

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
República Dominicana es un archipiélago
Aunque ha tenido muy poca difusión, la realidad es que La República Dominicana fue declarada como un Estado Archipelágico, en virtud de lo que dispone la Ley 66-07, cuyo contenido fue informado en fecha 23 de octubre del 2007 a la Organización de las Naciones Unidas.1
En dicha ley se establece que el país está conformado por un extenso conjunto de 150 islas menores…un elevado número de arrecifes y emersiones en bajamar, varios bancos marinos, estrechos, bahías, cabos, cayos, la gran cordillera Submarina de Beata, contigua a la península de Barahona. Dicho texto legal define, además, las aguas interiores y la línea de base archipelágica para medir la anchura del mar territorial dominicano y el área donde ejerce en armonía con el Derecho Internacional sus derechos sobre una zona económica exclusiva, de conformidad con dispuesto en el 1982 por la Convención sobre el Derecho del Mar.2
Isla Saona
La isla Saona, es de superficie plana, excepto en la Punta Balajú, que se eleva a 40 pies sobre el nivel del mar. Está ubicada a un costado de la provincia La Altagracia.
Es la isla adyacente más grande del archipiélago dominicano. Su principal poblado es Mano Juan, al sur de ese territorio, donde concurren diariamente cientos de turistas nacionales y extranjeros.
Cerca de su costa hay un cenote o manantial de buen tamaño donde submarinistas, arqueólogos e investigadores diversos, como Marcio Veloz Maggiolo, Elpidio Ortega, Abelardo Jiménez y otros, encontraron cientos de piezas elaboradas por los tainos, que forman parte de la riqueza cultural dominicana.
La isla Saona, ubicada al oeste del canal Catuano, que la separa de tierra firme, es de suelo rocoso y calcáreo. Según mediciones efectuadas por diferentes grupos tiene 17 kilómetros de playas caracterizadas por su blanca y fina arena.
En su parte norte está escoltada por el cayo Ratón, que a pesar de su múrido nombre más bien parece ejercer de vigía insomne en el área.
Entre los otros atractivos que presenta esa parte del territorio dominicano están el referido canal de Catuano, punta Palmilla con su piscina natural, varias lagunas (Flamencos y Secucho son las más llamativas), miles de cocoteros y decenas de manglares, donde se anidan muchos seres alados que al volar en parvadas deleitan a los visitantes. La mata de los pájaros es famosa porque en sus ramas se posan cientos de tijeretas.
El nombre de Saona
En el Diccionario del Español Dominicano se define la palabra saona así: «Variedad de uva de playa. Fruto de este árbol.»3
Tengo la creencia que así también se le llama a otro tipo de árbol que existe o existió en el campo dominicano, pues el gran jurista y novelista dominicano Freddy Prestol Castillo pone en boca del General Pablo Mamá (en la novela del mismo nombre) una historia de seres imaginarios, de bacases que protegían sus hatos y que al atrapar a los ladrones estos «quedarían convertidos en cenizas al pie de un árbol de saona.»4
Sin embargo, algunos han opinado, sin pruebas a la vista, que al parecer el nombre de Saona (para identificar a la más grande de las islas adyacentes del archipiélago de la República Dominicana) fue puesto por Cristóbal Colón en su segundo viaje al llamado Nuevo Continente, tomando en consideración otros motivos ajenos a cuestiones vegetales.
Dicen que el nombre escogido fue para gratificar a un rico acompañante de Colón nativo de la ciudad de Savona, en la Liguria italiana, de nombre Michelle de Cuneo, por ser éste el que supuestamente avistó dicha isla, en la inminencia de un vendaval marino.
El referido de Cuneo aparece jactándose de eso en su obra titulada «de las nuevas islas del océano occidental». Pero esa versión está atada a la ficción. Toda la documentación consultada al respecto permite decir que esos dichos nada tienen que ver con la historia de los hechos concernidos a la isla Saona.
En realidad Michelle de Cuneo era un figurante en ese segundo viaje. Tal vez por ello la periodista canaria María Rosa Alonso califica las notas de este sujeto como «producto de las imaginaciones de los italianos que rodeaban a Colón.»
