Valverde.
El 8 de mayo de 1880 el presidente Gregorio Luperón ordenó la creación del cuerpo de Bomberos de Cotuí. El 5 de octubre del mismo año el presidente Meriño reiteró esa disposición presidencial.
El origen de esa orden presidencial fue la alarma que a nivel nacional causó el pavoroso incendio que meses atrás destruyó el pueblo de Samaná.4
Un eficiente geógrafo, que fue pionero en muchos aspectos para entender la evolución del pueblo dominicano, reseñó en una obra de gran alcance que en el 1888 Cotuí tenía comunicación telegráfica con las principales ciudades del país. El referido autor también describió que en ese mismo año la «cárcel-cuartel de Cotuí era una «casa de madera con techo de yagua».5
Sobre el párrafo anterior, vale recordar al prócer cívico dominicano Américo Lugo, cuando sostenía que «…Es del pasado de donde viene siempre la luz con que vemos hoy con el espíritu las cosas, sencillamente, porque no puede venir del porvenir.»
Con motivo de los enfrentamientos entre los caudillos políticos Lilís y Moya, por el resultado de las elecciones celebras los días 26, 27 y 28 de junio de 1886, adversas al último que consideró que había sido víctima de un fraude, de esos que se consideran colosales; y así fue, se desarrollaron varias acciones armadas en gran parte del Cibao.
Uno de los centros operativos de esa guerra entre caudillos funcionó en Cotuí, y lo dirigió el mismo candidato presidencial que había sido declarado derrotado por las triquiñuelas lilisistas: «Los principales focos rebeldes eran: 1) Macorís-Cotuí-Moca-Bonao, dirigido por Moya….»6
El oro de Cotuí
Desde los primeros años de la colonización de la isla llamada entonces La Española corrieron múltiples versiones sobre el oro de Cotuí.
El mismo Cristóbal Colón se refirió a la riqueza aurífera que atesoraba ese territorio, pero contrario a otros lugares de la isla ese metal, de color amarillo y de gran valor monetario, no sólo corría por las riberas de los ríos, sino que se guardaba bien debajo de la superficie terrestre.
Los más famosos cronistas de los primeros lustros de la colonización de la isla La Española se hicieron eco del oro de Cotuí. Algunos consignaron que en los ríos de la zona había cantidades significativas del mismo, sin sospechar que el grueso estaba debajo de la tierra.
Gonzalo Fernández de Oviedo y fray Bartolomé de Las Casas, entre otros, dejaron sus impresiones sobre la riqueza que reposaba en el suelo de esa zona del Cibao Oriental.
Al hablar del tamaño, la profundidad y los tesoros de los ríos de esta isla situada en el centro del Caribe insular, un prolífico comentarista, botánico y colonizador madrileño (en total desconocimiento del oro acunado en el vientre de la tierra cotuisana) dejó asentado lo siguiente: «… entre los cuales ríos, el que llaman Cotuy es riquísimo; a par del cual está una villeta o población de mineros e gente ejercitada en esto del oro, al cual pueblo e río dan un mismo nombre dicho: Cotuy. Ha habido allí y hay mucho ejercicio en sacar oro…»7
Un ilustre sevillano, primero encomendero y luego sacerdote dominico, defensor de los indígenas y que supo rectificar a tiempo el rumbo de su vida, llegando a ser un célebre obispo de Chiapas, en el por siempre depauperado Suroeste de México, anotó sobre Cotuí, un día cualquiera del siglo XVI, lo siguiente: «Yendo adelante hay otra continua que ha por nombre Cotuy…no tiene las sierras y montes que las demás, sino cerros con yerba y arboledas algunas…Ha tenido muy ricas minas de oro y tiene algunas hoy, con minas también de muy fino azul…En ella está hoy una villa de españoles que se nombra el Cotuy…»8
Ya avanzado el siglo XVII el escritor y canónigo Luis Gerónimo de Alcocer, en su famosa relación sobre todo lo que vio y conoció en la Colonia La Española, tierra donde nació, también relata sobre el oro del «Cotuy viejo», y lo hace diciendo que en ese lugar «y en otras partes de su término ay muchas minas de oro y de otros metales.»9
Frustración de un español por el oro cotuisano
El oro de Cotuí le fue donado el 12 de mayo de 1695 a uno de esos españoles que se sabían mover en los meandros del poder imperial. Luego de fatigantes encontronazos judiciales, en tribunales españoles, con terceros que se consideraban herederos de las tierras y del oro de varios lugares del país, el fallo le fue favorable al aludido; pero la ratificación de la voluntad de la Corona Española en su favor llegó en 1705, cuando ya él tenía cinco años de muerto.
