

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Tamboril
Tamboril es un municipio perteneciente a la provincia Santiago. Salvo un interregno de 62 años, ha mantenido su nombre desde los tiempos de la Colonia Española.
Sus perfiles de comunidad socialmente organizada comenzaron con la llegada de agricultores que decidieron hacer del lugar su ámbito de desarrollo humano, con sus familias integradas al trabajo y la educación.
El 19 de junio de 1875 el Poder Ejecutivo promulgó el Decreto 1433, mediante el cual Tamboril fue erigido en puesto cantonal de Santiago.
Como explicación de lo indicado en el primer párrafo es necesario indicar que el 7 de junio 1900 se emitió el Decreto No.4002, mediante el cual se le cambió el nombre de Tamboril por Cantón de Peña, en honra al general Gerónimo de Peña, nativo de allí. Fue un héroe que brilló en las guerras de liberación nacional. Murió en combate en la sangrienta batalla de Sabana Larga, librada en territorio de Dajabón el 24 de enero de 1856. En ese enfrentamiento armado él contribuyó grandemente con el triunfo de las armas dominicanas frente a los invasores haitianos.
Ese topónimo se mantuvo hasta el 1962.El 27 de febrero de dicho año el Congreso Nacional aprobó que ese territorio volviera a denominarse Tamboril y para esos fines se creó la Ley 5977, promulgada en la Gaceta Oficial No.8677, publicada el primero de agosto del referido año.1
Según la historia oral, con tintes de leyenda, el nombre de Tamboril le fue puesto a ese dinámico y hermoso pueblo porque en ocasión del paso por allí de tropas españolas éstas se encontraron con el riachuelo Licey que estaba crecido y ante el ruido que emitía el torrente de agua desbordada a un oficial de la vanguardia expeditiva le pareció al sonido de un tamborito, y de ahí surgió el nombre.
Otra versión sitúa el nombre sobrevenido por el sonido que se expandía por toda la zona cuando los indígenas tocaban unos instrumentos fabricados por ellos para divertirse en momentos especiales.
Es un municipio de tierra fértil, con una activa agricultura y excelente ganadería. El tabaco tuvo, sobretodo en el pasado, un papel relevante en su economía.
Un perspicaz periodista cibaeño divulgó en el 1907 una estampa de esa comunidad resaltando lo siguiente: » A 178 kilómetros de la Capital y a 12 de Santiago, está el simpático poblado de Cantón Peña, antiguamente llamado Tamboril, situado entre los arroyos Tamboril y Guazumal. Puede decirse de Cantón Peña que es uno de los pueblos en fomento de la República más adelantados intelectualmente; casi todos sus pobladores son personas instruídas y sociales…Las damas de Tamboril no tendrían nada que envidiar a las mismas de la capital, en cuanto a cultura social.»2
Personajes famosos nacidos en Tamboril
Es muy larga la lista de los hombres y mujeres que nacieron en Tamboril y descollaron a nivel nacional. Sólo mencionaré unos pocos, como mínima representación de la aludida pléyade de tamborileños sobresalientes en diferentes actividades:
Tomás Hernández Franco fue un poeta de largo aliento que dejó estampado su nombre con letras doradas en la literatura dominicana. La biblioteca pública de Tamboril lleva su nombre, a pesar que el letrero que la identifica tiene a esta fecha varias letras desprendidas.
José de Jesús Almonte fue un médico eminente y gran botánico dominicano, nació en Guazumal, Tamboril. Fue un científico que, entre otras muchas cosas, dejó para beneficio de las actuales y futuras generaciones un catálogo sobre la flora nacional.
El ilustre profesor Eugenio de Jesús Marcano Fondeur nació en el 1923 en la comunidad de Licey los Marcanos, perteneciente a Tamboril. Fue un verdadero científico, en su condición de botánico, espeleólogo, entomólogo y herpetólogo. Sus múltiples trabajos de investigación sobre plantas, moluscos e insectos fueron recopilados en decenas de libros, manuales y folletos que forman parte de programas de estudios en diferentes universidades de muchas partes del mundo.