Colón enfermó de gravedad en la Saona
En una cronología sobre los viajes de Cristóbal Colón se consigna lo siguiente: «1494.Del 14 al 24 de septiembre en Saona. Eclipse de luna durante el cual Colón trata de determinar la longitud en que se encuentra…25 de septiembre la flota pasa junto a la isla Mona. Colón gravemente enfermo y en coma. Se toma la decisión de regresar a Isabela.»5
La matanza de la isla Saona
Es necesario indicar que a la llegada de Nicolás de Ovando para hacerse cargo del gobierno colonial de la isla de Santo Domingo sólo quedaban dos caciques, el de Jaragua, que en los hechos era casi una ilusión, pues ya Bartolomé Colón en su gobierno colonial lo había convertido en una entelequia, tributando a los reyes españoles y sus autoridades delegadas en la isla; y el de Higüey, que en la realidad operaba con todos los atributos de un Cacicazgo, como era antes de la llegada de los españoles.
En la ocasión quien reinaba en Jaragua era Anacaona, ya que su hermano, el emblemático Bohechío, había muerto.
Es por ello que en el 1503 el único cacique que en los hechos gobernaba en su territorio era Cotubanamá, que lo hacía en el Cacicazgo de Higüey.
La cruel muerte de un jefe indígena despedazado por las dentelladas de un perro gallego entrenado para matar provocó que la isla primero llamada Adamanai y luego Saona tuviera un inusitado protagonismo que pasaría a la historia con mucha sangre de por medio.
Bartolomé de Las Casas, que fue un cronista muy adicto en principio a las autoridades coloniales españolas (pero que luego enderezó el rumbo de su vida) narró lo sucedido en esa isla con el perro asesino que «estaba en desgarrar indios tan bien amaestrado.»
Después de tan dramático relato dicho cronista colonial se dedicaría a hablar de otras cosas como aquello de que «entre la isleta de Saona y Sancta Caterina sale un río que me parece llamarse Heuna; a la ribera dél se pobló una villa que se llama Salvaleón…Diré aquí una cosa digna de oír que vide en aquella provincia en la parte della que está en derecho de la isla Saona, en la tierra y señoría de un rey o señor que se llamaba Cotubanamá.»6
En efecto, por el referido hecho bestial, y temiendo nuevas embestidas de ese tipo, el cacique Cotubanamá ordenó que indígenas bajo su mando se enfrentaran a la tripulación de una embarcación de España que se fondeó en la hoy isla Saona, pereciendo los colonialistas.
Las muertes de los españoles en la isla Adamanai-Saona provocó que Ovando enviara al cacicazgo de Higüey, y particularmente al indicado territorio insular, a cientos de soldados encabezados por Juan de Esquivel, quienes llegaron en actitud de exterminio de la población indígena. Hubo allí, y en zonas aledañas, una espantosa matanza de nativos.
Los trágicos resultados de la expedición de marras demostraron que el militarote español Juan de Esquivel cumplió plenamente la misión encomendada.
Cuentan los cronistas de esa época, y recrearon luego historiadores dominicanos del siglo XIX, que el cacique Cotubanamá hizo una resistencia heroica, pero ante el poderío de las armas de los conquistadores, y atravesando cerros de cadáveres, buscó refugio en la isla Saona, siendo perseguido hasta allí.
Un historiador al narrar lo sucedido en la población de Salvaleón de Higüey extendió su criterio sobre la hecatombe ocurrida en la isla Saona y escribió esto: «…atravesando después el canal que separa a la Saona de las costas de Higüey, para vengar a los españoles asesinados en el mismo sitio en que se consumó el hecho.» 7
Todos los refugiados en la isla Saona fueron exterminados, excepto el cacique Cotubanamá, el cual fue capturado para llevárselo como trofeo al gobernador colonial Nicolás de Ovando, quien ordenó su ahorcamiento en un solar yermo de la ciudad de los Colones.
Cacica Higuanamá
Entre las crueldades cometidas por los españoles en la isla Saona sobresale por la vesania el ahorcamiento de la cacica Higuanamá, a quien Bartolomé de Las Casas llamó «gran señora de Higüey».
Al morir en penosas circunstancias, mediante asfixia mecánica por estrangulamiento, Higuanamá no era precisamente una especie de amazona, con aptitudes marciales como la famosa Pentesilea de la guerra de Troya, en la mitología griega; sino una mujer ya entrada en edad, sin disponibilidad de combatir. Fue un crimen vicioso perpetrado para sembrar el pánico entre los indígenas sobrevivientes.