Tal vez el no poder extraer el oro cotuisano fue una de las grandes amarguras del susodicho andaluz llamado Juan Nieto Valcárcel, quien a pesar de haber recibido la merced del poder imperial para «reconocer todas las minas de la isla» terminó bajo frustración.
Lo que dicho caballero pensaba que iba a ser para él una especie de «maná caribeño» se convirtió en lo que en la mitología griega se conoce como el castigo de Sísifo.
En efecto, al cabo de tres años y medio tratando de convertirse en una especie de rey Midas aristotélico de La Española, el referido caballero preparó y envió, con un dejo de tristeza, un memorial a las más altas autoridades del imperio español:
«No he podido lograr lo que deseaba por el poco ánimo que experimenté en todos y por la falta de gente de trabajo para el cultivo y labor de las minas…En término de la villa de Cotuí, en la sierra, está la mina de oro que se labró antiguamente…Medio día de camino más allá está la mina de cobre azul, muy rica de metales con mucha porción de oro, que se labró antiguamente…»10
Un mineralogista italiano «redescubre» el oro de Cotuí
Después de casi 250 años vuelve a surgir el tema del oro de Cotuí cuando en 1947 un geólogo italiano residente en el país, de nombre Renato Zoppis de Sena, leyó el material sobre minas escrito por y en torno al citado Nieto Valcárcel:
Zoppis de Sena «…redescubrió las minas de Cotuí a finales de 1947 y les dejó el nombre de Pueblo Viejo «por haberse encontrado vestigios de un antiguo pueblo dentro de la empinada foresta.»11
Ese experto minero llegado de la bota del Mar Adriático, tomando como base el oro de Cotuí, dejó para la posteridad un importante trabajo, cuya lectura permite conocer la riqueza concentrada en Cotuí, especialmente por el oro.
Así lo testimonió: «…Hasta la fecha se han descubierto más de treinta excavaciones, entre pozos, cámaras y túneles. El oro no está concentrado solo en los filones, sino que también está contenido en la roca».12
Pero la historia del oro de Cotuí ha sido larga, como larga ha sido la espera de los cotuisanos para usufructuar la riqueza de su tierra.
Los cuantiosos beneficios económicos de esa abundancia aurífera han ido a beneficiar a empresas extranjeras, quienes han sabido agenciarse también opiniones en su favor de historiadores, abogados, políticos, publicistas, periodistas y comentaristas de todos los niveles que atribuyen exclusivamente a la agitación de ambientalistas desaforados cualquier reclamo de la población cotuisana en pro de sus derechos al respecto.
La realidad es que muy pocos han sido los beneficios recibidos por la población de aquella zona del país. En cambio, es enorme el pasivo ambiental que deja la extracción del oro y otros minerales. Cada cierto tiempo brotan enfermedades entre sus moradores, productos directos de la contaminación del aire y del agua.
Cotuí como antecedente para las devastaciones de Osorio
En plena sintonía con la falsedad de los hechos, el criollo Baltazar López de Castro, Escribano de Cámara de la Real Audiencia y Regidor de Santo Domingo, le envío el 20 de noviembre de 1598 un memorial al rey español Felipe III motivándolo para que ordenara la destrucción de las poblaciones ubicadas en el litoral norte de la isla La Española. Dicho personaje fue uno de los mayores agitadores sobre ese insensato tema.
Después de exponer una sarta de mentiras ( dicho esto porque los motivos de cambios de lugares de Cotuí fueron por razones poderosas, en ocasiones más allá de la voluntad misma de los hombres) el referido funcionario colonial le señala al aludido rey que: «por causas pequeñas…se han mudado muchas ciudades, villas y lugares de sus primeros asientos a otros…en la misma Isla se mudaron las villas de Higüey y Cotuí, más llegados a la ciudad de Santo Domingo, y la ciudad de Santo Domingo se ha mudado tres o cuatro veces…»13
Un insulto al pueblo de Cotuí provocó una guerra
En el año 1673 el entonces gobernador francés de la Isla Tortuga, Bertrand De Ogerón, decidió atacar los pueblos situados en la franja norte del Santo Domingo Español. La acción fue un fracaso, pero al llegar a Cotuí se produjo alguna ofensa a su población que luego saldría cara a las tropas francesas en desbandada.