Una considerable porción de sus saberes están contenidos en una colección de seis tomos sobre La Naturaleza Dominicana. Las referencias que de Marcano hace el gran periodista de origen higüeyano Félix Servio Ducoudray no dejan ningún resquicio de duda sobre la inconmensurable sabiduría de ese gran dominicano que fue el tamborileño Marcano. Esos juicios, ya muertos ambos, fueron robustecidos por las opiniones vertidas en el comienzo de esa monumental obra por José A. León, María Ugarte, Julio Cicero McKinney, Arístides Incháustegui y Blanca Delgado Malagón.3
Eduardo León Jimenes fue un gran emprendedor empresarial dominicano, nacido en Guazumal, Tamboril. Con apenas 18 años de edad comenzó su exitosa empresa La Aurora, en el 1903, teniendo como soporte 80 tareas sembradas de tabaco. Ese germen luego fue convertido por sus hijos en uno de los grupos empresariales de mayor impacto en la economía nacional.
El profesor Sergio Augusto Hernández Jiménez nació en Guazumal, Tamboril. Fue un gran educador, cuyo nombre lleva un plantel escolar de su pueblo. Fue director de la Escuela Normal de Santiago. Tuvo una muerte trágica, por suicidio.
De ese ilustre educador tamborileño Joaquín Balaguer escribió que tenía «una voz estentórea, que se escuchaba como un trueno…Su muerte, dadas las circunstancias en que aconteció, conmovió a todo el país dando lugar a un movimiento espontáneo de protesta silenciosa.»4
Al cumplirse 50 años del fallecimiento de Sergio Augusto Hernández Jiménez, en mayo de 1988, el Poder Ejecutivo emitió el Decreto 255-88, mediante el cual se resaltaron sus virtudes como educador y se ordenaba hacerle un homenaje nacional.
José Rafael Abinader fue un empresario, político y educador nacido en Tamboril. Fundador de una importante universidad dominicana, que ha realizado múltiples aportes a la educación superior del país. Falleció recientemente.
Frank Marino Hernández fue un sociólogo, comunicador y educador universitario de altos vuelos intelectuales, pero sobre todo un pensador que marcó su impronta ayudando a entender muchos de los por qué de la sociedad dominicana. Dejó un importante legado cultural en favor del país, mediante libros, artículos, entrevistas y conferencias. Sus estudios sobre migración en el país todavía sirven de guía para una aproximación al entendimiento de ese fenómeno de movimiento humano. Nació en Tamboril en el 13 de mayo de 1936 y falleció en Santo Domingo en julio del 2007.
Monseñor Juan Antonio Flores Santana nació en una comunidad rural de Tamboril el 3 de julio de 1927 y falleció en la ciudad de Santiago de los Caballeros el 9 de noviembre del 2014. Fue un distinguido prelado de la Iglesia Católica Dominicana, designado por el Papa Paulo VI como Obispo de La Vega el 24 de abril de 1966. Fue el último Obispo de la Diócesis de Santiago (desde el 13 de julio de 1992 hasta el 14 de febrero de 1994). A partir de esa fecha se convirtió en el primer Arzobispo, cuando esa jurisdicción eclesiástica fue elevada a Arquidiócesis. En esas altas funciones se mantuvo hasta su retiro por edad, ocurrido el 16 de julio del 2003, por mandato del artículo 401 del Código de Derecho Canónico, el cual estipula una rogativa de renuncia de su oficio al Obispo diocesano, al cumplir 75 años de edad. El Papa, dice dicho texto legal, en atención a las circunstancias tomará la decisión del cese o la prolongación de las funciones.5
Federico Velázquez Hernández nació en Tamboril el 2 de febrero de 1870.Fue periodista, educador, comerciante y político. Ejerció como Ministro de Hacienda y asesor económico de varios gobiernos. Fue Vicepresidente de la República del 1924 al 1928, en el gobierno presidido por Horacio Vásquez Lajara. Cuando en el 1928 éste y sus achichinques maniobraban, con interpretaciones constitucionales tangenciales para prolongar el período gubernamental hasta el 1930, Velázquez se negó a continuar en la Vicepresidencia de la República y abandonó la segunda magistratura de la Nación, no sin antes advertir los graves peligros que se cernían sobre la sociedad dominicana, pues tal despropósito sería un excelente caldo de cultivo para alimentar los aprestos conspirativos contra el orden institucional que ya se observaban en el país. Como en efecto ocurrió con la llegada al poder de Trujillo. Falleció en Puerto Rico, el 26 de julio de 1934.
Horacio Vásquez y Trina Moya de Vásquez en Tamboril
El General Horacio Vásquez Lajara, participante en la muerte del tirano Ulises Heureaux (Lilís), en una calle de Moca, en julio de 1899, y quien luego descolló en la vida política nacional, ejerciendo la Presidencia de la República en dos ocasiones, tenía una particular predilección por la comarca tamborileña, donde exhaló su último suspiro.