Tal vez en parte motivado por la matanza de indígenas en la isla Saona el gran ensayista, novelista y periodista colombiano Germán Arciniegas, cuyo horizonte mental trascendía las fronteras de su país, escribió este párrafo sin desperdicios:
«El Caribe está lleno de infiernos y paraísos…De todo esto ha nacido un sentido lírico y bélico de la independencia. Quien primero la proclamó en los propios días del descubrimiento, fue Enriquillo, un indio heroico.»8
La Saona, escenario de la primera derrota de Francia en América
El día primero de febrero de 1538 la tripulación de una embarcación francesa cometió varias fechorías en Puerto Hermoso, Baní, robando, matando y quemando los bohíos, pero en la ocasión tomaron acción vengativa los gendarmes al servicio del jurista y mitrado Domingo Alonso de Fuenmayor, quien a la sazón era el presidente de la Audiencia de Santo Domingo, y también ejercía simultáneamente como obispo de las dos diócesis entonces existente en la colonia ( Santo Domingo y Concepción de la Vega): «habiendo tenido que ir los bajeles armados en persecución de ellos hasta la Saona, donde los bombardearon e hicieron huir a toda vela tomando la dirección de Santiago de Cuba…»9
Lo que se desprende de lo anterior es que, por lo menos a dicha fecha, todavía los españoles no habían desarrollo la dejadez que le atribuyó luego Pierre Francois de Charlevoix, cuando escribió que los validos y supervisores de la Corona de España: «comenzaron a hacer poco caso de las grandes Antillas, para empujar cada vez más sus conquistas en el continente americano, donde formaron un Imperio, que por su extensión y sus riquezas no envidiaba al de los primeros Césares.»10
La Saona no figuraba como «isla inútil»
El pensador e historiador dominicano Manuel Arturo Peña Batlle, al analizar la guerra «marítima y costanera, guerra de periferia, desde la costa hasta treinta leguas tierra adentro», librada contra España por Inglaterra, Francia y Holanda, no clasifica a la isla Saona en el grupo de las llamadas «islas inútiles.»11
Vale decir que como parte de La Española esa isla perteneciente a la hoy provincia La Altagracia tenía una importancia elevada para la expansión del imperio español en esta parte del mundo.
Muchas son las pruebas que permiten reafirmar lo anterior. Me limito a presentar dos:
1-Juan Francisco de Rojas, alguacil mayor en la Colonia promovió en Sevilla un pleito contra el maestre del barco en que él iba de retorno a España porque «siendo cuatro los navíos que salieron de Santo Domingo, al pasar por la isla Saona, salió al encuentro de este barco, la armadilla de franceses de dos navíos, y aunque Rojas y otros pasajeros sacaron las espadas y se pusieron en guisa de querer pelear, los marineros del barco lo impidieron, y no queriendo hacer rostro a los franceses, dejaron que éste tomara el barco…»12
2- «José Arata. Genovés al servicio de la Corona Española. Llegó a Santo Domingo en abril de 1777.Como teniente de la 10ª Compañía del Fijo hizo una salida de la plaza a la isla Saona para copar la gente de un barco inglés perdido en aquellas costas.»13
Encomiendas en la isla Saona
La isla Saona también fue escenario del cruel y bochornoso repartimiento de indígenas conocido como Las Encomiendas.
En efecto, en los documentos de la era colonial figura esta dramática nota: «Para las haciendas e minas e granjerías del Rey nuestro señor, que tiene en la ciudad de Santo Domingo su término se le encomendó al cacique Francisco de Agueybana de la Saona con ciento e cincuenta e cuatro personas, que son: hombres sesenta e siete, e mujeres ochenta e seis. Asimismo se le encomendó en el dicho cacique cuarenta e cuatro viejos e trece niños que no son de servicio.»14
Codicia en la Saona: caobales, cocotales, reses y perlas
Juan Genovés, funcionario colonial, fue autorizado en el 1526 a fomentar un hato de reses en la isla Saona.
Dos años después el beneficiado fue Antonio Villasante, a quien se le expidió licencia para que monopolizara en esa isla la captura de madreperlas y otros moluscos, entonces abundantes allí.
El individuo que recibía la bendición del poder de turno para operar algún negocio en la isla Saona no iba a buscar a ese paraíso tropical gambusina, en la definición de inutilidad de ese vocablo, según anotación que del mismo hizo el gran ensayista y lingüista puertoriqueño Augusto Malaret Yordán, en su diccionario lexicográfico de Hispanoamérica.