Así se describe de manera condensada lo aludido: «Coincidiendo estos hechos con el movimiento que espontáneamente practicaron los habitantes de Cotuí sobre la Península de Samaná, de la que desalojaron a fuego y sangre una partida de aventureros que la ocupaban, en justo desagravio de un insulto que éstos les habían hecho.»14
Heroicos cotuisanos en la Guerra de la Restauración
Cotuí es un pueblo heroico, así ha quedado demostrado a través de la historia. Sus habitantes han levantado el lábaro de la lucha en momentos decisivos para el destino de la Nación Dominicana.
Tanto en las luchas posteriores a la Independencia Nacional como en la Restauración de la República, los contingentes de combatientes cotuisanos sobresalieron por su bravura y decisión inquebrantable de defender la soberanía nacional.
Los cotuisanos se abrieron de manera decisiva a la lucha armada en pro de la Restauración de la República cuando sus ilustres ciudadanos Basilio Gavilán y Esteban Adames lanzaron el grito de guerra, y pueblo de Cotuí se alzó en plan de combate contra los anexionistas.
Esa comunidad fue uno de los lugares donde el General Gregorio Luperón instaló su Cuartel General de guerra. Desde Cotuí fue que salió el adalid restaurador con soldados de caballería, a marcha forzada, hasta el Sillón de la Viuda, donde preparó el ataque que fulminaría en Arroyo Bermejo a las tropas encabezadas por el anexionista Pedro Santana.
Una prueba inocultable del espíritu de combate de los cotuisanos está contenida en un relato que hizo el ilustre ciudadano Pedro Francisco Bonó sobre una visita realizada por él al Cantón de Bermejo, el 5 de octubre de 1863, en su calidad de Ministro de Guerra del Gobierno Restaurador, donde contempló las condiciones totalmente adversas que tenían los combatientes acantonados en ese histórico lugar.
«Se pasó revista y se contaron doscientos ochenta hombres: de Macorís como cien, de Cotuí unos cuarenta…no había casi nadie vestido. Harapos eran los vestidos…el corneta estaba desnudo de la cintura para arriba…Todos estaban descalzos y a pierna desnuda.»15
Oportuno es indicar que antes del arribo del General Luperón a esa histórica zona de guerra que fue Bermejo, ya estaban allí muchos cotuisanos que habían llegado con una pieza de artillería, bajo el mando de los aguerridos líderes militares coronel Dionisio Troncoso, comandante Santiago Mota y capital Pedro Royer.16
La Universidad de Cotuí
El 10 de febrero de 1982 el Ing. Ramón Flores García y otros distinguidos cotuisanos fundaron el Instituto Tecnológico del Cibao Oriental, con el objetivo de impulsar la educación superior en Cotuí y zonas aledañas, allende los límites de la provincia Sánchez Ramírez.
El éxito fue de inmediato, avanzando cada día en la incorporación de nuevas materias tales como geología, agronomía, informática, mercadeo y otras de gran importancia para impulsar el desarrollo del país.
El himno de ese centro de estudios superiores es un canto proyectando el saber, al decir en su segunda estrofa que «sembramos oro/cosechamos futuro.»
Mediante la Ley 236-14 esa institución educativa fue convertida en la segunda universidad pública del país, con el nombre de Universidad Tecnológica del Cibao Oriental.
Presa de Hatillo
La presa de Hatillo, enclavada en ese lugar del municipio de Cotuí, está considerada como el lago artificial de agua dulce más grande y voluminoso de todo el Caribe insular. Su construcción se terminó en el 1984, después de 7 años de trabajo intenso.
Es un gigantesco reservorio de agua dulce en movimiento sobre el río Yuna, alimentándose también de otros ríos y arroyos cercanos.
La presa en su conjunto, pero primordialmente su embalse, son una asombrosa maravilla de la alta tecnología de la ingeniería hidráulica.
La presa de Hatillo sirve para muchas cosas positivas. Sus funciones principales son controlar las inundaciones y facilitar la irrigación de cientos de miles de tareas de tierra; pero también allí se reproducen miles de peces y crustáceos, cuya comercialización ha dinamizado la economía, además de que sirven para alimentar a los moradores de sus zonas de influencia. Allí hasta parte de la gastronomía de antaño se ha modificado.