Esa fue la razón que lo llevó a establecer su vivienda familiar, durante varios años, en Tamboril, en compañía de su esposa la excelsa poetisa Trina Moya de Vásquez, sublime dama vegana que dejó para siempre su nombre incrustado en las letras nacionales con su Himno a las Madres.
Por la ruta de Tamboril
Samuel Hazard fue un importante intelectual estadounidense que vino al país en el siglo XIX con motivo de las exploraciones ordenadas para conocer las potenciales económicas de la República Dominicana, con fines de que la misma fuera fagocitada por EE.UU. en un maridaje de Buenaventura Báez y Ulises Grant. Hazard escribió el 1873 una obra interesante, en la cual se puede abrevar para conocer muchas cosas de interés sobre la República Dominicana.
Por el entonces camino real que dominaba la zona donde está enclavado Tamboril, yendo de Moca a Santiago, el referido relator escribió:
«El camino era ancho, umbrío y en general bastante seco, aunque de vez en cuando nos metíamos en algunos tramos de mal aspecto, en los que teníamos que esforzarnos por salir del barro pastoso…La tierra era en todas partes de la marga más fértil y negra, similar a la de las espléndidas tierras del Mississipi…Pronto apreciamos que nos íbamos acercando a una ciudad importante, pues nos encontrábamos constantemente con recuas en el camino, cargadas de tabaco con destino al principal depósito, Santiago…»
Siguiendo el hilo de la historia referente a su producción agrícola, piensa uno que Hazard estaba sobre tierra de Tamboril, Gurabo, Jacagua y otras comunidades de la zona cuando remató su relato de esta manera:
«Pasamos después por campos de guayabo silvestre, atravesamos acres enteros de tabaco de hoja ancha, maíz y otros productos, a la vez que nos encontrábamos a cada paso sotos de ramón, cuyas hojas comían los caballos y el ganado como si fueran hierba.»6
Tamboril descrito por su poeta mayor
Tomás Hernández Franco fue un poeta tamborileño que dejó una impronta en las letras nacionales, especialmente con Yelidá, denso poema que describe con maestría singular a una mulata antillana, en cuyo ser se condensan y revolotean los espíritus de sus ancestros, como nítido producto de la unión carnal de un pelirrojo noruego y una negra caribeña.
Ese ilustre tamborileño fue clasificado en la Pequeña Antología Postumista, pero en realidad no pertenecía a esa corriente poética criolla, al decir de Mariano Lebrón Saviñón: «Muchos poetas, que en realidad no eran postumistas, figuraron como tales alguna que otra vez; entre otros…Tomás Hernández Franco…»7
Ese intelectual y escritor dominicano (cuya cuna recibió las brisas de uno de los famosos samanes de Tamboril) en muchas ocasiones se refirió en sus escritos y poemas a su pueblo, al cual identificaba con inusitada frecuencia como su Pajiza Aldea. Cada vez que tenía oportunidad decía y escribía «yo fui tamborileño en París, en New York, en Centroamérica y en Santiago.»
En una conferencia que pronunció en su tierra natal, el 27 de octubre de 1931, Tomás Hernández Franco dijo lo siguiente:
«…aquí en Tamboril mismo y mucho antes de lanzarme por mis propias fuerzas en las sendas de la curiosidad literaria, mi imaginación se nutrió de una tradición de cultura y de amabilidad que parece haber sido de todo tiempo patrimonio o herencia, timbre o blasón de esta comunidad.»
Hostos en Tamboril
Tamboril fue uno de los pueblos predilectos de Eugenio María de Hostos, el gran educador antillanista, nacido en Puerto Rico pero en cuyo pensamiento vibraba la dominicanidad, desde que llegó al país, por Puerto Plata, el 30 de mayo de 1875, hasta que con un profundo dolor en su alma tuvo que marchar forzosamente hacia Chile, en diciembre de 1888, para retornar varios años después del ajusticiamiento de Lilís.
Las crónicas del pasado contienen descripciones de sus actividades políticas y educativas a lo largo y ancho del territorio dominicano.
Los tamborileños han mantenido vivo el recuerdo y la gratitud hacia Eugenio María de Hostos. En un lugar céntrico de esa dinámica población hay una plaza dedicada a él, con un busto de su enhiesta figura de educador por antonomasia.