El General Pedro Santana se hizo aprobar en el adocenado congreso nacional, el 26 de mayo de 1855, una autorización especial por 50 años para talar y vender la caoba que se enseñoreaba sobre la isla Saona. Afortunadamente dicha especie de enfiteusis se redujo a exactamente un año, pues por imperativos de la realidad política reinante entonces el llamado Chacal de Guabatico tuvo que renunciar a la Presidencia de la República el 26 de mayo de 1856.Ahí terminó dicho permiso.
De los cocotales saoneros se beneficiaron los Trujillo, incluyendo el díscolo e inefable Pipí Trujillo Molina.
Mediante la Ley del 7 de junio de 1845 las islas Saona y Santa Catalina «y demás del litoral» fueron declaradas dependientes de la provincia de El Seybo.
Isla Catalina
La isla Catalina está cerca del litoral marino del municipio de La Romana. El nombre de Catalina le fue puesto por Cristóbal Colón, en el 1494. Los tainos la llamaban Toeya.
Carece de agua dulce, pero tiene uvas de playas, manglares y otros árboles.
Forma parte del Parque Nacional Cotubanamá, más conocido como Parque Nacional del Este.
Su tipo de vegetación terrestre, así como los arrecifes coralinos que circundan dicha isla, fueron objeto de protección, mediante decisión presidencial.
Para esos fines sus límites fueron establecidos mediante el Decreto No.493-99, cuyo artículo I reza así: «Se establece como límites del Parque Nacional(sic) isla Catalina la franja marina que rodea dicha isla, la cual se extenderá desde la línea de costa hasta 500 metros mar adentro.»15
La isla Catalina fue definida hace más de 100 años de esta manera: «Isla situada como a 5 kilómetros de la costa Sur entre el puerto de Cumayaza y La Romana, mide 10 kilómetros de largo de Este a Oeste por 5 de ancho de Norte a Sur y su terreno es fértil y abundante en materias útiles. Tiene un buen fondeadero en 34 brasas en la parte Noroeste cerca de una bahía en que los buques están protegidos por las dos puntas sobresalientes de la isla.»16
En el año 1699 el famoso pirata escocés William Kidd asaltó en las costas de la isla Catalina el barco francés Cara Merchant, el cual desde entonces, en la quietud del lecho marino, se convirtió en un criadero de diferentes criaturas marinas. Desde el 2009, cuando fue descubierto, ese tesoro submarino forma parte de los atractivos turísticos del lugar.
Santuario Marino
La isla Catalina, como la isla Saona, forman parte del Santuario Marino Arrecifes del Sureste, que cubre desde la parte este de Cabo Engaño, en el canal de La Mona, hasta la desembocadura del río Higuamo en el mar Caribe. Su objetivo principal es «conservar el hábitat natural y los ambientes especiales que se forman a lo largo de la plataforma continental del sureste de la Isla la Hispaniola…»17
Islote Catalinita
La Catalinita es un islote perteneciente a la provincia La Altagracia. Tiene una extensión territorial inferior a un cuarto de kilómetro cuadrado y apenas 300 metros de ancho.
Su principal encantó está debajo del agua cristalina que la circunda: hermosos arrecifes de corales, que atraen a muchos visitantes. Dicen que uno de sus arrecifes tiene «forma de herradura de caballo.»
Los cayos de Samaná
A unos 600 metros de las playas del poblado de Las Terrenas, en la provincia de Samaná, se divisan unos cayos denominados ballenas, por tener sus figuras parecidas a la de ese cetáceo gigantesco.
En los linderos nortes de la bahía de Samaná, más bien cerca del litoral sur de la tierra firme, hay una cadena de islotes, cayos y peñascos. El más importante de ellos es Cayo Levantado, por su tamaño, su historia y el turismo que se desarrolla en el mismo, con un hotel incluido.
Cayo Levantado
Cayo Levantado (que en los mapas más antiguos figura con el nombre de isla Bacardí) tiene 3 kilómetros cuadrados, y dos playas de arena blanca, acoradas en bosques húmedos, que hacen las delicias de los visitantes.
La historia dominicana contiene muchos capítulos sobre ese promontorio de tierra arrecifal, desde batallas entre los países europeos que en los siglos XV y XVI se disputaban la hegemonía de esta parte del Océano Atlántico hasta ser convertido en punto de ocultamientos de bandoleros del mar que hicieron de ese lugar uno de sus centros de operaciones predilectos.