Lugares turísticos de la Provincia Sánchez Ramírez
Cotuí, y toda la provincia Sánchez Ramírez, tienen varios lugares que pueden ser disfrutados a modo de ocio y esparcimiento por nativos y visitantes.
La principal fuente de atracción turística de esa hermosa zona del país es la referida Presa de Hatillo, la cual permite tener una visión impresionante de todo el entorno desde sus riberas o mediante excursiones a través de pequeñas embarcaciones que recorren parte de la misma.
El Río Yuna, a través de su larga cuenca hidrográfica que se extiende desde la parte alta del municipio de Baní hasta su desembocadura en la Bahía de Samaná, tiene varias playas, concentrándose las principales en la provincia Sánchez Ramírez, donde se han hecho varios balnearios para el fomento del turismo.
Otras atracciones turísticas de esa provincia son las famosas cavernas conocidas como el Hoyo de Sanabe, el Lago y Comedero, en las cuales los visitantes pueden apreciar hermosos petroglifos así como el arte rupestre que en sus diferentes manifestaciones artísticas dejaron en ellas los indígenas tainos.
La política llevó tragedia a un campo de Cotuí
Era febrero de 1908, en el Higüerito de Cotuí, un hermoso campo cercano a esa ciudad (que ahora forma parte del municipio Villa La Mata), el General Cirilo De los Santos, cacique de la zona, convocó a su hacienda a partidarios y amigos, incluyendo a decenas de generales de la manigua, que se desplazaron desde Samaná, Pacificador y La Vega y de otras comarcas cercanas como Cenoví, Cevicos, La Ceiba de los Pájaros y La Peña.
El pretexto del sarao campestre era el bautismo de un hijo del general De los Santos, pero el objetivo mayor era presentarles a los invitados al general capitaleño Luis Tejera, quien estaba conspirando para derrocar al Presidente Mon Cáceres; y contra quien finalmente el joven, impetuoso y ambicioso general cometió magnicidio el 19 de noviembre del año 1911.
Un gran incendio destruyó no sólo la actividad, sino que provocó la muerte de varias personas, incluyendo el niño a bautizarse. Decenas de participantes recibieron heridas graves, entre ellos varios de los más notorios generales presentes, incluido el mismo Cirilo De los Santos.
«Un cohete…descendió sobre el saco de pólvora que había sido enviado desde San Francisco de Macorís para el cañón que operarían dos hombres…La explosión del artefacto sobre el bulto que contenía la pólvora produjo inesperadamente un incendio voraz…Cuando se restableció la calma Cirilo de los Santos tenía el rostro desfigurado…sus ojos habían desaparecido…»17
Provincia Sánchez Ramírez
La provincia Sánchez Ramírez fue creada mediante Ley 3208, promulgada el 10 de marzo del 1952, pero entró en vigencia el 16 de agosto de dicho año.18
El artículo 2 de la referida ley dice textualmente: «En la misma fecha, la común de Cotuí, y el Distrito Municipal de Cevicos, el cual quedará elevado a la categoría de Común en la misma fecha, constituirán una nueva Provincia, con el nombre de Provincia de Sánchez Ramírez y con su cabecera en la población de Cotuí».
Esa provincia es gran productora de arroz, plátanos, cacao (dicen que el cacao de Tocoa es el mejor del país), café, piña, yuca, cítricos, pimienta, ganado vacuno de carne y leche y otros muchos productos agropecuarios.
La silvicultura está presente allí, con la siembra y tala de bosques energéticos en algunas de sus áreas, especialmente en las cercanías de la presa de Hatillo y también en la parte montañosa de la provincia.
La provincia Sánchez Ramírez está estructurada por cuatro municipios: Cotuí, Cevicos, Fantino y Villa La Mata, así como por varios distritos municipales y decenas de secciones y parajes.
En su tierra, desde tiempos inmemoriales, hay oro, plata, níquel, mármol y otros minerales de gran valor.
De Cotuí partió la idea de expulsar a los franceses: Juan Sánchez Ramírez, caudillo de la Reconquista
Fue en uno de sus inmensos hatos cotuisanos que Juan Sánchez Ramírez, «natural de la Mejorada Villa del Cotuy en la propia Isla», tal y como encabeza el referido personaje su Diario de Operaciones, planificó lo que finalmente fue la derrota del famoso general francés Jean-Louis Ferrand, y con ello el fin de la era de Francia en el país.