Hostos ejerció intensamente el magisterio en Tamboril, impartiendo docencia gratuita en la escuela pública de allí, en el siglo XIX; quedando de sus enseñanzas en esa comunidad cibaeña frutos de su sabiduría y su estilo pedagógico, como ha sido atestiguado a través del tiempo.
Escribió un artículo en la prensa nacional titulado Tamboril, el Porvenir, en el cual desgrana sus experiencias en ese pueblo cargado de historia, y cuyo contenido es una clarinada de aliento para sus comunitarios, y por extensión para todos los dominicanos.
Otros lugares del país también disfrutaron de la capacidad didáctica y la generosidad del maestro Hostos. Si bien es cierto que su labor educativa en la República Dominicana se inició formalmente el 5 de marzo de 1876, en los salones de la Sociedad-escuela La Educadora, «fundada por Hostos con el entusiasta y liberal concurso de Luperón.» Tal vez pensando en esos meses iniciales en nuestro en tierra dominicana fue que muchos años después el gran maestro puertorriqueño confesaría que probablemente elegiría el país «para residencia final y sepultura…»8
Los samanes de Tamboril
A pesar del proceso de urbanización galopante que en las últimas décadas ha tenido la comunidad de Tamboril, todavía en muchas de sus calles y avenidas más antiguas, así como en estancias solariegas de allí, hay enormes samanes que parecen como si presentaran una férrea lucha para seguir siendo uno de sus símbolos distintos.
Muchas reseñas se hicieron en el pasado, y en fechas más recientes, sobre los samanes tamborileños, porque esos árboles gigantescos han sido y son fuentes de inspiración para no pocos poetas y escritores.
Alguien, cuya biografía nunca se ha sabido a ciencia cierta, pero que una autoridad literaria como lo fue don Mariano Lebrón Saviñón afirmó que se trataba de uno de los seudónimos utilizados por el poeta tamborileño Tomás Hernández Franco, escribió en marzo del 1944 un poema titulado Al Samán de Tamboril, en el cual dice, entre otras cosas, lo siguiente:
«No es sino un gran árbol que ha perdido su follaje…/Este árbol es mi infancia./Este árbol es mi vida./A través de mis andanzas por el mundo ha sido punto de apoyo entre la realidad y el ensueño, entre la tristeza y la paz./Es mi hermano mayor, mi hermano de ambiente, diría, pues hemos bebido juntos sol, viento y luna lluvia./Es un bello samán, de lucientes hojas, que de repente se han ido a volar, como mis pensamientos.»9
Gurabo
Gurabo es una activa comunidad perteneciente al municipio de Santiago, con una dinámica economía y con infraestructuras cada vez más urbanizadas. En su parte alta hay centros de recreación y restaurantes que atraen visitantes de diferentes lugares del país y del extranjero, especialmente por su rica gastronomía.
La palabra Gurabo figura entre las que usaban los indígenas antes de la colonización española. No es exclusivo del poblado santiaguero así conocido y que forma parte de la provincia Santiago. Emiliano Tejera, Fernando Arturo de Meriño, Casimiro Nemesio de Moya, Vicente Tolentino Rojas y José Ramón López, entre otros, se encargaron de divulgar que el nombre Gurabo se ha usado para identificar pueblos, ríos, arroyos y diversos accidentes geográficos de país y de otros lugares del arco antillano.
Antonio Sánchez Valverde se refiere al arroyo Gurabo y a un hato o hacienda con el mismo nombre, en la cercanía de Santiago. Es evidente que se refería al dinámico pueblo que hoy se conoce en la toponimia dominicana con ese nombre.10
Carlos Dobal, el fenecido historiador de origen cubano, pero santiaguero de pleno corazón, realizó amplios estudios sobre los orígenes de Gurabo, partiendo en sus investigaciones desde el lejano 1515. Hizo un recuento pormenorizado de los propietarios de hatos del lugar y las actividades económicas que allí desarrollaron.11
Fray Cipriano de Utrera, el sacerdote franciscano capuchino que tantos aportes hizo en favor de la divulgación de nuestro pasado, también realizó contribuciones significativas para dar a conocer parte de la larga historia de Gurabo. Son muy valiosos sus comentarios sobre esa población, particularmente sus notas insertas en la recopilación sobre temas fronterizos publicada por Manuel A. Machado Báez.12
Gurabo: Presidente, primeras damas y visitantes ilustres
La comunidad de Gurabo fue visitada por ilustres personajes nacionales y extranjeros. Algunos incluso residieron allí. Cabe citar, entre otros, a Eugenio María de Hostos, Juan Isidro Jimenes, José Martí, Máximo Gómez, Ulises Heureaux y Juan Antonio Alix.