No muy lejos de Cayo Levantado puede observarse el maravilloso espectáculo de las ballenas jorobadas que llegan de lejos para dar continuidad a su especie. Desde diciembre comienzan a dar señales de su llegada a las cálidas aguas de Samaná, pero su mayor y más activa presencia es en los primeros meses de cada año.
Un gran geógrafo dominicano reseñó hace más de 100 años sus impresiones sobre Cayo Levantado, lo cual nadie ha discutido, por lo que podemos decir con su aval que es el mayor de los cayos que están en todo el litoral de la hoy provincia de Samaná. Su lado occidental recibe el nombre de Fortuna. En el 1915, cuando se hizo la aludida descripción dicho territorio estaba bien arborizado, aún lo sigue estando. Su punto más elevado tiene una cota de 108 pies.18
Isla Beata
Sobre la isla Beata escribió en el 1978 uno de los más acuciosos narradores de la naturaleza dominicana lo siguiente: «…la planicie del litoral oriental de la Beata es un jardín florido sobre rocas. Y al mismo tiempo un bosque reducido a proporción de casa de muñecas.»19
Describiendo algunas islas, peñones y cayos de lo que hoy es la República Dominicana, el cronista de antaño Antonio Sánchez Valverde Ocaña, luego de detallar la ubicación de la isla Beata, puntualizó que: «es abordable casi por todo su circuito, que es de 8 a 9 leguas, en barcos pequeños. El terreno es excelente, como lo manifiesta su copiosa y gruesa arboleda de diferentes especies, y ganados silvestres que han multiplicado en ella. En su terreno podrían fundarse haciendas, tanto de labor, como de crianza, y las hubo antiguamente.»20
La isla Beata tiene una extensión superficial cercana a los 30 kilómetros cuadrados.
Mediante Ley del 7 de junio de 1845 el gobierno dominicano estableció que las islas Beata y Alto Velo dependían de la provincia Compostela de Azua.
La isla Beata, como la isla Alto Velo, forman parte del Parque Nacional Jaragua, primero por mandato del Decreto 1315, del 11 de agosto de 1983, el cual al definir su área concluyó así: «…incluyendo completamente la Laguna de Oviedo, las Islas Beata y Alto y una faja marina adyacente a dichos territorios.» Posteriormente esa decisión quedó incorporada a la Ley 64-00, sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales, promulgada el 18 de agosto del año 2000. 21
El suelo de la isla Beata es de arrecife, con grandes porosidades que forman cavernas, mismas que contienen grandes riquezas arqueológicas, tal y como han comprobado científicos e investigadores dominicanos y extranjeros.
De su temporada de investigación científica en la zona el famoso naturalista estadounidense Richard Howard extrajo la siguiente conclusión:
«Geológicamente, igual que botánicamente, la Beata tiene todos los caracteres de un fragmento de la península de Barahona separado de ella por una reciente fractura.»22
Capital de iguanas, salamanquitas y murciélagos
Puede decirse con propiedad que la isla Beata es en el país la capital o principal lugar donde desarrollan su vida la mayor cantidad de iguanas denominadas rinocerontes, las salamanquinas de Beata y los murciélagos.
Allí hay varias decenas de casas de tablas y palos parados, con techo de láminas de zinc, ocupadas en su totalidad por pescadores y personal de seguridad del territorio más al sur del país que es habitado con carácter permanente por personas. Y como indicamos en una entrega anterior, en la isla Beata hay una gran riqueza de peces y mariscos.
La isla Beata está aproximadamente a 7 kilómetros del Cabo del mismo nombre y a la misma se llega navegando por el canal homónimo.
Los tainos en la Beata
Un grupo de investigadores dominicanos, integrado por Elpidio Ortega, Fernando Luna Calderón, Renato Rímoli, Bernardo Vega, José Guerrero, Pragmacio Marichal, Fortuna y Rivera Dumet encontraron en la costa oriental de la isla Beata, frente a una salina en desuso, un «enorme hacinamiento de caracoles de lambí, con la señal característica de haber sido perforados por los indígenas…» Alejándose de la costa «empezaron a encontrar los primeros fragmentos de cerámica: la huella indudable del taíno, por la decoración inconfundible que les veían.»23
Colón en la Beata
Cristóbal Colón visitó la isla Beata entre los días 20 y 22 de agosto de 1498, luego de haber pasado frente a Alto Velo. Así está registrado en su diario de navegación: «19 de agosto. Acercándose a la costa sur de La Española, pasan junto a Alto Velo.20-22 de agosto. En Madama Beata (ahora Isla Beata).»