En la hoja de su vida que envió a la Corte Española se presentó de este modo: «Don Juan Sánchez, nacido (en Cotuy) en 1762, de una distinguida familia, había sido Corregidor de su villa natal y ejercido otros cargos importantes desde muy joven».
El prolífico biógrafo José María Morillas hizo una amplia biografía de este personaje que venció en la batalla de Palo Hincado a los franceses, reconquistando así para España el lado oriental de la isla de Santo Domingo.
Lo cierto es que la vida de Juan Sánchez Ramírez estuvo llena de claroscuros, muy parecida a la de otros personajes coetáneos a él.
Lo que queda fuera de duda es que su existencia, dedicada al acaparamiento de tierra, al corte de maderas y al fomento de la ganadería, quedó alterada cuando en la mañana del 18 de octubre de 1795 la ciudad de Santo Domingo amaneció «entre redobles de tambores y estridentes llamadas de clarines», con un pregonero leyendo en la plaza pública de la ciudad de los Colones el tratado mediante el cual España cedió a Francia la parte llamada española de la isla de Santo Domingo.
Múltiples fueron los motivos para que España abandonara la colonia que tenía aquí desde el año 1492, dando paso a la hegemonía francesa sobre la tierra que después sería la República Dominicana.
La realidad inocultable es que «la decadencia de España fue progresiva; la de la Española violenta e incontenible»19
Aquel aldabonazo, aireado en las estrechas calles de la ciudad de Santo Domingo, cayó como un rayo sobre la mente de Juan Sánchez Ramírez y de otros criollos que se consideraban puramente españoles.
Su actitud rebelde no era por un apego nacionalista a la tierra donde nació ni por una visión sobre la necesidad de propiciar la independencia entre los nativos, como con ignorancia supina han propalado algunos, incluso recientemente un entorchado juez con poses de sabiondo.
Sánchez Ramírez, y muchos otros, simplemente estaban motivados para actuar de manera fundamental por la lucha de intereses económicos. Habían sido perjudicados en sus finanzas por la administración francesa.
Estaban ajenos totalmente a los conceptos de independencia y libertad para el pueblo que entonces habitaba la tierra que abarca desde el río Masacre hasta Cabo Engaño y desde Pedernales hasta Puerto Plata.
La verdad monda y lironda es que Juan Sánchez Ramírez, a pesar de los obstáculos de la administración de turno, no se amilanaba al momento de seguir expandiendo sus operaciones y negocios. Como hatero vivía ensanchando sus tentáculos por toda la geografía colonial. Una de muchas pruebas de eso es que en el 1806 le compró a Manuel Eugenio Villavicencio una inmensa extensión de tierra sembrada de árboles de madera, para explotarla comercialmente.
Otra prueba al canto sobre las operaciones crematísticas del mencionado personaje:»El 4 de junio de 1806, el Comandante militar de Higüey, José Aniceto Guerrero, hizo en Higüey una escritura de poder por causas universales a favor de don Juan Sánchez Ramírez….Y el primero de octubre, como el documento de esta fecha lo dice, Sánchez Ramírez estaba «domiciliado» en Higüey.»20
Es cierto que él fue el promotor y principal beneficiario de la expulsión de los franceses que bajo el amparo del Tratado de Basilea de 1795 tenían ocupada la parte que hoy es la República Dominicana.
El 12 de diciembre del 1808 ese cotuisano sobresaliente en la historia nacional convocó a los diputados de la parte española de la isla de Santo Domingo para que desde el Cuartel General de Bondillo, en las afueras de la principal ciudad del país, emitieran una Resolución que no dejara dudas sobre lo que él quería.