El ex presidente de la República Hipólito Mejía Domínguez es nativo de Gurabo, así como la ex primera dama Rosa Gómez de Mejía. También era gurabera la ex primera dama Josefa de los Santos Domínguez Gómez, esposa del comerciante y político Juan Isidro Jimenes Pereira, quien ejerció la primera magistratura de la Nación entre los años 1899 y el 1902.
Pedro Santana vivió en Gurabo
Gran parte de las biografías sobre el General Pedro Santana indican que siendo niño vivió por un tiempo en Gurabo y luego su familia se estableció en El Seybo, donde completó su crecimiento y desarrolló gran parte de su vida como adulto.
Rafael Molina Morillo, uno de los biógrafos del General Santana, personaje controversial, quien primero fue independentista y luego anexionista (en una deriva imperdonable desde el punto de vista histórico), relata así la presencia en Gurabo de esa figura de nuestro pasado:
«Pedro Santana (padre) al subir de Hincha en 1803 se detiene en una aldea llamada Gurabo, cree encontrar condiciones favorables allí y comienza a organizarse para establecerse en ese lugar….con sus mellizos de apenas cinco años (Pedro y Ramón) Pedro Santana y Petronila Familia empiezan otro doloroso éxodo, huyéndole al mismo peligro (los haitianos).De Gurabo, Santana se traslada a El Seybo en el extremo más oriental de la isla.»13
Tropas militares en Gurabo
Con motivo de acontecimientos sobrevenidos por los constantes roces entre las autoridades francesas del lado occidental de la isla de Santo Domingo y las españolas del lado oriental, se produjo en el 1689 una invasión a la parte que es territorio dominicano desde 1844.
Cumpliendo órdenes del gobernador colonial español Andrés Robles, Antonio Pichardo Vinuesa, quien tenía el control de los hombres bajo las armas en Santiago de los Caballeros y todos sus contornos, colocó en posición de ventaja, en los altos de Gurabo, a las tropas y oficiales más duchos en los combates, como una barrera inexpugnable para mantener el control de la zona.
Los registros históricos recogen el dato no desmentido de que las autoridades francesas que dirigían del lado occidental del río Dajabón enviaron para este lado un ejército compuesto por 400 hombres de caballería, 450 de infantería y cerca de 200 otros de apoyo. Se indica que dicho ejército «se puso en marcha sobre Santiago de los Caballeros, tratando de sorprender la guardia de Jaibón antes de que pudiera dar aviso a las autoridades, pero a ésta le habían retirado a Gurabo como lugar más conveniente.»14
Los hechos ocurridos en esa ocasión son extensos. Sólo he querido resaltar que Gurabo fue escogido entonces para crear una impenetrable muralla militar en el centro del Cibao.
Producción agrícola de Gurabo al 1844
En la abundante papelería creada con los constantes y minuciosos informes remitidos a la cúpula del gobierno haitiano sobre la marcha de la producción agrícola del país, en el período de ocupación de 1822 a 1844, figura que el territorio de Gurabo con un papel importe.
Gurabo Arriba poseía 63 cuadros de tierra pertenecientes al Estado, de conformidad con notas a la vista. Ese lugar estaba bajo el control del capitán Santiago Díaz. Esas tierras feraces estaban cultivadas de víveres diversos, café y cacao, entre otros productos.
Pero las estadísticas agrícolas del país también contienen amplios informes sobre diversos productos agrícolas aportados en el pasado por Gurabo para el consumo nacional, entre ellos ñames de los denominaos blanco, morado y mapuey, así como yuca dulce y amarga, plátano congo y guineos manzano, común y morado. Maní, molongrón, batata, maíz, ají, cebolla, culantro, auyama, piña, nabos, rábanos, café, caimito y guanábana.
Jacagua
San Francisco de Jacagua o Los Cocos de Jacagua, o simplemente Jacagua, es un distrito municipal perteneciente al municipio de Santiago de los Caballeros.