Los piratas en la Beata
Varias veces los piratas (bucaneros, corsarios, filibusteros, piratas propiamente dichos, etc.) utilizaron la Beata como refugio y centro de acopio para sus fechorías. El origen de estos ladrones que se movían en el mar, en su gran mayoría europeos, viene principalmente por la miseria que sufrió Europa en la época del apogeo de ellos.
Cuando los piratas usaron la Beata como refugio todavía esa isla tenía «una espesa y gruesa arboleda y las agoradas silvestres que han multiplicado en ella.»24
Simón Bolívar duró una semana en la Beata
Está comprobado que el gran libertador Simón Bolívar estuvo durante 8 días en la isla Beata, en el 1816. Allí recaló en su travesía marítima con motivo de los preparativos para su hazaña de contribuir a la independencia de cinco países (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia). Provenía de Haití, donde había recibido un controversial apoyo del entonces presidente Alexandre Petión.
Esa ayuda haitiana, cargada de malicia y mezquinos intereses, nada inocente, afectaría posteriormente a la República Dominicana, como lo explica el prolífico historiador Emilio Rodríguez Demorizi en su obra Santo Domingo y la Gran Colombia.25
Alto Velo: Donde reinan las gaviotas
La pequeña isla Alto Velo es también parte del Parque Nacional Jaragua. Es la tierra criolla más al sur de República Dominicana, escoltada de cerca por los cayos Los Frailes y Piedra Negra. Está ubicada a unos 12 kilómetros en coordenada meridional de la isla Beata; pero diferente a ésta última no hay allí moradores fijos.
El cronista Fray Bartolomé de las Casas escribió sobre los encantos en miniatura de Alto Velo. Los registros históricos consignan que esa isla, por su posición geográfica y por su otrora riqueza de guano, fue ocupada en el pasado por haitianos, franceses, holandeses, ingleses y estadounidenses, pero siempre ha sido reivindicada y recuperada por los dominicanos.
Incluso en ella han ocurrido incidentes armados para expulsar de su suelo y litoral a los intrusos extranjeros, como fue el caso en que el alto mando militar dominicano desalojó en el 1860 a unos ocupantes norteamericanos que se habían apoderado de la misma.
Sobre el presente de la isla Alto Velo se ha escrito con precisión: «la pesquería en los alrededores es abundante, beneficiada por las aguas cristalinas del mar y la existencia de corales. Ahí se encuentra también la mayor colonia de gaviotas del país, principalmente el bubí y la gaviota negra. Hay también grandes depósitos de guano.»26
Isla Cabritos
La isla Cabritos está en medio del lago Enriquillo, por eso es una isla lacustre. La tierra está retorcida por el inclemente sol que la calcina. Pero en ella hay vida vegetal y animal. Las inclemencias de la naturaleza tienen sus paradojas, pues en su superficie no hay agua, a no ser la que cae de lo alto, que no es frecuente. Aunque cerca de ella, en medio del lago, en dirección hacia el distrito municipal de Las Clavellinas, hay «borbollones de agua dulce»
La presencia de vegetación y animales en la isla Cabritos no es un misterio. Sabios dominicanos y extranjeros han explicado el complicado, pero efectivo proceso de supervivencia de seres vivos en un lugar tan inhóspito. Los profesores Marcano y Cicero dejaron notas de sus importantes investigaciones que permiten comprender esa verdadera performance de sobrevivencia que es allí la vida vegetal y animal.
Fue en la isla Cabritos donde Enriquillo firmó la paz con la Corona de España, cuya testa real envió como emisario a tales fines al negociador con mandato expreso Francisco de Barrionuevo. Ese hecho de trascendencia continental se logró después de 14 años de guerrilla incesante de los indígenas encabezados por Enriquillo, alzados en la sierra de Bahoruco contra los abusos de las autoridades coloniales.
Todos los historiadores, de antes y de después, han coincidido en que ese hito de la historia de América tuvo como escenario la isla Cabritos. Sólo un historiador criollo niega ese hecho, pero sin presentar pruebas, basándose en simples alegatos que desbordan el sentido lógico.