Aquello fue una verdadera pantomima congresual, pues como certeramente analizó uno de nuestros más consagrados historiadores, estaba «constituida la mayoría de los Delegados de la Junta por militares adictos a Juan Sánchez Ramírez y a los sectores clericales y colonialistas. Esto determinó que Ciriaco Ramírez, Cristóbal Húber, Salvador Félix, Miguel de los Santos, Miguel Álvarez, los hermanos Reyes, etc., abandonaran los campamentos que sitiaban a los franceses y se retiraran al Cibao y el Sur con unos 600 hombres que comandaban.»21
De dicha sesión salió un Decreto cuyo primer artículo reconocía a Fernando Séptimo como legítimo Rey y Señor natural. En su segundo párrafo se designó al mismo Sánchez Ramírez como Gobernador político y militar, en añadidura a su ya condición de Comandante General del Ejército español de Santo Domingo.22
Un ilustre abogado e historiador higüeyano, al analizar la independencia de muchas de las colonias españolas en América, refiriéndose (sin mencionarlo) a lo que ocurrió en el país bajo el protagonismo del hatero cotuisano Juan Sánchez Ramírez, lo plantea así:
«…Sin embargo, en la colonia española de Santo Domingo, el triunfo del movimiento llevado a cabo bajo la dirección de los colonos de origen español, llamado de La Reconquista, que además de haber recibido ayuda de Puerto Rico y Haití, contó con el apoyo de fuerzas navales inglesas, puso término a la dominación francesa, pero se limitó a recuperar el territorio de la antigua colonia española, para incorporarla de nuevo a la Corona de España, en 1809».23
La llamada España Boba surgió, en gran medida, por lo que Juan Sánchez Ramírez hizo desde el gobierno colonial, y por la dejación de sus responsabilidades cometidas por los jefes del Imperio Español ya en proceso de disolución.
Claro está que entre los jefes de la Reconquista (con la excepción de algunos, como Ciriaco Ramírez, a quien Federico Henríquez y Carvajal llamó «un prócer reaccionario») no existía el sentimiento de defender el concepto de independencia; como sí ocurrió en el país 36 años después del protagonismo del cotuisano Sánchez Ramírez.
Contrario a los tiempos de la llamada Reconquista, el trabajo de los trinitarios provocó que «los campesinos al grito de alarma, abandonaron sus huertas, sus labranzas y sus chozas dejando enmohecer las herramientas agrícolas para ir a empuñar las armas en defensa de la patria».24
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Un cotuisano del siglo XIX fue clave en la economía y la política del Cibao
José Manuel Glas. Nació en Cotuí en el 1834, tal y como aparece en el libro de Bautismos número 5, ficha 65, de la Catedral de San Francisco de Macorís. Aunque por error generalmente lo consideraban santiaguero.
Glas fue un gran comerciante, especializado como exportador e importador de todo género de mercancías que entonces dominaban el mercado criollo. Fue de los personajes más ricos de la región Norte del país.
Glas fue un hombre clave en la vida económica y política del Cibao, lo cual quedó demostrado, entre otras vías, por las cartas que le enviaba el Presidente Lilís para que interviniera en diferentes situaciones que, al parecer, se le escapaban de las manos al entonces gobernante.
En enero de 1884, en comunicación enviada a su amigo Pedro Francisco Bonó, le dijo que el General Gregorio Luperón había sugerido que Bonó fuera el candidato presidencial del Partido Azul para ese año electoral.
Ante otras opiniones que diferían de aquella, como la sustentada por el General Benito Monción, Glas pedía una reunión de «los pensadores más sensatos e ilustrados…los pensadores más connotados de la República.»
Fue un emprendedor empresarial, pero también un activo promotor social. Entre otras acciones bienhechora de él se sabe que»…costeó la construcción del hospital San Rafael en Santiago…»25
En fin, el cotuisano José Manuel Glas tuvo un papel protagónico en las dos últimas décadas del convulso siglo XIX dominicano, no sólo en su radio de acción inmediato, que era la zona del Cibao, sino en todo el país.
Municipio Cevicos
Ese municipio es de los pueblos más antiguos de los que integran la provincia Sánchez Ramírez.
En el Censo de Osorio, hecho en el lejano 1606, figura como un gran hato perteneciente al potentado colonial Fernando de Morales.
Su nombre surge por su río principal, del cual es homónimo, que es tributario del río Yuna y al cual le cortejan otros dos pequeños de nombres Barranca y Cercado, junto con varios arroyos de poca significación en su masa de agua.
Su pequeño parque municipal es uno de los más hermosos del país, dotado de una arquitectura que resalta la religiosidad y el carácter agrícola de la zona.
En el 1859, por Decreto del presidente Pedro Santana, el entonces caserío de Cevicos fue declarado común de Cotuí.
Las autoridades anexionistas, a través de su principal órgano de gobierno, que lo era la Capitanía General, dictaron en 1861 una Resolución convirtiendo a Cevicos en Puesto Militar, adscrito a la provincia de La Vega.
Esa decisión estaba directamente vinculada con la realidad geográfica de la zona, puesto que Cevicos era entonces un paso obligado para la gente transitar desde y hacia Santo Domingo y gran parte de la región del Cibao.