Fue elevado a la categoría de Distrito Municipal mediante la Ley 224-01, promulgada el 31 de diciembre del 2001, en cuyo primer considerando se resalta que esa comunidad, que hasta ese momento era una Sección, «manifiesta un desarrollo sostenido en lo económico, cultural, social y poblacional, lo cual la hace merecedora de ser elevada de categoría.»15
Sus límites fronterizos son los siguientes: Al Norte con Altamira y Pedro García, ambos en la provincia Puerto Plata. Al Sur con la ciudad de Santiago de los Caballeros. Al Este con Gurabo y al Oeste con Villa González y Palmar Arriba.
El río Jacagua y los arroyos Los Salados y Quinigua integran, en gran proporción, su riqueza hídrica.
Sus secciones son Jacagua al Medio, La Ciénaga, Jacagua Adentro, Los Guineos, Salamanca, El Ranchito Piché, Palo Alto, La Delgada, Las Tres Cruces y El Aguacate, así como varios parajes.
Siempre ha sido una zona de gran producción agrícola. Desde antaño ha habido allí grandes plantaciones de café y cacao. El joven historiador Edwin Espinal Hernández, en una loable labor de recopilación de informaciones del pasado, ofrece el dato de que para el 1893 el ingeniero belga Luis Bogaert: «…desarrolló una finca de café de más de 20,000 matas en las lomas de Jacagua en Santiago, entre La Cumbre y las cabeceras de los arroyos San Francisco y Jacagua.»16
Oportuno es señalar que por razones que nunca han sido aclaradas el entonces gobernador colonial Nicolás de Ovando ordenó en el 1504 que la ciudad de Santiago fuera trasladada de su emplazamiento original hacia Jacagua, donde entre otras cosas se construyó una iglesia que en algunos escritos de la época se indica como la primera «de tapia y techo» que hubo en la isla de Santo Domingo.
El citado historiador y educador Carlos Dobal abunda sobre la iglesia de Jacagua, cuyos cimientos fueron demolidos por un terremoto. En una minuciosa investigación aporta informaciones verosímiles al respecto, que hoy constituyen un tesoro para la historia de ese pequeño poblado.17
El incipiente urbanismo de Jacagua, en los términos en que antes era dable emplear ese concepto, cesó en el 1562, cuando un terremoto sólo dejó restos de las edificaciones más sólidas. A los 58 años del traslado de Santiago hacia Jacagua hubo que desandar los pasos y volver a construir bohíos en el área del influencia del río Yaque del Norte, el mismo al que luego le cantó el trovador puertoplateño Juan Lockward, llamándolo el dormilón.
Así vio un viajero extranjero a Jacagua en el 1920
El escritor especializado en crónicas de viaje Harry A. Frank, en su recorrido por la República Dominicana en el 1920, al visitar Jacagua, luego de degustar un suculento lechón asado, escribió sobre el lugar lo siguiente:
«Las ruinas de una vieja iglesia de ladrillos y piedra, de un estanque de agua o baño público y largas hileras de piedras empotradas en el suelo, que marcan los restos de calles adoquinadas y de una moderna granja de cerdos. Magníficas palmas reales se elevan en los que fueran una vez privados refugios familiares; inmensos árboles tropicales se extienden sobre antiguos salones y le sirven como techos más graciosos que sus cubiertas originales de cana; los cerdos escarban frecuentemente monedas antiguas que pueden haber resonado hace ya mucho tiempo en los bolsillos del propio Colón.»18
Jardín Botánico-Jacagua
El Jardín Botánico de Santiago, designado con el nombre del científico dominicano Eugenio de Jesús Marcano Fondeur, es uno de los más grandes del Caribe insular. Está ubicado en la parte norte de la ciudad de Santiago, pero sus vías principales de penetración son el llamado camino real de Jacagua y la avenida José de Jesús Jiménez, otro orgullo dominicano, por su sapiencia como médico y botánico y su gran sentido de solidaridad humana.
Ese gran pulmón de la ciudad corazón y poblaciones cercanas fue abierto al público a mediado de abril del año en curso.
Tiene una extensión territorial superior a los 650 mil metros cuadrados. De ese inmenso terreno 12 kilómetros están destinados para practicar caminata, trote y bicicletas. Su población de árboles excede la cantidad de 125 mil ejemplares de diferentes tamaños y especies.
Tiene una gigantesca estatua que representa a Cristo, así como también áreas para caminatas, para picnic, lugares para practicar diversos deportes, entre ellos beisbol. Parqueos. Áreas para recreación de niños y en fin múltiples facilidades para que los visitantes se recreen y aprendan a amar más la naturaleza.