Los siete cayos montecristeños
Dentro del Parque Nacional Montecristi hay siete cayos, apodados los hermanos. Están a unas pocas millas náuticas del litoral marino de esa ciudad del noroeste dominicano.
El referido apodo colectivo no ha impedido su individualización con nombres de pila: Tototú, Monte Grande, Muertos, Arenas, Monte Chico, Terreno y Ratas.
En esos cayos se encuentran por millares, especialmente en la temporada de abril a junio, las gaviotas conocidas como bubíes, cuya especialidad es la pesca submarina.
En esos arenales que forman pequeñas islas los bubíes ponen y empollan sus huevos. Mediante el Decreto 32-87, promulgado el 14 de enero de 1987, se prohibió la captura, mutilación o muerte, así como la recolección de huevos de este tipo de animales silvestres. Pero dicha disposición oficial tenía tiempo de vigencia: 5 años. Luego se han creado otros mecanismos legales de protección a los bubíes. Como quiera son víctimas de desaprensivos que estorban su cotidianidad en los siete cayos, afectando incluso su nidificación.
Bibliografía:
1-Ley 66-07, promulgada el 22 de mayo del 2007.
2-Ley 66-07 (artículos 2, 6,7,8 y 15). Promulgada el 22 de mayo del 2007.
3-Diccionario del Español Dominicano. Editora Corripio; reimpresión 2014.p626.
4- Pablo Mamá. Editora Taller, 1985.pp119 y 120. Freddy Prestol Castillo.
5-Diario de Navegación y otros escritos. Cristóbal Colón. Editora Corripio, 1988. pp357 y 358.
6-Historia de las Indias, Bartolomé de las Casas. Inserto en las de crónicas escogidas Oviedo-Las Casas. Editora Corripio, 1988.pp576 y 577.
7-Obras Completas. vI, t1. p81.Impresora Amigo del Hogar, 2016. José Gabriel García.
8-América Ladina. Editado por Fondo de Cultura Económica, México, 1993.p316. Germán Arciniegas.
9-Obras Completas. vI, t1. pp114 y 115.Impresora Amigo del Hogar, 2016. José Gabriel García.
10-Historia de la Isla Española o de Santo Domingo. Publicado en Amsterdam, Holanda, el 1733, extractos reproducidos. Pierre Francois de Charlevoix.
11-La Isla de la Tortuga. Editora Santo Domingo, 1974.cap.IV, pp107-133.Manuel Arturo Peña Batlle.
12- Noticias Históricas de Santo Domingo. Editora Taller, 1979, vIII. Fray Cipriano de Utrera.
13-Diario de la Reconquista. Editora Montalvo, 1957.p192.Juan Sánchez Ramírez.
14-Los Dominicos y las Encomiendas de indios de la Isla Española. Editora del Caribe, 1971.p129.Compilador Emilio Rodríguez Demorizi.
15-Decreto No. 493-99, promulgado el 10 de noviembre del 1999.
16- Diccionario Geográfico-Histórico de la República Dominicana. Inserto en Obras Completas, tV. p405.Impresora Amigo del Hogar, 2016. José Gabriel García.
17-Decreto 571-09, artículo 27.Promulgado el 7 de agosto del 2009.
18-Geografía Física, Política e Histórica de la Isla de Santo Domingo. 1915. p315. Cayetano Armando Rodríguez.
19- La Naturaleza Dominicana, t2. Editora Corripio, 2006.p63.Felix Servio Ducoudray.
20-Idea del Valor de la Isla Española.Editora Nacional, 1971.p20. Antonio Sánchez Valverde Ocaña.
21- Decreto 1315, artículo 1, del 11 de agosto de 1983.
22-Ensayo Científico. La Vegetación de las Islas Beata y Alta Vela (sic), Española. (The Vegetation of Beata and Alta Vela Islands, Hispaniola. publicado en el 1955. Richard Howard).
23-Descubren en la Beata un gran poblado indígena. Suplemento Cultural El Caribe. Edición del 18 noviembre 1978. Félix Servio Ducoudray.
24-Obras Completas. tV. p399.Impresora Amigo del Hogar, 2016. José Gabriel García.
25- Santo Domingo y la Gran Colombia (Bolívar y Núñez de Cáceres). Editora del Caribe 1971. Emilio Rodríguez Demorizi.
26-Ecos de la Costa. Editora Amigo del Hogar, 2016.p340. Domingo Marte.
2018-11-16 23:36:12