Las autoridades surgidas de la Restauración de la República designaron a Cevicos como Puesto Cantonal. En el año 1918, con las autoridades estadounidenses, usurpadoras de la soberanía nacional, Cevicos fue declarado Distrito Municipal de Cotuí.
Al crearse con efectividad para el 16 de agosto de 1952 la provincia Sánchez Ramírez, mediante la Ley 3208, la cual figura en la Gaceta Oficial 7397 del 10 de marzo de dicho año, Cevicos fue declarado común de la misma.
El distrito municipal La Cueva forma parte de ese municipio.
Es una zona esencialmente productora de piña, yuca, ñame y cítricos, pero en los últimos años han incorporado el cultivo de la canela, y los ajíes.
El famoso pico La Naviza está enclavado en territorio de Cevicos. Es un pueblo carnavalesco, siendo su comparsa más famosa, a nivel nacional, la representada en los papeluses.
Un gran observador estadounidense, en visita de inspección en el 1871, se expresó así sobre ese hoy activo municipio de la provincia Sánchez Ramírez: » …Cruzando varias sabanas llegamos finalmente a orillas del río Cevicos, que vadeamos prontamente cabalgando seguidamente por una avenida herbosa y sombreada por las palmeras, cocoteros y bananos, hasta llegar a la aldea del mismo nombre…Cevicos es simplemente una reunión de cabañas de paja alrededor de un espacio abierto llamado plaza, y el ceso total del vecindario es de quince casas y setenta y cinco personas…..»26
Municipio Fantino
El municipio de Fantino, que anteriormente tenía por nombre La Piña, está situado en un fértil recodo del histórico valle de La Vega Real.
Antes era una dependencia del municipio de La Vega, pero al crearse en el 1952 la provincia Sánchez Ramírez pasó a formar parte de la misma, en virtud del párrafo I del artículo 2 de la Ley No.3208, el cual dispuso que: «la Sección Municipal de La Piña, de la Común de La Vega, Provincia La Vega, constituirá un Distrito Municipal, con el nombre de Fantino, de la común de Cotuí, Provincia Sánchez Ramírez.»27
Sus tierras están dedicadas básicamente a la producción de arroz, pero también se fomentan con niveles de importancia cacao, café y otros diversos productos agrícolas.
El nombre es en honor al ilustre Francisco Fantino Falco, nacido en la famosa ciudad de Cuneo, en el Piamonte italiano, quien como sacerdote católico rindió extraordinarias labores de bien común en diferentes zonas del país. Falleció el 4 de julio de 1939, dejando tras de sí fecundas huellas de gran impacto social.
Según los registros históricos, el caserío original de lo que ahora es el activo municipio de Fantino tiene menos de cien años que se formó.
Municipio Villa la Mata
Villa la Mata es un movido núcleo urbano de la provincia Sánchez Ramírez. Desde el siglo antepasado comenzó a ser habitado por familias campesinas, dedicadas a la agricultura de subsistencia, que llamaban a su comarca Higüerito.
Luego, en el año 1948, vendrían los canales de riego que convirtieron esas tierras en grandes fincas de arroz, con lo cual el conuquismo prácticamente desapareció de esa área de la geografía nacional.
Esa comunidad está ubicada de manera estratégica en un punto geográfico que permite desde allí llegar por diferentes vías a varios lugares de las provincias cercanas. Es un activo cruce de caminos.
Fue convertido en municipio por la Ley No.115-02, promulgada el 7 de agosto del 2002., la cual dice en su tercer considerando que: «Villa La Mata tiene una infraestructura productiva considerable de arroz, con una de las mejores productividades del país…»
El artículo 3 de la referida ley dispuso sus límites de esta manera: «El Municipio de Villa La Mata colindará al Este y al Sur con el municipio de Cotuí; al Oeste con el municipio de Fantino, y al Norte con el municipio de Pimentel y el distrito municipal de Las Guáranas, ambos de la provincia Duarte.»
En la actualidad el municipio de Villa La Mata tiene los siguientes distritos municipales: La Bija, Hernando Alonso y Angelina, así como varias secciones y decenas de parajes.
Bibliografía:
1-Santo Domingo, su pasado y presente. 2da. SDB. Edición en español 2012, Editora Serigraf. p296. Samuel Hazard.
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2018-09-01 00:24:49