Comiendo cerdo asado en Jacagua
Un escritor estadounidense, en su libro Andando por las Indias Occidentales, escribió varios capítulos destinados a la República Dominicana, la cual visitó durante la ocupación de su país, en el período 1916-1924.
En el capítulo titulado la Tierra de los Agujeros de Balas se refirió a Jacagua así: «Big George hizo arreglos para que pasáramos el primer domingo después de nuestra llegada en la más típica forma de celebración dominicana-tomar parte en un lechón asado-…Bajo la tupida y amplia sombra de un paternal y viejo mango se sentaba un peón negro, dando vueltas una y otra vez, sobre un fuego de escogidos y aromáticos haces de leña, a un cochinillo o lechón, ensartado en una vara de bambú….Su lugar de elección para la celebración fue también particularmente feliz. Un trote fácil a una hora del pueblo…nos trajo a la finca de Jacagua, lugar exacto del primer asentamiento de Santiago efectuado por los hidalgos castellanos El primer terremoto hizo que tuvieran que trasladarlo de éste, al corazón del valle, hasta el farallón que da al Yaque…»19
De Jacagua bajó el traidor Juan Núñez Blanco
Cuando el presidente de Haití Jean Pierre Boyer ocupó el territorio que forma la República Dominicana encontró la colaboración sumisa de algunos que renegaron de sus propias raíces criollas e hicieron causa común con los invasores.
Siempre hay grupúsculos de traidores, sin importar la nobleza de la causa defendida por la mayoría. A través del tiempo ha sido así, en cualquier lugar del mundo. Hasta en Numancia, clásico ejemplo de resistencia colectiva, hubo unos pocos que prefirieron no seguir el camino de la dignidad.
En el 1822 Boyer, al penetrar con sus gendarmes al Santo Domingo Oriental, logró neutralizar algunos y conseguir la abierta adhesión de otros hombres de armas.
Un caso singular fue el coronel Juan Núñez Blanco, nativo de Jacagua y abiertamente pro haitiano, «quien saliendo de Jacagua con un hijo suyo y dos de sus amigos, uno de apellido Reyes y otro Mercado, reunió un grupo de hombres armados, y a la cabeza de ellos sorprendió la guarnición del fuerte de San Luis, del cual se hizo dueño enarbolando en seguida el pabellón bicolor…»20
Ese mismo Juan Núñez (ya de edad avanzada y con el rango de general, siempre al servicio de los invasores haitianos, llegando con ellos hasta ser el Gobernador de Santiago) al proclamarse la Independencia Nacional fue urgido por el general haitiano Morissette, que controlaba gran parte del Cibao, desde la Gobernación de Santiago, para que bajara de Jacagua a enfrente a los independentistas.
En esa ocasión la suerte le fue adversa, porque al prepararse para dirigirse a Santiago a combatir a sus propios paisanos un tiro justiciero se escapó de su arma, cortándole en minutos su vida dedicada a la traición de la causa dominicana.
El último intento, por demás fallido, de Juan Núñez Blanco y sus familiares y amigos más cercanos para ayudar a los ocupantes haitianos estaba al margen de lo que se ha denominado el criollismo patriótico. Ese sujeto y sus acólitos siempre fueron contrarios a cualquier sedimento nacionalista. Ese tipo de comportamiento tal vez podría analizarse desde la perspectiva de lo que el doctor en Historia Roberto Marte ha denominado «el discurso de la tradición en la memoria comunicativa rural.»21
El tabaco de Gurabo, Jacagua y Tamboril
A través de siglos se ha comprobado que la tierra donde se asientan las comunidades de Gurabo, Jacagua y Tamboril son altamente favorables para el cultivo de múltiples productos, pero allí siempre se ha reproducido de manera óptima la solanácea cuyo consumo está ramificado en todo el mundo, desde el más humilde bohío empotrado en un apartado monte hasta los más sofisticados salones de la más refinada ciudad que en el mundo haya.
Tal vez la calidad de la tierra de esa zona del país fue lo que motivó al sabio dominicano Pedro Francisco Bonó a escribir esto:
«…baje o suba el tabaco, siempre nuestra hoja será por el clima de nuestras vegas de una calidad excepcional y que el que la prueba siempre le hallará el buen gusto y la flojedad distinguida que tiene el clarete bordelés, y de ahí viene que tenemos confianza en nuestro Cibao como el francés en el Gironda.»22
Era a ese mismo tabaco que el prócer Ulises Francisco Espaillat hacía alusión cuando escribió que: «Este ramo es el único que tenemos para exportar; y a cualquiera le ocurriría que deberíamos arreglarlo y cuidarlo como a un verdadero niño mimado…»23
Juan Bosch cita la opinión que sobre ese tabaco hizo Francisco Morilla, inserta en la enjundiosa obra Historia de Santo Domingo, de la autoría del santiaguero radicado en Cuba Antonio Del Monte y Tejada, en la cual se indica que para la época en que se escribió dicho libro hubo una reducción de la exportación de ese producto, entonces clave en la economía del Cibao y de todo el país, ampliando por diez largos años una etapa de miseria que se rompió cuando repuntó la producción del tabaco cibaeño.24
Pero en esas comunidades del cuadrante noreste de Santiago también hubo en los tiempos coloniales y posteriormente gran producción de papa, yautías de las conocidas como amarilla, maraca y blanca, habichuelas, berenjenas, musáceas, cacao, café, aguacate, higos, lechosa, limón, mango, cajuil, tamarindo, naranjas dulces y agrias, toronja, coco, así como cabulla, higuereta, guáyiga, memiso, piñón, flor de sol, caña brava.
Hubo también una amplia población de árboles como algarrobo, abey macho, almendro, samán, Baitoa, caya amarilla y colorada, caoba, ébano, granadillo, caimoní, cedro hembra, sauco, roble blanco y otros.
Bibliografía:
1-Ley 5977, Gaceta Oficial No.8677, del primero de agosto del 1962.
2-La República Dominicana. Directorio y guía general. Edición facsimilar. Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 2003.p290. Enrique Deschamps.
3- La Naturaleza Dominicana.6 tomos. Editora Corripio, primero de marzo del 2006. Félix Servio Ducoudray.
4-Memorias de un Cortesano de la Era de Trujillo. Editora Corripio, agosto 2006. pp349 y 399. Obras Selectas, tomo IX. Joaquín Balaguer.
5- código de derecho canónico, artículo 401.
6- Santo Domingo, su Pasado y Presente. Editora Serigraf.SDB.2012. p318.Samuel Hazard.
7-Historia de la Cultura Dominicana. Impresora Amigo del Hogar,2016. p463. Mariano Lebrón Saviñón.
8-Luperón y Hostos.2da. edición. Editora Taller,1975. pp22 y 41.Emilio Rodríguez Demorizi.
9-Cuadernos Dominicanos de Cultura, (colección en 7 tomos). Editados por el Banco Central en 1999. Al Samán de Tamboril, tomo I, 529. Tomás Hernández Franco.
10- Idea del Valor de la Isla Española. Editora Nacional, 1971. Antonio Sánchez Valverde.
11-Santiago en los Albores del Siglo XVI. Editora UCMM, 1985.Carlos Dobal.
12-La Dominicanización Fronteriza. Impresora Dominicana,1955. Manuel A. Machado Báez.
13-Pedro Santana, Gloria y Repudio. Editora Nacional Dominicana, abril 2011. Rafael Molina Morillo.
14- Obras Completas. Impresora Amigo del Hogar, 2016, tomos I y II. p153.José Gabriel García.
15-Ley No.224-01,del 31 de diciembre del 2001.
16-Historia Social de Santiago de los Caballeros, 1863-1900. Impresora Amigo del Hogar, 2005. p310. Edwin Espinal Hernández.
17-¿Quiénes construyeron la iglesia de Jacagua?.Editorial UCMM,1981. Carlos Dobal.
18- Andando por las Indias Occidentales, publicado en el 1921. Harry A. Frank.
19-La Tierra de los Agujeros de Balas, inserto en el libro Los Primeros Turistas en Santo Domingo, pp 272 y 273. Editora Amigo del Hogar 2011. Harry A. Frank.
20-Obras Completas. Impresora Amigo del Hogar, 2016, tomo III.p351.José Gabriel García.
21-El Pasado como Historia. Editora Búho.AGN., 2017.p65. Roberto Marte.
22- Ensayos Sociohistóricos. Editora Corripio, 2000.p241. Pedro Francisco Bonó.
23-Escritos. Editora Amigo del Hogar.SDB,1987. pp127 y 128. Ulises Francisco Espaillat.
24-Composición Social Dominicana. Colección Bosch para todos. Impresora Soto Castillo, 2013. pp191 y 192. Juan Bosch.
2018-12-15 07:13:58